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Otro capítulo en SIEMPRE HAY UNA HISTORIA. De como visitamos Marrakech y de como conseguimos un hotel para dormir en Casablanca.

Salud.

Celda 666




Simplificando mucho el asunto, existen dos maneras de encarar esta vida que nos ha tocado vivir. Una de ellas es la optimista, la positiva, la que se consuela al ver amanecer cada día pensando que todo esto es un regalo que alguien nos ha prestado para que lo disfrutemos y que todo es maravilloso. La otra es la pesimista, la negativa, la que puede observar más allá de esos amaneceres extraordinarios y ve pobreza, desesperación, muerte y envidia. En la parte del mundo donde vivimos está más extendida la primera versión, entre otras cosas porque no intentamos ver un poco más allá ya que adivinamos lo que nos vamos a encontrar detrás y también porque las altas instancias del poder nos manipulan de manera sutilísima y nos hacen creer que todo funciona según el orden establecido, y si hay alguien que no entra en el juego, ese, precisamente ese, es el malo, el loco, el desviado, y lo encerramos en el olvido de la mendicidad, la pobreza o la cárcel sin pararnos a pensar que quizá nosotros mismos lo hayamos empujado a ser así.

Ayer vi la película “Celda 211” y es una de esas películas que te hacen pensar, reflexionar y forjan debates interesantes a su amparo. Las cárceles están llenas de tipos finalmente indeseables y despiadados que una lectura rápida de su historia hace que nuestra conclusión sea que es el lugar donde merecen estar y, además, para siempre. Ahora bien, como alguien dijo una vez: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Los que han metido a esa gente entre rejas, ¿alguien me puede asegurar que no sean tan o más pecadores que los propios convictos? ¿Alguien me puede asegurar que en sus intrigas para mantener el orden establecido no han cometido delitos iguales o peores que sus juzgados? La realidad supera en demasiados casos a la ficción, y la ficción que vi ayer dejaba entrever más mierda social fuera de los barrotes de la prisión que dentro de ellos.

Todos vivimos encerrados en una gran celda con el número de la bestia grabado en su puerta, donde el poder y la hipocresía más desalmada son los valores más sublimes y adorados por todos los internos.

¿Cuál es la vida más real, la positiva o la negativa? Y me refiero a la auténticamente real…

“…Cuando era sólo un niño / mi madre me dijo: “Hijo, / sé siempre un buen chico / nunca juegues con armas.” / Pero disparé a un hombre en Reno / sólo por verle morir. / Cuando escuché ese silbido volar / me cogí la cabeza y lloré”

(Johnny Cash)

Salud y hasta pronto.

Torremolinos, 22 de noviembre de 2009

La excepción de la regla




Alguien dijo alguna vez, y no sin cierta razón, que no es buena idea volver a algún lugar en el cual se ha sido feliz. Este pensamiento, sin dejar de ser bastante estricto, como todo en este mundo tiene su propia excepción que, paradójicamente, hace que la afirmación sea más contundente y verdadera. Lo mío con Marruecos no es que haya sido un amor a primera vista, pero desde que lo visité por primera vez, y ya va haciendo algunos años de eso, me ha ido enganchando poco a poco por razones que, la verdad, no acierto muy bien a encontrar.

Acabo de venir de estar unos días por allí con mi compañera y una amiga y, una vez más, el viaje ha sido diferente. Mi compañera siempre ha sido bastante reacia a viajar al país vecino pero esta vez, siendo yo el primer sorprendido, me propuso hacerlo y allá que nos fuimos, acompañados por una amiga común, y yendo yo de improvisado guía. El recorrido ha sido por lugares que, en principio yo ya había estado, pero he visto cosas distintas, he dormido en sitios distintos, y he sentido cosas distintas.

Hemos estado en Chefchaouen parando en Casa La Palma y nos hemos sentido como en nuestra propia casa. Una visión distinta, más o menos crítica, de unos españoles que decidieron hace unos años dar un cambio de rumbo en sus vidas. Hemos estado en Meknès alojándonos en un hotel que ya hace cincuenta años mi madre conocía cuando de niña paseaba por esas calles de su Ville Nouvelle y me he tomado una Flag en el bar que regentaba mi abuelo antes de regresar a España después de la Guerra Civil. Hemos visitado unas impresionantes ruinas romanas que, debido al país donde se encuentran, hacen que su valor constructivo sea más poderoso, manteniéndose en pie después de mil ochocientos años. Y hemos hecho compras en Assilah, en la costa atlántica norte, que incluso los precios de salida, previos al regateo, harían ruborizarse a más de un “comerciante” occidental.





