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Javier L. Ruiz felicita la Navidad y os felicita a todos
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José Miguel Aguilar | 20-12-2006 | 17:44

Hola a todos.
No, no soy Aguilar. Soy Javier L. Ruiz, o mejor Javi, que suena menos pomposo y más de andar por casa. Espero que me perdonéis por usurparle el sitio en esta ocasión. Después de siete meses de vida de este blog abandono las páginas del periódico y la distancia de la tercera persona para saludaros de manera directa y felicitaros a todos. Lo hago tanto por las fiestas que se avecinan como por lo que habéis conseguido en este tiempo: arrancarle todos los días una sonrisa de oreja a oreja a José Miguel. Por la parte que me toca, porque le tengo que aguantar durante muchas horas, muchos días y, ojalá, muchos años, gracias de corazón. Facilitáis la convivencia.
Bromas aparte, por un sinfín de razones, ha llegado la hora de echar la vista atrás a los últimos doce meses y daros la enhorabuena. Sinceramente, creo que el triunfo del equipo ha sido el de todos vosotros, forméis parte o no de su plantilla, acudáis o no al Palacio de los Deportes y escribáis o leáis en este nuevo y distinto medio que ha visto la luz. El Unicaja ha convertido en una tarea muy complicada olvidar 2006, por más ganas que todos tengamos ahora de pasar rápido las páginas que le quedan y esperar que el nuevo año nos devuelva la ilusión plena en el equipo.
Personalmente, ha sido un año importante. Y en ello el Unicaja también ha colaborado. Normal, pensaréis. Y yo os digo que no lo es, o no lo era. Por más que el baloncesto haya sido mi deporte favorito, al que tantas y tantas tardes dediqué, resulta complicado mantenerlo como una afición cuando día a día tienes que bregar con él como tu objeto de trabajo que es. Estés animado, depresivo, cansado, alegre, despistado, pachucho o preocupado, Unicaja que te crió.
Mucha gente ve este trabajo nuestro como un sueño, una especie de vacaciones pagadas. Viajes, cercanía a los ídolos, pase gratis a todos los encuentros… Tararí que te vi. Acabas harto de habitaciones de hotel, de aeropuertos, de maletas, de aviones, de madrugones, de taxis, de sandwiches… Y si encima pierde en la otra punta de Europa, a tres mil kilómetros de tu ser más querido, pues faena redonda. La única salida que cabe es adoptar la postura más profesional posible y marcar distancias con el sentimiento. Y, por supuesto, creerte que lo que le ocurra al equipo ni siquiera te roza el pericardio.
Eso que nunca me costó trabajo mantener, este año se fue al garete. Fue imposible no imbuirse del sentimiento que desprendió el Unicaja y encontrar en su juego, en sus partidos, en sus desazones (¿quién no soñó con acudir a la ‘Final Four’ de Praga?) y en la inmensa alegría que supuso el título de Liga. Gracias a este equipo he descubierto que escribir abrazado a ese sentimiento (es la tercera vez que lo menciono) endulza la rutina y todos los inconvenientes que he citado. Te hace disfrutar, sin dejar de lado una actitud profesional, del trabajo junto a un club que más que campeón es grande, algo más difícil incluso de conseguir.
Os leo casi siempre y transmitís la misma pasión que ha desprendido el equipo en 2006. Insisto, muy por encima de los resultados y baches puntuales. Creo que el blog ha colaborado en ello. Por eso, además de pazsaludfelicidadprosperidadysuerteconlalotería, os pido que 2007 no os cambie. Ni a vosotros ni al equipo. Hacedme caso y Aguilar seguirá feliz. Y yo, tan contento.
Un abrazo.