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El Palacio de los Deportes Martín Carpena o el Circo Romano

2010 febrero 9
por José Miguel Aguilar

Definitivamente, el Palacio de los Deportes Martín Carpena no es refugio del Unicaja. Es una trampa. No sirve de madriguera a los cachorros que buscan el calor familiar, sino de cubil donde se visten de fieras las que airean sus temidos rugidos.

Sirva esta licencia literaria para despojar de magia un recinto que ha vivido muchos momentos de gloria y también tumultos dignos de consideración. Pero ahora hay en juego algo más.

Maljkovic, en su día, en una de esas ingeniosas frases con las que pretendía levantar a su equipo, habló de gladiadores, gladiadores modernos vestidos de jugadores de baloncesto. Hoy el Palacio parece el Circo Romano en el que a falta de sangre se piden cabezas por doquier.

Parte de la afición que acudió el sábado a ver el partido frente al Lagun Aro GBC pidió la dimisión de Aíto García Reneses con pancartas y una emorme pitada a la hora de ser presentado –también se observaban rótulos pidiendo la marcha de Berdi Pérez y Juanma Rodríguez–. Me parece correcta su posición. Es su forma de protestar por el devenir de la temporada. Corrección ante todo.

Lo que me pareció indignante fue escuchar los silbidos a ciertos jugadores en los primeros compases del encuentro. Por ejemplo, a Jiri Welsch en el primer minuto de juego al perder un balón.

Creo que este equipo tan falto de talento ha convertido en estrellas a Cook y Welsch, cuando no dejan de ser simples jornaleros. Pero de ahí a menospreciar su trabajo de forma tan humillante en pleno ejercicio de profesionalidad dista un abismo.

A mí me produce sonrojo estos comportamientos. Creo que la crítica hay que saber articularla para evitar que el huracán de la ira se lleve todo por delante.

Porque una cosa es que no nos gusten los huevos que pone y otra cargarnos la gallina.