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Montejaque

Al-Jaque, el dulce sabor de Montejaque
José Becerra 12-12-2018 | 11:02 | 0

 

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Al-Jaque, el dulce sabor de Montejaque

JOSÉ BECERRA

A Montejaque es obligado venir por numerosas razones. El pueblo, enclavado en pleno corazón de la montaraz Serranía de Ronda,  exhibe, como  pocos, fundados atributos para visitarlo en cualquier época del año. Cautiva de entrada por su posición entre las breñas. Se yergue mansamente como acunado y feliz de soportar el dominio de altas crestas calizas que se elevan orgullosas, pero que parecen acunar a calles y casas con querencia maternal.  Alguien, con fundamentos poéticos, dijo de Montejaque que “es un fulgor de fachadas blancos y reverbero de obscuras techumbres moriscas”, afirmación que compartimos sin reservas, a poco que nos aproximemos a su contorno  o deambulemos por sus calles.

   Vive el pueblo de sus olivares, de pequeños viñedos  y de campos dedicados al cultivo del cereal y el girasol. Antaño gozó de una industria chacinera que alcanzó relieve en el mercado provincial: los jamones de la chacinería “Jiménez” alcanzaron nombradía. Hoy la antigua fábrica se remodeló en un coquetón hotel con resabios históricos del siglo XIX, y que mantiene remembranzas señoriales de personajes ilustres afincados en la villa, como la de don Miguel de Mañara, el condestable que inspiró a Zorrilla su universal mito de  Don Juan.

  Pero, para asombro del visitante o estudiosos de su peculiar entorno, otras realidades atesora a cual más notoria. Entre ellas, la arquitectura venerable del templo del apóstol Santiago, recoleto testigo de cuanto acontece en la plaza del pueblo; o el embrujo de empinadas calles que buscan la querencia del monte Hacho (en la lejanía, las cúspides del Tavizna, piramidal y eterno, testigo y pétreo testigo del pueblo); o el asombro de la cueva del Hundidero, cuyas tenebrosidades subterráneas le une con el pueblo hermano de Benaoján y el prodigio de la Cueva del Gato. Trasunto de creencias religiosas desde siglos atrás confluyen en la Virgen milagrosa de las Escarigüelas y la romería que cada año la recuerda. La trascendencia de la emigración a Alemania en las décadas de los 60 cuajó en el bautizo de su principal avenida de acceso con el nombre de un pueblo alemán, en el que todavía permanecen muchos de los que vieron obligados a emigrar en épocas tenebrosas: Knittlinger.

   Imperioso es hablar  de la creación de una industria de confituras que hoy por hoy le concede brillo y prestigio a golpe de reconocimientos y distinciones: Al-Jaque, una firma local empeñada en endulzarnos la vida como fabricante de mermeladas y conservas vegetales, que muy recientemente ha recibido los plácemes del secretario general del PSOE malagueño en una visita protocolaria al pueblo. Recalcó en su argumentación  la importancia que merece “el carácter emprendedor” del pueblo, ahora concluyente en  las féminas de la localidad y que, a todas luces, reside en quienes sustentan tan puntera industria como  ejemplo de creación propia de empleo.

   Consiguió años atrás la cooperativa el Galardón al Desarrollo del Parque Natural de la Sierra de Grazalema, dentro de cuyos límites se ubica.  Más de una veintena de productos diferentes se alinean en sus anaqueles como testimonios de los productos que se fabrican cada día en sus instalaciones, dispuestos a conquistar los paladares más exigentes en repostería artesanal. La insólita empresa, regida por mujeres, que hacen gala de su menester se sustenta merced “al empleo de materias primas ecológicas” y siguen las recetas tradicionales por sus abuelas. Aparte de las mermeladas tradicionales a bese de frutas agridulces, han sabido elaborar otras que llaman poderosamente la atención y que sorprenden por su rareza, tales las de cebolla, o las de tomate y berenjenas, de las que muy probablemente no existe parangón en el territorio nacional, amén de las de frambuesa, melocotón o mango.