Ha sido un viaje distinto por la compañía (la que llevaba y las que hemos encontrado allí), por la “responsabilidad” de ser el “guía”, por haberlo hecho en coche y, en definitiva, por las siempre distintas percepciones de mis sentidos en aquel lugar. Aunque haya estado previamente, siempre encuentro una nueva dimensión y una nueva cosa por hacer, aunque sea la misma. A Marruecos, sí he vuelto y sí volveré. Me gusta haber encontrado la excepción a la regla.

“…En Comala comprendí / que al lugar donde has sido feliz / no debieras tratar de volver…”

(Joaquín Sabina)

Torremolinos, 25 de octubre de 2009

Salud y hasta pronto.

Crónicas del pueblo.- Las fiestas


Llega el mes de agosto, mes de ferias y fiestas por excelencia en multitud de ciudades, pueblos e incluso barriadas de todo el país. En estos días las casas, las calles y los bares —los tres que existen, y van bajando desde que escribí esto hace ya un añito— se llenan de la gente que durante el resto del año han añorado. El pueblo duplica e incluso triplica su población durante una semana al año. Las casas vacías se impregnan de aire y vida al abrir sus puertas y ventanas. Las calles sostienen un ir y venir de gentes inusitado. Los bares hacen, nunca mejor dicho, su particular agosto para así poder vivir el resto del año con su acostumbrada quietud. Todo es diferente. La presumida tranquilidad y sosiego que buscamos al trasladarnos unos días aquí, se trunca por la esperada e incómoda avalancha de visitas.





Es muy curioso pasear por sus calles y descubrir que de esa casa que creías por su aspecto poco menos que abandonada, o al menos sumida en un largo letargo, salen y entran gentes hablando con muy diferentes acentos e incluso idiomas. Los bordes de las calzadas aparecen repletos de coches con matrículas en su mayoría del norte de Europa y de Cataluña. Esta situación advierte de pequeñas historias de emigrantes que vuelven a casa una vez al año. Son hijos y nietos de autóctonos que seguro que en su mayoría cuentan los días, los meses y los años que les quedan para volver a su tierra.

En la ciudad hay gente que se queja de la avalancha inmigratoria actual, sin echarle cuentas, debido al egoísmo y egocentrismo innato del ser humano, que existen aún muchas personas que tuvieron que salir un día de su pueblo con la misma intención de poder trabajar y ganarse la vida lejos de su tierra y sin fecha concreta de retorno.

Aldeire, 16 de agosto de 2008

21 de Junio

Dejo aquí esta canción de dos ilustres Antonios (Gala y Vega) como presente a mi querida mujer hecha de algodón en este día tan señalado.

A trabajos forzados

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

No concibe mi alma mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.

Que ningún juez, declare mi inocencia,
porque, en este proceso a largo plazo,
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez, declare mi inocencia


Y ahora a escucharla…


Salud y hasta pronto.

No me iré mañana


Una pérdida siempre es muy triste. Evidentemente es más trágica la situación cuando la persona en cuestión se encontraba muy cercana por vínculos familiares o amistosos. Pero a mí me ocurre algo extraño con ciertas personas a las que conozco aunque ellos al tiempo no me conozcan a mí, o al menos a mi persona. Me llega un sentimiento de real tristeza y vacío al enterarme de la desaparición de ciertos personajes. Me sucedió con Freddy Mercury, con Antonio Flores, con Enrique Urquijo, con Guillermo Martín y desde ayer me está pasando con Antonio Vega.

Esta mañana llegué con un poco de retraso al trabajo porque me tuve que quedar a ver una parte de un programa matinal en el cual habían comenzado a hablar de él. Lolita, una de las participantes, ha contado una anécdota que casi hace brotar alguna lagrimilla de mis ojos. La historia en cuestión comienza cuando, en el funeral de su hermano Antonio, andaba ella tras un cristal frente a su cuerpo aconsejándole que se portara bien allá donde fuera, contándole que siempre iba a estar con ellos y esas cosas. Mientras tanto se dio cuenta que a su lado se encontraba un tipo alto, delgado y con gafas oscuras que, al acabar ella sus recomendaciones, le dio un tímido golpecito en el hombro y se presentó: “Hola, Lolita, soy Antonio Vega. Dile también que si allá donde vaya se siente solo que me llame, que yo me iré con él”. Y le apuntó en un papelito su número de teléfono.

