Diario Sur
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El color de la vida
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José Miguel Aguilar | 20-01-2015 | 17:33| 0

Málaga puede dormir esta noche henchida de orgullo porque sus dos principales equipos han escrito una página para la historia en el libro que semana a semana ilustra las gestas locales. Ese que de vez en cuando se repasa para alegrarnos la vida, sobre todo en días como hoy en el que la previsible falta de sol hará sombra a la felicidad que proporciona vivir en esta tierra. Ha coincidido en el tiempo, caprichos del destino, que el Málaga y el Unicaja terminen la primera vuelta de sus respectivos campeonatos en la misma jornada, en un día en el que el esfuerzo de los últimos cuatro meses se compendia en un resultado reflejado en la clasificación.
Ese es el éxito, la recompensa al trabajo bien hecho, el resumen de un logro con mayúsculas, más allá de lo que muestre la estadística: si el conjunto que entrena Javi Gracia puntúa esta noche frente al Sevilla completará la mejor Liga de su trayectoria en la élite a la mitad del camino –y de paso seguir soñando con un puesto en la próxima Champions–; si el equipo que prepara Joan Plaza vence esta tarde al Bilbao en el Palacio de los Deportes Martín Carpena acabará por primera vez líder de la Liga Endesa tras 17 jornadas disputadas. Uno juega al amparo de su afición, el otro en casa de su máximo rival. Fútbol y baloncesto no tienen nada que ver, pero les une la pasión que rezuma las gradas después de un gol o de un mate, y aunque la portería es muy grande y la canasta es ciertamente pequeña la alegría es la misma al narrar un triunfo o al vibrar con una buena jugada. Porque aunque la vida es una paleta de tonalidades, los colores los pinta el corazón y en el plano deportivo se llenan de sentimientos.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 18 de enero

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Sin traje a medida
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José Miguel Aguilar | 18-01-2015 | 13:37| 0

Era un partido para ponerse el mono de trabajo. Escaso de fuerzas (las lesiones han aparecido en un momennto delicado), debilitado en la dirección (Markovic fue baja y Stefansson no puede cubrir su ausencia por mucho que lo intente) y presionado por su inquietante situación en el ‘Top 16’ (no conoce la victoria aún tras disputar dos partidos en casa y ahora viajará a Moscú), los jugadores del Unicaja sabían que no era día para los abalorios o las florituras, aunque enfrente estuviera el elegante EA7 Emporio Armani Milan, todo lujo en el vestir –incluidos los brillantes números bordados en la camiseta que le dan un toque de glamour en una competición que le viene que ni anillo al dedo– y en la confección de la plantilla, aunque luego durante el encuentro demostrara que no es oro todo lo que reluce. Que se lo pregunten a Sergio Scariolo, presente en el palco del Palacio para ver a sus dos exequipos.
Siempre a remolque, el Unicaja aguantó 38 minutos gracias a una zona que le permitió en el último cuarto casi enjugar la máxima diferencia de 9 puntos hasta ponerse a uno (el conjunto italiano estuvo 5:20 sin anotar). Pero cuando Brooks y Kleiza se disfrazaron con modelos de eficacia desde el triple –antes Gentile y Hackett se mostraron superiores a sus pares exteriores–, el Unicaja se descosió definitivamente, porque por mucho uniforme de faena que exhibiera –aplauso largo a su esfuerzo y a su lucha como corrobora en la estadística su superioridad reboteadora–, le faltaron retales para confeccionar un traje a medida para competir con el rival.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 17 de enero

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Oda al baloncesto
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José Miguel Aguilar | 13-01-2015 | 23:32| 0

Me hubiera gustado que la historia le hubiera sonreído al Unicaja en un partido de leyenda en el que hizo un ejercicio de liderazgo maravilloso convertido en una oda al baloncesto que quedará para la eternidad. Un poema con final triste por la derrota pero con estrofas de felicidad plena. Palabras que rimaban con ilusión y versos sueltos de hondura hasta el alma como los de un Toolson luchando contra todos (incluso contra sí mismo, de ahí sus pérdidas, pena, penita, pena). Una balada de trovador.