    El reto de estas mujeres decididas a romper  moldes e irrumpir en el mercado de la alimentación con sus novedosos productos parece que se ha visto ya coronado por el éxito. Montejaque, que siempre tuvo a gala el fuerte carácter de sus mujeres – no en vano es una figura prototipo de su firmeza y entereza  la imagen de las “cantareras”, acarreando agua en voluminosos cántaros tanto en el cuadril como en la cabeza – tiene un motivo más para enorgullecerse. Al – Jaque, es todo un símbolo de la superación personal y la consolidación de una empresa nacida del entusiasmo y del axioma impuesto a sí misma de “si quiero, puedo”. Larga vida  para esta empresa femenina que viene pisando firme y con tesón.

  

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Monumentos que desafían al tiempo en Montejaque
José Becerra 26-01-2018 | 10:10 | 0

 

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Monumentos que desafían al tiempo en Montejaque

Crestas calizas dominan las casas del pueblo,  recortadas indolentes bajo las laderas de la Sierra de Libar. Se antojan por su relieve disforme el lomo erizado de un dinosaurio prehistórico, tales son sus formas picudas y ondulantes que horadar el cielo figuran. El roquedo, que no amenaza sino que acoge como techos protectores a las viviendas en lo más alto y antiguo del pueblo, le presta a éste un telón de fondo pétreo espectacular dando pie a rincones altamente sugestivos. Más abajo se alinea el resto del caserío más reciente al que domina el templo de Santiago que data del siglo XVI y en el que se dan la mano los estilos gótico – la bóveda de terceletes que cubre el presbiterio –, y el barroco, presente en la capilla decorada con llamativos motivos pictóricos.

Coexisten en las afueras Montejaque compitiendo con campos de cereales, olivos, viñedos y campos de girasoles, dos estructuras que llaman poderosamente la atención a quienes, ya en automóvil, ya a pie, las contemplan desde la carretera que une a este singular pueblo de la comarca serrana con la ciudad de Ronda. Una debida a la Naturaleza en su incesante ímpetu transformador de lo creado desde los tiempos obscuros del Cosmos: se trata de la gruta del Hundidero, boca enhiesta que engulle con avidez en tiempos de copiosas lluvias las aguas del afluente Gaduares, las cuales tras atravesar vericuetos insondables y tenebrosas salas que suspenden el ánimo, vienen a recalar en su hermano mayor, el río Guadiaro, tras precipitarse en el lago que antecede a la celebérrima Cueva del Gato, ya en el término municipal de Benaoján. Ambos pueblos comparten relieves y paisajes únicos y rivalizan en lo sugestivo de rincones e inveteradas tradiciones.

La otra estructura distintiva de Montejaque entra en el terreno de la ingeniería: la Presa de los Caballeros, que data de los prolegómenos del siglo pasado, y que supuso en hito constructivo para domeñar las aguas del Gaduares con fines de producción de energía eléctrica y facilitar el regadío de la zona pero que constituyó un rotundo fracaso a causa de filtraciones que la inutilizaron por completo. Hoy se erige y se contempla en la carretera que une al pueblo con Ronda, inútil pero colosal en su forma y reflejo de un mastodóntico proyecto insólito en el resto de la España de entonces.

Hoy por hoy, la pretensión formulada por la Asociación de Turismo y Calidad de la Serranía de Ronda y apoyada sin tapujos por el Ayuntamiento de Montejaque, se ha alzado hasta las administraciones públicas superiores, y en primer lugar a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía para que se otorgue el atributo de Monumento Natural a la Cueva del Hundidero, emporio de espeleólogos que con asiduidad recorren sus tenebrosos y sorprendentes salas y angosturas. Así mismo se pretende otra mención para la Presa de los Caballeros, cita en las inmediaciones del Hundidero en forma de adscripción en el catálogo de Bienes de interés Cultural (BIC, para los allegados).

Portentos ambos, uno natural y otro debido a la mano del hombre, éste   desafiando al tiempo y que se considera pionero en España. Merecen ambos a todas luces ser rescatados del olvido y concederles la importancia que se reclama.

