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Desbandada en la Serranía de Ronda
José Becerra 04-09-2018 | 10:24 | 0

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Desbandada en la Serranía de Ronda

JOSÉ BECERRA

La huida de la comarca la protagonizan desde un tiempo a esta parte los jóvenes que buscan con ahínco nuevos y más halagüeños horizontes para sus vidas.

   Los índices demográficos de los pueblos de la Serranía de Ronda asustan. Las pirámides de edad de todos y cada uno de ellos mantienen constantes idénticas. La base, que recoge los nacimientos y el crecimiento de la población infantil pierde referentes todos los años, y en cambio, la cúspide que habla de la población anciana aumenta implacablemente. Los entrantes de la pirámide que hablan de la población joven, madura y activa acusan la despoblación incesante. Se abandonan los pueblos para residir en la costa que es donde se encuentra más fácilmente trabajo y la tendencia se hace más pronunciada cada vez. Los núcleos rurales se despueblan a ojos vista y de aquí a la postergación definitiva de la Serranía y al abandono de tradicionales de sistemas de vida seculares y recursos económicos tradicionales tienden a desaparecer.

   Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda; una sería la mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supusieron un significativo adelanto para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo impulso.    La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad.

    Vías de comunicación deficientes y despoblación de parte de su territorio son dos elementos que se dan la mano hoy por hoy  en el acontecer de buena parte del ancho solar de la Serranía de Ronda. Ciertamente abrupta, pero que propicia el  asentamiento de paisajes sublimes y costumbres ancestrales que no tienen por menos que causar admiración cuando no embeleso de los sentidos. Elementos estos últimos que significan una cara de la realidad que desde siempre cautivó  a cualesquiera que la anduviera;  el otro cariz, más negativo, es el la de la certidumbre  de las deficiencias en comunicaciones que hasta ella nos aproximan o que desde aquí  nos conduce a territorios limítrofes. Todas estas deficiencias suman como resultado ineludible una despoblación exacerbada por días de quienes la abandonan para recalar en territorios más bonancibles para el sustento de cada día.

  Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda. Una sería la mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supusieron un significativo impulso para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo estímulo.

   La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad.

   El hecho es innegable. Los jóvenes abandonan terruños rurales atraídos por el trabajo y los altos sueldos de la construcción o los servicios en la costa. Se instalan en los municipios costeros y aquí ansían echar raíces porque “cada uno es de donde le dan de comer”, que dice el sabio refranero serrano. Antes que ese hecho se haga definitivo e irreversible pongamos “pies en pared” – otro dicho rondeño para dejar sentado que contra algo hay que oponer férrea oposición – y procuremos que nuestros jóvenes trabajen en la costa pero vuelvan cada día a dormir en el interior. Los pueblos rondeños, ¿pueblos dormitorios? Y, ¿por qué no? Peor sería que fuesen pueblos muertos, como puede desdichadamente ocurrir.

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Pueblos que languidecen a ojos vista
José Becerra 20-02-2018 | 9:42 | 0

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Pueblos que languidecen a ojos vista

Son las aldeas y pueblos del sur peninsular emplazados en confines hacia el sur de Despeñaperros, ese macizo que separa a la España próspera de otra menos rica y esplendente enmarcada hacia el sur con límites en el Mediterráneo, las que languidecen a ojos vista por mor de economías depauperadas imperantes. Las mismas que, por estas razones, ven como merma el número de habitantes de sus comarcas, empujados éstos hacia zonas centrales o norteñas en las que los índices de bienestar son manifiestamente más halagüeños. Esta despoblación de aldehuelas y caseríos pobres que finiquitan a pasos lentos pero irrefrenables por mor de malvivir en tierras pobres de pan llevar, culmina en el traslado de sus habitantes hacia los pueblos del contorno geográfico. Pero éstos, que también se debaten si no en la miseria, sí en la parquedad de recursos, no colman sus intenciones de bienestar, lo que les impele a a su vez, por la imperiosa necesidad de nuevos horizontes de vida, hacia otras más regiones más al norte: las ciudades, en donde legítimamente se espera prosperar. Un periplo inacabable de la España más deteriorada hacia otra más prometedora en pos de circunstancias más favorables. Una aspiración legítima, pero que acabará por desertizar regiones inexorablemente. Una contextura territorial en quiebra que no puede sino proporcionar quebrantos para quienes la sufren. Mientras nuestros políticos, ensalzados en otras cuestiones que no siempre son las que importan de verdad a los ciudadanos de a pie, se muestran insensibles al fragrante problema que hoy por hoy se ceba en esas regiones españolas abatidas que no ven soluciones para salir del impasse en el que se encuentran y padecen. Los postergados pueblos de de la Serranía de Ronda o de la Axarquía malagueña son un ejemplo palmario de ello. Esperan para ser redimidos de su letargo de siempre y postración actual el grito, si no bíblico sí institucional, de ¡levántate y anda!

