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Autor: JoseMiguelAguilar
El Unicaja en el año más raro
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José Miguel Aguilar | 21-08-2017 | 11:56| 0

Primer análisis del Unicaja (temporada 2017-2018)

Siempre nos quedará Alberto Díaz

 

Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina. Cada temporada se puede esbozar esa emoción respecto al Unicaja por el interés que despierta todo lo novedoso. Este año esa curiosidad en forma de frase célebre de Gilbert Keith Chesterton torna en duda por la apariencia de temporada extraña achacable a razones de toda índole: calendario apretado, Euroliga exigente, rivales reforzados, plantilla diferente y un escenario en ebullición avivado por la guerra continua de las diferentes ‘facciones’ que rigen el baloncesto europeo y mundial. En un mundo tan globalizado, todo termina afectando a la planificación, preparación y proyección de un equipo como el malagueño que regresa a la élite continental por méritos propios y haciendo una apuesta económica y deportiva que merece, a priori, todos los reconocimientos. Las dudas acerca del papel que jugaría Unicaja Banco en el caso de retornar a la máxima competición europea se disiparon rápido porque la entidad financiera ha vuelto a demostrar la seriedad de su apuesta por un deporte que el año pasado le colmó de alegría con un título que reivindicó toda la ciudad. No hay nada como enseñorear el verde esperanza por todas sus calles.

Para empezar reconozco que la experiencia me invita a ser cauto para valorar el futuro rendimiento del equipo malagueño cuando ha decidido que la dirección del juego recaiga en un estadounidense que por primera vez se atreve a salir de su país para iniciar una aventura de grandes riesgos por la diferencia de baloncesto entre ambos lados del Atlántico. Pero Ray McCallum invita a la confianza por todo lo que se sabe de él, por el interés mostrado antes incluso de llegar y porque transmite lo más importante en un jugador de sus características: confianza en sí mismo y en su forma de entender el juego, alejado del egoísmo. Esta es la prueba del algodón del proyecto: si McCallum consigue generar optimismo, el Palacio de los Deportes volverá a vibrar como en las grandes ocasiones. Con el Carpena encendido no hay agua que apague el fuego en forma de pasión que se desata en las gradas.

La otra duda recae en Augustine por una cuestión de resistencia, no de calidad. En febrero cumplirá 34 años: si aguanta en pista los minutos suficientes en los dos y hasta tres partidos por semana estaremos hablando de refuerzo de lujo. La veteranía es un grado cuando se compagina con la continuidad. En cuanto a Shermadini y Milosavljevic, lo que despiertan es el apetito de verles ya en acción porque prometen saciar el buen gusto por un baloncesto de altura. El papel de Salin puede llegar a ser determinante en situaciones concretas por el buen tono defensivo del finlandés.

Sin desmerecer a nadie aventuro que el mejor fichaje de la temporada en ciernes es la evolución de Alberto Díaz hacia ese abanderado que blande el alma del Unicaja desde la modestia, el sacrificio y la cantera ahora representada también por compañeros como Okouo y Soluade. Ampliar el vestuario hasta hacerlo parecer al de la NBA tiene sus cosas buenas y, una de ellas, es poder disfrutar de más representantes de Los Guindos. No ha sido una mala decisión del club siempre y cuando les guíe la fe ciega en sus posibilidades y no sean meras excusas de relleno para completar una plantilla que por exigencias del guión tiene que ser numerosa (soy de los que piensan que Okouo terminará siendo puntal indispensable en un equipo ambicioso).

Una de las noticias del verano ha sido la continuidad de Joan Plaza, que cumplirá su quinta temporada consecutiva, algo que no se veía en Málaga desde hacía veinte años, cuando Javier Imbroda sembró toda la ciudad de ilusión al osar arrebatarle protagonismo a los grandes del baloncesto español,inaudito entonces. Más de allá de sus extraños coqueteos de última hora que sonaron a chiquillerías, tener a un entrenador tanto tiempo siempre es buena señal, el inequívoco síntoma de que hay muchas cosas que se están haciendo bien. La Eurocup conquistada en Valencia le permitió presumir de su trabajo en forma de trofeo y recibió el premio gordo de volver a la Euroliga. La comunión creada desde el principio entre la afición y el técnico barcelonés –solo deteriorada en algunos momentos de fragilidad por la incertidumbre de cómo acabaría una etapa de gran estabilidad– merecía el epílogo tan bello de esa inolvidable noche en la ciudad del Turia.

Las ventanas abiertas por la FIBA para enturbiar el ambiente en el baloncesto europeo crearán distorsión, y el ruido nunca es bueno. Cómo responderán los clubes de la Euroliga al desafío de las diferentes selecciones será una de las cuestiones que marcará el devenir de la temporada, a lo que se une el impacto de la lesión de Llull en la línea de flotación del Real Madrid, la renovación absoluta de un Barcelona que ansía salir a flote de nuevo tras el hundimiento del curso anterior, la confección de un Valencia con una pinta extraordinaria y el dolor emocional que producirá ver a Granger vestido del azulgrana del Baskonia. Hay jugadores que tocan la fibra más sensible de los ‘cajistas’ y este es uno de ellos. Por eso, antes de empezar lo que promete ser una apasionante temporada, me apunto al final de ‘Casablanca’, y siempre nos quedará Alberto Díaz para restañar todas las heridas que el mercadeo continuo produce en el corazón.

