Diario Sur

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Imaginación
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Héctor Barbotta | 21-04-2017 | 10:54| 0

Cuando Gil y sus discípulos reinaban en las portadas y en los horarios de audiencia máxima toda la corrupción política se asociaba casi exclusivamente al manejo espurio del urbanismo. Pero gracias a los inacabables casos aislados que hemos conocido desde entonces hemos aprendido que Einstein falló cuando dijo -en caso de que la cita sea verdadera y no una de los millones de posverdades que circulan por la red- que sólo el universo y la estupidez humana son infinitas. Los ladrones de cuello blanco nos han hecho conocer que la codicia y las fórmulas posibles del saqueo también pueden alcanzar ese rango.
De Malaya hasta aquí hemos aprendido que se le puede tomar el pelo al personal y quedarse con lo suyo recalificando suelo y firmando convenios urbanísticos, pero también cobrando el 3 por ciento por cada obra pública; inflando artificialmente los precios de infraestructuras de diversa índole; recaudando con membrete de la familia regia para jornadas que nunca se realizan o que se realizan con presupuesto inflado; montando cursos que nunca se imparten; adjudicando eventos sin concurso público; recaudando para el partido y quedándose con una parte; privatizando servicios públicos que después se rescatan para sanearlos y así volver a privatizarlos; aplicando el mismo sistema pero con la banca; tolerando que las sentencias en favor de los consumidores nunca se ejecuten; permitiendo sistemas de tarificación aprobados en consejos de administración donde se sienta un excargo público, repartendo tarjetas barra libre… En su afán pedagógico, los prohombres nos han ilustrado sobre el valor de la imaginación a la hora de satisfacer una ambición insaciable por definición y también sobre su propia falta de escrúpulos cuando se trata de traicionar la confianza y quedarse con lo de todos.
El último caso aislado remite a una modalidad sin duda novedosa e imaginativa: utilizar los recursos de una empresa pública de abastecimiento de agua para comprar a precios desorbitados empresas ruinosas en América Latina. No puede decirse que sea el no va más porque eso supondría haber alcanzado una meta, algún tipo de punto final, y en la dinámica en la que estamos la única certeza es que cada caso que sale a la luz sólo es la antesala del siguiente.
Pero el alarde de sofisticación que lucen para robar se convierte en vulgaridad cuando los pillan. Ahí se limitan a anunciar que el trincado ha perdido su condición de militante del partido y su nombre es reemplazado por la fórmula ‘esa persona de la que usted me habla’. Al menos por respeto al personal deberían echarle un poco más de imaginación.

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Sin toros
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Héctor Barbotta | 21-04-2017 | 10:52| 0

Ya no habrá más corridas de toros en Marbella. Los festejos se han acabado sin que medie una prohibición. Tampoco hay que atribuir el final al boicot de los antitaurinos. Los toros se acaban, sobre todo, por incomparecencia del público.

Este periódico publicó el pasado lunes que el Ayuntamiento había decidido hacerse cargo de la gestión de la plaza después de que el empresario desistiera de seguir adelante. Los últimos festejos taurinos habían sido una ruina porque la gente no iba y para continuar, el concesionario reclamaba una subvención municipal. El Ayuntamiento decidió no aplicar un tratamiento de respiración asistida y dejó agonizar al enfermo. Ahora la plaza se destinará a actividades culturales, entre las que el equipo de gobierno de Marbella no considera que las corridas de toros encuentren sitio.

Tras el revuelo, el alcalde de Marbella, José Bernal, aclaró que el Ayuntamiento no es antitaurino. En efecto, no ha habido una declaración institucional explícita, pero tampoco se puede decir que el gobierno municipal haya mostrado un entusiasmo desmedido por mantener a Marbella como plaza de festejos.

Recuperar la Plaza de Toros, situada en el corazón de la popular barriada marbellí que lleva esa nombre, rehabilitarla y utilizarla para otro tipo de actividades fue una de las condiciones que el grupo municipal de Podemos puso para dar su aprobación a los presupuestos municipales.

Es evidente que ni el alcalde ni el resto de los ediles socialistas se sienten cómodos reconociendo públicamente que han accedido a una exigencia y por eso se ha apuntado que si alguien quiere organizar una corrida de toros en Marbella tiene la opción de la plaza de toros de Puerto Banús, un recinto que permanece cerrado desde hace siete años y en el que el verano pasado hubo que suspender un concierto porque un informe de bomberos no lo consideró apto para que abriera sus puertas al público. La alternativa propuesta por el alcalde es suficientemente elocuente: el Ayuntamiento no se hace cargo de poner impedimentos formales para que vuelva a haber toros en Marbella, pero se constata que hay impedimentos materiales insalvables.

Es posible que la decisión municipal genere algún tipo de polémica en el público taurino y sea motivo de gozo para los antitaurinos. Pero será, en todo caso, una polémica ajena a la ciudad. La falta de contestación social pone en evidencia que la fiesta de los toros no ha sido asesinada en Marbella. Simplemente, después de que el público le diera la espalda, se la ha dejado morir. El Ayuntamiento se ha limitado a desconectar el respirador y a firmar el certificado de defunción.