Un clamoroso error defensivo a falta de tres segundos que permitió el triple inverosímil de Abrines que condujo a la prórroga y tres pérdidas consecutivas en el tiempo extra que motivaron encajar un 10-0 fueron quizás los únicos reproches a un equipo que reforzó su confianza gracias a un fondo de armario que consolida su proyecto. Si hasta ahora era el traje de domingo del que presumía el Unicaja, en el Palau aparecieron unos secundarios de primera, unos reservas de lujo que mitigaron el dolor por la ausencia de Granger. Markovic, Golubovic y Green sostuvieron a un equipo incapaz de frenar el huracán exterior rival, tan impresionante que le llevó a igualar el récord de triples (20, incluido el del mallorquín que heló el corazón de los aficionados malagueños).
Con eso estaría dicho todo si no fuera por la rabia que da perder un partido ganado en 40 minutos (96-99 a falta de tres segundos) y en los cinco adicionales (104-108 a dos minutos del final). Pese a todo, inolvidable, precioso, porque hay muchas formas de perder y derrotas que dulcifican el camino hacia la posteridad.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 12 de enero

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Una especie de amnesia
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José Miguel Aguilar | 12-01-2015 | 12:29| 0

Lo peor es la cara de tonto que se te queda después de contemplar impertérrito el resultado de un partido con desenlace inesperado. La belleza desplegada por el Unicaja en veinte minutos primorosos –gran defensa basada en la anticipación que permitía canastas fáciles, dominio insultante del rebote y acierto exterior– torna en barullo, fealdad y despropósitos tras el descanso. Jugadores que entonan un canto al espectáculo al inicio luego fallan solos ante el aro cuando la necesidad aprieta. Para olvidar. Sería lo deseable –este equipo se ha hecho acreedor a un voto de confianza– si no fuera porque tanto desatino se repite con asiduidad en partidos europeos en los que calca su desastroso rendimiento en las segundas partes.

Es una especie de amnesia, hasta el punto de que algunos facultativos quieren cambiar su significado en el vademécum y asociarlo a la experiencia del Unicaja en la Euroliga: enfermedad que aparece después de minutos buenos y un lapsus mental permite remontar al rival, llámese como se llame e independientemente de la categoría y calidad del contrario. La verdad es que es una pena esa transformación tan dañina para la ilusión. Supura impotencia.

Y lo peor es que nada más salir del vestuario, en los dos primeros ataques visitantes, con 34-49 que invitaba al optimismo, ya se presagió lo peor sin tener carnet de visionario. Porque fue la misma cantinela de anteriores choques. Sin explicación alguna en el apartado táctico, más allá de la fragilidad mental de un equipo que aún debe crecer en el apartado mental y creerse capacitado para ganar partidos en los que se deja remontar de forma inexplicable. Habrá que inventar una vacuna para esta enfermedad de nuevo cuño.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 10 de enero

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Cosa de meigas
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José Miguel Aguilar | 08-01-2015 | 19:47| 0

Fue un partido raro, raro, raro que el sólido líder de la competición saldó con mérito. Que en la Liga Endesa, con un hombre en el conjunto rival de apellido Luz que milita en un equipo gallego se produzca un apagón es para pensar que las meigas sobrevolaron el Palacio. Además fue esperpéntico por la duración del incidente –casi hora y media se retrasó el partido– y por la falta de información a los espectadores, resignados en sus asientos sin saber qué hacer. Las imágenes deben provocar sonrojo a más de uno, con esa oscuridad que no presagiaba nada bueno. Desde luego al partido no le faltaron las exhibiciones de jugadores que un día vistieron de verde, como el mallorquín Corbacho y el hispanobrasileño Freire (también jugó en las filas contrarias el malagueño Pepe Pozas).
Fue un encuentro raro porque el dominio correspondió al Unicaja –pese a no controlar el rebote– hasta que sus jugadores se picaron con los del rival a ver quién metía más triples, algo rocambolesco cuando enfrente están consumados especialistas, como Corbacho, que anotó 6 de 11 intentos, y Freire, que consiguió 3 de 4. Fue un choque raro porque Granger llevaba 19 de valoración a los 13 minutos en una exhibición a la que ya nos tiene acostumbrados y luego se diluyó, y porque Green quería resarcirse de nefastas actuaciones anteriores y salió enfuchado, pero terminó frustrado. Y fue tan raro como el tercer cuarto del conjunto que entrena Plaza, donde solo logró diez puntos de valoración; causó perplejidad también los números de Triguero, que por momentos amargó a los pívots locales. Será cosa de meigas.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 5 de enero

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Volaron las musas
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José Miguel Aguilar | 07-01-2015 | 12:15| 0

