Diario Sur

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Autor: JoseMiguelAguilar
El Unicaja se convierte en un parque de atracciones: se divierte jugando y divierte a la afición
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José Miguel Aguilar | 21-04-2017 | 11:12| 0

 

Mis notas del Unicaja-Iberostar Tenerife (19 de abril de 2017)

 

En dos palabras

Una impresionante carta de tiro, con un porcentaje en el triple rozando el 70% en muchas fases, le permitió al Unicaja dibujar un partido cómodo frente a un rival que asombró gran parte de la temporada pero que llegó a Málaga sumido en el peor bache del año (un triunfo en 5 partidos). La verdad es que no es que defraudara el Iberostar Tenerife, sino que bajó los brazos tras el descanso –aunque insistió en el lanzamiento lejano y terminó con 10 triples convertidos– cuando se vio impotente para frenar el caudal ofensivo de un equipo malagueño en estado de gracia que solo erró ¡dos tiros de campo en el segundo cuarto!. Porque una cosa es que el conjunto que entrena Plaza sea el mejor de la Liga desde más allá de 6,75 metros y otra cosa es que ofrezca una exhibición en toda regla hasta el punto de convertir un duro encuentro en una pachanga, con todos los respetos para el que fue líder durante muchas jornadas, sobre todo cuando Alberto Díaz mostró el camino a sus compañeros de lo que es defender. El base malagueño –el único que supo frenar a San Miguel, el timón del cuadro rival– llega hasta a emocionar con su impecable trabajo en la pista. Debe reconfortar ver al público puesto en pie agradeciéndote tu esfuerzo. Desde fuera, sólo queda escribir lo que dijo aquél en dos palabras: im-presionante. Los once tiros libres errados por los locales quedaron al final en mera anécdota.
Fran Vázquez
Era el personaje del día y la afición le recibió como uno de los suyos. Fran Vázquez volvió a Málaga como rival y en la cancha demostró su calidad, con 8 puntos en los primeros cinco minutos y medio que jugó, en los que fue el amo y señor del partido.
Histórico
Siempre es gratificante que la élite reciba a nuevos inquilinos. Hace tres días se confirmó que el Iberostar Tenerife disputará el ‘play-off’ por el título, lo que no sucedía desde hacía 29 años, una grata noticia para el baloncesto español. Esperemos que su aciago encuentro de anoche no le afecte cara a la Final Four de la Champions League de la FIBA que organiza la próxima semana.

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El Unicaja se dio un gran homenaje con un excelente baloncesto el día que brindó a su afición el título de la Eurocup
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José Miguel Aguilar | 17-04-2017 | 8:42| 0

 

Mis notas del Unicaja-Morabanc Andorra (16 de abril de 2017)

 

 

Un gran homenaje

 

En una histórica mañana de Domingo de Resurrección, el Unicaja se dio un gran homenaje con un excelente baloncesto el día que brindó a su afición el título de la Eurocup. Una gran defensa, un trabajo extraordinario sobre Shermadini pese a ser el máximo anotador y más valorado de su equipo, una segunda parte de Fogg en el que bordó el juego con una descomunal demostración ofensiva y un acierto notable en el lanzamiento exterior fueron las armas de un equipo crecido, solidario y divertido. El conjunto que entrena Plaza puede resultar peligroso para los rivales si en el tramo decisivo de la temporada mantiene las credenciales que le han permitido ser campeón continental: sacrificio colectivo y potencial en ataque. Cada día cree más en lo que hace. El Andorra, que amenazó al principio con amargarle la fiesta a los locales, demostró tras el descanso por qué es el tercer peor equipo fuera de casa pese a su envidiable clasificación. La zona planteada por su entrenador no contribuyó a romper la racha como visitante. El Unicaja no sólo superó el ‘basket average’ a un rival directo, sino que ambiciona pelear por ser cabeza de serie en el ‘play-off’: esta semana tiene dos pruebas exigentes para demostrarlo.

 
Detalles
Carlos Suárez, el mejor desde esa distancia en esta Liga con solo dos errores hasta ayer, falló un tiro libre y perdió el liderato; Nedovic, que encabeza las estadísticas en porcentaje en tiro de dos, tampoco tuvo un día brillante, mientras Musli volvió un mes y dos días después de su lesión.
Homenaje a los campeones
En un acto sencillo no exento de emotividad, los 7.400 espectadores que acudieron al Palacio de los Deportes, una asistencia mejor de lo esperada para ser fin de puente, se pusieron en pie para agradecerle a la plantilla la enorme alegría que supuso el título de la Eurocup. Un reconocimiento sincero con el que devolverle al Unicaja parte de la felicidad regalada en este intenso mes de abril.