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La afición llevó en volandas al Unicaja hasta que le aguantó las fuerzas: el Real Madrid, finalista
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José Miguel Aguilar | 05-06-2017 | 5:45| 0

 

Unicaja-Real Madrid (3º partido de semifinales), 4 de junio de 2017

 

Tres cuartos de magia

 

Hay pocas escenografías más excitantes que las del Palacio de los Deportes Martín Carpena en plena ebullición. Reúne todos los elementos para dos horas de diversión, de pura locura ambiental con diez mil personas disfrutando de algo único. La música estruendosa, las cartulinas en alto, los ojos vidriosos de emoción, el ruido ensordecedor, la agitación sin tregua, el drama de la eliminación presente en cada acción, el poderío del rival, la superación del momento de debilidad por las bajas propias o la fortaleza del adversario. Todo se agiganta si, además, el que está enfrente es el Barcelona o el Real Madrid. Todo se magnifica si lo que está en juego es el pase a una final de Liga. Lo que empezó siendo la ‘marea verde’ se ha convertido en un ‘infierno verde’ para el que osa visitar el recinto con la intención de alcanzar el éxito. Huelga decir que todo dentro de una deportividad a prueba de árbitros, que no están cogiendo el camino del acierto en estos ‘play-off’.
Todo era magia hasta el minuto 33, cuando el actual campeón de Liga se puso por primera vez por delante en el marcador. Ahí le empezaron a flaquear las fuerzas al Unicaja, porque aguantó en el partido sin juego interior (Omic causó baja y Musli ni está ni se le espera en aventuras de cierta enjundia) y con la defensa como arma fundamental y el rebote como cualidad indispensable para alargar la serie. Más acertados en el triple que en partidos anteriores, los locales terminaron aceptando la superioridad blanca, que sufrió de lo lindo para luchar por el título, y que necesitó de todo su arsenal (Doncic, Randolph, Reyes, Ayón, Llull…) para regresar a Madrid antes de lo previsto.

Futuro
El Unicaja aprovechó uno de los partidos grandes de la temporada para presentar la campaña de abonos de la próxima campaña, que será la del regreso a la Euroliga tras un año de ausencia. La novedad es un abono con un precio único independientemente de los partidos que se jueguen, y las primeras impresiones coincidieron en el acierto del club para promocionar más aforo en el mayor número de partidos posibles.

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Una pesadilla con el fantasma Carroll asustando al Unicaja en Madrid
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José Miguel Aguilar | 05-06-2017 | 5:41| 0

 

Real Madrid-Unicaja (2º partido de semifinales), 2 de junio de 2017

 

¡Cuántas carencias!

 

La historia, tozuda, se encarga de destilar emociones tras una dura derrota o un inesperado triunfo en forma de datos indelebles que marcan el camino de cada equipo en su aventura continua de lograr el único objetivo que nunca se debe olvidar, el de no defraudar. El Unicaja, que decepcionó ayer, se ha acostumbrado a asaltar los cielos en pos de retos otrora imposibles. Ahí están las estadísticas de la última década para avezados en desafíos. El que afrontará a partir de mañana, remontar un 2-0, merece ser tildado de gesta que marcará época en caso de saldar con éxito el intento. Tras un primer partido de mal juego y marcador ajustado, anoche se vivió en el WiZink Center una pesadilla, al principio porque el conjunto que entrena Joan Plaza durante nueve minutos lo hizo todo bien excepto la esencia del baloncesto: meter canastas. Concentrado, dominando el rebote, metiendo los tiros libres, sin una sola pérdida… Pero el marcador no reflejaba esa superioridad. Normal.
De eso se aprovechó primero Llull, otra vez, con 10 puntos en otros tantos minutos, y luego Carroll, que con 21 puntos en el segundo cuarto dejó el partido sentenciado y la final demasiado lejos para la ilusión. Sobre todo por la ausencia de defensa en los visitantes con la que frenar a las estrellas de un Real Madrid más coral que en el primer partido y que no desaprovechó su oportunidad. El Unicaja está disputando una semifinal sin acierto en los lanzamientos y con demasiados jugadores sin el nivel que demanda partidos así. Y esas carencias se terminan pagando frente al actual campeón de Liga.
Recuerdos
Sólo la memoria permite avistar un halo de esperanza en este ‘play-off’. En las dos últimas semifinales del Unicaja de Plaza dio la batalla en el Carpena. Frente al rival de mañana, el Real Madrid, forzó una prórroga en el cuarto partido para volver a la capital, y un año después ante el Barça ganó los dos como local y jugó un quinto partido en el que tuvo opciones. Siempre nos quedará el recuerdo de un tiempo mejor.