Foto: Andalucía Rústica

 

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Montejaque, cántaros y gastronomía
José Becerra 28-02-2016 | 10:31 | 0

Montejaque,  cántaros y  gastronomía
JOSÉ BECERRA


Este singular pueblo celebra el próximo día 29, con motivo del Día de Andalucía, su tradicional Juego de los cántaros. Un motivo para dejarse caer por este rincón de la provincia de Málaga, siempre atrayente y evocador, para presenciar lo que es ya es una enquistada y divertida costumbre que viene llamando poderosamente la atención en los últimos tiempos.
  Montejaque, fronterizo entre la comarca de Ronda y la gaditana Sierra de Grazalema, mira al valle del Guadiaro desde el pie de los roquedales del Hacho bebiendo los vientos norteños que hasta las casas llegan resbalando por el espolón vertical de Tavizna, mole piramidal que le sirve, en la lejanía, de peñascoso telón de fondo. Las casas, con el blanco impoluto de la cal, llegan hasta las estribaciones de las sierras de Montalate y Juan Diego, y en general, todo el pueblo parece cobijarse entre peñascos.

   No se contempla Montejaque hasta que no se avizoran sus primeras casas; de ahí el nombre ´Montexaquez”, de raíces árabes, que significa `montaña perdida”. Tal vez por estas razones la brisa nocturna, que en la Serranía suele descolgarse de los altos picos, alivia los rigores del día y hace sumamente agradable la permanencia en la plaza pública. Una plaza que es testigo fiel de los acontecimientos que se suceden a lo largo del año, como las fiestas patronales que se celebran ahora en torno al 15 de agosto, en honor de la milagrosa Virgen de la Concepción. Milagrosa porque detuvo una virulenta epidemia, cuya extinción originó una tradicional romería en la ermita de las Escarigüelas, con total vigencia en nuestros días. Y, además, es conocida la plaza por el Juego del Cántaro, costumbre rescatada del acervo cultural y popular del pueblo, la cual “ no parece haber tendido parangón en la provincia”, según afirmación generalizada.

   Con “El Juego del Cántaro” se reverdece  la costumbre que tenían las mujeres del lugar de ir a la fuente pública – una fuente que aún conserva los viejos caños de fresca agua – a recoger el líquido elemento en la época en que éste no llegaba a las casas. Se acercaban a la fuente hasta con tres cántaros que llevaban uno sobre la cabeza descansando sobre un rodete y los dos restantes sobre el cuadril. Tan frecuente era esta imagen que llegó a ser como la seña de identidad del mujerío local que no se arredraba ante el esfuerzo físico ni por los más penosos trabajos.

 Pero los cántaros son ahora motivos de divertimiento y atracción turística, sobre todo en los días de Carnaval. Se forman equipos de seis o tantas personas como cántaros haya disponibles en el juego. Se marca el centro de la plaza con una gran cruz y alrededor de éste se forma un círculo con las participantes. Se lanza el cántaro lleno de agua unas a otras y si éste no se rompe, se amplían los círculos concéntricos haciendo que cada vez el juego sea más complicado. Paulatinamente se van eliminando a las que el cántaro se les hace añicos antes de llegarles a las manos.

   Al hablar de los platos de Montejaque se impone la selección “que viene de muy antiguo” como nos decía tiempo atrás María Hidalgo, funcionaria del Ayuntamiento y que no es otra que la del guiso de patas de cerdo, como remembranza de la tradición chacinera; los embutidos, las tortas de chicharrones (residuo muy frito que queda después de derretirse la manteca de los trozos de piel del cerdo, convenientemente mezclados con masa de pan, azúcar y zumo y ralladura de cítricos y canela); “y los molletes artesanales, junto a las bebidas, como la mistela, que antes era obligada en las amonestaciones y en las bodas y que consiste en una perfecta conjunción de anís seco, azúcar, matalahuga y yerbas aromáticas”.

