Las mejores letras de nuestra vida.- La mataré

Canción bastante innovadora y conflictiva en muchos aspectos es la que nos ocupa hoy. Innovadora musicalmente porque, como dice su intérprete, ellos introdujeron ritmos rumberos en el rock muchos años antes que Estopa (y escuchando con detenimiento la canción no le falta razón). También porque personalmente fue mi descubrimiento del mundo del rock en particular, y la música en general, del que desde entonces no he podido, ni he querido, desengancharme. Y conflictiva por el tema que trata en sus versos y la consiguiente relación amor-odio que ha soportado durante años con su intérprete habitual. Su autor podríamos considerarlo como uno de los cuatro letristas de lujo del despegue y la época dorada del pop-rock en español: Antonio Vega, Carlos Segarra, Santiago Auserón y… Sabino Méndez.

Sabino compuso esta canción en uno de sus mejores momentos de inspiración sin, probablemente, saber que se convertiría en la mejor canción del año 1987, que años más tarde Loquillo decidiría sacarla del repertorio alegando que era un alegato pro violencia de género, que su público no dejaría de pedirla concierto tras concierto, y que finalmente volvería a los escenarios coincidiendo con la reconciliación de los dos compañeros de viaje tras veinte años separados.

Se trata de una composición de amor-desamor que acaba con un deseo violento a la par que emotivo: el amor en su culmen. La primera estrofa describe en pocas palabras como él disfrutaba con la sola presencia de ella (…enloquecía sólo a su contacto…siempre a mi lado…). Comienza a hacernos sospechar de que no todo es perfecto y que la canción de amor en breve se convertirá en algo más desgarrador (…nunca me juró su amor…) con el acompañamiento de la indiferencia de ella (…ella me sonreía y miraba hacia el mar…).

En la siguiente parte él comienza a recordar y a atar cabos, de cómo él se moría por ella y ella no le correspondía (…ni la vi llorando…). En este punto ya aparece una primera referencia a la muerte aunque aún poética e inocente (…hubiera muerto por su risa…). Poco a poco va perdiendo el control de la situación, se va calentando dándose cuenta que él es el único que lleva para adelante esa relación y que sería perfecto que hubiera algo de contraprestación (…que dolor sucio y traidor me envenena el corazón. Ella nunca enloqueció…).

En este punto está completamente solo y desquiciado. Desesperado al no encontrar una salida. No quiere perderla pero al mismo tiempo quiere que ella le corresponda con la misma pasión. Aquí comienza la estrofa más desgarradora, emotiva, sentimental, dura, cruda, violenta, apasionada y, por todo ello, problemática de la historia del rock español. Jekyll desea matarla a modo de venganza por no ser su amor y compromiso correspondido (…quiero verla bailar entre los muertos…) al tiempo que Hyde suplica por no verla nunca más y así no tener que hacerle daño (…un deseo en el alma, que jamás la encuentre…). Un daño que la parte Jekyll incluso se contentaría con contemplarlo desde fuera (…sólo quiero que una vez, algo le haga conmover…) y finalmente Hyde se funde con su parte más oscura al anhelar no volver a verla ya que si no ocurrirá lo fatal (…que no la encuentre jamás, o sé que la mataré…). La canción termina con la súplica inocente del desquiciado que intenta explicar que no desea otra cosa que matarla, nada malo a su loco entender, eso sí, besándola por toda la eternidad (…sólo quiero matarla…besándola una vez más…).

Durante muchos años el Loco con sus Trogloditas retiraron la canción de su repertorio mientras siempre había alguien en cada concierto que la reclamaba. Su respuesta a la exigencia era algo así como “¿no has oído hablar de eso que llaman violencia de género?” Está claro que con los años la canción, bastante inocente a la vez que atrevida en sus orígenes, se convirtió en algo muy incomodo de llevar en los tiempos que iban corriendo, Hace unos años, en una charla que ofreció su autor, a la que asistí, le preguntaron acerca de la canción en cuestión y de su opinión sobre el maltrato a la mujer. Sabino contestó que no entendía toda la historia que se había formado con una canción que en su época fue referente musical del país. “El hecho de que escriba sobre un maltratador”, explicaba, “no me convierte en tal, ni tan siquiera en defensor de esos supuestos hechos, simplemente conté una historia con sus lados dulces y sus lados amargos. Nada más”.

Hace pocos días asistí a mi enésimo concierto del Loco (aún recuerdo el primero en el parque de atracciones Tívoli) y en él disfruté de dos agradables y reconfortantes sorpresas: Sabino acompañó a la banda en unas cuantas canciones (esperaba ver ese momento desde hace veinte años) y volvieron a tocar “La mataré”. Qué más se puede pedir.

“…Esto es amor. Quien lo probó, lo sabe”

(Lope de Vega)

Yo la sentaba en mi regazo,

enloquecía sólo a su contacto.

La he conservado en la memoria.

Tal como estaba

siempre a mi lado.

Nunca me juró su amor,

lo creía eterno yo.

Y ella me sonreía y

miraba hacia el mar.

Me emborrachaba entre sus brazos,

ella nunca bebía, ni la vi llorando.

Yo hubiera muerto por su risa.

Hubiera sido su feliz esclavo.

Qué dolor sucio y traidor

me envenena el corazón.

Sé que ella nunca enloqueció

y jamás perdió el control.

Quiero verla bailar entre los muertos,

la cintura morena que me volvió loco.

Llevo un velo de sangre en la mirada

y un deseo en el alma,

que jamás la encuentre.

Sólo quiero que una vez

algo la haga conmover.

Que no la encuentre jamás

o sé que la mataré.

Por favor, sólo quiero matarla.

A punta de navaja

besándola una vez más.

Salud y hasta pronto.

Torremolinos, 10 de noviembre de 2010

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Diario SUR

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