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Pueblos que languidecen a ojos vista
José Becerra 20-02-2018 | 9:42 | 0

Resultado de imagen de imagenes de pueblos de la serranía de Ronda

 

Pueblos que languidecen a ojos vista

Son las aldeas y pueblos del sur peninsular emplazados en confines hacia el sur de Despeñaperros, ese macizo que separa a la España próspera de otra menos rica y esplendente enmarcada hacia el sur con límites en el Mediterráneo, las que languidecen a ojos vista por mor de economías depauperadas imperantes. Las mismas que, por estas razones, ven como merma el número de habitantes de sus comarcas, empujados éstos hacia zonas centrales o norteñas en las que los índices de bienestar son manifiestamente más halagüeños. Esta despoblación de aldehuelas y caseríos pobres que finiquitan a pasos lentos pero irrefrenables por mor de malvivir en tierras pobres de pan llevar, culmina en el traslado de sus habitantes hacia los pueblos del contorno geográfico. Pero éstos, que también se debaten si no en la miseria, sí en la parquedad de recursos, no colman sus intenciones de bienestar, lo que les impele a a su vez, por la imperiosa necesidad de nuevos horizontes de vida, hacia otras más regiones más al norte: las ciudades, en donde legítimamente se espera prosperar. Un periplo inacabable de la España más deteriorada hacia otra más prometedora en pos de circunstancias más favorables. Una aspiración legítima, pero que acabará por desertizar regiones inexorablemente. Una contextura territorial en quiebra que no puede sino proporcionar quebrantos para quienes la sufren. Mientras nuestros políticos, ensalzados en otras cuestiones que no siempre son las que importan de verdad a los ciudadanos de a pie, se muestran insensibles al fragrante problema que hoy por hoy se ceba en esas regiones españolas abatidas que no ven soluciones para salir del impasse en el que se encuentran y padecen. Los postergados pueblos de de la Serranía de Ronda o de la Axarquía malagueña son un ejemplo palmario de ello. Esperan para ser redimidos de su letargo de siempre y postración actual el grito, si no bíblico sí institucional, de ¡levántate y anda!

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Alivio para el bolsillo en pueblos malagueños
José Becerra 05-01-2018 | 12:53 | 0

 

Alivio para el bolsillo en pueblos malagueños

Recuerdo como una imagen de humildes pueblos de la España irredenta del pasado siglo la imagen de vecinos que cada año no era raro que a cuenta de atender el recibo de la “contribución” – que así se reconocía por aquellos desolados tiempos – debían de restringir el condumio de alimentos básicos por algunos días. Caminaban ese día nefasto con paso indeciso hacia el Ayuntamiento, lugar en el que el recaudador de turno se aposentaba en espera de los depauperados contribuyentes llegarán para cumplir son Hacienda mal que les pesara; la mayoría de ellos por poseer una vivienda que se caía a pedazos. Afortunadamente, a remolque de los nuevos tiempos estas imágenes de una España decadente pasó a la historia: ahora se atiende a estos recibos contributivos en la caja o banco de turno, pero la malquerencia hacia ellos sigue siendo lo mismo, aunque eso sí, los moradores de algunos municipios malagueños que ostenten la propiedad de una vivienda o un terreno van a comprobar cómo se mitiga parte de esa carga soportada con el mayor estoicismo del mundo. La rebaja impositiva a más de una treintena de pueblos de la provincia se produce merced a factores de corrección aprobados por el último Consejo de Ministros del año que acaba de finiquitar a instancias de responsables municipales de términos afectados por gabelas desmedidas. La presión fiscal que atañe al ámbito inmobiliario de este sector dará un respiro notorio a los contribuyentes. Revisados a la baja el ´catastrazo´ de hace ya una década, que muy bien podría considerarse de oprobiosa, las aguas perecen volver a su cauce, y el IBI, que cada verano venía sobrecogiendo a las familias menos boyante, y con este tributo, otros del mismo jaez, como la plusvalía municipal que es obligado satisfacer por mor de la venta de una casa o cuando se recibe graciosamente un inmueble en herencia, tienden a limar sus fauces siempre abiertas y horripilantes. Otra cosa es que las alcaldías de manera y forma que la medida atañe a la base imponible del tributo en cuestión, decidan alterar, como es de esperar por lo legislado, su importe a la baja. Cuestión ésta que afortunadamente es lo esperable en el solar malagueño. Un alivio para el bolsillo de la vecindad de cada pueblo de Málaga, que no tienen por menos que recibir la buena nueva con alborozo.