 

 

 

P.D.: Un día después, se ha sabido que Kyle Fogg ha sido designado MVP de la jornada

Aquí está la nota de prensa de la ACB:

 

“Con una segunda mitad para enmarcar, Kyle Fogg completó frente al MoraBanc Andorra su mejor partido con la camiseta del Unicaja. 24 puntos y 30 de valoración otorgan al base estadounidense la primera designación de su carrera en la Liga Endesa como Jugador de la Jornada.

Tras ofrecer el título de campeón de la EuroCup a su afición, el Unicaja se enfrentó al MoraBanc Andorra, logrando un claro triunfo que le deja más cerca de asegurar su presencia en el Playoff de la Liga Endesa.

El equipo malagueño doblegó a su rival liderado por un Kyle Fogg imparable, especialmente en una segunda mitad de antologia. El base del conjunto andaluz realizó su mejor partido con la camiseta del Unicaja, finalizando con 30 créditos de valoración que le otorgan la primera designación de su carrera en la Liga Endesa como Jugador de la Jornada.

El estadounidense se mostró imparable de cara al aro, sumando 24 puntos con un único fallo en el tiro. Además, 19 de esos 24 llegaron tras el descanso y 15 de ellos desde más allá de la línea de 6,75. Al término del partido, Fogg había convertido 3 de 3 en canastas de dos puntos y 6 de 7 en triples, no habiendo tenido la oportunidad de lanzar ningún tiro libre.

Su aportación ofensiva se completó además con el reparto de 2 asistencias, que Dejan Musli y Carlos Suárez se encargaron de convertir en cuatro puntos más para su equipo.

En defensa, su intensidad no estuvo a un nivel más bajo. Todo lo contrario. El base del Unicaja capturó 2 rebotes, consiguió 1 recuperación al arrebatarle el balón a Andrew Albicy y colocó 1 tapón sobre un lanzamiento triple de David Walker.

Completó su estadística provocando en sus rivales 3 faltas personales, para finalizar el encuentro con los mencionados 30 puntos de valoración, cifra que establece su nuevo tope en la competición, al superar los 29 que logró en la Jornada 10 frente al FC Barcelona Lassa.

“Ha sido mi mejor partido del año”

Tras confirmarse su designación, el base del Unicaja aseguró sentirse “sumamente orgulloso. Es un honor lograr el MVP de la jornada”. El jugador estadounidense restó importancia al hecho de lograr 30 de valoración en solo 20 minutos, aunque quiso destacar la importancia de sus compañeros para conseguirlo.

“Estoy seguro que muchos jugadores podrían hacer lo mismo”, explicó, antes de añadir que “mis compañeros de equipo realmente hicieron un gran trabajo para permitirme tener tiros fáciles durante el partido”.

Fogg reconoció que el duelo frente al MoraBanc Andorra “probablemente ha sido mi mejor partido del año”, señalando que “yo solamente estaba enfocado en intentar ganar el partido”.

Por último, cuestionado sobre el gran momento que está viviendo el Unicaja, Kyle Fogg destacó el duro trabajo que está realizando el equipo durante toda la temporada. “Sí, nuestro equipo ha trabajado muy duro este año y los resultados están llegando todos juntos”.

“Sabemos que todavía tenemos trabajo que hacer, pero estamos preparados para el desafío”, concluyó.”

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El deporte malagueño vive su Semana Fantástica con los triunfos del Málaga y el título del Unicaja
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José Miguel Aguilar | 17-04-2017 | 8:36| 0

 

