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Empezó mal y terminó peor
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José Miguel Aguilar | 24-09-2006 | 00:54

Decepción es la palabra para definir la final de la Supercopa. Después de ir todo el partido por detrás, el Unicaja se pone 6 puntos arriba a menos de tres minutos para la conclusión. Ahí es donde no se puede ir un título, y el Tau lo aprovechó gracias a House -¡qué triples!- y a Prigioni, qué dirección. Si fallas cuatro tiros libres en un hombre tan seguro como Berni, si Welsch pierde el balón en tu propia cancha tras presión del rival, si te tiembla la mano en las jugadas decisivas y nadie se atreve a tirar, si encima el arbitraje es malo, en cuanto a que a mí no me gustó por las cosas tan raras que pitaron, o dejaron de pitar, sobre todo Pérez Pizarro, pues así es difícil ganar una Supercopa con la que Málaga se había ilusionado para cerrar un bonito ciclo.
Pero el día empezó mal y terminó peor. Empezó mal porque Scariolo tuvo un pequeño incidente con un guarda de seguridad que no le dejaba moverse con libertad por el Palacio al no llevar puesta la acreditación, y este hasta agarró por el brazo al italiano… lo que no le gustó nada, nada… en fin, un incidente sin consecuencias.
Y terminó peor porque el juego del Unicaja no me gusta. El pabellón es un clamor unánime en cuanto a que al equipo le falta un pívot de verdad, y Gulyas es sólo una emergencia. Y eso que Lorbek me ha gustado muchísimo, pues tenía la impresión de que era más torponato, qué va.
Entre medias fue genial, el ambiente, los concursos de triples y de mates, el homenaje a la selección campeona del mundo. Me contaron que cuando se vieron por los pasillos interiores del Palacio todos los componentes de la selección se emocionaron abrazados, y eso que no hace tanto que se vieron. Y es que lo bonito nunca se olvida. Fue emocionante, la verdad. Hasta para Pepu, y su famoso baloncesto.
Muerta la Supercopa, viva la Liga ACB en la temporada de oro.
Este sábado, televisado por La 2 a las 18.00 horas, seis de la tarde, partido grande para abrir boca: REAL MADRID-UNICAJA.