Tuve la suerte de verlo en una pequeña actuación en un bar de Fuengirola. Fue extraordinaria la ocasión. Llevo dos días escuchando su música, sus letras… para siempre.

“Donde nos llevó la imaginación, / donde con los ojos cerrados / se divisan infinitos campos. / Donde se creó la primera luz / junto a la semilla de cielo azul / volveré a ese lugar donde nací…”

(Antonio Vega)

Salud y hasta pronto.

Fuengirola, 13 de mayo de 2.009

La cara B de la moto


Lo bueno de un viaje es comenzarlo un tiempo antes de empezar a rodar. Durante mucho tiempo vas pensado en los preparativos e imaginando como será cada momento del trayecto. Ya entrados en materia, subidos a la moto, disfrutas de la libertad que es tirar kilómetros con un objetivo final de etapa pero sin obligación alguna de cumplirlo. Estás tú, tu moto, un pequeño equipaje y los compañeros de viaje.

Cuando vas en ruta tienes tiempo de pensar en muchas cosas, una de las buenas costumbres que he recuperado al volver al mundo de las dos ruedas. Al menos en mi caso, al conducir un coche aprovecho ese tiempo para escuchar música con la atención que no le puedo prestar en otras ocasiones, así que, con un casco puesto, los pensamientos y la imaginación comienzan a explotar. Piensas en lo que estás haciendo en ese momento, en como coger la próxima curva, en lo mal que has entrado en la última, en seguir la trazada del compañero de delante, en el próximo hotel, en como dormirás, en la conversación de anoche junto a unas cervezas, contemplas el paisaje, pero… también piensas en cosas que no quisieras pero que no puedes evitar. Una motocicleta es un vehículo en el que su piloto está expuesto a recibir cualquier impacto del ambiente en el que se mueve. Bichos, piedras, agua, granizo. Pero lo más temido siempre es una caída. En ese caso eres tú el que se da contra el ambiente y no al revés.

En el trayecto entre Tanger y Ceuta, una carretera con preciosas vistas e interesantes curvas, tuvimos en esta ocasión un, afortunadamente, pequeño percance. En un día lluvioso, con un viento infernal, lamentablemente muy común en ese tramo, una curva frenó en seco nuestra última etapa del viaje. La moto donde viajaban dos compañeros se fue al suelo y ellos fueron a parar al murito medianero. No fue mucho, poco más que un revolcón, pero uno de ellos se dio un golpe más fuerte y le dolía mucho la espalda, hasta el punto que se llegó a desmayar con los miembros rígidos ante nuestros ojos. Fueron sólo cinco segundos. Cinco segundos interminables. Mucha gente parada en el arcén accionando sus móviles, supongo que para pedir ayuda. El caso es que unos muchachos nos aconsejaron que no esperáramos a una ambulancia porque nos podrían dar las uvas, el té y las pastitas morunas esperando a que llegaran y se ofrecieron a llevar al camarada en el asiento de atrás de su coche hasta la frontera y así poder avisar nosotros a los servicios sanitarios españoles en Ceuta. Al llegar a la ciudad española ya nos esperaba la ambulancia que nos llevó a un hospital donde tras diversas pruebas, comprobaron que no había sido nada grave.

Hoy, viniendo hacia la oficina, pensando en mis cosas encima de la moto, me acordé de algo que me dijo Rubén mientras esperábamos a que el accidentado se tranquilizara tumbado en el arcén, fue algo así: “esta es la cara B de la moto. Hay que saber que existe y pensar que en esta ocasión, en definitiva, hemos tenido suerte.”

“…Libertad quiere decir no hay nada que perder / y nada sólo es nada pero es gratis / Sentirse bien era muy fácil / juntos hasta el fin / y eso era bastante para mí…”

(F. Foster y Kris Kristofferson / Adaptación de Gabriel Sopeña)

Salud y hasta pronto.

