Diario Sur

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El deporte malagueño vive su Semana Fantástica con los triunfos del Málaga y el título del Unicaja
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José Miguel Aguilar | 17-04-2017 | 18:36

 

Rotonda publicada el viernes 14 de abril de 2017

Felicidad compartida

En los últimos días se ha visto en Málaga otra faceta de la felicidad, esa que se puede compartir y cuya intensidad varía según la edad, de elevada a enaltecida. Esta ciudad, esta provincia, ha sido históricamente más sufridora que gozadora de emociones con el balón de por medio. Tradicionalmente ha habido poco que celebrar: algún ascenso aislado, alguna final perdida o algún título que caía en la red… Fútbol y baloncesto han tenido protagonismo distinto a lo largo de los años, y parecía imposible que los aficionados de uno y otro coincidieran en la alegría: cuando uno ganaba, el otro perdía; cuando uno sufría, el otro festejaba un éxito. Parecían antónimos en una frase con figuras retóricas por doquier. Pero eso cambió la semana pasada: el Málaga CF y el Unicaja compartieron por momentos su angustia en el aeropuerto camino de sus destinos, Gijón y Valencia, en un miércoles de tensión previo a la pasión. Mientras el equipo que entrena Michel iba a disputar un partido más, aunque considerado una de las cuatro finales que tenía que ganar para asegurarse la permanencia en Primera, el conjunto que entrena Plaza iba a disputar una final europea cuyo título era tan importante como el premio añadido de regresar a la élite continental, de la que se ausentó solo un año atrás. Esa tarde se unieron los deseos de esos aficionados ávidos de sueños placenteros. Y esa noche se durmió de un tirón porque Málaga triunfó en los dos deportes. El conjunto de La Rosaleda lograba tres puntos que eran los de la tranquilidad y el club de Los Guindos obtenía un triunfo épico. Tres días después volvieron a coincidir en el tiempo sus respectivos partidos, y de nuevo la victoria se inclinó del mismo lado: el fútbol vivió uno de sus días más grandes con un rotundo triunfo frente a un Barcelona que se está jugando la Liga y el baloncesto prolongaba su estado de euforia con un importante triunfo en Santiago de Compostela. No se tardó en decir que era la semana fantástica del deporte malagueño, pues pocos habían conocido cuatro triunfos consecutivos de ambos clubes. Igual que la primavera en abril, la felicidad brotó a raudales por las calles de la ciudad.
En el caso del Unicaja, solo hay que recordar que toda una generación no conoció éxito alguno. Jugó finales de toda índole, ganó casi todos los títulos posibles (Korac, Liga, Copa del Rey), pero del último gran triunfo ha pasado tanto tiempo que ha consumido la juventud de muchas personas. Esos veinteañeros que entonan la alegría en cada partido en el Palacio de los Deportes disfrutaron por fin de aquello que le contaron sus mayores. El pasado miércoles todos celebraron el campeonato de la Eurocup. Por eso hubo tanta felicidad, por eso fue tan compartida.