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Displicencia con España
José Becerra 19-07-2018 | 11:10 | 0

Displicencia con  España

JOSÉ BECERRA

Es lo que se traduce en el parecer de un Tribunal, que hay que considerar de poca monta, al socaire del enjuiciamiento de Puigdemont solo por el delito de malversación de fondos públicos, poniéndose por  montera los otros delitos que el juez Llarena ha venido manteniendo en justa causa. Displicencia. La pregunta que nos hacemos quienes contemplamos desde lejos los contubernios de un Tribunal regional que considera, sin dar de lado a la Euroorden española, pero que admite solo el delito de Puigdemont de quebrantar fondos públicos malversándolos, es que ocurriría, si ante un caso parecido, el culpable del flagrante delito fuese un político alemán, huido a España y un juzgado, pongamos de Andalucía, los admitiera tan solo por este hecho cuando se evidenciara, como es el caso, de una transgresión de la Ley, como lo es, la rebelión manifiestamente probada contra los poderes legalmente establecidos. El Tribunal Supremo teutón pondría el grito en el cielo, y con razón fundada. Jurídicamente, la actitud mantenida por Alemania se encuentra fuera de toda lógica y roza, cuando no entra de lleno, en el despropósito, o  el esperpento.

La desconsideración de Alemania a la justicia de un país amigo no se entiende, precisamente porque si las cosas hubiesen sido al revés, a saber, la insumisión de uno de sus lander encabezada por alguien con las mismas pretensiones que Puigdemont sobre España, el rigor más extremo acabaría con la intentona del insurgente. La Unión  europea no tomó cartas de naturaleza para que se salten a la torera los testimonios  razonables del Supremo de un país amigo. Una aberración a todas luces.

La aceptación de tamaña anomalía mantenida por el tribunal territorial alemán puede o no ser subsanada por altas instancias de Europa. Si no se lleva a cabo,  nos harán comernos el sapo por muy humillante que sea para el juez Llarena y quienes dimos por certeras y loables su determinación ante tan fragante atropello a nuestras altas instituciones judiciales y, desde luego, a los españoles tratados poco memos de ocupantes de un país tercermundista carente de los más elementales conocimientos para calibrar la importancia de lo ocurrido. No ha sido otra cosa de un atentado contra la integridad del Estado y un desprecio absoluto a la dignidad de quienes habitamos en el país.

La pregunta que nos hacemos ante tamaño atentado contra nuestros inalienables derechos, ultrajados por un Tribunal sin parangón con el Superior de ambos países en litigio, es  cuál será la decisión de Pedro Sánchez al respecto. Lo que se desprende, tras su reciente encuentro con Quim Torra en la Moncloa, pasa por su aquiescencia para normalizar la cuestión catalana, actitud que conlleva la resignación para que en España se juzgue al ex president por el delito de malversación obviándose el de rebelión, como asevera el Tribunal alemán.

Ocurre que enfrente se encuentra el juez Llarena que no comulga con esa idea, generalizada en el sentir de la mayoría de los españoles. Dejó Sánchez  diáfana su postura en Bruselas, ciudad  a la que acudió días atrás, junto a mandamases del entorno europeo en la llamada Cumbre de la OTAN. Se mostró huidizo cuando se requirió su opinión sobre el dictamen germano atentatorio a nuestros intereses en el contencioso, por muchos considerados como un dislate y una afrenta al sentir del pueblo llano, además del que corresponde a altas instancias del Estado. Anhela pasar página del affaire catalán y, lo que se nos antoja peor, hacerlo sin importar el precio a pagar. Es lo que se desprende de su encuentro con Torra en la Moncloa en donde  vimos a ambos pasear en conversación afable por los jardines de la residencia presidencial. Dijo después una obviedad que nadie discute: la decisiones judiciales no se discuten, se respetan”. Faltaría más. Nos preguntamos si la distensión que preconiza no será una agresión a la dignidad del país que ahora discurre bajo su batuta.

