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Luces y sombras (1.ª parte)
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José Miguel Aguilar | 19-12-2006 | 02:29

De nuevo requiero varios capítulos para explicaros mi versión de algunas cosas. Lo de herir sensibilidades nunca encontró en mí respuesta a una situación. Jamás descubrí placer alguno en hacer daño ajeno. El error puede ir con mi persona, pues no estoy libre de culpa, pero jamás la mentira o el dardo envenenado. El que se sienta dolido con mi vocación de juntar letras, sabe que la disculpa forma parte de mi vocabulario. Pocas palabras son tan justas como la de perdón.
Hablaré de mi columna de opinión en SUR, de las consecuencias de la misma, de la cena de Navidad que celebró el lunes por la noche el Unicaja en el Higuerón, de las soluciones que se avecinan y de mis conclusiones a tantas preguntas.
El dolor es personal e intransferible, igual que la intencionalidad de las palabras. Para unos, un arañazo es un rasguño; para otros, es una herida que hiela el corazón. Para unos, existen frases sin sentido, pero con contenido; para otros, están los renglones vacíos, pero que encierran una profunda carga de verdad.
Son aparentes contradicciones, pero la memoria suele ser traicionera. Seis meses después, la sombra de Rafael Fernández sigue siendo muy alargada en un club que vivió sus mayores momentos de gloria bajo su mandato, guste o no, emocione o cause escozor. Eso no quiere decir que se pueda juzgar a Francisco de Paula Molina, el nuevo presidente, pues faltan hechos y certezas que corroboren su labor. Todo a su tiempo.
Ojalá me equivoque, pero no se viviré un trienio parecido, no sé si volveré a sentir en mi paladar el dulce sabor del éxito, no sé si en mis retinas volverán a quedarse grabadas imágenes inolvidables de celebración, en Zaragoza, en Vitoria, en Málaga… en la intimidad de mis recuerdos, en el rincón que guarda pasajes de una vida que sólo volverá a florecer en mis sueños de grandeza que di sobradamente por cumplidos.
(continuará)