Rotonda publicada el viernes 14 de abril de 2017

Felicidad compartida

En los últimos días se ha visto en Málaga otra faceta de la felicidad, esa que se puede compartir y cuya intensidad varía según la edad, de elevada a enaltecida. Esta ciudad, esta provincia, ha sido históricamente más sufridora que gozadora de emociones con el balón de por medio. Tradicionalmente ha habido poco que celebrar: algún ascenso aislado, alguna final perdida o algún título que caía en la red… Fútbol y baloncesto han tenido protagonismo distinto a lo largo de los años, y parecía imposible que los aficionados de uno y otro coincidieran en la alegría: cuando uno ganaba, el otro perdía; cuando uno sufría, el otro festejaba un éxito. Parecían antónimos en una frase con figuras retóricas por doquier. Pero eso cambió la semana pasada: el Málaga CF y el Unicaja compartieron por momentos su angustia en el aeropuerto camino de sus destinos, Gijón y Valencia, en un miércoles de tensión previo a la pasión. Mientras el equipo que entrena Michel iba a disputar un partido más, aunque considerado una de las cuatro finales que tenía que ganar para asegurarse la permanencia en Primera, el conjunto que entrena Plaza iba a disputar una final europea cuyo título era tan importante como el premio añadido de regresar a la élite continental, de la que se ausentó solo un año atrás. Esa tarde se unieron los deseos de esos aficionados ávidos de sueños placenteros. Y esa noche se durmió de un tirón porque Málaga triunfó en los dos deportes. El conjunto de La Rosaleda lograba tres puntos que eran los de la tranquilidad y el club de Los Guindos obtenía un triunfo épico. Tres días después volvieron a coincidir en el tiempo sus respectivos partidos, y de nuevo la victoria se inclinó del mismo lado: el fútbol vivió uno de sus días más grandes con un rotundo triunfo frente a un Barcelona que se está jugando la Liga y el baloncesto prolongaba su estado de euforia con un importante triunfo en Santiago de Compostela. No se tardó en decir que era la semana fantástica del deporte malagueño, pues pocos habían conocido cuatro triunfos consecutivos de ambos clubes. Igual que la primavera en abril, la felicidad brotó a raudales por las calles de la ciudad.
En el caso del Unicaja, solo hay que recordar que toda una generación no conoció éxito alguno. Jugó finales de toda índole, ganó casi todos los títulos posibles (Korac, Liga, Copa del Rey), pero del último gran triunfo ha pasado tanto tiempo que ha consumido la juventud de muchas personas. Esos veinteañeros que entonan la alegría en cada partido en el Palacio de los Deportes disfrutaron por fin de aquello que le contaron sus mayores. El pasado miércoles todos celebraron el campeonato de la Eurocup. Por eso hubo tanta felicidad, por eso fue tan compartida.

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Omic, la defensa y la mentalización: así ganó el Unicaja al Valencia una Eurocup épica
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José Miguel Aguilar | 07-04-2017 | 9:39| 0

 

 

Crónica del día después del título de la Eurocup conquistado por el Unicaja

 

El valor del miedo pudo con el miedo al fracaso

 

Plaza convenció a los jugadores de que el Unicaja podía superar al Valencia pese a las derrotas previas

 

