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Autor: JoseMiguelAguilar
La peor racha de la historia
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José Miguel Aguilar | 26-01-2015 | 1:06| 0

Todas las grandes gestas llegaron precedidas de tropiezos sonrojantes, de derrotas que añadieron inquietud al alma serena del aficionado malagueño, por norma contemplativo con la trayectoria de su equipo. El Unicaja sufrió ayer uno de esos episodios que colman la estadística negativa, a la que se recurre de vez en cuando para explicar cómo un triste pasado puede transformar el negro presente en un futuro ilusionante.
La imagen que ofreció ayer el conjunto que entrena Joan Plaza dista mucho de la del pletórico campeón de invierno de la Liga Endesa.

Quizás moverse en esos extremos en solo cinco días es lo que aprisiona el razonamiento lógico cuando enfrente está un rival de la talla del CSKA y se baja los brazos de forma inexplicable.Aunque el final fue dramático por la repercusión que puede tener para la plantilla en el plano moral, ya al principio se vislumbraron detalles que llevaron al desasosiego.
No es la mejor forma de buscar la victoria encajar 31 puntos en los primeros diez minutos. Desde luego, no pareció que el Unicaja mostrara esa necesidad imperiosa de triunfos que le mantiene en el alambre del fracaso en este ‘Top 16’ ciertamente decepcionante. Ni siquiera se tomó un respiro en el marcador para celebrar su punto 25.000 en Europa. Ni la más mínima alegría concedió un adversario que perturba por el momento de forma que atraviesa. La sorprendente debilidad del cuadro malagueño tampoco resultó decisiva para calibrar el cómodo triunfo moscovita. Y es que el Unicaja consumó ayer en Rusia la peor racha de su historia europea al acumular ocho derrotas consecutivas.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 23 de enero

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Felicidad
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José Miguel Aguilar | 21-01-2015 | 12:10| 0

En la ilustre nómina de entrenadores que se han sentado en el banquillo del Unicaja, y la de sus ayudantes que también han contribuido a engrandecer la historia de este equipo, Joan Plaza se ha hecho un hueco, por ahora solo en la estadística, como campeón de invierno por primera vez en la historia del baloncesto andaluz, un título honorífico al que le falta el refrendo del éxito definitivo, el del trofeo en mano. Por lo demostrado en este año y medio de su estancia en Málaga, va encaminado a hacernos feliz, lo que se agradece especialmente en tiempos de penuria como los que vive esta tierra últimamente. Consolidado el proyecto –ha vuelto a disputar el play-off y la Copa del Rey, con buen juego además, y la afición empieza a regresar al Palacio de los Deportes–, en Los Guindos se respira confianza de nuevo. Me alegro.
Como también es para sentirse satisfecho de este equipo en la confirmación del liderato, frente a un Bilbao rocoso que cedió ante un rival que dominó todas las facetas del juego. No se descompusieron los locales ante la avalancha de triples al comienzo, y afianzaron su apuesta por dentro, donde fueron muy superiores. Es significativo los 28 tiros libres anotados sin fallo por parte de los dos equipos, lo que avala la concentración de ambos y la importancia del encuentro (primero contra tercero).
La pena en un día histórico fue no ver en acción a Germán Gabriel por los problemas económicos de su club cuando al malagueño aún le queda mucho baloncesto en sus piernas de bailarín y en sus muñecas de prestidigitador de la canasta.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 19 de enero

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El color de la vida
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José Miguel Aguilar | 20-01-2015 | 6:33| 0