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El efecto Layafette diluye al Unicaja en la apertura de las semifinales frente al Real Madrid
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José Miguel Aguilar | 05-06-2017 | 5:38| 0

 

Real Madrid-Unicaja (1º partido de semifinales), 31 de mayo de 2017

 

Así es imposible

 

Habrá quien piense que el Real Madrid necesitó a un Llull extraordinario (28 puntos, la mitad de ellos en el último cuarto) para derrotar al Unicaja y que eso debe fortalecer la confianza del cuadro malagueño en unas semifinales que pueden ser muy largas por las señales de debilidad que desprendió el equipo que entrena Pablo Laso, pero escuchando a Plaza tras el choque y analizando su lectura y preparación de partido no es para sentirse muy optimistas. Su apuesta por Lafayette fue fallida a todas luces. El técnico catalán no tuvo su noche, acorde con el equipo: malas rotaciones, rachas de intensidad nula, falta de reacción para intentar llevar la iniciativa, impotencia para candar el aro y un final inexplicable y extraño dejando pasar el tiempo sin forzar faltas y, por ende, luchar por la victoria dejaron sensaciones agridulces cara al resto de la eliminatoria. El ‘efecto Lafayette’, que sólo salió bien en un partido frente al Iberostar Tenerife, terminó por condenar las aspiraciones visitantes de sorprender al actual campeón de Liga. La defensa del base estadounidense con pasaporte croata a la estrella blanca dejó mucho que desear y diez puntos consecutivos del menorquín al comienzo del último cuarto rompió la igualdad que estableció el Unicaja gracias a un 7-22 y a la defensa, con Okouo y Eyenga destacados, después de que el conjunto blanco amenazara con marcharse en el marcador (36-23) al materializar un parcial de 30-11. Fueron 25 minutos de auténtica montaña rusa.

Demasiado solo
Habrá quien se quede con la diferencia en el marcador para ‘endulzar’ la derrota, pero pocas veces tendrá el Unicaja una ocasión tan pintiparada para derrotar al Real Madrid en su casa y, de paso, invitar a una ronda de optimismo a una afición que espera mucho más de su equipo, pues sólo Nedovic fue capaz de realizar una valoración de dobles dígitos, pero su juego fue intermitente. Y así, sin una aportación coral, es imposible de soñar con el triunfo.

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Ensayo general de la afición del Unicaja: del Iberostar Tenerife al Real Madrid desde el infierno verde
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José Miguel Aguilar | 30-05-2017 | 9:09| 0

 

Mis notas del Unicaja-Iberostar Tenerife (3º partido de cuartos de final, 28 de mayo de 2017)

 

 

Un gran ensayo
Doce partidos de ‘play-off’ y doce victorias locales. Al final, los cuatro mejores equipos de la competición hicieron valer el factor cancha a favor ganado en la temporada regular y serán los que disputen las semifinales. Jugar en casa está siendo más determinante que la tremenda igualdad que se está viendo en todas las eliminatorias. Incluida la del Unicaja, pese a que Iberostar Tenerife solo estuviera 46 segundos por delante en el encuentro decisivo. Y es que una técnica a Nedovic en el segundo cuarto por simular una falta tras anotar un triple encendió el pabellón y reactivó al cuadro local hasta el punto de amasar una ventaja de 16 puntos, que fue definitiva para la suerte del choque y de la eliminatoria, pues supo administrar con gran acierto tan sustanciosa renta. Hasta entonces todo era un amasijo de nervios y tensión con los árbitros de protagonistas.
Con la defensa por bandera una vez más, la segunda clave fue la confianza ganada con el primer triple. Tras errar los tres primeros lanzamientos lejanos, el conjunto que entrena Joan Plaza enlazó una ristra de seis triples en nueve intentos. En momentos de incertidumbre y con un pésimo porcentaje en tiros de dos, el lanzamiento exterior es básico en el aspecto mental. Máxime cuando en este periodo clave del año cambian los roles del equipo con Fogg y Musli sin protagonismo alguno y con Lafayette asumiendo el papel importante que el entrenador le preparó cuando le fichó: su buena actuación fue premiada con una gran ovación, la primera vestido de verde. Suárez estuvo soberbio y Dani Díez ejerció de perfecto escudero a un estelar Nedovic. Además, después de varias semanas de bajón, Omic volvió a encandilar con su trabajo bajo los aros y sus arengas a una afición que enloquece. Y lo de anoche fue ensayo ante lo que se espera frente al Real Madrid en semifinales.
Antipatía
El entrenador del Iberostar Tenerife, Txus Vidorreta, es el nuevo villano para la afición del Unicaja por sus declaraciones sobre el arbitraje en este apasionante ‘play-off’. Fue el más silbado con diferencia al principio y durante la presentación de los equipos y mucho nos tememos que se ha convertido en el nuevo Aíto…

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