img
Etiquetas de los Posts ‘

arrieros

Arrieros rondeños (un pasado sugestivo)
José Becerra 23-11-2017 | 11:49 | 0

Resultado de imagen de imagenes de arrieros andaluces

 

Arrieros rondeños (un pasado sugestivo)

José BECERRA

Desaparecieron los arrieros de los senderos y trochas aptas solo para cascos de acémilas en la Serranía de Ronda. Años ha, arreados por sus dueños a través de caminos imposibles fueron aquéllos artífices de estampas bucólicas ahora desaparecidas. Resultan ineludibles las imágenes ya trasnochadas para recrear escenas adscritas con propiedad al movimiento romántico, que como tal nos transporta a épocas pasadas capaces de remover sentimientos y emociones pretéritas. Se reverdecen fragmentos históricos de una época rondeña y serrana que no conviene olvidar, por cuento habla de un pasado y unos usos que fueron, si no decisivos, sí substanciales para el desarrollo de la comarca hasta mediado el pasado siglo.

Se celebró días atrás la V edición de la Ruta Arriera “Serranía Romántica” en Ronda, la cual nos dejó ese regusto por lo que antaño fueron caminos transitados por reatas de burros cargados con las más heterogéneas mercancías –trigo, garbanzos, mosto, harina… -, conducidos por muleros – que también así se les conoció- habituados a caminos imposibles. Un oficio éste que data de tiempos tan remotos como la Edad Media, época en la que el oficio era cultivado por moriscos, y que luego, fueron reconocidos, según apuntan los cronicones antiguos, por las reglamentaciones de los Reyes Católicos, como servidores de la intendencia en las campañas bélicas del momento.

¿De dónde procede el nombre de arriero? Si ojeamos el diccionario de la Real Academia comprobamos que el término se acuñó a partir de la interjección “¡arre!” que fue el empleado hasta nuestros días para estimular el paso del cuadrúpedo cuando se muestra cansino. Ya en pleno tránsito por senderos enriscados de montañas la reata de bestias marcha en cordón, siguiendo dócilmente a la que va en cabeza, la más avezada en caminos.

El arriero que se precie de tal ha de ser entendido en albardas (manta que cubre el lomo del jumento), atajarres (correa para uncir la cola), cinchas, jáquimas o boqueras, entre otros arreos que facilitan el soporte de la carga y aligeran su paso. Hasta incluso puede ser un acicate para alegrar la marcha que el arriero de turno entone alguna cancioncilla alegre que haga despabilar de momentáneos letargos a la caballería y retome su andar gozoso.

Los arrieros rondeños reverdecen ahora, cada año, un trozo de la historia de Ronda, que fue sustancial y que nos devuelve escenas finiquitadas para alborozo de quienes las vivieron y contento de quienes ahora la contemplan como retazos de escenas añejas pero que hablan de un pasado altamente sugestivo y evocador.

(No soy autor de la foto. Es de “moriscos”

Ver Post >
“Arrieritos somos…”
José Becerra 15-06-2016 | 12:04 | 0

Arrieritos somos…”

JOSÉ BECERRA

Uno tras otro, Ronda, y en concreto su Ayuntamiento y asociaciones culturales, no cejan en su empeño de reverdecer el pasado romántico de la ciudad, convocando eventos que tienen como trasfondo ese momento histórico-social y cultural que nos vino de Europa pero que arraigó profundamente en la España de la segunda mitad del XIX.

Unas breves pinceladas sobre el período romántico podrían familiarizarnos con este movimiento que posee connotaciones evidentes tanto sociales como políticas y económicas. El pensamiento europeo bascula entre el idealismo de Hegel y el materialismo de Feuernbach. Existe una nítida separación entre nobleza, burguesía y proletariado, este último sustentado por la Revolución Industrial, la cual a su vez engendra el liberalismo al unísono con la aparición de las doctrinas socialistas. Se observa una exacerbación de sentimientos y pasiones que culminan con la exaltación del yo y las ansias de libertad, rasgos que conviven con una vuelta a la Naturaleza y a la predilección por bosques perdidos y frondosos y escenarios exóticos. Lo que importa ahora son las peculiaridades del pueblo propio y la vuelta a tradiciones y costumbres fenecidas y tratar de rescatar del olvido a toda costa. Es la sublimación del yo y la aparición de personajes tales como bandoleros, contrabandistas y arrieros que se empeñan en despreciar los cánones establecidos por las clases sociales superiores.

Estamos ante una comarca del interior malagueño que desde siglos pasados viene ejerciendo una poderosa atracción, no solo para quienes habitan en cualesquiera de las provincias españolas sino que, remontando fronteras, esta Serranía de Ronda, siempre mítica y misteriosa, fue objeto de admiración por parte de viajeros extranjeros que no dudaron en adentrarse en su interior encandilados por sus intrincados reductos y pasmados ante la colosal estampas de sus enriscadas alturas pétreas. Eso sin mencionar la pléyade de escritores románticos, sobre todos británicos y franceses, que de estos parajes se ocuparon en profundidad y con delectación durante el siglo decimonónico, entre los que destacaron por sus acertadas descripciones Washington Irwing, Alejandro Dumas, George Sand y Teophile Gautier.

La “Ruta Arriera de la Serranía de Ronda”, que periódicamente organiza la Asociación Senderista Pasos Largos, a la que presta su colaboración el Consistorio rondeño, no persigue sino rescatar del olvido antiquísimos caminos en su día transitado por gente de mal vivir como bandoleros de mal renombre, o quienes cifraron en el contrabando del tabaco o la arriería su medio de vida.

Esta ruta con sabor santiguo que se viene convocando periódicamente me retrotrae a mis años imberbes cuando contemplaba extasiado el paso de arrieros por los senderos y calles de mi pueblo, esponjado entre los recovecos y pliegues pétreos de la Serranía de Ronda siempre mítica y misteriosa. Bestias de carga cansinas trasportaban sobre sus lomos, a veces de manera inmisericorde, leña, arena, toneles de vino mosto,costales de trigo o harina y mochilas de tabaco. Detrás o a horcajadas jinetes arreándolas o azotando sin piedad sus ancas con finas varas de membrillo; adusta la tez, el ojo avizor, porque no siempre el transporte era legítimo y honrado.

Pocos habitantes de los pueblos de la Serranía pueden presumir que sus antepasados no fueron arrieros en alguna ocasión, entre otras cosas porque los vehículos de tracción mecánica brillaban por su ausencia y era obligado recurrir a los animales de carga. Así que veredas y caminos daban forma a unas bulliciosas y ajetreadas escenas que fueron trasladadas fielmente al lienzo por pintores malagueños de la talla de Moreno Carbonero o Guillermo Gómez Gil; los óleos de “La fuente de Reding” o “Campesino”, son buenos ejemplos de ello.

De aquéllos tiempos remotos nos llega el dicho socarrón y avieso “Arrieritos somos y en el caminito nos encontraremos”. Algo que tarde o temprano tenía que ocurrir porque los pedregosos caminos eran un medio obligado de tránsito de personas y lentos jumentos o caballos briosos, característicos de una época ya fenecida y que no existe sino en la memoria. La evocamos con no poca delectación.

Foto: Diario SUR

Ver Post >
Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.