El día de una final se vive de forma diferente porque la tensión impide el descanso y la noche se hace larga, demasiado. Pero el miércoles no parecía una jornada trascendental. Joan Plaza se levantó pronto, bajó a desayunar y repasó en un bloc de notas y en unos cuantos folios sueltos los últimos detalles de un partido que podía marcar el proyecto deportivo del Unicaja. El técnico barcelonés reflejaba serenidad en un rostro castigado por el cansancio, mientras Antonio Herrera a su lado apuntaba algunas cosas. Es más que un ayudante. Pronto se unió Ángel Sánchez Cañete, que representa mucho más que un entrenador asistente; después también se sentaron en la mesa varios miembros del club que acompañaron al Unicaja hasta Valencia (Ndong prefirió departir con los jugadores). Más allá de detalles, del increíble final del encuentro, de los condicionantes de una semana de pasión o del rendimiento individual de algún jugador, existe unanimidad en que el éxito en la final de la Eurocup ha sido un triunfo del cuerpo técnico al completo, con el entrenador catalán a la cabeza.
El nombre del hotel era premonitorio, el NH Las Artes y Las Ciencias, ubicado en la misma avenida de la Fonteta, escenario de varias de las gestas más importantes del equipo malagueño. Hubo mucho de ambas, de arte y de ciencia, en esta eliminatoria que ha entrado en la historia. Era tanta la tranquilidad que mostraba Plaza que cuando degustó el último sorbo de café pasadas las nueve y pico de la mañana se levantó y se sentó en otra mesa junto a los pocos aficionados que viajaron en chárter junto al equipo. Era visible su cordialidad. Abrió su portátil y, misterioso, les mostró un vídeo, el mismo que luego les enseñaría a los jugadores como práctica habitual de motivación antes de una gran cita.
Acto de supervivencia
Las imágenes no tenían sonido, ya que el mensaje era tan explícito que sobraban las palabras. Una iguana en mitad del páramo escapa de una trampa que le tienden decenas de serpientes en una persecución sin tregua. De hecho, el reptil llega incluso a ser atrapado, pero se escabulle y corre que se las pela hasta una cima desde la que, orgullosa de su gesta, contempla su victoria: entre la vida y la muerte pudo el acto de supervivencia que siempre se mantiene intacto en todo ser vivo.
Así se ha sentido Plaza en este último año y medio. Un superviviente. Incomprendido en sus numerosas decisiones, perseguido por las críticas por el juego del equipo. Muchas veces solo, aunque no le faltara compañía. La ausencia en la Copa del Rey de La Coruña terminó de desquiciar la situación. Tras dos temporadas en las que no hubo títulos pero sí la comunión de antaño entre plantilla y afición, el empeño máximo por ganar la Supercopa en Málaga desvarió todos los planes. La derrota terminó en tal frustración que se pagó el resto de temporada.
En verano, se decide variar la fórmula para reconducir la situación. Podía ser su último año en Málaga y no quería irse de vacío. La composición de la plantilla levantó polvaredas por alejarse del estilo que Plaza había impuesto hasta entonces en todos sus equipos. Como entrenador vive bajo un lema: el ataque te puede proporcionar victorias, pero la defensa es la que posibilita el triunfo final. Muy pocos creyeron que este equipo de tiradores compulsivos en el perímetro pudiera candar su propio aro con fiabilidad. Las semanas pasaban demasiado deprisa, el problema físico y posterior corte de Mbawke complicó el juego interior, el fichaje de Ndiaye resultó un fiasco y la desilusión de hacer historia en la Copa de Vitoria ante el Barcelona terminó por desbaratar el puzle que se intentaba componer.
Pero apareció la pieza que podía hacer encajar todo, Omic, un jugador que aporta cualidades de las que carecía el equipo, pese a que su conducta refleje aspectos infantiles. «Necesitábamos su punto de locura», cuentan para definir su impacto en el plantel. Además, aportaba dureza en la labor más ingrata, la defensiva. Hasta su llegada, solo Alberto Díaz reflejaba ese espíritu que pretendía el entrenador, porque hasta Suárez sufría un bache de juego demasiado profundo (desde luego se desquitó con creces en el último cuarto de la final en su ingrata labor frente a Dubljevic).
Coincidió el momento de la incorporación de Omic con un trabajo específico en el aspecto mental cuando llegaron las eliminatorias de la Eurocup, que con el factor cancha en contra suponían una prueba importante para un equipo que no había respondido a las exigencias. Comenzó a cobrar protagonismo el esfuerzo defensivo, se empezaron a ensayar algunas defensas zonales y empezó a instalarse en el vestuario la sensación de que podían hacer algo grande porque había la suficiente química entre los jugadores como para compensar ciertas adversidades (las imágenes del corro formado por jugadores celebrando algún triunfo son elocuentes). Y la lesión de Musli evidenció que el equipo estaba muy unido, como los continuos percances de Nedovic que le impedían rendir al cien por cien.
Momento clave
Los protagonistas coinciden en que los cuatro minutos previos al descanso en el segundo partido de cuartos de final frente al Bayern lo cambiaron todo. Con Alberto Díaz como precursor de la filosofía de que nada se consigue sin esfuerzo, volteó la dinámica del partido, de la serie y del torneo gracias a una defensa que amilanó al rival. Se ganó ese encuentro y en Alemania se culminó la remontada. Luego llegó el gran partido en Krasnodar y el remate en Málaga para alcanzar la final europea tras superar al Lokomotiv. Se esperaba rival, y todos querían al Valencia.
Pese a la racha de cinco derrotas consecutivas frente al conjunto taronja, había razones poderosas para creer que se le podía vencer. En el argot común, «se sabía cómo se le podía meter mano». Poco a poco el Unicaja le fue comiendo terreno al cuadro que entrena Pedro Martínez y tácticamente empezaron a aparecer los aspectos trabajados. Se instaló una teoría que alguien denominó ‘la del valor del miedo’. Infundir en el rival la sensación de que su superioridad no era tal. El temor al fracaso se disipó a costa de elevar el aspecto mental, como se comprobó en la remontada de 13 puntos en nueve minutos. De ahí la imagen de Plaza, un técnico que delega y que necesita seguridad en su entorno, abrazado al trofeo en la soledad de su vestuario tras el alborozo de la celebración. Es un gesto que resume el sufrimiento pasado y la satisfacción de haber superado tantas circunstancias negativas en la travesía de una Eurocup culminada por un título inesperado, pero justo.