 Para postres obligado acabar mencionado las mermeladas que “Al- Jaque” elabora y de las que podrán hacer provisión los ocasionales visitantes, con la seguridad de que se llevarán a su casa un manjar sorprendente tanto por su exquisitez como por su rareza. “ Además de las tradicionales mermeladas por todos conocidas, elaboramos las de cebolla, berenjena y tomate, de las que creemos no tienen paralelo en ningún lugar”, nos dice una de las tres operarias de la singular fábrica artesanal que endulza el paladar de media Andalucía.

 ¿Pero cuáles son los atractivos del pueblo, aparte del más innegable, que radica en el núcleo poblacional? Son casas que respetan la tradición arquitectónica popular, algunas con fachadas blasonadas como el hotelito de Mañara, residencia que fue de Don Miguel de Mañara, aventurero y señor de rancio abolengo, en cuya figura y hazañas muchos autores creen ver la fuente de inspiración para el Don Juan Tenorio de Zorilla.

  Hay que salir al entorno y llegarse, entrando por la vieja y estrecha vía que sale de Ronda a Sevilla, al poso de cruzar el alcornocal de Bogas Bajas, al embalse o mal llamado”pantano” de Montejaque. Es ésta una obra tan colosal como inútil levantada en tiempos de la dictadura de Primo Rivero para detener las aguas del río Gaudares. No se consiguieron domeñarlas por las filtraciones del terreno arcilloso, y el caudal corre libre por la hendidura del Hundidero, hasta desembocar en el Charco Azul de la cueva del Gato, en Benaoján. Un paisaje insólito, montaraz y misterioso por el tajo que abre las entrañas de la tierra, pero no exento de encanto por la fascinación de la cueva, negada para aquellos que no sean expertos en espeluncas y curtidos en el riesgo y la aventura.

Foto.Málaga.es

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Al Jaque, un toque de buen gusto
José Becerra 12-11-2015 | 9:55 | 0

mermeladas

Al Jaque, un toque de buen gusto

JOSÉ BECERRA

“No solo de chorizos vive el hombre”. Es lo que presumiblemente se dijeron en Montajaque un grupo de mujeres emprendedoras para ponerse acto seguido  manos a la obra con decisión. Se dedicaron a fabricar unas mermeladas que por su sabor genuino a los más variados frutos vegetales que es susceptible de ofrecernos la Naturaleza, pusieron una pica en Flandes, que es lo que se dice cuando se logran aspiraciones que, catapultadas hasta el infinito, concluyen siendo una realidad y culmen de una aspiración que parecía imposible.

   Montejaque, pueblecito enclavado en el corazón de la Serranía de Ronda, “ fulgor de fachadas blancas y reverbero de oscuras techumbres moriscas”, posee muchos méritos para ser admirado. Quieto, mansamente soportando el dominio de las crestas calizas que se recortan contra las laderas de la sierra de Libar, “animal antediluviano de espinoso lomo”, vive de sus olivares, de pequeños viñedos y de campos dedicados al cultivo del cereal y el girasol. Antaño gozó de una industria chacinera que alcanzó relieve en el mercado provincial y los jamones de la chacinería “Jiménez” alcanzaron nombradía. Hoy la fábrica se remodeló en un coquetón hotel con resabios históricos del siglo XIX y que mantiene remembranzas señoriales de personajes ilustres afincados en la villa como don Miguel de Mañara, el condestable que inspiró a Zorrilla su universal Don Juan.

    Pero no ese el único mérito. Arquitectura venerable del templo de Santiago; vericueto de empinadas calles que buscan la querencia del monte Hacho – más lejos, el Tavizna, guardián piramidal y eterno, testigo y pétreo vigía del pueblo -, el asombro de la cueva del Hundidero, cuyas tenebrosidades subterráneas le une con el pueblo hermano de Benaoján y el prodigio de la cueva del Gato; Virgen milagrosa de las Escarigüelas; trasunto de un pueblo alemán- Knittlinger – en donde reside el núcleo de sus emigrantes y al que dedicó su principal avenida… Y creación de una industria de confituras que hoy por hoy le concede brillo y prestigio a golpe de reconocimientos y distinciones.