Fuengirola, 29 de abril de 2009

Hágase el rock




Lejos, muy lejos, quedaron los tiempos en los que no hubiera sido posible desplazarse por España de un extremo a otro en tan solo unas horas de trayecto, bien fuera por lo extenso de nuestros dominios en ciertos momentos de la Historia o por lo justito de nuestras carreteras y medios de trasportes. Pero ahora sí que es posible y de hecho hemos dado buena cuenta de ello este mismo fin de semana durante el cual hemos emulado al emperador Julio Cesar y a su célebre frase: “vine, vi y vencí”. Nos llegamos hasta Bilbao, extremo norte del otro extremo sur que es Málaga, para ver y disfrutar de la actuación de una de las poquísimas bandas de rock que aún sigue en la brecha sin tener que arrastrarse por los escenarios: AC/DC.




No hacían falta grandes preparativos, un pequeño equipaje con lo esencial para pasar dos días dentro de un coche, dos noches en un hotel y unas horas en una ciudad. El viernes tras la hora de la siesta, pero sin haber hecho uso de ella, emprendimos la marcha hacia nuestro primer destino, que no era otro que pasar Madrid y ya veríamos donde echar nuestros cuerpos a dormir. El lugar elegido fue San Agustín de Guadalix, un pueblo al norte de la capital venido a más a causa de las buenas comunicaciones con ella. Tras unas raciones en un bar bastante acogedor, vinieron las copas que hicieron a ese bar aún más acogedor. Tras varios tragos y conversaciones dimos con nuestros huesos en un hostal regentado por un compañero cubano muy agradable. El hostal también lo era aunque no pude contenerme el impulso de visitar la habitación antes de cerrar el trato, debe ser la herencia de mi último viaje a Marruecos y entreno del próximo.



El sábado ya nos plantamos en Bilbo, que así es como se llama en el idioma local, dispuestos a zamparnos unos pinchos y unas cervezas para echarlos para abajo, acompañados por una local muy amiga de uno de nosotros. Una breve visita externa al Museo Guggenheim dio paso a la marcha hacia el pabellón donde en breve comenzaría el espectáculo.





Tras un corto video de animación sobre una gran pantalla apareció una gran locomotora sobre el escenario dando paso a los primeros acordes de la primera canción “Rock and roll train” y a su ejecutor, el colegial Angus Young al que todos estábamos ansiosos por ver en acción. No defraudaron a nadie, ni a los que ya sabíamos lo que nos esperaba ni a los que no lo imaginaban. Angus, haciendo honor a su apellido, eternamente joven, aunque con menos pelo y más arrugas, hizo su versión del baile del pato de Chuck Berry, se revolcó por el suelo, mostró su lado más “sexy” con su particular streeptease, se colocó sus particulares cuernecitos de pequeño demonio con su indices, brindó un impresionante solo en lo más alto del escenario en “Let there be rock”, y no paró ni un solo instante en las dos horas justas que duró el concierto. Así mismo no faltaron la gran campana y el cantante Brian Johnson colgado de su badajo ?del de la campana, se entiende ? en “Hell’s bells”, Angus ascendiendo desde los rojos infiernos al comienzo de “Highway to hell” o una fila de cañones detonando su carga a la voz de “fire!” en “For those about to rock (we salute you)” despidiendo el espectáculo.





En definitiva fue un concierto de rock en todo su esplendor. Hay bandas de todo tipo, casi todas provienen del rock and roll en su más amplio sentido aunque después vayan derivando a caminos más heavy, pop, country, blues, canción de autor, tecno, etc. Pero si existe una banda a la que se tenga que definir como banda de ROCK a secas y con mayúsculas esa es esta, en la que 36 años después de su primer disco, a día de hoy mantiene su formación original ?porque el difunto Bon Scott, el rayo de en medio, también estuvo el sábado en Bilbao?, esa es AC/DC.

“Y sucedió que nació el rock and roll. / Por toda la Tierra, cada banda de rock / hizo estallar una tormenta. / Y el guitarrista se hizo famoso …/… y el cantante se volvió y dijo a la multitud: / Hágase el rock…”

(Bon Scott, Angus y Malcolm Young)

Salud y hasta pronto.