No se cumplió la máxima del artista, esa que dicta que el día que la inspiración llegue le pille trabajando. El Unicaja laboró ayer hasta la extenuación, pero su nefasto día en el tiro lo condenó a la derrota en el estreno del ‘Top 16’. Las musas no aparecieron por el Palacio y el conjunto que entrena Plaza pagó muy caro su desacierto en ataque (sin querer personalizar, valga el ejemplo de Green, que falló sus cinco lanzamientos desde las tres distancias, dos de ellos tiros libres en el último minuto que terminaron por finiquitar las escasas ilusiones de triunfo).
El ejercicio defensivo frente al Olympiacos –cuánta belleza encierra el esfuerzo de Fran Vázquez vigilando a Spanoulis casi a medio campo– mereció el sobresaliente, y desde luego mayor premio que la condena de perder por ocho puntos frente a un cuadro griego que hizo lo justo para ganar. Hasta los árbitros fueron injustos con los locales, al ser muy permisivos con su juego al límite. Así, al cuadro de El Pireo no le hacía falta brillantez en ataque –ya estaba Spanoulis para hacer fácil el baloncesto, de lo que se aprovechó Hunter–, ya que anotaba poco, pero era de dos o tres puntos, mientras su rival solo movía el marcador desde el tiro libre (solo logró un triple en 35 minutos).
La baja de última hora de Markovic también se notó, igual que el cansancio del tercer partido en siete días. Fue un duelo de pocos reproches a un Unicaja que solo sonrió al ver la favorable valoración final (72-66), lo que habla a las claras del encuentro tan serio que ofreció. Es el camino más corto hacia el éxito.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el 3 de enero

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Para la historia
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José Miguel Aguilar | 05-01-2015 | 12:59| 0

Volvieron las bufandas a ondear con intensidad en las gradas del Palacio de los Deportes. Volvió a sonar con fuerza la olla a presión en la que una afición entregada convierte el Martín Carpena. Posiblemente, el mayor espectáculo del mundo. Quizás, el escenario ideal para las gestas. Desde luego fue un encuentro para la historia, que recordó a los años dorados del baloncesto malagueño.

No había un título en juego, pero el orgullo de un Unicaja con hechuras de líder salió a relucir para entregarles a sus espectadores algo más importante, el corazón, que casi se le sale del pecho ante tantas adversidades en un partido que se le puso muy cuesta arriba. El Real Madrid hincó la rodilla, además, con malas formas, sin aceptar la superioridad del rival, sobre todo en el aspecto moral, y con protestas y técnicas desdibujó el triunfo logrado por los locales en la pista con gran merecimiento.

Porque ayer se demostró que el liderato no le viene grande al Unicaja. Más allá de ganar o perder un partido, queda la sensación de que el equipo de Plaza –así es para la afición, que le regala los oídos al comienzo de cada choque con una ovación de campeonato– cuestiona la supremacía del Madrid y Barcelona. Y lo hace desde el convencimiento de que tiene plantilla para opositar a un sueño. El Real Madrid lo fió todo a Rudy Fernández, colosal en la primera parte, pero como el resto del equipo fue de más a menos. Pero la pareja Granger-Vázquez resultó letal, el Unicaja fue superando contratiempos y se creció hasta dejarse el alma, como la afición, en perfecta comunión.

 

P.D.: Artículo publicado en SUR el miércoles 31 de diciembre

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Júbilo en el Palacio
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José Miguel Aguilar | 30-12-2014 | 13:30| 0

Con un Palacio de los Deportes efervescente, en la mejor entrada de la temporada, el Unicaja logró la victoria más importante de esta campaña, por trascendencia (acabará el año entre los tres primeros e incluso el martes puede ser líder), belleza (gran riqueza táctica), dificultad (el contrario se puso nueve puntos arriba en el tercer cuarto y ganaba por cinco a seis minutos del final) y circunstancias (venía de dos derrotas consecutivas).

Llevado en volandas por una afición entusiasmada con su equipo y embelesada con el entrenador, el Unicaja tuvo que remontar en dos ocasiones tras el descanso frente a un Movistar Estudiantes que tácticamente fue superior a su rival durante muchos minutos al ‘negarle’ el juego interior y llevarlo a su terreno. Desde la defensa el equipo que entrena Joan Plaza, que jugó los últimos minutos con Kuzminskas (motor del cambio de tono del encuentro) y Suárez juntos, intentó contrarrestar su mal día en ataque, pero necesitó de un gran Thomas y de un bravo Granger para llevarse finalmente la victoria.