No habría que descartar sin más  la petición del portavoz del PP y vicepresidente primero del Partido Popular Europeo, Esteban González Pons, en el Parlamento de Europa de que se dé por finiquitada en España la diligencia de la euroorden y del Acuerdo de Schenguen, poniendo en un  brete su utilidad en este caso y poniendo de relieve el hecho que “ya hicieron otros países de la UE” respecto a su utilidad. Insistió en que “hoy es un día triste para el proceso de integración”, recalcó, para resaltar a renglón seguido que la euroorden “no funciona” y exhorta al Gobierno de Pedro Sánchez a que  suspenda su aplicación. Tuvo su importancia la implantación del compromiso en cuanto suprimía los controles de la libre circulación a través de las fronteras interiores, pero como matiza el eurodiputado popular el Tratado en cuestión más que una ventaja es un riesgo para los países integrados en la Unión. Un razonamiento pertinente que no habría que echar en saco roto dado la displicencia que se ha mostrado con España.

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La lección de Alemania
José Becerra 29-11-2017 | 10:43 | 0

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La lección de Alemania

Hablar de Alemania en muchos lugares de España, aquellos que encontraron en ese país solución a endémicos problemas no ya solo económicos sino de pura supervivencia personal y familiar por medio de la emigración hacia sus tierras, es como hablar de la Providencia que vino a remediar sus males. Del país teutón volvieron, después de años de trabajo – el que en las comarcas donde vivieron buena parte de sus vidas les negaba- con suficientes haberes pecuniarios para rehacer la existencia: se construyeron viviendas, se reformaron las ya vetustas o ruinosas y se emprendieron negocios y modos de vida imposibles en los años de penuria económica. Alemania fue modélica para muchos países en los años 60 y 70 del pasado siglo, cuyos habitantes se debatían en la inopia, entre ellas varias regiones de España, a saber, la de una parte de la Andalucía paupérrima, en la que descollaban, en la provincia de Málaga, comarcas secularmente atrasadas como las de la Serranía de Ronda, que conozco de primera mano. Se habló entonces con propiedad del milagro alemán basado en su economía boyante y de las altas cotas de bienestar de su clase obrera y de la favorable acogida que se dispensaba a quienes atravesaban sus fronteras después de un largo periplo por media Europa.

Fueron aquéllos años de carencias sin cuento, y los traigo a colación por motivos bien distintos. Resurgió la economía española, y aunque el fantasma del paro muestra su cariz para muchos, de justicia es reconocer que los tiempos son ahora bien diferentes. Pero hay algo que en lo político conviene subrayar al hilo de los acontecimientos que vivimos en los últimos tiempos y en la que regiones como la de Cataluña, donde de la mano de sus políticos descabellados de turno se están viviendo días de desgobierno inauditos, permanece sumida poco menos que en el caos con el consiguiente perjuicio para el resto del país.

En la nación germana, el SPD, que tiene evidentes concomitancias con el PSOE español, está porfiando para que su cabeza más visible, Martin Schulz, no ponga obstáculos a fin de que se restaure la gran coalición ya establecida y que asegura un nuevo mandato – el cuarto- a Angela Merkel. No pondrá impedimentos porque ambos vienen formando un tándem a favor del proyecto europeo, pese a que sus partidos compitan por el mismo electorado.

La canciller teutona no atraviesa precisamente los mejores años de su carrera política, algo que se evidenció en las últimas elecciones legislativas, donde solo por la mínima, para emplear un concepto deportivo, logró reafirmar su posición al frente del Gobierno, tocada además por la cuestión de los refugiados que no es que la gestionara incorrectamente, sino que obedeció en buena medida al feroz acoso que recibió por parte de quienes abanderaban movimientos xenófobos que no le perdonaron que abriera la mano con el fin de acoger a tanta gente desesperada procedente de allende fronteras.

El PSOE nuestro y su líder por ahora indiscutible, Pedro Sánchez, está muy lejos de ofrecer su ayuda incondicional a Rajoy – que ahora no goza precisamente de su mejor momento, todo hay que decirlo – en cuestiones difíciles de esta España nuestra. De Pablo Iglesias y Podemos qué decir de la visceral inquina que le profesan. Cierto que Sánchez, con Ciudadanos, se aprestó a tenderle la mano en la palpitante cuestión catalana, pero más allá de este compromiso, es evidente que le vuelve la espalda en cualquiera de otros asuntos en los que también sería necesario su apoyo para la gobernabilidad del país, algo que tan de lleno interesa al ciudadano de a pie que no anhela otra cosa que el discurrir placentero de sus días desde el rincón más cómodo de su casa con todo el derecho del mundo.