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¡Qué escándalo, aquí se blanquea!
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Héctor Barbotta | 12-04-2017 | 21:48| 0

 

Una de las escenas más célebres de Casablanca muestra al capitán Louis Renault fingiendo indignación mientras ordena cerrar el café de Rick. «¡Qué escándalo –dice mientras un empleado le acerca las ganancias por sus apuestas del día–, he descubierto que aquí se juega!»
Una sorpresa similar es la que parece haber simulado las autoridades francesas y españolas con el proceso abierto contra el exjerarca del régimen sirio Rifaat Al-Assad, a quien ahora se investiga a ambos lados de los Pirineos por blanqueo de capitales cometido por organización criminal. El tío del actual presidente sirio lleva más de 30 años entre París y Marbella y en todo este tiempo ha adquirido más de 500 propiedades en España, la mayoría concentradas en una esquina de Puerto Banús, posee una finca que ocupa más de una cuarta parte del término municipal de Benahavís y su residencia habitual cuando pasa por España está en un edificio de mármol rosado y cúpulas doradas que puede recibir cualquier consideración estética menos la de discreta. Y ahora, vaya por Dios, las autoridades han descubierto que durante todo este tiempo ha estado blanqueando una fortuna malhabida. Qué escándalo.
Desde que el nombre de Rifaat Al-Assad volvió a salir a la luz después de que la Audiencia Nacional ordenara esta semana una operación con gran despliegue de la Guardia Civil para ejecutar el embargo de todos sus bienes, han comenzado a surgir testimonios de lo que ha sido la vida en Marbella del hermano del exdictador sirio Bashar Al-Assad, padre del actual, Hafez Al-Assad, también de actualidad estos días después de que ordenara atacar con armas químicas a su propio pueblo.
A Rifaat se lo conoce como ‘el carnicero de Homa’, a su hermano, el expresidente, le había cabido el alias de ‘el león de Damasco’. Para el pequeño de la zaga, el que mata actualmente, no se ha encontrado todavía un apelativo adecuado.
De Rifaat se sabe que encabezó en 1982 una matanza contra miles de inocentes con la que se aplacó una posible rebelión integrista, que dos años después intentó dar un golpe contra su hermano aprovechando la convalecencia de éste tras un infarto y que el castigo fue un destierro regado con cientos de millones de dólares.
Se sabe también que en 1986 llegó a España y se instaló en Puerto Banús con una banda de guardaespaldas que infundían temor allí por donde pasaban, que las veces que los matones fueron denunciados por agentes policiales por la exhibición de armas con el fin de amedrentar a quien incordiara jamás pasaron más de unos minutos en comisaría, que el antiguo jerarca nunca mostró reparos en mostrarse convincente a la hora de explicar a quienes tenían la desgracia de ser propietarios de locales en su zona de influencia que lo mejor era que se los vendieran. Abundan los testimonios acerca de la mezcla de la prepotencia y la informalidad con la que hacía negocios y de la manera en que los empresarios más informados de Marbella comprendieron rápido que no era ni socio ni cliente recomendable.
Los más antiguos del lugar refieren a otros asuntos, como sus posibles entendimientos con el traficante de armas también sirio Monzer Al-Kassar, conocido para vergüenza de esta ciudad como ‘el príncipe de Marbella’ y que ahora cumple condena en Estados Unidos después de haberse movido durante años por esta zona con una impunidad difícil de explicar pero bastante fácil de entender.
Alrededor de Rifaat Al-Assad se ha movido asimismo una comunidad importante de ciudadanos sirios, entre ellos algunos exmilitares, que tampoco se han preocupado en Marbella por ocultar su altísimo nivel de vida ni su afección al régimen. Ello pudo verse, por ejemplo, en noviembre de 2011, cuando se concentraron en la Alameda para manifestar su apoyo a Al-Assad después de que Siria fuese expulsada de la Liga Árabe tras la sangrienta represión contra los manifestantes que reclamaban reformas, en un episodio que desencadenó la guerra civil en el país. Cuando el conflicto dio lugar a la mayor crisis humanitaria de este siglo, no se conoce que este grupo de expatriados haya organizado actividad alguna en respaldo de los miles de refugiados que huían de la muerte y el hambre. No puede decirse que la empatía con su propia gente sea una cualidad que los caracterice mejor que la ostentación de los bienes de consumo a los que tienen acceso.
Durante los últimos 30 años, Rifaat Al-Assad se ha movido con soltura y ni el más ingenuo podría concebir que haya conseguido construir su imperio inmobiliario en esta ciudad con el desconocimiento de las autoridades. La seguridad del Estado, los intereses geopolíticos del país y la necesidad de contar con la mejor información seguramente obligan a entenderse con personajes de esta calaña.
Pero la impunidad se ha acabado de golpe y ha llegado tras un proceso judicial abierto en Francia, donde el personaje contaba también con un patrimonio millonario, al igual que en el Reino Unido.
Al-Assad es uno más de los muchos indeseables que encuentran cobijo en Marbella, lo que podría provocar que alguien se planteara cuestionar los parámetros morales de la esta ciudad, en la que se sienten tan a gusto sátrapas de diferentes procedencias, algunos con calle incluida. Pero sería un cuestionamiento hipócrita. Estos personajes ni llegan ni viven aquí con amparo municipal ni mucho menos ciudadano. La protección viene de mucho más arriba. Y dura hasta que caen en desgracia, como ha sucedido ahora. Vaya uno a saber por qué.

