Otro capítulo en SIEMPRE HAY UNA HISTORIA. De como visitamos Marrakech y de como conseguimos un hotel para dormir en Casablanca.
Salud.
Otro capítulo en SIEMPRE HAY UNA HISTORIA. De como visitamos Marrakech y de como conseguimos un hotel para dormir en Casablanca.
Salud.
Simplificando mucho el asunto, existen dos maneras de encarar esta vida que nos ha tocado vivir. Una de ellas es la optimista, la positiva, la que se consuela al ver amanecer cada día pensando que todo esto es un regalo que alguien nos ha prestado para que lo disfrutemos y que todo es maravilloso. La otra es la pesimista, la negativa, la que puede observar más allá de esos amaneceres extraordinarios y ve pobreza, desesperación, muerte y envidia. En la parte del mundo donde vivimos está más extendida la primera versión, entre otras cosas porque no intentamos ver un poco más allá ya que adivinamos lo que nos vamos a encontrar detrás y también porque las altas instancias del poder nos manipulan de manera sutilísima y nos hacen creer que todo funciona según el orden establecido, y si hay alguien que no entra en el juego, ese, precisamente ese, es el malo, el loco, el desviado, y lo encerramos en el olvido de la mendicidad, la pobreza o la cárcel sin pararnos a pensar que quizá nosotros mismos lo hayamos empujado a ser así.
Ayer vi la pelíc
ula “Celda 211” y es una de esas películas que te hacen pensar, reflexionar y forjan debates interesantes a su amparo. Las cárceles están llenas de tipos finalmente indeseables y despiadados que una lectura rápida de su historia hace que nuestra conclusión sea que es el lugar donde merecen estar y, además, para siempre. Ahora bien, como alguien dijo una vez: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Los que han metido a esa gente entre rejas, ¿alguien me puede asegurar que no sean tan o más pecadores que los propios convictos? ¿Alguien me puede asegurar que en sus intrigas para mantener el orden establecido no han cometido delitos iguales o peores que sus juzgados? La realidad supera en demasiados casos a la ficción, y la ficción que vi ayer dejaba entrever más mierda social fuera de los barrotes de la prisión que dentro de ellos.
Todos vivimos encerrados en una gran celda con el número de la bestia grabado en su puerta, donde el poder y la hipocresía más desalmada son los valores más sublimes y adorados por todos los internos.
¿Cuál es la vida más real, la positiva o la negativa? Y me refiero a la auténticamente real…
“…Cuando era sólo un niño / mi madre me dijo: “Hijo, / sé siempre un buen chico / nunca juegues con armas.” / Pero disparé a un hombre en Reno / sólo por verle morir. / Cuando escuché ese silbido volar / me cogí la cabeza y lloré”
Salud y hasta pronto.
Torremolinos, 22 de noviembre de 2009
Alguien dijo alguna vez, y no sin cierta razón, que no es buena idea volver a algún lugar en el cual se ha sido feliz. Este pensamiento, sin dejar de ser bastante estricto, como todo en este mundo tiene su propia excepción que, paradójicamente, hace que la afirmación sea más contundente y verdadera. Lo mío con Marruecos no es que haya sido un amor a primera vista, pero desde que lo visité por primera vez, y ya va haciendo algunos años de eso, me ha ido enganchando poco a poco por razones que, la verdad, no acierto muy bien a encontrar.
Acabo de venir de estar unos días por allí con mi compañera y una amiga y, una vez más, el viaje ha sido diferente. Mi compañera siempre ha sido bastante reacia a viajar al país vecino pero esta vez, siendo yo el primer sorprendido, me propuso hacerlo y allá que nos fuimos, acompañados por una amiga común, y yendo yo de improvisado guía. El recorrido ha sido por lugares que, en principio yo ya había estado, pero he visto cosas distintas, he dormido en sitios distintos, y he sentido cosas distintas.
Hemos estado en Chefchaouen parando en Casa La Palma y nos hemos sentido como en nuestra propia casa. Una visión distinta, más o menos crítica, de unos españoles que decidieron hace unos años dar un cambio de rumbo en sus vidas. Hemos estado en Meknès alojándonos en un hotel que ya hace cincuenta años mi madre conocía cuando de niña paseaba por esas calles de su Ville Nouvelle y me he tomado una Flag en el bar que regentaba mi abuelo antes de regresar a España después de la Guerra Civil. Hemos visitado unas impresionantes ruinas romanas que, debido al país donde se encuentran, hacen que su valor constructivo sea más poderoso, manteniéndose en pie después de mil ochocientos años. Y hemos hecho compras en Assilah, en la costa atlántica norte, que incluso los precios de salida, previos al regateo, harían ruborizarse a más de un “comerciante” occidental.
Ha sido un viaje distinto por la compañía (la que llevaba y las que hemos encontrado allí), por la “responsabilidad” de ser el “guía”, por haberlo hecho en coche y, en definitiva, por las siempre distintas percepciones de mis sentidos en aquel lugar. Aunque haya estado previamente, siempre encuentro una nueva dimensión y una nueva cosa por hacer, aunque sea la misma. A Marruecos, sí he vuelto y sí volveré. Me gusta haber encontrado la excepción a la regla.
“…En Comala comprendí / que al lugar donde has sido feliz / no debieras tratar de volver…”
Torremolinos, 25 de octubre de 2009
Salud y hasta pronto.
Llega el mes de agosto, mes de ferias y fiestas por excelencia en multitud de ciudades, pueblos e incluso barriadas de todo el país. En estos días las casas, las calles y los bares —los tres que existen, y van bajando desde que escribí esto hace ya un añito— se llenan de la gente que durante el resto del año han añorado. El pueblo duplica e incluso triplica su población durante una semana al año. Las casas vacías se impregnan de aire y vida al abrir sus puertas y ventanas. Las calles sostienen un ir y venir de gentes inusitado. Los bares hacen, nunca mejor dicho, su particular agosto para así poder vivir el resto del año con su acostumbrada quietud. Todo es diferente. La presumida tranquilidad y sosiego que buscamos al trasladarnos unos días aquí, se trunca por la esperada e incómoda avalancha de visitas.
Es muy curioso pasear por sus calles y descubrir que de esa casa que creías por su aspecto poco menos que abandonada, o al menos sumida en un largo letargo, salen y entran gentes hablando con muy diferentes acentos e incluso idiomas. Los bordes de las calzadas aparecen repletos de coches con matrículas en su mayoría del norte de Europa y de Cataluña. Esta situación advierte de pequeñas historias de emigrantes que vuelven a casa una vez al año. Son hijos y nietos de autóctonos que seguro que en su mayoría cuentan los días, los meses y los años que les quedan para volver a su tierra.
En la ciudad hay gente que se queja de la avalancha inmigratoria actual, sin echarle cuentas, debido al egoísmo y egocentrismo innato del ser humano, que existen aún muchas personas que tuvieron que salir un día de su pueblo con la misma intención de poder trabajar y ganarse la vida lejos de su tierra y sin fecha concreta de retorno.
Aldeire, 16 de agosto de 2008
Dejo aquí esta canción de dos ilustres Antonios (Gala y Vega) como presente a mi querida mujer hecha de algodón en este día tan señalado.