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Menos niños en los pueblos malagueños del interior
José Becerra 19-04-2016 | 10:24 | 0

Los pueblos de la Serranía de Ronda se despueblan a marchas forzadas. Un fenómeno demográfico que no deja de ser preocupante, sobre todo para las familias que aún se resisten a abandonarlos porque en ellos vivieron sus mayores y la vecindad actual le tienen apego al lugar en que nacieron y que les vio crecer con mayor o menor índice de privaciones. Pero no siempre fue así. La situación se hizo angustiosa coronado la primera mitad del siglo pasado y el éxodo hacia otras latitudes se hizo irremediable.

   Con la emigración generalizada de los años 60, sobre todo a Alemania y Suizas,ciudades centro europeas éstas que ejercieron con primacía el punto de destino a la depauperada población de la comarca rondeña; la merma de habitantes se hizo intensiva. Luego siguieron las salidas masivas a diferentes ciudades españolas, sobre todo a Tarragona y Barcelona; Andalucía ofrecía sin tasa mano de obra barata bien acogida en ciudades en pleno auge industrial y esplendor económico. Sin embargo, el recelo de los nativos fue evidente; éstos jamás ahorraron ocasión para tratar aquéllos con tono despectivo como `charnegos´, epíteto que hoy, en pleno auge del celo independentista, que se ha cambiado, con la misma inflexión peyorativa y malquerencia, por el de `españoles´.

   Primero iniciaron la ruta hacia el noroeste peninsular, ávido de mano de obra barata, los hombres sin calificación laboral alguna. A este primer peregrinaje masculino siguió el resto de la familia con el propósito de formar un hogar allí donde se les garantizaba un sueldo diario. Por consiguiente, los pequeños pueblos acusaron una despoblación ostensible, por lo que un llegó un momento en el que se regeneraron y la pobreza generalizada dio paso a una prosperidad evidente merced al regreso y a los envíos de efectivos: se restauraron viviendas y creció el número de las de nueva construcción. Pero fue un espejismo fugaz.

  Fueron muchas las viviendas que se afincaron en otras latitudes allende fronteras o dentro del suelo patrio, algo que acabó por acarrear un fenómeno demográfico desolador. Quienes conocieron unas condiciones de vida más placenteras renunciaron a permanecer en pequeñas poblaciones donde sus descendientes verían ostensiblemente mermadas sus posibilidades de encontrar un trabajo digno y estable. Resultado de este comportamiento generalizado fueron escasos nacimientos y substancial cambio de la pirámide de edad: se estrecha en la base por la escasez de menores de edad y se ensancha en la cúspide merced al aumento de la población longeva.

   Cartajima, un pequeño pueblo blanco de la Serranía de Ronda cuyo caserío se avecina con el alto Genal con una población que apenas roza los 200 moradores acusa de manera evidente un muy deficiente registro de menores de edad. Angustiosa situación de la que han tomado buena nota las autoridades educativas de la población y avisan de un inminente cierre del colegio local al que solo acuden dos niños. El alcalde, Francisco Benítez, con muy buen criterio, ha intentado remediar el problema ofreciendo casa y trabajo a familias obreras con niños de otros lugares de la provincia y de Andalucía para que se afinquen en Cartajima y así evitar que la escuela cierre sus puertas y obligue a los nativos a acudir a otros municipios. La llamada ocasionó una avalancha de demandas que ha obligado al primer edil a recular de sus buenas intenciones: solo es posible albergue y ocupación para un par de familias. El gozo en un pozo para muchas de ellas.

El desmantelamiento de la población infantil no es solo de Cartajima. Otros pueblos de su entorno acusan idéntico problema en mayor o menor intensidad y se aferran a persistir. J.M. Aguilar, jefe de edición del diario SUR, hablaba días atrás en un acertado artículo del silencio que envolvía el atardecer de su pueblo natal. Una calma grata para el espíritu que quizá tenga mucho que ver con esa ausencia acusada de rapaces alborotadores en las calles y plazuelas.