Al Unicaja le costó frenar a Nacho Martín, sustento madrileño, hasta el punto de llevar 21 puntos de los 42 anotados por su equipo. Cuando consiguió pararlo (no anotó en los últimos 15 minutos), y pese a que el Estudiantes jugó sus mejores minutos sin su líder ofensivo, el cuadro malagueño oteó el camino del triunfo y la afición explotó de júbilo, consciente de la importancia de su apoyo, en una comunión con la grada que recuerda a los tiempos gloriosos en los que su equipo optaba a los títulos. A estas alturas nadie le da como favorito en las apuestas, pero en la pista está siendo de los mejores de la competición. Y eso, después de lo vivido tiempo atrás, tiene un gran mérito.

P.D.: Artículo publicado en SUR el 28 de diciembre

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Hablar en plural
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José Miguel Aguilar | 25-12-2014 | 11:56| 0

El Unicaja llega a Navidad como el mejor equipo de la otra Liga y con las mismas victorias que el líder. Y eso, dejando de lado otras circunstancias, es para celebrar. Plaza llega a Navidad siendo mejor entrenador de lo que era cuando llegó a Málaga, porque equipo y técnico han crecido considerablemente de forma paralela. El preparador, incluso, dio ayer una nueva muestra de su inteligencia y coherencia con sus declaraciones tras la derrota. A diferencia de la semana anterior, en la que hizo un papel que no es el suyo, ayer tiró de liderazgo y motivación para reconocer los errores de su equipo que le costaron el liderato de la Liga y el triunfo tras dominar a su rival por 15 puntos (lo curioso del caso es que más de la mitad de las derrotas  han tenido el mismo denominador común). Quizás tras estas palabras no vuelva a ocurrir más.
Como en la derrota pierden todos, habló en plural de los fallos, siendo consciente de los suyos propios, como la mala utilización de los cambios o la pésima gestión del partido en relación a los tiempos muertos. Un ejemplo: con 31-46, el Unicaja no supo cerrar el partido después de que el CAI estuviera cuatro largos minutos sin anotar. La consecuencia fue que el cuadro que entrena Ruiz Lorente consiguió un 10-0 de parcial. Ahí se equivocó el entrenador y los jugadores, sobre todos aquellos que por problemas físicos son conscientes de que no están ahora mismo para jugar y no reconocen su inferioridad en la pista. En fin, que llega la Nochebuena y hay más motivos de felicidad que de desdicha en el entorno del Unicaja. Brindemos por eso.

P.D.: Artículo publicado en SUR el 22 de diciembre

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Elijan la puerta
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José Miguel Aguilar | 19-12-2014 | 16:31| 0

El día que el baloncesto español honra a Alfonso Queipo de Llano la clasificación del Unicaja para el Top 16 debe ser valorada todavía de forma más rotunda. El premio Raimundo Saporta que otorga la Asociación Española de Entrenadores recae en un malagueño que, tiempos ha, pasó por miles de vicisitudes para que el equipo de Los Guindos alcanzara la élite.

Desde luego, estoy convencido de que Alfonso Queipo, exentrenador y exdirigente, nunca sospechó que el equipo de su alma pasearía su nombre de forma brillante por todo el continente. Precisamente por todo lo vivido, sufrido y padecido por esta figura emblemática del baloncesto español –de la que gozamos en Málaga– hay que disfrutar de este Unicaja, de su décimo paso seguido a la siguiente fase de la mejor competición del mundo tras la NBA y de su liderato en la Liga más competitiva de Europa.

Eso no quita para que haya muchas puertas con las que atravesar una frontera, muchas puertas con las que derribar una ilusión. La delantera, la trasera, la giratoria y hasta la del infierno, que es donde van los malos. El cielo siempre puede esperar. Hay formas de definir una clasificación. Me ahorro esta vez los adjetivos ante la evidencia de la racha europea, ya que por primera vez se atraviesa la puerta del Top 16 –suena a ‘Gran Hermano’– con cuatro derrotas consecutivas. Un hecho incontestable. Igual que el pésimo porcentaje en tiros de dos que condenó en Tel Aviv al equipo que entrena Plaza. Me gustó su insistencia en el rebote ofensivo y me preocupan las lesiones.

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