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Plaza y calle mayor de los pueblos del interior de Málaga
José Becerra 02-02-2015 | 11:53 | 0

Plaza y calle mayor de los pueblos del interior de Málaga

 Plaza de Benaoján

Perdieron su rango tanto una como otra. La plaza y la calle principal de los pueblos del interior malagueño perdieron sus atributos a medida que se buscaba sitio en las zonas colindantes, casi siempre terrenos de labrantíos y tierras de pan llevar, para acomodar a una población que como ley de vida crecía paulatinamente. En detrimento de su peculiaridad cedieron la importancia que habían mantenido durante siglos a los lugares del alrededor erigidos en zonas más idóneas para ensanche y el asentamiento de edificios públicos y privados de nueva factura.

La plaza fue siempre lugar obligado de reunión para la vecindad tanto en días de trabajo (antes de partir para la ocupación diaria, ya fuese a las heredades próximas, ya al regreso de ellas), sobre todo en las festividades. Desde las primeras a horas del día por la proximidad del horno un grato grato olorcillo a pan caliente se expandía por sus cuatro costados, al que pronto se unían los efluvios de los churros provocados por la modesta industria familiar de turno que sacaba sus trebejos a la calle y a los que los más madrugadores acudían como moscas a la miel.¡ Ay, aquéllos churros de María, la Tejeringuera, de mi Benaoján natal, que mi madre me llevaba, solícita, y que se me antojaban ruedas tan enormes como apetitosas!

En la plaza se levantaban edificios tanto de índole civil – el Ayuntamiento -, como religioso – la Iglesia- amén de otros destinados a satisfacer las horas de ocio de la vecindad, como fondas y bares, algunos de estos llamados pomposamente `casinos´, aunque solo hubiese cuatro mesas despintadas

y comidas la superficie por las quemadura de los cigarrillos de los tertulianos. Tampoco era raro que ocupara un lugar preeminente una sucursal del antiguo Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Ronda, que con los nuevos tiempo puso pies en polvorosa buscando acomodo en otros lugares más propicios.

Así que entre los que venían a resolver sus cuitas en el Consistorio, como los que querían solazarse jugando al dominó o al julepe entre trago y trago de vinillo peleón, a lo que había que sumar el tumulto de los niños que buscaban amplitud para sus juegos y correrías, la plaza era un lugar de estancia y tránsito que contrastaba con la quietud del resto de las calles, sumidas en el sopor ya fuese del medio día o atardecer.

La calle principal, así llamada pomposamente por sus moradores aunque muy poco difería en anchura y longitud con otras del pueblo en cuestión, acogía las viviendas de los vecinos más pudientes y era la elegida – faltaría más – por el cacique o el hacendado de turno, o bien para instalarse el cuartel de la Guardia Civil o la del médico de lugar, que los centros de salud eran pura entelequia.

Era esta calle la única del pueblo en la que las noches de verano – durante las horas del día se mostraba vacía y silenciosa – convertía en un hervidero humano. Callejeaban parejas de novios amartelados y acicaladas mocitas de buen ver que intercambiaban miradas escurridizas entre risitas disimuladas con los posibles mozalbetes que las rondaban. Las amas de casas se arrellanaban en los escalones de las viviendas buscando el refrescante airecillo que a altas horas de la noche se resbalaba perezoso de las alturas circundantes.

Tomar el fresco” era una costumbre inveterada que se perdió con el tiempo, en parte porque buena parte de la población basculó hacia las afueras. Como lo hicieron bares, tabernas y tiendas, dejando la plaza y la calle principal mustia y desarbolada de viandantes.

Languidecen así lugares que gozaron de bulla y esplendor. Ni huellas quedan de su pasado, y mustias son solo sombra de lo que fueron. Lo que no impide que pasear por ellas sea una distracción placentera, siquiera sea para añorar tiempos pasados: en la calle principal y en la plaza del pueblo no somos pocos los que vimos transcurrir muchas horas de nuestra existencia.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.