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Puerta a la esperanza
José Becerra 06-03-2017 | 12:37 | 0

Puerta  a la esperanza

JOSE BECERRA

La historia refrenda que siempre existieron enfermedades endémicas que asolaron a los mortales habitantes de este mundo. Algo tan cierto como que costando Dios y ayuda existieron médicos y científicos preclaros que consiguieron  paliar sus efectos o desterrarlas para contento de la humanidad sufriente. Se consiguió batir al  tétano, la lepra, la malaria, el cólera y el sida, entre otras lacras que diezmaron la población allí donde hacían actos de presencia. El cáncer en sus diversas manifestaciones orgánicas viene siendo la bête noir, que dicen  los franceses, o la bestia negra que decimos los hispanos parlantes, que se resiste a ser extirpada cuando extiende sus tentáculos en cualquiera de las partes de la anatomía humana.

    Sabemos ahora que experimentados oncólogos del Hospital Marañón de Madrid, junto con los de la Clínica Universitaria de Navarra,  mantienen abiertos estudios relevantes sobre una de las líneas actuales de investigación más firmes y esperanzadoras para el tratamiento de tumores con metástasis, o sea, como se sabe,  la diseminación del cáncer desde el sitio primario del lugar donde empezó hasta otras partes del cuerpo.  El paso siguiente es probar en enfermos el primer fármaco de inmunoterapia contra el cáncer, algo de lo que se puede presumir que se ha diseñado y desarrollado  íntegramente en España,  lo que no tiene por menos que llenarnos de orgullo.

   Por lo pronto el fármaco en cuestión, tras unas pruebas metódicas en animales, se constató sus efectos antitumorales, con lo que se está llegando dentro de los servicios hospitalarios oncológicos a la fase final, esto es a efectuarse un ensayo clínico en humanos. Algo que de resultar plenamente satisfactorio podría llevar a su comercialización más temprano que tarde.

   Se abre así una puerta a la esperanza para hacer frente a esta terrible enfermedad que no pocas veces ha venido siendo mortal de necesidad. Un avance científico que hace abrigar fundadas esperanzas.

Que ustedes y yo lo veamos.

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El esperado paso atrás para un Gobierno estable
José Becerra 21-09-2016 | 9:55 | 0

El paso atrás esperado para un Gobierno estable

JOSÉ BECERRA

“Dar un paso atrás” es una expresión popular con la que se reconoce como un mérito de alguien que ante una situación adversa para él o para un hipotético grupo de personas que pueda  representar opta por una actitud condescendiente que debe adoptar en beneficio propio y de todos, aún en menoscabo de sus propios intereses. Pero esta virtud de la que hablamos no parece que la pongan en práctica los líderes políticos en el  momento arduo en el que nos encontramos. No les suscita entusiasmo y es repelida sin miramientos aun a sabiendas que rondamos ya el año sin gobierno y sin que nada haga entrever que nos encaminemos más pronto que tarde a su constitución. ”Largo me lo fiais…”, que diría Tirso de Molina cuando la espera de algo que se espera se dilata en el tiempo sin asomo de materializarse.

“Dar un paso atrás” no parece que rece como una palmaria y exigente verdad en el frontispicio de la agenda de deberes y buena conducta de nuestros líderes principales. Y por fuerza hay que aludir a las dos primeras figuras que hoy se enseñorean en el panorama político español. Sí, acierta usted, querido lector, en pensar, como no podía ser de otra forma, en Rajoy y Sánchez. El primero, esgrimiendo como una tabla de salvación para él y su partido, el derecho a presidir el Gobierno por el número de votos y escaños obtenidos en las últimas elecciones, olvidando que esta condición no es válida para un sistema político parlamentario y no presidencialista. Y luego cuentan (¡y de qué manera!) los casos de hedor que exhalan de su partido; los últimos, los que atañen al exministro Soria y Rita Barberá, la otrora poderosa alcaldesa de Valencia. Tufillo que se acrecienta en lo cualitativo en lo que toca a la Junta de Andalucía y sus máximos gerifaltes, a saber Chaves y Griñán, enjuiciados y condenados recientemente por los ERE fraudulentos, ahora en el disparadero de la actualidad. Es decir, que ambos partidos tienen razones para callar y no flagelar sin conmiseración al adversario.