   Una de las últimas deferencias hacia el pueblo serrano ha sido concederle, años atrás, a la cooperativa Al- Jaque, dedicada a la fabricación de conservas vegetales, el Galardón al Desarrollo Sostenible del Parque Natural de Sierra de Grazalema, dentro de cuyos límites se ubica. Más de una veintena de productos diferentes se alinean en sus anaqueles dispuestos a su comercialización y todos, como no duda en señalar la directora de esta insólita empresa (formada por tres mujeres), Inés Gómez, “empleándose materias primas ecológicas”.

   Mermeladas elaboradas con las recetas tradicionales “ de la abuela”, y algunas otras exquisiteces que sorprenden por su rareza, como podría ser la mermelada de cebolla, o la de berenjena y tomate, de las que seguramente no existen parangón en la Península. Animosa empresaria y fémina entusiasta, Inés Gómez ha sabido encauzar un movimiento local para sacar a la mujer de su ostracismo y el desempleo, tanto por motivos de decadencia de la industria de embutidos como por su papel desempeñado en los pueblos, y que la obligaban a enclaustrarse en el hogar, condenándolas a eternas y monótonas labores domésticas.

   El reto de estas mujeres decididas a romper a moldes e irrumpir en el mercado de la alimentación con sus novedosos productos parece que se ha visto ya coronado por el éxito. Montejaque, que siempre tuvo a gala el fuerte carácter de sus mujeres – no en vano es una figura prototipo de su firmeza y entereza la imagen de las “cantareras”, acarreando agua en voluminosos cántaros tanto en el cuadril como en la cabeza – tiene un motivo más para enorgullecerse. Al – Jaque, es todo un símbolo de la superación personal y la consolidación de una empresa nacida del entusiasmo y del axioma “si quiero, puedo”.

  Le deseamos a esta empresa, fruto del empeño y la constancia, toda la larga vida que merece. Lo dicho, vengan a Montejaque para relamerse de puro gusto degustando in situ unas mermeladas cuya fama traspasa fronteras.

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Caminos de pezuñas
José Becerra 17-10-2015 | 12:07 | 0

 

 

Caminos de pezuñas

 JOSÉ BECERRA (foto: Diario SUR)

Caminos y veredas imposibles, senderos tortuosos que permitían no sin peligro ascender por terrenos montuosos que conducían a pueblos perdidos en la inmensidad de la Serranía de Ronda, o a cortijadas y casas solariegas que buscaron la paz o el terruño de pan llevar allí donde la civilización del ocio jamás osó franquearlos.

Proliferaron las carreteras y los caminos vecinales que conducían a las propiedades o a los pueblos próximos entre sí, pero las sendas de siempre se resistieron al paso demoledor del tiempo y se resisten a perecer. Son las que hollaron arrieros, contrabandistas y algunos que otros bandoleros serranos, los cuales dejaron su impronta en los cronicones de la época y que los lugareños reconocen como “caminos de pezuña”, o sea los que transitaron animales de carga conducidos por peones o gente de mal vivir.

Son estas vías y cañadas las que ahora, siglos después, reivindican quienes sustentan el aprecio de la Serranía Romántica organizando andaduras sobre ellas ataviados a la antigua usanza y con

ánimo de reverdecer aquellos tiempos finiquitados pero que permanecen intactos en la memoria colectiva de los moradores de estos lugares montaraces.

Ejemplo de estas remembranzas son las actividades que llevan a cabo Turismo de Ronda y la Asociación Senderista Pasos Largos. La última de éstas tomó forma en las más de un centenar de personas que recorrieron días atrás el trayecto que separan los pueblos serranos de Montejaque y Grazalema. Arrieros y jumentos ataviados a la antigua usanza pusieron color y sabor a través de sendas pedregosas casi intransitables, escoltados en los últimos tramos de la caminata por remedos de bandoleros que acentuaron el brillo de la conmemoración.

Una jornada épica en la memoria que unieron a dos pueblos con un pasado histórico compartido.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.