Diario Sur

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Hay unanimidad en que el Unicaja y Plaza tienen una oportunidad histórica
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José Miguel Aguilar | 15-02-2017 | 12:59

 

Copa del Rey 2017

 

El último intento de asaltar el cielo

 

Plaza afronta esta cita como la oportunidad postrera de resaltar su legado tras 4 años huérfanos de éxitos

 

Han sido tan pocas las alegrías cosechadas por el Unicaja a lo largo de su trayectoria en la élite que aquellos que alcanzaron el éxito se encumbraron para la posteridad. Sus nombres son recitados de carrerilla por los aficionados más avezados y sus conquistas alabadas en las tertulias de baloncesto. Tres finales de Liga, dos finales de Copa, otras tantas de la Copa Korac, dos más de la Supercopa y una ‘Final Four’ dejaron tres títulos y los nombres de sus hacedores en la memoria colectiva. Javier Imbroda, Bozidar Maljkovic, Sergio Scariolo, Aíto García Reneses… De los que más tiempo permanecieron en el banquillo falta Joan Plaza, que en su cuarta temporada en Málaga tiene en la Copa del Rey de Vitoria la oportunidad de engrosar la lista de entrenadores cuyo legado permanece indeleble en el corazón de los aficionados. Quizás sea su última ocasión de abrazar un gran triunfo tras su frustrado intento en la Copa de 2014 y su tentativa en la Supercopa de 2015. Parece que la Eurocup y la Liga son torneos de tal dificultad como para abarcar demasiada ilusión.

Javier Imbroda dejó un legado sustantivado en una crónica de relatos épicos, como la conquista de un sueño muchas veces idealizado. Desde la modestia, con un equipo sin historial, osó cambiar lo establecido desde una final liguera que cimentó el camino hacia la gloria. Perdió el título con el Barcelona, pero se ganó el cariño de toda España. El técnico melillense de nacimiento y malagueño de corazón labró desde una derrota la senda del triunfo que trascendió la faceta deportiva para incrustarse en el tejido social de una ciudad que vibró con esas eliminatorias del título liguero que terminó volando hacia la ciudad condal.

De Bozidar Maljkovic queda el regusto del lujo por instalarse entre los mejores con un camino ascendente e imparable. En sus primeras tres temporadas alcanzó tres finales y un título. La Copa Korac frente al Limoges se vivió como algo único pese a la decepción por el subcampeonato; el trofeo levantado en Vrsac culminó una utopía hecha realidad por un club que ansiaba estrenar su vitrina con la que compensar el gran esfuerzo económico invertido, y la segunda final de Liga se otea en el horizonte con mejor recuerdo visto desde ahora a cómo se vivió en su momento por la dureza del 3-0 final frente al Tau y todas las circunstancias que acaecieron alrededor de los tres partidos, polémica arbitral y arrebato institucional incluidos.

Sergio Scariolo, que cogió al equipo en puestos de descenso y lo llevó hasta la clasificación para la Euroliga superando el factor cancha en contra frente al Valencia, rubricó luego el mejor trienio jamás vivido en Los Guindos. Una Copa del Rey, una Liga y una presencia en la ‘Final Four’ calibran el valor incontestable de su etapa. En Atenas, como uno de los mejores cuatro equipos de Europa, pareció un Dios de la antigüedad sentado en el Olimpo admirando su obra. Desde entonces se le venera. Fue tanto lo conseguido que solo los ilusos piensan que un día se puede repetir esa hazaña.

Incluso la etapa de Aíto García Reneses, que se vivió como algo traumático en muchos sectores del club por la relación que mantenía parte de la afición con un entrenador que siempre dejó recelos y se hicieron visibles desde su llegada, dejó una final de Copa del Rey en su primera temporada en el Unicaja. Forzó la prórroga y las crónicas de aquel día hablan de que mereció mejor suerte el cuadro malagueño en esa edición de Madrid 2009. Su final en el banquillo malagueño fue incendiario, pero dejó una final para el recuerdo.

Plaza llegó tras una etapa convulsa a causa de los malos resultados. Lejos de aspirar a los títulos, las temporadas culminaron con fracasos sonados por la pésima clasificación que impedían disputar la Copa del Rey o el ‘play-off’. Lo que se presumía como objetivos mínimos a tenor de su ambición y su presupuesto tornaba en barreras insuperables e incomprendidas por la masa social (de hecho, solo ha disputado cuatro de las últimas ocho ediciones de la Copa y en una se clasificó de oficio).

Cambio de dinámica

La incorporación del entrenador barcelonés cambió la dinámica en sus dos primeras campañas, aunque no le dio para luchar por título alguno (más bien al contrario, la prematura derrota en la Copa en la que el Unicaja ejerció de anfitrión dejó gran desazón). Sin embargo, la ausencia de la Copa del Rey en A Coruña 2016 supuso un punto de inflexión. El proyecto volvió a agrietarse por las mismas costuras que antaño, y además la temporada culminó con el adiós a la Euroliga tras tres lustros en la élite continental.

No se trata de responsabilizar al técnico de la decisión de la Euroliga de excluir al Unicaja de la competición, pero los resultados en Europa en sus tres temporadas no fueron precisamente buenos. Sumido en un nuevo escenario continental, los resultados y sobre todo el juego no acompaña al equipo en su cuarta campaña seguida –solo Javier Imbroda, Bozidar Maljkovic y Sergio Scariolo han sobrevivido tanto tiempo en las tres últimas décadas–. Así, llega a esta Copa con muchas dudas, un partido frente al Madrid que ilusiona y con muchas ganas de revertir la situación. Enfrente, la bestia negra del club, el Barcelona, pero en su peor momento de este siglo, como certifican sus sonadas derrotas europeas que hacen peligrar su continuidad en la máxima competición. A este Unicaja, pese a las incógnitas que le rodea, se le presenta una oportunidad pintiparada de sacudirse la maldición que le persigue ante el cuadro azulgrana. Aunque solo sea por la efeméride, si accede a semifinales Plaza se hará un hueco en la memoria colectiva. Y si el domingo Málaga se viste de verde entonces habrá asaltado el cielo.