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La Serranía de Ronda rayana a la pobreza
José Becerra 10-07-2012 | 11:02 | 0

 

 

 

 

 La comarca de Ronda, que a decir de Rainer Rilke, el poeta enamorado de Ronda, “ más que cualquier otro lugar de Andalucía ejerce una intensa seducción sobre las imaginaciones”,  sometió a la población por la fragosidad del relieve a un aislamiento secular. Contrabandistas y bandoleros buscaron refugio en  sus breñas con la pátina de romanticismo decimonónico inherente, pero esto con ser mucho en cuanto a la atracción que pueda representar para el turismo, no lo es todo.

   La atormentada geografía serrana ha planteado dificultades  al desarrollo de la agricultura, capital en otras provincias andaluzas, propiciando el exceso  de  propiedades campesinas minúsculas, merced a técnicas obsoletas. Ni el Guadiaro ni el Genal pudieron impulsar la extensión de los regadíos. Sí cabe destacar la importancia económica de la ganadería porcina, la cual dio pie a una industria chacinera artesanal (años 50 y 60 del pasado siglo, que coincidió con el de remesa de divisas de los emigrados a centroeuropa )  que, caso de Benaoján, conquistó mercados inimaginables. Pero eran otros tiempos.  Hoy la industria chacinera languidece a ojos vista. En el pueblo mencionado de más de una veintena de fábricas de mayor o menor extensión y producción quedan alrededor de media docena. En el resto de pueblos fueron desapareciendo paulatinamente.

  Pero los serranos se mostraron siempre emprendedores, es algo intrínsico en su naturaleza. Y esta cualidad subsiste hoy, pese a  las condiciones adversas. Así ha surgido en los últimos años un movimiento que trata de acelerar la economía del interior: el del turismo rural. Menos fábricas, pero hotelitos y casas de campo por doquier, por lo general promovidos por empresas familiares. Lo que con ser significativo no resuelven el problema acuciante del paro y de la marginación social de buena parte de la población. Una población que a remolque de del deterioro económico ha ido descendiendo alarmantemente.

   La Coordinadora del Voluntariado de la Serranía de Ronda, a la que hay que agradecer su empeño, con la ayuda de organizaciones andaluzas y europeas, en fomentar el cooperativismo, la unión de los pueblos y la explotación de los recursos naturales, acaba de poner el dedo en la llaga: la mitad de las familias serranas viven  con menos de 400 euros al mes. Y se supone que no mencionan los parados de larga duración que recurren al entorno familiar y las raquíticas pensiones de los padres para subsistir.

   El drama latente toma cuerpo en los ayuntamientos de la zona. El de Cortes se ha visto obligado a recurrir a la Diputación Provincial para la obtención de un adelanto de  130.000 euros para atender las nóminas de los empleados, algunos dispuestos a un encierro en sus dependencias. No es más halagüeña la situación de otros consistorios  del entorno.

  En este contexto, no dejan de ser preocupantes  las declaraciones del Ejecutivo central en cuanto a la decisión de arrebatar competencias a los pequeños ayuntamientos que no puedan financiarse para atender los servicios que los ciudadanos requieren. De ahí a eliminarlos u obligarlos a la fusión, un solo paso.

  La Serranía, más allá de la leyenda que enhebra los pueblos entre sí  y de un paisaje que guarda celosamente su riqueza, mantiene viva la historia de su caudal humano. Gentes que con tesón  levantaron industrias de la nada y supieron llevar más allá de sus riscos  productos marcado siempre con la vitola de la distinción y lo bien hecho, merecen que las administraciones públicas no los olviden. Que la casi penuria en la que muchas familias se ven sumidas reciban el aliento necesario para que sus pueblos no se deshabiten y sus campos se conviertan en eriales. O sea, instituciones capaces de infundirles fuerzas para  que,  quizás emulando la frase y el deseo de  Blas Infante referida a Andalucía les diga: Levántate y anda.

   Y la súplica hecha poesía. Trastocando levemente los versos de Antonio Machado: “¡Pueblos y caseríos / en la margen de los ríos/, en los pliegues de la sierra!…/ ¡Venga Dios a los hogares / a  las almas de esta tierra/ de encinas y olivares!”.

  Foto: Benaoján, un pueblo tradicionalmente chacinero. /Andalucía rústica/ 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.