Las mejores letras de nuestra vida.- La Carretera

La verdad es que esta no se trata de mi canción de cabecera, esa que no dejo de escuchar a cada paso que doy. De hecho la tuve en el olvido durante mucho tiempo hasta que cayó otra vez en mis manos dentro de un disco de versiones que el gran Antonio Vega editó hace unos años. Podría hacer perfectamente quince años que no la oía y sucedieron varias cosas. La primera es que la canté de corrido al tiempo que lo hacía Antonio en el reproductor de cedés, la segunda es que se me puso la carne de gallina al recordar ciertos versos y la tercera es que me sorprendió alegremente que Vega eligiera una canción de Hombres G para incluirla en su disco. Por todo esto y porque cada vez que mi i-pod la selecciona al azar de entre mil canciones para reproducirla me sigue llegando muy hondo, es por lo que ha sido la elegida para comenzar esta serie de publicaciones dedicadas a las letras de las canciones que más nos han gustado siempre y que por ello siempre nos acompañarán.

El autor de la canción es David Summers, cantante y líder del grupo pop que a más grupis arrastró en los efervescentes años ochenta. Yo en esa época era uno de tantos, más de los que creéis, a los que nos gustaba Hombres G, comprábamos o grabábamos sus discos, nos sabíamos todas sus canciones de carrerilla y los negábamos cual Pedro a su maestro, no tres veces, sino todas las que tuvieran que ser, con tal de conservar cierta reputación masculina en nuestro colegial entorno. Por eso cuando con apenas quince años llegué al último corte de su segundo disco “La cagaste… Burt Lancaster” tras escuchar nueve canciones en las cuales reincidían, con acierto, en letras sobre salidas de viernes y sábados noche, amores y desamores con aires guasones y sin ellos, me quedé con la boca abierta al escuchar una melodía y una letra realmente melancólica e incluso amarga que hablaba de ellos mismos y de lo dura que era esa vida que, desde fuera, se nos antojaba llena de alegrías y diversiones. Esa canción era “La carretera”.

La canción empieza con una guitarra con ecos lejanos y la voz que describe la crudeza del camino (…la carretera es tensa…perros muertos sin collar…) y la incertidumbre del que se siente lejos de todo (…sabe Dios donde estará…Me paso la vida marcando el 91…). Deben seguir en la brecha teniendo la esperanza e imaginando que alguien los está esperando y sacando fuerzas de flaqueza para que el espectáculo continúe (…con los pantalones rotos intentando que la voz me aguante hasta el final…).

La segunda parte de la canción debió significar para el autor una cura y un desahogo al poder echar fuera una cantidad de sentimientos tales como el preguntarse qué es toda esa parafernalia en la que le han involucrado (…y los autógrafos que das, que los das, ¿por qué no darlos?…), la lejanía de las personas y los lugares queridos (…no paro de pensar en ti, sueño con las calles de Madrid…) y como culminación y resumen de todo: la soledad (..te miras a un espejo y ves sudor y whisky y agua…todo el mundo se ha ido ya, ya no quedan ilusiones,,, sólo un camión que espera para llevarte a otro lugar…)

Ciertamente una letra que algunos no creerían que es suya si no la escucharan de la propia voz de David Summers. Y él mismo lo sabe. En una entrevista, al hilo del éxito obtenido por Luz Casal con la canción “Te dejé marchar”, le escuché comentar, casi a modo de queja (y con razón), que si esa composición la hubieran cantado Hombres G a la gente le parecería muy ñoña. “Te dejé marchar” también es suya.

Calla, duerme y piensa, queda mucho por andar,
la carretera es tensa y llueve sin parar.
Curvas, baches, bares, perros muertos sin collar,
y la música que tu has traído para recordar
aquella niña que sabe Dios donde estará.
Me paso la vida, marcando un nueve uno,
cambiando de comida, con mi ropa oliendo a humo,
y tu estarás dormida, en tu cuarto lleno de fotos
y yo jugando mi partida, con los pantalones rotos,
intentando que la voz, me aguante
hasta el final, cuando tocaremos… Sufre Mamón.

Y ya en el camerino, bebe agua y relájate,
la toalla robada en un hotel,
y los autógrafos que das…
Que no sabes su valor,
que los das. ¿Por que no darlos?
Y quisieras irte ya, te duele la espalda,
te miras a un espejo, y ves sudor y whisky y agua y…
mientras tu, estas en casa, donde el tiempo no pasa
y no paro de pensar en ti, sueño con las calles de Madrid.
Los técnicos recogen, todo el mundo se ha ido ya,
ya no quedan ilusiones, solo cajas que cargar,
y un camión que espera para llevarte a otro lugar,
donde tocaremos…
Sufre Mamón… devuélveme a mi chica.

Salud y hasta pronto.

Aldeire, 9 de octubre de 2010

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Diario SUR

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