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No perder el tren
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Héctor Barbotta | 12-04-2017 | 21:46| 0

acontecimientos recientes han confirmado que la única manera posible de escuchar a un político diciendo lo que realmente piensa es mediante grabaciones clandestinas. En cualquier otra circunstancia es difícil oír algo que escape a las frases hechas, los argumentarios de gabinete de comunicación o conclusiones siempre emanadas de la tesis ‘nosotros los buenos, ellos los malos’.
Por eso resulta imposible esperar que algún día un responsable político se pare frente a un micrófono y reconozca que ha llegado a la conclusión de que el tren litoral es una obra que requiere una inversión millonaria que obligaría a renunciar a otras inversiones para realizar una apuesta decidida por la Costa del Sol y que ello supondría un coste político que ninguna administración y ningún partido está dispuesto a asumir.
Como de momento no hay micrófonos ocultos que registren una reflexión de ese tenor –posiblemente porque cuando creen que nadie los escucha, a lo que se dedican es a sus trapicheos o a sus cuitas internas– nos tenemos que conformar con aquello a lo que estamos acostumbrados.
Por eso, después de que se conociera que en los Presupuestos Generales de Estado para este año sólo aparecen 350.000 euros para este proyecto, nos hemos vuelto a encontrar con lo de siempre. Por un lado, quienes responsabilizan al adversario porque creen que la sociedad ya ha olvidado que cuando ellos estaban tampoco hicieron nada; por el otro, quienes aseguran que el tren sigue siendo una apuesta, aunque la apuesta se reduzca a una cantidad que apenas alcanzará para seguir eternamente con los estudios previos. Después de 17 años, ya sabemos que el tren hasta Marbella se parece a esos estudiantes crónicos que se resisten a abandonar la facultad aunque saben que nunca serán capaces de terminar la carrera.
Para saber qué piensan los responsables políticos del tren litoral, de su necesidad, de su importancia estratégica, no hay que atender a lo que dicen, sino a lo que han hecho y a lo que hacen. Y las obras no se parecen en nada a los dichos.
Frente a esa actitud cínica sólo cabe una respuesta por parte de quienes realmente creen que el tren de la Costa del Sol no es un capricho, ni una ocurrencia electoral pasada de moda, ni un lujo fuera de nuestras posibilidades, sino una necesidad estratégica de la zona económica más pujante de Andalucía.
Ante la estrategia de vencer al personal por aburrimiento, por desencanto o por resignación, no debe haber más respuesta que perseverar y pasar la factura cuando llegue el momento.

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Solos
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Héctor Barbotta | 04-04-2017 | 11:22| 0

 

