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Lluvias

Ausencias de lluvias y rogativas de antaño
José Becerra 16-11-2017 | 12:10 | 0

 

Ausencias de lluvias y rogativas de antaño

El problema de la pertinaz sequía que venimos sufriendo en la provincia de Málaga protagonizó buena parte del debate sobre el Estado de la Comunidad celebrado en el sevillano Hospital de los Cinco Llagas, sede del Parlamento Andaluz, hace un par de días. No era para menos, es éste un problema acuciante que se acrecienta por días a la vista de que los cielos de la región se empeñan en eternizar su azul intenso y sin señales de que venga a empañarse con negros nubarrones precursores de ansiadas lluvias. Tanto es así que la presidenta del ente autonómico, Susana Díaz, anunció la creación de un decreto-ley sobre la problemática de la sequía y los medios que se podrían aplicar para contrarrestarla. Al mismo tiempo apremió al Estado central para que asuma sus competencias para resolver el problema más temprano que tarde.

El Partido Popular de Málaga, por su parte, ante la grave situación de la sequía acaba de impulsar una “Mesa del agua” en la que comprometió al PSOE a participar, para que de manera pactada se afronte de una vez por todas remediar estas carencias que de manera cíclicas abaten la provincia poniendo en marchas infraestructuras que vengan a resolver las carencias.

No es la primera vez que la Junta de Andalucía tiene que mojarse –expresión esta que viene al pelo – como ya lo hizo en anteriores ocasiones decretando soluciones para prolongadas sequias en el ámbito malagueño y andaluz, en lo que va de siglo. La carencia de recursos hídricos de ahora determina que se vuelva a clamar por la solución de un problema que golpea de nuevo a la región y que exige medidas pactadas para solucionarlos con involucración los distintos partidos políticos en una empresa en común con un mismo objetivo.

Se muestran esquivas las lluvias sobre el suelo patrio, y particularmente en Andalucía en donde el sequeral se adueña del territorio. Unas preguntas angustiosas empiezan ya a pergeñarse en quienes sufrimos la espantada del líquido elemento, reacio a visitarnos: ¿Dónde fueron las lluvias? ¿Qué recovecos buscaron para ocultarse y no dejarse ver por quienes clamamos por su presencia? Los interrogantes no parecen tener respuesta ni aún en los meteorólogos que auscultan los cielos y no ven ni rastro de nubes en el horizonte y no vaticinan sino sequedad acérrima y ausencia de la más mínima apariencia de humedad.

En el serrano pueblo del Benaoján de mis ancestros cuando en pleno mes de Abril en el que el sol se adueñaba como señor absoluto del firmamento, y ni por asomo se vislumbran nubes que vinieran a presagiar lluvias, coincidiendo con la celebración de festejos anuales en su honor, se organizaba una procesión que llevaba en andas al Santo Evangelista hasta las cercanías de los campos limítrofes. Allí, se alzaban plegarias de este tenor: ¡“San Marcos, mira mis garbanzos que no florecen!”, “¡Contempla mi trigo que no acaba de germinar!” y otras preces parecidas. Hasta había quien de manera irreverente gritaba “ ¡San Marcos Bendito, Patrón Soberano, como no nos eches aguas al pozo te echamos!”.

El Pozo de San Marcos quedó para la posteridad como santo y seña conspicua del pueblo, porque lo cierto es que no pocas veces las anheladas lluvias llegaban días después de la comitiva. A lo mejor sería ésta una solución para la contumaz ausencia de precipitaciones que hoy por hoy asola la provincia, dicho sea con el respeto y cierta  sorna que mis lectores sabrán perdonar.

 

 

 

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Galopante cambio de clima
José Becerra 04-08-2017 | 10:19 | 0

Grazalema

 

Galopante cambio de clima

JOSÉ BECERRA

Las imágenes que nos ofrecieron días atrás los medios de comunicación sobre el pavoroso incendio de Portugal, al que ha seguido el no menos voraz de Doñana, ya en nuestro suelo hispano, ha propiciado que suenen las alarmas sobre el peligro que en este verano se cierne  sobre el suelo patrio dado la penuria de lluvias que soportamos y las carencias que esta escasez, más acusada cada día, padecen  nuestros ríos, exangües y sin vida. Las deseadas lluvias cuando nos visitan obedecen a tormentas que nos traen el líquido elemento, sí, pero de manera borrascosa tal que se pierden sin apenas provecho.

    Se habla entre los entendidos de cambio de ciclos, es lo que dicen algunos; otros van más allá y apuntan a un calentamiento del Planeta con imprevisibles consecuencias. El deshielo de los Polos es,  por ejemplo, un hecho incontrovertible y claro aviso a navegantes, nunca mejor empleada la expresión.

   A nadie con dos dedos de frente se le escapa que España carece de pantanos suficientes y que los acuíferos existentes se cuiden como un don precioso y evitar que las aguas graciosamente recibidas cuando la atmósfera se muestra pródiga en lluvias vayan a parar al mar, que maldita la falta que le hace o se pierdan por caminos insondables en la profundidad de la tierra. ¿Por qué nuestros políticos, a ratos si mal no viene, no se ocupan de este problema candente en vez de enfrentarse   en peleas que nada nos reportan a la mayoría de los mortales? Urge un Plan Hidrológico Nacional en la que participen además de las Administraciones públicas, que también, la sociedad civil incidiendo en la necesidad urgente del desarrollo de Planes Hidrológicos de cuenca que hasta ahora brillan por su ausencia o son insuficientes.

    Las sierras de Grazalema, arriscadas  y multiformes a tenor de un historial geológico convulso, cabalgan sobre las provincias de Málaga y Cádiz y nos dejaron para asombro de la posteridad, además de sus desafiantes alturas que horadan el cielo,  simas, angusturas y grutas como la espectacular Cueva del Gato benaojana, que destaca por su extensión lóbrega, la de mayor de  Andalucía, por la inmensa  población de murciélagos que la escogieron desde la noche obscura de los tiempos para hibernar en ella.

    El cambio de clima que ha perece haber sentado sus reales en el ancho solar andaluz se retrasa en las sierras de Grazalema a tenor de las lluvias que recibe a lo largo del año. Desde aquí, contemplándolas en la lejanía, agradeciendo sus lluvias que nunca nos abandonaron del todo me vienen a la mente los versos de García Lorca sobre el líquido elemento que se nos muestra remiso por mor de un clima que parece cambiar de forma galopante:

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

 

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.