Málaga puede dormir esta noche henchida de orgullo porque sus dos principales equipos han escrito una página para la historia en el libro que semana a semana ilustra las gestas locales. Ese que de vez en cuando se repasa para alegrarnos la vida, sobre todo en días como hoy en el que la previsible falta de sol hará sombra a la felicidad que proporciona vivir en esta tierra. Ha coincidido en el tiempo, caprichos del destino, que el Málaga y el Unicaja terminen la primera vuelta de sus respectivos campeonatos en la misma jornada, en un día en el que el esfuerzo de los últimos cuatro meses se compendia en un resultado reflejado en la clasificación.
Ese es el éxito, la recompensa al trabajo bien hecho, el resumen de un logro con mayúsculas, más allá de lo que muestre la estadística: si el conjunto que entrena Javi Gracia puntúa esta noche frente al Sevilla completará la mejor Liga de su trayectoria en la élite a la mitad del camino –y de paso seguir soñando con un puesto en la próxima Champions–; si el equipo que prepara Joan Plaza vence esta tarde al Bilbao en el Palacio de los Deportes Martín Carpena acabará por primera vez líder de la Liga Endesa tras 17 jornadas disputadas. Uno juega al amparo de su afición, el otro en casa de su máximo rival. Fútbol y baloncesto no tienen nada que ver, pero les une la pasión que rezuma las gradas después de un gol o de un mate, y aunque la portería es muy grande y la canasta es ciertamente pequeña la alegría es la misma al narrar un triunfo o al vibrar con una buena jugada. Porque aunque la vida es una paleta de tonalidades, los colores los pinta el corazón y en el plano deportivo se llenan de sentimientos.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 18 de enero

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Sin traje a medida
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José Miguel Aguilar | 18-01-2015 | 2:37| 0

Era un partido para ponerse el mono de trabajo. Escaso de fuerzas (las lesiones han aparecido en un momennto delicado), debilitado en la dirección (Markovic fue baja y Stefansson no puede cubrir su ausencia por mucho que lo intente) y presionado por su inquietante situación en el ‘Top 16’ (no conoce la victoria aún tras disputar dos partidos en casa y ahora viajará a Moscú), los jugadores del Unicaja sabían que no era día para los abalorios o las florituras, aunque enfrente estuviera el elegante EA7 Emporio Armani Milan, todo lujo en el vestir –incluidos los brillantes números bordados en la camiseta que le dan un toque de glamour en una competición que le viene que ni anillo al dedo– y en la confección de la plantilla, aunque luego durante el encuentro demostrara que no es oro todo lo que reluce. Que se lo pregunten a Sergio Scariolo, presente en el palco del Palacio para ver a sus dos exequipos.
Siempre a remolque, el Unicaja aguantó 38 minutos gracias a una zona que le permitió en el último cuarto casi enjugar la máxima diferencia de 9 puntos hasta ponerse a uno (el conjunto italiano estuvo 5:20 sin anotar). Pero cuando Brooks y Kleiza se disfrazaron con modelos de eficacia desde el triple –antes Gentile y Hackett se mostraron superiores a sus pares exteriores–, el Unicaja se descosió definitivamente, porque por mucho uniforme de faena que exhibiera –aplauso largo a su esfuerzo y a su lucha como corrobora en la estadística su superioridad reboteadora–, le faltaron retales para confeccionar un traje a medida para competir con el rival.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 17 de enero

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Oda al baloncesto
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José Miguel Aguilar | 14-01-2015 | 12:32| 0

Me hubiera gustado que la historia le hubiera sonreído al Unicaja en un partido de leyenda en el que hizo un ejercicio de liderazgo maravilloso convertido en una oda al baloncesto que quedará para la eternidad. Un poema con final triste por la derrota pero con estrofas de felicidad plena. Palabras que rimaban con ilusión y versos sueltos de hondura hasta el alma como los de un Toolson luchando contra todos (incluso contra sí mismo, de ahí sus pérdidas, pena, penita, pena). Una balada de trovador.

Un clamoroso error defensivo a falta de tres segundos que permitió el triple inverosímil de Abrines que condujo a la prórroga y tres pérdidas consecutivas en el tiempo extra que motivaron encajar un 10-0 fueron quizás los únicos reproches a un equipo que reforzó su confianza gracias a un fondo de armario que consolida su proyecto. Si hasta ahora era el traje de domingo del que presumía el Unicaja, en el Palau aparecieron unos secundarios de primera, unos reservas de lujo que mitigaron el dolor por la ausencia de Granger. Markovic, Golubovic y Green sostuvieron a un equipo incapaz de frenar el huracán exterior rival, tan impresionante que le llevó a igualar el récord de triples (20, incluido el del mallorquín que heló el corazón de los aficionados malagueños).
Con eso estaría dicho todo si no fuera por la rabia que da perder un partido ganado en 40 minutos (96-99 a falta de tres segundos) y en los cinco adicionales (104-108 a dos minutos del final). Pese a todo, inolvidable, precioso, porque hay muchas formas de perder y derrotas que dulcifican el camino hacia la posteridad.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 12 de enero

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