Tuvo su carga de simbolismo que unos días después de que Málaga clausurara la vigésima edición de su estupendo festival de cine, Marbella se convirtiera por unos días en el centro de la atención del mundo gastronómico con el éxito de la convocatoria lanzada por Dani García. De un lado, una brillante iniciativa pública, una más de las muchas que han llevado a Málaga a un lugar de relevancia en el mapa del turismo cultural; del otro, una iniciativa privada, individual para ser más precisos, que coloca a Marbella en el mapa de la gastronomía de élite.
Este contraste va mucho más allá de una coincidencia en el tiempo de dos acontecimientos relevantes. Marca una línea de continuidad con una historia que sitúa a Marbella como una ciudad construida por el tesón y la iniciativa de emprendedores y por el esfuerzo de su gente ante la desidia, la indiferencia, y en ocasiones actitudes peores, de las instituciones.
Hay ocasiones en que los vecinos de Marbella pueden tener la tentación de sentirse como ese hijo inteligente y autónomo que ve cómo sus padres se desviven con los cuidados al hermano con más dificultades y que en ese afán de protección al más débil olvidan que el primero también tiene derecho a que le presten atención. Se trata de una manera de mirar a Marbella que se sintetiza en una frase que la presidenta de la Junta repitió en su dos últimas visitas a la ciudad, en lo que pretendió ser un elogio y que debería haber hecho saltar las alarmas: «Marbella se vende sola». El problema es que no hay marca que se venda sola ni ciudad que soporte la continua mezquindad inversora de las instituciones.
Ahí están las líneas de AVE que se sigue extendiendo por todos los rincones del país mientras la llegada del tren a Marbella desaparece del debate público, el hospital paralizado para el que no hay solución a la vista, el puerto de La Bajadilla rescatado del abandono pero sin noticias de la ampliación… Ahí está también el Ayuntamiento resignado a adelantar la financiación de las obras que ni el Gobierno ni la Junta acometen por iniciativa propia. Porque lo que un principio se presentó como una excepción –que el Ayuntamiento pagara por adelantado las obras del centro de salud de San Pedro, tal y como ha acordado también Estepona para su CHARE– amenaza con convertirse en una estrategia que retrata al abandono.
El Ayuntamiento ya ha ofrecido la misma fórmula para el instituto de San Pedro y para la nueva comisaría. Y en el pleno del viernes, Izquierda Unida presentó, y consiguió apoyo unánime, para una moción en la que proponía que el Ayuntamiento asumiera, también por adelantado, la construcción de los espigones que impidan que se siga perdiendo arena con cada temporal. Desde luego que tampoco con este sistema está garantizado que esas inversiones vayan a llegar; es más, es posible que ni siquiera se consiga ruborizar a quienes persisten en ignorar a una ciudad que ni se vende sola ni puede renunciar a las inversiones públicas. Marbella ya no se puede permitir semejante política –que a estas alturas podemos decir que no reconoce colores partidarios– aunque siga llamando la atención de las grandes cadenas hoteleras o de los más prestigiosos cocineros del mundo.
En estos días vemos al equipo de gobierno municipal celebrando justificadamente la millonaria inversión que supondrá la llegada de la cadena W con el hotel de lujo más grande de la ciudad, con una poco disimulada intención de asumir como propio ese éxito de la ciudad.
Sería mezquino ignorar que el proyecto ha obligado a un ingente trabajo político-administrativo para conseguir encajarlo sin que los intereses públicos se vieran afectados. Y además en un marco urbanístico asfixiante que está, seguramente, atenazando a la ciudad a la hora de conseguir nuevas inversiones. Aunque resulte difícil imaginar a un político, de cualquier partido, venciendo a la tentación de colgarse esa medalla, vender que la llegada del inversor es consecuencia de la buena gestión municipal suena exagerado
El gobierno municipal anuncia que en poco tiempo se conocerán desembarcos de similar calibre y este periódico informaba ayer mismo de otro proyecto que aspira a reflotar el mítico hotel Incosol. Pero en este paisaje de inversores privados que vuelven a mirar a Marbella, la ciudad no puede regresar al paisaje ya conocido en el que el crecimiento de la riqueza no iba acompañado de los necesarios equipamientos públicos. La ciudad ya ha aprendido que en esa ecuación quienes pierden son los más débiles.
Nunca debe dejar de celebrarse la llegada de turistas y de nuevos hoteles, pero sería mejor que lo hicieran a una ciudad con ejemplar asistencia sanitaria, sin zozobras a la hora de matricular a los hijos en los institutos y donde practicar un deporte no suponga una proeza.
Está muy bien que las administraciones no pongan obstáculos sino facilidades a quienes vienen con ánimo inversor. Pero su papel debería ir más allá que limitarse a no ser un estorbo.

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W
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Héctor Barbotta | 31-03-2017 | 10:21| 0

 

