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El Unicaja en el año más raro
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José Miguel Aguilar | 15-09-2017 | 17:34

Primer análisis del Unicaja (temporada 2017-2018)

Siempre nos quedará Alberto Díaz

 

Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina. Cada temporada se puede esbozar esa emoción respecto al Unicaja por el interés que despierta todo lo novedoso. Este año esa curiosidad en forma de frase célebre de Gilbert Keith Chesterton torna en duda por la apariencia de temporada extraña achacable a razones de toda índole: calendario apretado, Euroliga exigente, rivales reforzados, plantilla diferente y un escenario en ebullición avivado por la guerra continua de las diferentes ‘facciones’ que rigen el baloncesto europeo y mundial. En un mundo tan globalizado, todo termina afectando a la planificación, preparación y proyección de un equipo como el malagueño que regresa a la élite continental por méritos propios y haciendo una apuesta económica y deportiva que merece, a priori, todos los reconocimientos. Las dudas acerca del papel que jugaría Unicaja Banco en el caso de retornar a la máxima competición europea se disiparon rápido porque la entidad financiera ha vuelto a demostrar la seriedad de su apuesta por un deporte que el año pasado le colmó de alegría con un título que reivindicó toda la ciudad. No hay nada como enseñorear el verde esperanza por todas sus calles.

Para empezar reconozco que la experiencia me invita a ser cauto para valorar el futuro rendimiento del equipo malagueño cuando ha decidido que la dirección del juego recaiga en un estadounidense que por primera vez se atreve a salir de su país para iniciar una aventura de grandes riesgos por la diferencia de baloncesto entre ambos lados del Atlántico. Pero Ray McCallum invita a la confianza por todo lo que se sabe de él, por el interés mostrado antes incluso de llegar y porque transmite lo más importante en un jugador de sus características: confianza en sí mismo y en su forma de entender el juego, alejado del egoísmo. Esta es la prueba del algodón del proyecto: si McCallum consigue generar optimismo, el Palacio de los Deportes volverá a vibrar como en las grandes ocasiones. Con el Carpena encendido no hay agua que apague el fuego en forma de pasión que se desata en las gradas.

La otra duda recae en Augustine por una cuestión de resistencia, no de calidad. En febrero cumplirá 34 años: si aguanta en pista los minutos suficientes en los dos y hasta tres partidos por semana estaremos hablando de refuerzo de lujo. La veteranía es un grado cuando se compagina con la continuidad. En cuanto a Shermadini y Milosavljevic, lo que despiertan es el apetito de verles ya en acción porque prometen saciar el buen gusto por un baloncesto de altura. El papel de Salin puede llegar a ser determinante en situaciones concretas por el buen tono defensivo del finlandés.

Sin desmerecer a nadie aventuro que el mejor fichaje de la temporada en ciernes es la evolución de Alberto Díaz hacia ese abanderado que blande el alma del Unicaja desde la modestia, el sacrificio y la cantera ahora representada también por compañeros como Okouo y Soluade. Ampliar el vestuario hasta hacerlo parecer al de la NBA tiene sus cosas buenas y, una de ellas, es poder disfrutar de más representantes de Los Guindos. No ha sido una mala decisión del club siempre y cuando les guíe la fe ciega en sus posibilidades y no sean meras excusas de relleno para completar una plantilla que por exigencias del guión tiene que ser numerosa (soy de los que piensan que Okouo terminará siendo puntal indispensable en un equipo ambicioso).

Una de las noticias del verano ha sido la continuidad de Joan Plaza, que cumplirá su quinta temporada consecutiva, algo que no se veía en Málaga desde hacía veinte años, cuando Javier Imbroda sembró toda la ciudad de ilusión al osar arrebatarle protagonismo a los grandes del baloncesto español,inaudito entonces. Más de allá de sus extraños coqueteos de última hora que sonaron a chiquillerías, tener a un entrenador tanto tiempo siempre es buena señal, el inequívoco síntoma de que hay muchas cosas que se están haciendo bien. La Eurocup conquistada en Valencia le permitió presumir de su trabajo en forma de trofeo y recibió el premio gordo de volver a la Euroliga. La comunión creada desde el principio entre la afición y el técnico barcelonés –solo deteriorada en algunos momentos de fragilidad por la incertidumbre de cómo acabaría una etapa de gran estabilidad– merecía el epílogo tan bello de esa inolvidable noche en la ciudad del Turia.

Las ventanas abiertas por la FIBA para enturbiar el ambiente en el baloncesto europeo crearán distorsión, y el ruido nunca es bueno. Cómo responderán los clubes de la Euroliga al desafío de las diferentes selecciones será una de las cuestiones que marcará el devenir de la temporada, a lo que se une el impacto de la lesión de Llull en la línea de flotación del Real Madrid, la renovación absoluta de un Barcelona que ansía salir a flote de nuevo tras el hundimiento del curso anterior, la confección de un Valencia con una pinta extraordinaria y el dolor emocional que producirá ver a Granger vestido del azulgrana del Baskonia. Hay jugadores que tocan la fibra más sensible de los ‘cajistas’ y este es uno de ellos. Por eso, antes de empezar lo que promete ser una apasionante temporada, me apunto al final de ‘Casablanca’, y siempre nos quedará Alberto Díaz para restañar todas las heridas que el mercadeo continuo produce en el corazón.