Mijas, 6 de abril de 2.009

Bajo bandera




Andaba yo de camino de un pueblo a otro de la costa por una carretera con unas vistas envidiables del mar —salvo que miraras hacia el interior en cuyo caso se vería más cemento que otra cosa— cuando el corazón me dio un vuelco. Allá a lo lejos se avistaban las murallas de un castillo, árabe para más señas, en una colina al pie del mediterráneo que portaba en su lugar más visible, ondeante y orgullosa, una bandera roja y gualda. Por unos instantes pensé que por algún extraño conjuro me había trasladado al siglo XV y me encontraba contemplando uno de los trofeos cristianos arrebatados a los musulmanes. Tranquilos, sólo fue un momento entre otras cosas porque yo continuaba conduciendo mi utilitario ?y que yo sepa por muchos caballos que tuvieran en esa época no podrían haber sido rojos y con volante? y porque, ya lo sé, no hubiera divisado esa bandera sino otra con unos castillitos y tal dibujados en ella.





Qué obsesión es esa de plantar “nuestras” banderas en cualquier lugar para así ir marcando el territorio cual perro callejero. En estos tiempos de teórica solidaridad, transigencia, globalización, cultura, etc. ¿es necesario colocar una bandera en las ruinas de un castillo que hace más de quinientos años se ganó a sangre y fuego? ¿No es una provocación innecesaria y absurda? En este momento viene muy a colación una frase muy utilizada por uno de los dúos periodísticos y humorísticos más serios que he conocido: “dinero no habrá, pero pa’tontás”.

Hace bien poco un abogado, a los que no tengo yo en muy alto rango profesionalmente hablando, dicho sea de paso, me comentaba, tratando otro asunto naturalmente, que existe una figura en derecho la cual me viene que ni pintada para la ocasión y se podría aplicar al caso que nos ocupa de la siguiente manera: quizás, y sólo quizás, el terreno donde descansa el susodicho castillo no fuera en su momento propiedad de los constructores de él, pero lo que es seguro es que el castillo sí lo era. El problema es que los reconquistadores se apoderaron del terreno, de sus construcciones sobre rasante e incluso de todos sus habitantes.

¿No sería mejor dejar las banderitas para los eventos deportivos y olvidarnos de enseñas más o menos patrióticas que lo único que hacen es dividir a la sociedad pacífica bajo su paño ensangrentado por siglos y siglos de guerras?

“…Mata al que te indiquen / destroza su hogar / hazlo que reniegue / de su identidad. / Cuando te pregunten / sólo has de saber / tu galón de manga / número y tu fe.”

(Sabino Méndez)


Fuengirola, 5 de marzo de 2009

Salud y hasta pronto.

Crónicas del pueblo.- El tendero




Un personaje en vías de extinción. Una especie única a la cual habría que incluir en las protegidas por la ley. A unos les atrae la curiosidad de su forma de ganarse la vida, a otros les gusta su forma de vender sus productos y a otros más les repele por eso mismo.

Van quedando pocos, pero en el pueblo existe todavía un tendero de los de toda la vida. No es la única tienda de la localidad —comparte sus clientes con un par de ellas más—pero sin dudarlo es la más auténtica. El primer e importante detalle radica en que en ella puedes encontrar de todo, y cuando digo “de todo” quiero decir “de todo”: un ovillo de hilo, un trozo de queso, recuerdos del pueblo, pan, fruta, morcilla, bebidas, cencerros, productos de limpieza, bombonas de gas, leña, etc. Lo que tiene, lo tiene; lo que no, te lo trae; y en el peor de los casos te indica que tabaco y tornillos los puedes encontrar en la misma calle un poco más arriba. Sí, sí, en la tienda de su hermano.

Otra particularidad, y esta es la que atrae y repele a diferentes gentes por igual, es su empeño en que no salgas de la tienda habiéndote olvidado algo que pensabas comprar o incluso que no se te hubiera ocurrido adquirir nunca pero ante el ofrecimiento del tendero te dices: ¿por qué no? Ponme un par de cencerros vaya a ser que los eche en falta el día que me compre una vaca. “¿Te pongo también la vaca? O dos quizás. No te vaya a hacer falta después. ¿No? Bueno, ya sabes, no tienes más que pedírmela”, contestaría el tendero.

Aldeire, 16 de agosto de 2.008

Diario SUR

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