Desde la isla artificial y el tren bala hasta llegar a la ampliación del puerto de La Bajadilla, por no hablar de la ampliación del Hospital Costa del Sol o las estaciones del AVE, la historia reciente de Marbella es una larga sucesión de proyectos anunciados y frustraciones consumadas. Mientras Málaga capital se plantaba en el siglo XXI con el paisaje de un puerto renovado al que llegan cruceristas a los que no les da tiempo a conocer toda la oferta cultural de la ciudad, la Marbella del futuro sólo se vislumbraba a través de presentaciones en ‘power-point’ y realidades virtuales recreadas por ordenador. Pero al despertarse de esos sueños los vecinos se encontraban con una universidad que no es, atascos insufribles, un jeque caradura y una ciudad regida por un plan urbanístico con tres décadas de antigüedad que seguramente desalienta proyectos de futuro.
Los últimos 25 años también han estado marcados por una sistemática destrucción del medio ambiente y la ocupación privada de espacios públicos. Por todo ello no debe llamar la atención que la presentación del proyecto del hotel de cadena W haya despertado tanta incredulidad como esperanza y optimismo.
Sin haber nada que reprochar a quienes han recibido con desconfianza el enésimo gran proyecto que tiene por escenario a la ciudad, seguramente es oportuno llamar la atención sobre algunos aspectos que permiten ver el anuncio de la llegada de W a Marbella como un prometedor revulsivo para su industria hotelera.
En primer lugar, no se trata de un mero anuncio sobre una inversión futura. El grupo Platinum Estates lleva años trabajando con discreción en la ciudad a través de su representante en España, Juan Luis Segalerva, una persona que antes de conocer Marbella como inversor la disfrutó como visitante. Esta sociedad, con sede central en Hong Kong y base europea en Londres, ya invirtió 50 millones de euros en la compra del suelo, una operación cerrada a finales de 2015.
Los terrenos eran prácticamente los últimos de esas dimensiones (151.000 metros) disponibles en primera línea de playa y un verdadero tesoro natural por la dunas que aún se conservan y que recuerdan cómo fue en algún tiempo gran parte de la franja litoral de Marbella. La lógica invita a pensar que no se invierte semejante cantidad de dinero en un proyecto sobre el que no existe una mínima garantía de que va a prosperar.
El segundo elemento que alienta el optimismo es la solvencia de la corporación hotelera que ha realizado el anuncio esta semana en Hong Kong. Cuando en noviembre el CEO de Platinum Estates, Harri Mohihani, se desplazó a Marbella para presentar el proyecto junto a los responsables municipales, adelantó que ya existía un acuerdo con una cadena hotelera líder en el turismo de lujo. Ahora se ha sabido que la cadena es W, perteneciente al grupo Starwood. Al mismo tiempo que Mohihani realizaba ese anuncio en el Ayuntamiento y acompañado por el alcalde, Starwood estaba cerrando su acuerdo de integración en el grupo Marriott, lo que dio lugar al nacimiento del mayor grupo hotelero del mundo, con más de 6.000 hoteles y presencia en 110 países. No se puede aspirar, posiblemente, a un respaldo más solvente en el mundo turístico.
Que ese grupo haya decidido poner pie en Marbella y lo haga con la marca del mayor segmento de precio y calidad demuestra cuál es el lugar en el que las grandes compañías turísticas del planeta sitúan a Marbella. Sólo falta que aquí también nos lo creamos.
Hay dos episodios que señalan la seriedad y la prudencia con la que se actúa en este nivel. En septiembre se adelantó que el anuncio del acuerdo entre la sociedad inversora y la cadena hotelera se haría en la pasada edición de la World Travel Market. Cómo no había certeza de los plazos en los que se obtendría la licencia después de que se incorporara al proyecto un club de playa, el anuncio se aplazó. El segundo es que el proyecto no parece acuciado por las urgencias, pese a que, como en toda inversión, tiempo perdido supone lucro cesante. El objetivo original era que el hotel abriera en 2019, y así se aseguró en la presentación de septiembre. Ahora se ha fijado un plazo seguramente mucho más realista que apunta a una apertura en 2021. Cuando los promotores de un proyecto se alejan de la venta de humo no hacen otra cosa que hacerse merecedores de confianza.
La otra inquietud que generó la presentación de este proyecto estuvo relacionada con las dunas de Real de Zaragoza, situadas junto al terreno donde se levantará el hotel. Primero por su preservación, pero también por que se garantizara el acceso público.
El proyecto que se ha presentado, el que avala el Ayuntamiento y para el que se están tramitando las licencias, supone un aumento de 100 metros de profundidad en el área de protección. Es una franja que no estaba garantizada antes de la llegada de este proyecto y que añadirá 33.000 metros cuadrados más a la reserva ecológica de las dunas, que cuenta actualmente con 15.000 metros cuadrados. Si el anterior propietario del suelo hubiese construido chalés, tal y como permitía la calificación urbanística, el ladrillo hubiese llegado prácticamente a pie de duna. La zona donde se levantará el hotel no estaba protegida, de modo que el proyecto no supone pérdida en ese sentido.
El proyecto prevé que antes de que dé comienzo la construcción del hotel, las villas y los apartamentos, la empresa deberá ejecutar una serie de obras de infraestructura que incluyen la regeneración de las dunas, el enlace con la A-7 y el acceso público a la playa, que discurrirá por una franja al oeste del complejo hotelero e incluirá un aparcamiento público con capacidad para 100 vehículos.
Con la historia de saqueo y frustraciones que arrastra la ciudad, no sorprende en absoluto que todo gran anuncio sea recibido con prevenciones. Pero creer en las posibilidades de Marbella implica entender que además de haber sido un imán para sinvergüenzas y oportunistas, esta ciudad también tiene todos los atributos para atraer inversiones serias, solventes, que apunten a un futuro a largo plazo y generen riqueza para el entorno y empleo estable. La obligación de la ciudad y de sus representantes públicos es poner a esa altura el listón de exigencia.

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Herederos
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Héctor Barbotta | 31-03-2017 | 10:18| 0

La mayor parte de los ayuntamientos españoles han sido testigos de concentraciones convocadas a través de las redes sociales para protestar contra el impuesto de sucesiones. Entre ellos, los de Málaga y Marbella. No se trataba de pedir que se bajen los tipos, que se aumente el mínimo imponible o que se acabe con la asimetría que provoca una feroz competencia fiscal entre comunidades autónomas. Se pedía la eliminación del impuesto.

Desde que el Partido Popular decidiera centrar gran parte de su actividad política en Andalucía en una campaña contra ese gravamen, posiblemente en aplicación de ese principio que dice que la gente no vota por lo que es sino por lo que aspira a ser, gran parte de la opinión pública asumió que sólo en Andalucía el impuesto de sucesiones es un problema, lo que demuestra el gran éxito de la iniciativa. La campaña se refería a la clase media y proponía un ejemplo en el que se heredaban 800.000 euros. En un país donde ganar mil euros al mes se ha convertido en aspiración, quizás debamos revisar el concepto de ‘clase media’.

Las concentraciones frente a todos los ayuntamientos españoles lo que enseñan es que hay quien considera que el problema no es que las herencias se graven supuestamente de manera exagerada en Andalucía, sino que se graven las herencias.

Hay una única manera de plantear un debate sobre un impuesto de manera honesta y sin caer en la demagogia o, como se dice ahora inapropiadamente, el populismo. Consiste en calcular cuánto ingresa la administración por ese impuesto y comenzar explicando qué gasto se propone eliminar. De cualquier otra manera se está haciendo trampa.