Resultado de este conflicto latente es la imposibilidad de que se forme un Gobierno estable por las intransigencias de unos y otros y el bloqueo  inmutable consiguiente. Una situación, que de alargarse en el tiempo, algo que cabe esperar dado las actitudes irresolutas de líderes obtusos en dar ese paso atrás que muchos esperan, tanto dentro como fuera de sus respectivos partidos, no puede sino acarrearnos perjuicios que ya vienen aflorando y que competen a la economía (ya ralentizada a ojos vista, a decir de Guindos), y de rebote, al desempleo, las pensiones y las remesas pecuniarias  a Autonomías y Corporaciones locales para solventar sus posibles déficits y a las relaciones con Europa, que no son asuntos menores.

Así que, con todo el candor del mundo, seguros de que es no retrocederán en su empeño, se podría pedir  que tanto Rajoy como Sánchez diesen ese anhelado paso atrás y sean otros los que dirijan desde la más alta administración del Estado la urgente operación de sacarnos del horrísono  socavón en el que el país se encuentra sin visos de salir de él por el momento por mor de la obcecación de ambos. El esperado paso atrás sigue en el aire sin cuajar irremisiblemente.

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Líderes agotados
José Becerra 08-09-2016 | 12:00 | 0

 

El plantel de primeros espadas de la política española actual- permítase el símil taurino- no da más de sí, y no precisamente porque suden la camiseta atendiendo a nuestras necesidades más perentorias, las de los que ilusionadamente los votamos en su día. Han llegado a una situación que por las enconadas relaciones entre ellos y la falta de entendimiento que despliegan mucho se duda que lleguen a entusiasmar a quienes desapasionadamente les contemplan, a saber los que no pertenecemos a ningún partido pero que en su día, mediante el oportuno voto, les entregamos las riendas del país con la esperanza puesta en que salvaguardaran nuestros intereses, el de los españolitos de calle, los que ahora andamos más que desorientados, cabreados y sumidos en un desaliento opresivo.

   Urge un cambio drástico en la nomenclatura – Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias – e impera el deseo de que vengan otros a sustituirlos ya que más que una solución para los males de toda índole que nos aquejan – sociales, económicos e institucionales, y pare usted de contar – se están erigiendo como un escollo insalvable.

   El presidente en funciones, de cuyas buenas intenciones no cabe dudar, no acierta a conseguir el pláceme de sus oponentes, pero a la vez se muestra inconmovible escudado en la mayoría de escaños obtenidos en las elecciones de junio y no hay dios que le haga su brazo a torcer (tan poco creemos que ceda ahora, después de destaparse el caso del exministro Soria que está suponiendo un severo varapalo para las filas del PP).  Rajoy y su “genio y figura hasta la sepultura”, que dice el sabio refranero castellano y del que hace constante gala. Férrea voluntad de consenso que se ha estrellado en la coraza hermética que blande su oponente, el adalid del PSOE, Pedro Sánchez, como acabamos de ver y que ha forzado el fiasco de su candidatura. No ha esgrimido éste razones poderosas para su determinación, aparte de su ofuscación y empecinamiento en negarle el pan y el agua a su oponente, al que no ve sino como un enemigo irreconciliable a batir sin remisión.

   Rivera, por su parte, basculando entre dos fuegos, a nuestro entender dando palos de ciego y una veces tiende la mano a socialistas y otras a populares y viceversa. Nada más se supo fallida la investidura de Rajoy vuelve al parecer sobre sus pasos y no hace ascos  a otro entendimiento con Sánchez: Borro el digo y digo Diego.

¿Y qué decir de iglesias, empeñado en una salida imposible? Sigue hablando de cambio, pero dejó atrás lo de progreso. Sus disparatas propuestas sigue siendo un órdago para hacer ganar al líder socialista y desterrar a su principal oponente.

Hace guiños a Sánchez, quien por lo pronto se muestra displicente, pero  buen a buen seguro que abrazaría su causa si le dejaran; eso le da fuerzas para seguir en su obcecada pretensión. “¡Mi reino por un caballo…!”, como clamaba el rey inglés Ricardo III, cuando veía las de perder, en el pasaje inmortalizado por Shakespeare.

Líderes amortizados y agotados a todas luces. Nos están llevando a un pozo sin fondo con consecuencias imprevisibles. Urgen varas nuevas en el plantel de las primeras figuras de la política. Los de hoy se muestran agotados y sin posibilidad de resurgimiento, al menos con bríos para sacarnos las castañas del fuego a la sufrida ciudanía y por lo clamamos inútilmente. i

 

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.