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El Unicaja gana en la pista y en deportividad
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José Miguel Aguilar | 26-04-2017 | 11:58

 

Mi Rotonda (21 de abril de 2017)

Más que gestos

El deporte, cuya función social desemboca siempre en un ejercicio de entretenimiento, deja esporádicamente escenas que merecen ser evocadas para que puedan ser categorizadas en el segmento ligado a las emociones. Es habitual en el deporte que el fanatismo, que copa el apartado del desalmado, se imponga sobre el sentimiento, y que el lado oscuro, que siempre lo hay, termine contaminando la propia esencia de la noticia. Tendemos a equivocar una relación que debería fluir por otros cauces, pero parece imposible que pase una semana sin que el deporte no conjugue violencia, odio o racismo, cuando debería ser pasión o entusiasmo.
En este mes primaveral que ha devuelto a Málaga a su estado de encanto natural, el deporte ha derramado mucha alegría en todos los rincones de esta tierra. El propietario de La Rosaleda se ha asegurado seguir un año más en Primera División –en la actualidad, la mejor de las noticias al carecer de las aspiraciones de otros de sus contrincantes– y el club de Los Guindos ha sumado otro título –por inesperado más gozado– que exponer en sus remozadas vitrinas en unas instalaciones recién estrenadas.
El Unicaja, además del golpe en la mesa que supuso su triunfo en Valencia en forma de muestra de coraje con la que revertir una situación que duraba casi una década, se encontró con un hecho de los que perduran en el recuerdo, además del trofeo conquistado lógicamente. El baloncesto deja, de vez en cuando, acciones de deportividad que se vuelven virales en las redes sociales, como la protagonizada por Omic, encuadrada además en el apartado de la injusticia, ya que un hecho bueno en sí mismo –evitar una refriega– terminó condenándole sin jugar por una norma de conducta mal entendida con la aplicación estricta del reglamento. Era el mismo jugador que minutos antes hizo de la honestidad su bandera al reconocer que había echado el balón fuera cuando el árbitro había visto lo contrario. Aunque nos parezca normal, desgraciadamente no es lo habitual.
Y este miércoles un compañero del pívot esloveno, Carlos Suárez, nos dejó otra perla a la que sacar brillo. En Twitter reclamó el apoyo de la afición frente al Iberostar Tenerife, «el equipo revelación de la Liga», espetó el alero madrileño, para a continuación reivindicar la figura de uno de sus rivales, Fran Vázquez, ex jugador del Unicaja en varias etapas, y escribió: «habrá que recibir a este chico como merece, ¿no?», con la imagen añadida de tres manos dando palmadas. Los que conocen a ambos no les extraña la petición –que tampoco es muy habitual entre deportistas–, pero en este mundo de rencillas continuas y pérfidos deseos desde luego es un gesto loable que merece estas letras de consideración.