El segundo paso es analizar la justicia o injusticia del impuesto. Los detractores del de sucesiones sostienen que no es justo gravar a los herederos. ¿A través de qué razonamiento se llega a la conclusión de que pagar por heredar es más injusto que hacerlo por cobrar un salario, por obtener una ganancia legítima en un negocio, por comprar una vivienda, por venderla o simplemente por tenerla?

Cuanto mayor es la cantidad que se aspira a recibir, mayor debe ser, seguramente el anhelo de que este gravamen desaparezca. Si las herencias perpetúan las diferencias y la educación las atenúa, resulta asombroso que el impuesto de sucesiones haya aparecido en el centro del debate público. Deberíamos preocuparnos más por cómo tener mejores colegios y por cómo pagarles más a los maestros. Lo que sólo se puede hacer, conviene no olvidarlo, con el dinero de los impuestos.

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Espacios públicos
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Héctor Barbotta | 31-03-2017 | 10:16| 0

 

Marbella está en las antípodas de la postura que ha adoptado Barcelona sobre la consideración del turismo como una plaga. En primer lugar, porque el turismo masivo que ha invadido la Ciudad Condal y ha convertido en invivibles algunos de sus espacios públicos está en las antípodas del perfil mayoritario de quienes eligen Marbella para sus vacaciones. Pero también porque Barcelona tiene alternativas que le permiten abordar debates que parecen inviables en zonas donde el turismo adquiere la condición de monocultivo productivo.

Sin embargo, hay debates que posiblemente deban afrontarse con tiempo suficiente para evitar que en algún momento se llegue a la situación en la que está Barcelona, con sus alternativas productivas de gran ciudad europea, pero también algunas zonas de las islas Baleares, con el drama de la falta de opciones y la realidad de haberse convertido en destino invadido.

Por eso resulta interesante y oportuna la discusión que se ha abierto en torno al reparto de espacios en la Plaza de Los Naranjos, y también por eso mismo estaría bien abordar esta discusión sin demagogia, sin oportunismos y sin chantajes. Los vecinos de Marbella con memoria tienen la ventaja de que aún recuerdan que todas las barbaridades urbanísticas que se cometieron durante años en la ciudad se perpetraron bajo el paraguas legitimador de la riqueza que creaban, con los puestos de trabajo como rehenes que servían para abortar cualquier cuestionamiento no ya moral sino meramente práctico.

Es posible que sólo los más antiguos del lugar recuerden una Plaza de Los Naranjos libre de mesas y abiertas al disfrute ciudadano. Todas las imágenes recientes y no tan recientes, salvo las invernales, remiten a un paisaje totalmente privatizado, invadido por mesas y sillas. Una gran terraza sin lugar no ya para pasar, sino siquiera para sentarse, con el mobiliario urbano convertido en mesas auxiliares donde depositar bandejas, cubiertos y mantelería.

Las obras realizadas por el Ayuntamiento para renovar el suelo de la plaza actuaron como revitalizador de la memoria, devolvieron un paisaje que remitía al blanco y negro y abrieron la posibilidad de cuestionarse si era aceptable que el 100 por cien del principal espacio abierto del casco antiguo volviera a convertirse en un espacio privatizado. Y no, no era aceptable.

Ahora, además de haber una plaza que antes estaba tapada, hay un debate abierto que la propuesta municipal de reparto de espacios presentada esta semana, con la que aparentemente están más de acuerdo los propietarios de establecimientos de hostelería que los miembros de la plataforma que han reunido un millar de firmas contra la ocupación, no parece que vaya a zanjar. Supone, eso sí, un punto de partida que se pondrá a prueba durante la Semana Santa que se avecina.

Estamos por eso, ante de un debate que se presenta largo y para el que estaría bien marcar tres límites si es que se pretende llegar a una fórmula sobre la que se pueda construir un consenso: Uno, no hay solución posible que vaya a contentar a todos al 100 por cien; dos, la Plaza de Los Naranjos no es homologable a la plaza de un pueblo por la sencilla razón de que hace décadas que Marbella ha dejado de ser un pueblo, y tres, no es aceptable que los puestos de trabajo que crean las mesas sean utilizadas como elemento de presión, porque por ese camino llegaríamos antes de que pudiésemos impedirlo a la encrucijada en la que hoy día se encuentra Barcelona. El turismo que no es compatible con la vida ciudadana no tiene nada que ver con el turismo de calidad y sustentable por el que debe apostar esta ciudad.

Este debate sobre quiénes somos y quiénes queremos ser ha tenido en esta semana otro punto para la reflexión al otro extremo del término municipal, junto a la basílica paleocristiana de Vega del Mar.