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El Unicaja gana la Eurocup: Las gestas tienen nombres de princesas y las derrotas suenan a madrastras
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José Miguel Aguilar | 07-04-2017 | 9:35| 0

 

 

 

La contracrónica de una final increíble

 

Derroche de pasión

 

El Unicaja salda con su cuarto título, segundo europeo en dos torneos distintos, la octava final de su historia en los últimos veintidós años

Hasta 12 entrenadores tienen en su trayectoria algún partido continental con el equipo malagueño

 
Las gestas tienen nombres de princesas y las derrotas suenan a madrastras, narra el trovador. Por eso el paladar de los aficionados del Unicaja se relame cuando se escuchan Vrsac, Zaragoza y Vitoria. Y desde ayer Valencia también parecerá música celestial. Cuatro títulos con el denominador común de celebraciones fuera de casa. Y eso que Málaga sabe a belleza, al rocío de una flor, a salitre, y además se disfruta del baloncesto, pero nunca se levantan Copas. Será parte de nuestra idiosincracia.
Hay quien dice que así se goza el doble, el día de la victoria y en el posterior partido cuando el título se dedica a una afición ávida de agradecer a su equipo el éxito. Cuando el palmarés no presume de exuberancia se recuerda mejor cada logro y el año de la alegría. Como un mantra. Es como un himno que se recita en tertulias de verano o en mañanas de partido mientras se espera que el balón se ponga en juego. Y su recuerdo perdura indeleble porque son cuatro galardones diferentes en distintas épocas del club. En 2001 llegó la Copa Korac en la patria de su entrenador, un Bozidar Maljkovic que era adorado tanto en Croacia, donde nació, como en Serbia, donde se labró una carrera única en el baloncesto europeo.
Muy cerquita de Belgrado, en una localidad conocida por la farmacéutica que patrocinaba el equipo, jugaba el Hemofarm, un modesto que hace 16 años alcanzó el cielo, aunque no holló la cima. Se quedó lejos porque el cuadro malagueño venció por 30 en la ida y volvió a ganar en el partido de vuelta, en una eliminatoria que se decidía a los puntos, no por victorias como esta Eurocup que culmina una travesía del desierto de tres lustros sin subir a lo más alto del podio.
Un premio gordo
Este premio en forma de trofeo retorcido para que una vez alzado al aire permanezca para siempre inhiesto reconforta una trayectoria que por momentos llegó a ser pésima. El cuarto título de la entidad va acompañado de una pedrea que proporciona más placer, o el mismo al menos, como es el regreso a la Euroliga, la máxima competición, solo un año después de abandonarla.
Este 2017 será recordado como cuando en 2005 el equipo de Scariolo acudió a Zaragoza como octavo clasificado y ganó la Copa del Rey sorprendiendo a propios y extraños, sobre todo a Maljkovic y a Bullock, que formaban parte del conjunto rival cuando poco antes proporcionaron mucha felicidad al club de Los Guindos. Así es el destino de caprichoso.
O como cuando en 2006 se levantó en Vitoria una Liga que culminó un ciclo glorioso, ampliado a 2007 cuando la ‘Final Four’ de Atenas se convirtió en el sueño europeo más placentero para esa Andalucía que ama el baloncesto. No es de extrañar la devoción que despierta Sergio Scariolo por estos lares.
Este es el cuarto título del Unicaja en ocho finales disputadas, lo que deja una impronta de un equipo ganador pese a sus comienzos, ya que desde 2005 ha ganado todas las finales que ha disputado excepto la de la Copa del Rey de Madrid 2009.
Este gran éxito de Joan Plaza, que antes alcanzó Scariolo y Maljkovic, tiene mucho de ese plantel de entrenadores que han permitido el crecimiento del conjunto malagueño, como Javier Imbroda, Pedro Ramírez, Paco Alonso, Chus Mateo, Mario Pesquera, Aíto García Reneses, Jasmin Repesa, Curro Segura o Chechu Mulero. Todos ellos pusieron una pica en Flandes. Hoy toca disfrutar de este derroche de pasión. No siempre es fiesta. Ha habido que esperar once años para levantar un nuevo trofeo.

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