En la Tenencia de Alcaldía de San Pedro se ha decidido que ese emplazamiento, que cuenta con la protección arqueológica de la Junta de Andalucía, es un buen lugar para instalar un merendero y por eso se solicitó en el mes de octubre un permiso para limpiar y adecentar la zona por medios manuales y utilizando vehículos livianos. La Delegación de Cultura concedió el permiso a condición de que los trabajos se realizaran bajo la supervisión de un técnico del área municipal de Cultura y Patrimonio. Ahí nos encontramos ya con el primer problema, porque entre los 3.200 trabajadores del Ayuntamiento de Marbella no hay ni un solo arqueólogo, lo que explica al mismo tiempo cómo se han hecho las cosas en los últimos 25-30 años y cuál es el lugar que el patrimonio histórico ocupa entre las prioridades políticas.

Por eso no fue ninguna sorpresa que para acelerar los trabajos de limpieza en la Tenencia de Alcaldía se decidiera que era buena idea meter una excavadora, con los resultados conocidos.

Después de que primero dos vecinos y luego la asociación Cilniana denunciaran la situación llegaron unas explicaciones de esas que pueden incluirse entre las aclaraciones que oscurecen. Se aseguró que no era la primera vez que entraba una excavadora en el suelo protegido, que hay un problema de drenaje porque el gobierno del PP llevó en su día la tala de eucaliptos más allá de lo razonable, que no hay evidencia científica de que la zona afectada albergue restos arqueológicos de importancia, que los restos aparecidos ya estaban rotos previamente y no tienen valor porque no están contextualizados y que parte de estos restos sin valor y sin contextualizar han sido enviados al Museo de Málaga.

De todas estas explicaciones podrían surgir algunas preguntas, pero en realidad hay una que va mucho más allá de cómo podría haber evidencia científica del valor arqueológico del lugar si nunca han habido ni fondos ni voluntad para una excavación, de si se talaron más o menos eucaliptos, de por qué hay una pequeña nave pintada con los colores de Opción Sampedreña en el interior del espacio vallado, de si ésta era la primera vez que una excavadora entraba en suelo arqueológico protegido o de si los restos que aparecieron destrozados ya estaban rotos antes. La pregunta es si de verdad no había otro sitio donde montar un merendero. Y si realmente queremos ser una ciudad que trata de esa manera a su propia historia.

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El parto de los presupuestos
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Héctor Barbotta | 23-03-2017 | 09:11| 0

 

Los políticos que dicen no ser políticos sólo porque están de paso por la actividad municipal suelen dar definiciones que describen situaciones con mucho más acierto que las frases hechas que emanan de los argumentarios y la encorsetada forma de actuar de los partidos. En esta semana plana en que la actividad municipal, al menos la pública, se limitó a la comparecencia tras la comisión de gobierno del martes y a la presencia en la feria turística de Moscú, la expresión más acertada salió de la boca de Manuel Osorio, el concejal de Opción Sampedreña (OSP) que tiene a su cargo la cartera de Hacienda.
Al presentar los presupuestos municipales que se llevarán a pleno el próximo martes, Osorio no dudó en referirse a la negociación previa como un parto. «Cada vez cuesta más dar a luz a este bebé», reconoció sin complejos. Si se toma en cuenta cuándo comenzaron las conversaciones y en qué momento entrarán en vigor los presupuestos, podemos concluir, efectivamente, que se trató de un embarazo completo. De riesgo.
La negociación de los presupuestos en un Ayuntamiento siempre es un proceso difícil, el más complejo de cada ejercicio político, incluso en las situaciones de mayoría absoluta, porque una vez que se reparten las delegaciones municipales cada uno intenta llevarse la mayor porción de la tarta.
Desde que las políticas de austeridad y el techo de gasto redujeron el tamaño de la tarta, la lucha es más encarnizada. Por eso, a partir del momento en que se alcanzó el acuerdo a cuatro que situó a José Bernal en la Alcaldía de Marbella se supo que la negociación de los presupuestos iba a ser el momento que más iba a poner a prueba la fortaleza del pacto multicolor. Sobre todo, porque en un acuerdo en el que todos los votos son necesarios en principio nadie está dispuesto a renunciar a ocupar el centro del poder de decisión.
Osorio atribuyó gran parte de la responsabilidad en el retraso en la aprobación del documento –que no entrará en vigor hasta mayo– a que tampoco el Gobierno central tiene presupuesto y a que el cálculo del techo de gasto no llegó a tiempo. Eso es parte de la verdad, pero no la verdad completa, porque la frase que comparaba la negociación con un parto no remitía a factores externos, sino sobre todo a las dificultades del tripartito para llegar a un acuerdo con Costa del Sol Sí Puede, formación a la que gran parte del tripartito, pero sobre todo OSP, le sigue reprochando que no se integre en el equipo de gobierno y siga planteando, casi dos años después, exigencias desde fuera.
El edil también mostró su aspiración de que el año próximo no vuelva a producirse un escenario como éste y que la ciudad no tenga que esperar al quinto mes del año para contar con sus presupuestos aprobados. Sin embargo, no hay nada que pueda hacer prever que el paisaje vaya a cambiar. Las dificultades del Gobierno central para sus propios presupuestos seguirán ahí y el partido vinculado a Podemos seguirá sin entrar en el gobierno municipal de Marbella. El año que viene volveremos a tener otra gestación, y hace bien el edil de Hacienda en adelantar que tras el verano comenzará a trabajar en los nuevos presupuestos. Quizás hasta debería ponerse antes.
Pero el símil del parto propuesto por Osorio ha sido especialmente afortunado por lo que viene de ahora en adelante. Así como las biografías no culminan, sino que comienzan en el alumbramiento, el presupuesto tiene por delante una parte no menos compleja que lo que supusieron las negociaciones para elaborarlo: su ejecución. Sólo con repasar las distintas partidas provisto de calculadora y revisando la ejecución de los presupuestos del año pasado, al menos la parte que está disponible, no es difícil llegar a la conclusión de que las cuentas son optimistas en cuanto a los objetivos recaudatorios y que el techo de gasto seguirá pesando como una losa sobre las inversiones previstas. Que una obra aparezca en los presupuestos está bien, pero no constituye, ni de lejos, una garantía.

La vida política de la provincia estuvo esta semana convulsionada por el intento de compra de un concejal de Costa del Sol Sí Puede en el Ayuntamiento de Mijas para que respaldara una moción de censura que repusiera en el sillón de alcalde al presidente del Partido Popular de Mijas, Ángel Nozal.
Las grabaciones, reproducidas por este periódico, remitieron seguramente a la memoria colectiva de Marbella y a episodios que marcaron su historia reciente. Es probable que algunos vecinos hayan experimentado un legítimo sentimiento de frustración al comprobar que lo que pasó durante el gilismo, lejos de crear anticuerpos democráticos contra la plaga de la corrupción política lo que creó fue escuela.
Era de esperar que el episodio diera lugar a una crisis en el PP de la localidad vecina, pero la dimisión del concejal que actuó como intermediario y la necesidad de dar por zanjado el asunto antes del congreso regional de la formación, que se celebra este fin de semana, abortaron cualquier posibilidad de limpieza a fondo ejemplarizante ante un episodio tan grave.
A nadie escapa que la forma en que se ha resuelto un incidente que mancha la reputación del PP alienta episodios similares en el futuro y permite leer cuál es la posición de la dirección provincial del partido frente a sus barones locales en un momento en que en la Diputación no sobra ningún voto y en el que todavía pesa el antecedente de Alhaurín el Grande.
Por ello seguramente deba descartarse, de cara a las elecciones municipales de 2019 cualquier movimiento de renovación en el PP de Marbella impulsado desde el equipo de Elías Bendodo. La debilidad demostrada por el presidente provincial en este episodio permite adelantar que si Ángeles Muñoz quiere, volverá a ser candidata a la Alcaldía.

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Tragaderas
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Héctor Barbotta | 17-03-2017 | 11:33| 0

La imagen de Marbella se propaga habitualmente sobre los municipios vecinos y no es inusual que bajo su sombra se ampare gran parte de la oferta turística de toda la zona. Hay hoteles y clubes de playa situados en el término municipal de Estepona que encuentran cobijo y estrategia comercial en la marca Marbella –y nadie se molesta por ello, ni en Marbella, ni en Estepona–, del mismo modo que urbanizaciones de lujo de Benahavís o promociones inmobiliarias de Ojén utilizan también con éxito el reclamo irreprochable del municipio vecino. Con lo que cuesta posicionar una marca en el mercado turístico e inmobiliario internacional, sobre todo cuando esa marca es ignorada por las instituciones públicas que deberían promoverla, no tendría sentido no valerse de ella sólo por una estrecha cuestión de lindes.
En los últimos años también Mijas se ha valido del paraguas de Marbella, pero en un sentido diferente. No para promover iniciativas económicas de éxito, sino para que sus propias vergüenzas quedaran ocultas bajo escándalos que brillaban con más fuerza. No por una cuestión de gravedad, sino por un mero motivo de penetración de marca.
Pero basta con observar las barbaridades urbanísticas que se asoman a la autopista para concluir que algo viene oliendo mal en Mijas desde hace tiempo. Y como no ha habido escándalos que avergonzaran al personal, tampoco parece que se hayan generado los anticuerpos morales necesarios.
Ahora se ha sabido que el portavoz del Partido Popular de Mijas, Ángel Nozal, acaba de ofrecerle a un concejal de Podemos participar en una moción de censura para recuperar la alcaldía a cambio de un trabajo. Si no se pliega, lo denunciarán por un supuesto cobro irregular de nóminas en el Ayuntamiento. Nada personal, sólo negocios.
Esta oferta, que es en realidad una amenaza, vuelve a demostrar que, en el mejor de los casos y abordando el tema con la mejor buena voluntad, indulgencia e ingenuidad, en el Partido Popular conviven dos almas: la de quienes se avergüenzan de todo lo que ha pasado desde Gürtel hasta aquí y la de quienes consideran que se puede seguir adelante sin cambiar nada, solamente dilatando el tamaño de las tragaderas de los ciudadanos.
Los antecedentes de Ángel Nozal y la propia catadura moral que su oferta revela no permiten albergar dudas de qué alma lo anima, del mismo modo que tampoco da lugar a expectativa alguna de que vaya a retirarse por propia voluntad. Pero quienes debían señalarle la puerta no lo han hecho. Quizás su proyecto político también consista, simplemente, en agrandar las tragaderas.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella