Diario Sur

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Mociones de censura
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Héctor Barbotta | 15-02-2017 | 21:11| 0

Lo que va a vivirse durante este año en que los gobiernos municipales atravesarán el ecuador de sus mandatos era predecible desde que en las elecciones de 2015 cambió el paisaje en los ayuntamientos. En Nerja se fragua una moción de censura, al igual que en Frigiliana. En Alhaurín el Grande, la disputa política se ha trasladado a los tribunales después de una sesión esperpéntica en la que no prosperó la moción para desbancar a los herederos de Martín Serón. En Marbella, uno de los socios de gobierno recuerda que su compromiso era por dos años, no por cuatro. Aunque nadie espera que vaya a haber cambios, el mero anuncio genera cualquier cosa menos estabilidad y certidumbre. Torremolinos tampoco escapa a ese runrún permanente. Estas situaciones se suman a las de Pizarra, donde Izquierda Unida apoyó primero a un alcalde del PSOE para después desbancarlo y aliarse con el PP, o la de Mijas, donde un candidato que perdió las primarias en el PSOE se presentó por Ciudadanos, quedó tercero, consiguió la alcaldía en alianza con el PP y después cerró el círculo al acabar gobernando coaligado con los socialistas.
Ninguna de estas maniobras es ilegítima y es consecuencia de lo que eligieron los ciudadanos, pero habría que preguntarse si es esto lo que realmente eligieron los ciudadanos. No se trata de dar por buena aquella maniobra absurda y felizmente fallida que intentó impulsar el Gobierno para cambiar las reglas del juego en mitad del partido, cuando las encuestas avisaban de que la época de las mayorías absolutas tocaba a su fin , y que Rajoy inmortalizó con esa frase tan autodefinitoria de los alcaldes y los vecinos. Tampoco de deslegitimar los acuerdos políticos que son la esencia de un sistema parlamentario y no presidencialista. Todo lo contrario.
Si la composición política de los ayuntamientos ha cambiado es porque la voluntad de los vecinos ha sido la de dejar atrás unas mayorías absolutas que posiblemente tarden en volver, si es que vuelven. Los paisajes multicolores que hoy hacen necesarios los acuerdos para gobernar y abren la puerta a posibles cambios en mitad de los mandatos son la traducción de esa demanda de cambio. Pero no es muy aventurado suponer que aquellas urnas multicromáticas estaban demandando algo más. No se trataba de sustituir la arrogancia de las mayorías absolutas por mercadeos, pactos con cláusulas opacas y giros inexplicados.
Es posible que los electores estuvieran pidiendo un cambio de cultura política. Un cambio que los partidos, que parecen obligados a elegir entre la obediencia incondicional, los golpes palaciegos o las guerras civiles internas sin ser capaces de afrontar debates maduros, parecen no estar en condiciones de asumir.

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La pinacoteca invisible
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Héctor Barbotta | 06-02-2017 | 09:15| 0

 

No ha pasado mucho tiempo, hablando en términos históricos, desde que en la ciudad de Málaga se decidió que había que hacer algo para entrar en los circuitos turísticos. La capital no era más que una ciudad retaguardia de la Costa del Sol que albergaba al aeropuerto al que llegaban los millones de turistas que mayoritariamente ponían rumbo al litoral occidental apenas posaban un pie en tierra. Los cruceristas que llegaban al puerto pasaban directamente del barco a los autobuses que los llevaban a Granada o a Gibraltar, de donde regresaban con el tiempo justo para volver a embarcar y poner proa a un nuevo puerto.
En Málaga entendieron con buen criterio que el primer paso no debía ser ir a buscar a los turistas a Londres o a Madrid, sino a donde ya estaban, a la Costa del Sol, con una oferta que fuera complementaria del litoral con su sol y playa y su erial cultural.
Cuando Málaga inició aquella apuesta estratégica, que tuvo miras más altas de las habituales que sólo toman en cuenta qué cintas pueden cortarse antes de la próxima cita electoral, Marbella no sólo ya contaba entre sus activos a los miles de turistas habituales y repetidores, sino también con un museo del grabado cuya oferta cultural es única en el país. La capital de la provincia, con una persistencia y una claridad de objetivos digna de admiración, ha conseguido en un tiempo corto si se habla en términos históricos pero larguísimo si se toman en cuenta los plazos que suelen imperar en la política, entrar en el circuito del turismo cultural y competir durante todo el año, gracias a su apuesta museística, con ciudades que la superan largamente en patrimonio monumental e histórico. La capital ya no apunta solamente a los turistas que están en la Costa del Sol, aspira a un mercado propio y lo consigue.
En ese tiempo en el que Málaga consiguió un lugar de relevancia en el turismo cultural, el logro de Marbella fue llevar al Museo del Grabado Español Contemporáneo a la más absoluta irrelevancia. Aquí ya estaban los turistas y ya estaba el museo, pero la ciudad fue incapaz de conectarlos.
Existe un episodio que habla a las claras de la falta de visión estratégica de una ciudad que parece estar conforme con lo que tiene sin aspirar a más y que no se ve impulsada a hacer nada salvo sentarse a esperar que la fortuna le siga sonriendo. Cuando el alcalde de Málaga llevó a Rusia la propuesta para montar un museo de pintura de ese país lo hizo valiéndose de los servicios del abogado marbellí Ricardo Sánchez Bocanegra. Aquí estaban los residentes rusos, que desembarcaron en masa en los primeros años de esta década, y estaba la persona capaz de tender los puentes para contar con semejante equipamiento cultural, pero el museo se lo acabó llevando Málaga.
Es posible que los promotores de esa iniciativa cultural que Marbella no llegó ni a oler pese a que reunía condiciones para al menos intentarlo, ni siquiera tuvieran noticia de que en esta ciudad ya había un museo con fondos únicos en España. De hecho, es algo que ignoran la gran mayoría de los turistas que visitan la ciudad y, no nos engañemos, una buena parte de sus vecinos y residentes permanentes.
Los últimos episodios, algunos chuscos, que han rodeado al Museo del Grabado demuestran cuál es el estado de una institución que debería constituir la vanguardia cultural de Marbella, no sólo como complementariedad de su oferta turística sino, sobre todo, como foco de actividades para los ciudadanos que viven aquí todo el año.
Uno de los más significativos fue el del cierre de la pinacoteca en julio de 2015 con el argumento de que debía comenzar los preparativos para su ampliación, unas obras que iban a ser financiadas por el Gobierno central y para las que por entonces ni se había fijado fecha de inicio. Después de aquello, y sin que las obras hubiesen comenzado, se produjo el desplome de parte del inmueble contiguo que había sido cedido para esa actuación.
Antes del inicio del pasado verano, y con la excusa de que había que tenerlo abierto ante la llegada de turistas, la pinacoteca volvió a abrir sin que hubiese noticia de las obras de ampliación. Nadie supo explicar por qué había estado un año cerrado.
La semana pasada se supo que el museo lleva descabezado desde octubre tras prescindir de la persona que estaba al frente. Esa decisión no sólo no se comunicó ni se explicó, sino que se intentó ocultar –y de hecho se logró– durante tres meses. Sólo una entidad que pese al extraordinario valor de sus fondos ha caído en la más absoluta irrelevancia puede permanecer sin dirección todo ese tiempo sin que nadie lo note, del mismo modo que había estado un año cerrada sin justificación y aparentemente sin que a nadie le preocupase.
El último episodio es aún más chusco y habla del descontrol de una entidad que debería ser modelo de gestión: el embargo de las cuentas del museo después de que no se pagaran unas obras ejecutadas por el Ayuntamiento precisamente para apuntalar el inmueble contiguo, cedido para la ampliación y cuya estructura cedió finalmente al abandono.
El caso es que las cuentas del museo fueron embargadas por el Patronato de Recaudación, un mero intermediario en esta historia, después de que desde el Ayuntamiento se dictara la providencia de apremio sobre la deuda. El museo es de titularidad municipal, con lo que se produjo la absurda situación de que el Ayuntamiento se ha embargado a sí mismo.
El Museo del Grabado funciona jurídicamente como una entidad sin ánimo de lucro y se financia tanto mediante aportaciones municipales como de otras instituciones públicas y privadas. Por ello, aunque no todos los recursos tienen que salir de las arcas municipales, sí debe ser el Ayuntamiento el que tome la iniciativa y decida qué va a hacer, a quién va a nombrar director y cuáles son los planes para la ampliación. Todo ello debería tener un reflejo en los próximos presupuestos. Y si no hay dinero, se debería reconocer con pelos y señales, explicar cuáles son los planes de futuro y trazar un plan para financiarlos. Porque vista toda la trayectoria reciente y asistiendo a esta agonía interminable bañada de silencio lo que parece es que no se trata de una cuestión presupuestaria, sino de liso y llano desinterés. O de no tener ni la más pajolera idea de qué hacer, lo que sería aún peor.

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Sigue el cachondeo
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Héctor Barbotta | 06-02-2017 | 09:11| 0

Isabel Pantoja ha regresado a la televisión convertida en trending topic y la primera conclusión que se puede sacar es que las cadenas de televisión siguen encontrando en Marbella un motivo para el cachondeo mientras hacen caja. No se trata de divertirse con Marbella, sino a costa de Marbella y de sus vecinos. De faltarles el respeto sin pudor, de atacar su dignidad con la misma indigencia moral con que en su día se emitía aquella infamia del alcalde ladrón tumbado en un jacuzzi y rodeado de mujeres voluptuosas a medio vestir. La sociedad ha cambiado desde entonces, a mejor, pero las televisiones siguen revolcándose en la misma basura.
Posiblemente la escena de Gil en la bañera, con cadenas de oro sobre su oronda figura y flanqueado por señoritas en biquini ya no podría ser posible. La sociedad no admite sin protestar que se cosifique a las mujeres sin disimulo y además los políticos millonarios se ven de momento obligados a esconder su prosperidad. Pero eso no quiere decir que moralmente las televisiones hayan avanzado gran cosa.
Este lunes Isabel Pantoja reapareció en un programa de televisión tras haber pasado por la cárcel, condenada por haber blanqueado parte de la fortuna que su entonces compañero sentimental robaba a los vecinos de Marbella. Pero no hubo ni una mención a ese episodio, ni una muestra de respeto a la ciudad. Las víctimas de ciertos delitos están siempre en la primera página de algunas agendas, y está muy bien que así sea, pero otras parecen condenadas al ostracismo.
Antena 3 y el programa de Pablo Motos pactaron con una delincuente preguntas, tratamiento y hasta qué público asistiría al plató a cambio de unos puntos de audiencia. La delincuente impuso y la televisión aceptó. Ganaron los dos y perdió Marbella.
Cada comunicador tiene el derecho de construir su carrera como mejor le parezca, pero va a resultar muy difícil volver a tomarse en serio a Motos . El programa consiguió récord histórico, lo que demuestra que o hay mucha gente que no le gusta criticar lo que no ha visto o que a la teleaudiencia le da igual que la consideren descerebrada.
Algunos vecinos de Marbella podían pensar que la ciudad había ganado enteros durante los últimos años en la consideración de los programadores de televisión, sobre todo después de que se agotara el filón que explotaron durante los años en que los personajes que ellos mismos se habían encargado de encumbrar en horario de máxima audiencia desfilaban por juzgados y comisarías. Nada de eso. Nos siguen tomando para el cachondeo.

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Placaje fiscal al deporte
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Héctor Barbotta | 06-02-2017 | 09:09| 0

La calidad de vida suele aparecer en cualquier encuesta que se hace sobre Marbella, tanto a vecinos como a visitantes, a la hora de valorar cuáles son las principales virtudes de la ciudad. No pueden caber dudas de que algo tiene que haber para que exista tal conciencia, pese a que Marbella no suele aparecer en los rankings que periódicamente se publican siguiendo los parámetros de la OCDE, invariablemente encabezados por Vitoria, Girona y Palma de Mallorca.

El problema es que el de la calidad de vida es un concepto tan amplio que resulta difícil encontrar parámetros más o menos objetivos que permitan comparar unos lugares con otros. No basta con el de la renta, porque las ciudades con mayores rentas presentan también mayor carestía a la hora de acceder a la vivienda o a los productos básicos, ni el del nivel de paro, los equipamientos públicos, el acceso a la cultura, la red de transportes o incluso el clima. Se trata, seguramente, de una combinación de todos ellos y también de la percepción de los propios vecinos, que muchas veces no guarda relación alguna con los datos mensurables.

Y está también el problema de cuando se calcula una media. En Marbella, como en toda ciudad con una importante cantidad de vecinos con ingresos muy altos, el promedio para algunas medidas no ofrece más información que la de confirmar grandes brechas de desigualdad. Si en Marbella, por ejemplo, se sacara una media de la cantidad de suelo destinado a la práctica deportiva por número de habitantes, obtendríamos seguramente una cifra altísima. Pero si quitáramos de la ecuación a los campos de golf nos acercaríamos a la realidad de una ciudad en la que el deporte no es una práctica que resulte accesible a todos.

Muchas de las personas que se trasladan a vivir a Marbella desde otros puntos de Andalucía suelen tener un impacto a veces inesperado en sus bolsillos. Aquí casi todo es más caro, aunque los sueldos muchas veces son iguales. Eso también afecta a la vivienda y por supuesto al suelo y es posible que ello explique en parte, sólo en parte, por qué parece más difícil contar en Marbella con grandes instalaciones deportivas accesibles a todo el mundo como sí cuentan otros municipios vecinos. La otra parte de la explicación hay que encontrarla, cómo no, en los 15 años oscuros en los que ningún equipamiento público constituyó prioridad, y en los 11 que le han seguido, en los que prácticamente ningún problema urbanístico heredado encontró solución. Seguramente no hay metáfora más oportuna y explicativa que recordar que al día de hoy seguimos regidos por un Plan General con 30 años de antigüedad.

Por todo ello no debe llamar la atención que el equipo de waterpolo juegue en Torremolinos, que la práctica del atletismo esté subordinada a la agenda del equipo de fútbol o que los clubes de natación vivan en un conflicto permanente con la empresa privada que gestiona las piscinas construidas con dinero público en suelo público.

El rugby es un deporte minoritario en España, pero el esfuerzo sostenido del grupo que lo viene fomentando en Marbella desde hace casi 30 lo ha convertido en una práctica de gran implantación en la ciudad. El Marbella Rugby Club era hasta ahora una excepción en el panorama de magras instalaciones deportivas, pero hace unas semanas sus responsables se han dado de bruces con la triste realidad. El suelo que ocupan desde 1992 por una concesión administrativa del Ayuntamiento fue recalificado con el Plan General de 2010 -el que ya no existe- y cuando ese documento entró en vigor, al año siguiente, el Ayuntamiento (todavía bajo el gobierno del PP) se lo comunicó a la oficina del Catastro (Ministerio de Hacienda), que a su vez entendió que tenía que dejar de valer 90.000 euros para ser valorizado en 4,6 millones. Pretender que una entidad sin ánimo de lucro que apenas tiene para las tareas de mantenimiento pueda afrontar las cargas devengadas de ese valor es un acto de ceguera administrativa, de cinismo político o de ambos. El terreno comenzó a devengar el IBI correspondiente y en el club nadie fue informado de nada hasta que el pasado 22 de diciembre se encontraron con las cuentas bloqueadas y una deuda de 140.000 euros.

Cabe preguntarse por qué el Ayuntamiento no tomó en cuenta en su día que en el lugar se desarrollaba una práctica amateur y de gran contenido social (con más de 350 fichas, la mayor parte de niños y jóvenes menores de edad); por qué cuando se renovó la concesión del suelo se estableció que el club debía cargar con las obligaciones tributarias (según aseguró el viernes en el pleno la concejala de Deportes) pese a que se trata de una asociación sin ánimo de lucro; por qué el Patronato de Recaudación siguió adelante con el procedimiento de embargo pese a que no había constancia de que los responsables del club hubieran sido debidamente notificados, o por qué esas notificaciones se enviaron a direcciones erróneas pese a que otras comunicaciones, como una multa por una tala de árboles, sí se remitió al club. Y cabe preguntarse también, con toda esta sucesión de despropósitos, y porque la historia de esta ciudad es la que es, si alguien no habrá pensado que ese suelo, frente al Hospital Costa del Sol y al sur de la autovía, no debería tener un uso menos interesante desde el punto de vista social pero más lucrativo desde el punto de vista económico.

El club se encuentra ahora en un momento crítico, con su futuro amenazado y en medio de una situación compleja que seguramente no tendrá una solución fácil. Hay una deuda contraída por una entidad incapaz de asumirla, hay tres instituciones implicadas -el Ayuntamiento, el Patronato de Recaudación (dependiente de la Diputación Provincial) y la oficina del Catastro (dependiente del Ministerio de Hacienda)- y está el impiadoso mecanismo de la administración puesto en marcha. Hay que solucionar la situación desde este punto hacia adelante pero también quitar al club la losa de la retroactividad que aplasta su viabilidad futura.

Todo eso requiere de imaginación y asesoramiento solvente, pero sobre todo de una altura de miras que sólo un optimista impenitente podría pretender en la situación política actual. Donde hay confrontación hay que encontrar colaboración, y donde existe la tentación de quedarse sólo en cobrarle la factura política a quienes estaban cuando este problema se originó hay que encontrar a quien establezca como prioridad absoluta hallar la solución.

Quien sepa hacerlo seguramente no sólo se ganará el reconocimiento de las 350 familias que han encontrado en el club de rugby un lugar donde sus hijos puedan practicar un deporte que tiene en el respeto a los compañeros, a los adversarios y al árbitro su principal seña de identidad. También habrá cumplido con su obligación.

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Un espejo
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Héctor Barbotta | 28-01-2017 | 16:15| 0

De todas las catástrofes políticas que se han abatido en los últimos meses sobre el planeta es posible que la que tendrá más repercusión en la Costa del Sol es el Brexit. No posiblemente sobre la industria turística, pero sí sobre los miles de conciudadanos y vecinos de origen británico con quienes convivimos a diario.
Si se mira desde la perspectiva global, el Brexit será una gota comparado con el río de consecuencias que podrá tener sobre el mundo la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, aunque quizás no haya que hacer análisis separados. Ambos fenómenos comparten orígenes comunes: el fracaso de la política tradicional que abre paso a la penetración del discurso demagógico, la criminalización de inmigrantes y minorías, la nostalgia por una prosperidad sustentada en condiciones irrepetibles. Asusta mirar el mapa de Europa y ver cuántos países recrean el mismo escenario.
Además del temido efecto contagio, también son previsibles consecuencias comunes, por lo que es posible que en el futuro haya dificultades a la hora de identificar qué repercusiones sufriremos como resultado del Brexit y cuáles, derivadas del mandato de Trump.
La situación se está afrontando de manera dispar: mientras Alemania advierte de que la ruptura de los acuerdos comerciales decidida por Trump le abre oportunidades en el Pacífico y en América Latina, España ha reaccionado con los complejos acostumbrados en lugar de tomar el liderazgo que cabría esperar a la hora de ponerse en la primera línea de defensa del español. Una actitud más audaz podría reportar grandes réditos en el futuro, y no sólo culturales, pero la asunción de riesgos no está ni remotamente en el adn de este gobierno.
La llegada de un presidente misógino, supremacista y xenófobo es un terrible golpe moral, pero deberíamos aprovechar esta situación para ponernos frente al espejo y no para situarnos en el pedestal de superioridad moral que adoptamos cuando miramos a Estados Unidos. Porque en estos días, mientras denostamos el muro en la frontera mexicana seguimos ignorando la valla con concertinas de Ceuta; mientras criticamos el conflicto de intereses que supone la entrada de magnates en el gobierno americano nos abstenemos de poner coto a que los magnates vernáculos incorporen a exministros y expresidentes a sus consejos de administración; mientras censuramos la ausencia de negros e hispanos en el gobierno de Trump ni siquiera somos capaces de imaginar a un gitano o a un musulmán en el consejo de ministros de España. No hay como mirar hacia afuera para evitar mirarnos hacia dentro.

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Formas y fondos
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Héctor Barbotta | 28-01-2017 | 16:13| 0

Hace ya algunos años un importante empresario hotelero andaluz confesaba en privado en pleno desarrollo de Fitur el verdadero motivo por el que no se perdía una sola edición de la feria. Consideraba que a efectos de promoción no conseguía gran cosa, pero era una oportunidad inmejorable para solucionar problemas en los distintos pueblos de Málaga y de otras provincias donde tenía intereses. Había tantos alcaldes desplazados a Madrid que conseguía resolver en una sola mañana y en un mismo lugar la misma cantidad de asuntos que en otras circunstancias le requerirían varias semanas de citas y decenas de desplazamientos.
El Ayuntamiento de Marbella recuperó el año pasado su expositor propio en Fitur como una seña de identidad de la política de promoción que quiere impulsar el actual equipo de gobierno y en contraste con la ausencia de los ocho años anteriores, en los que la política turística del equipo de gobierno del PP discurrió por otros derroteros. Este año, el stand ocupó el doble de espacio que el año anterior, con un área destinada exclusivamente a mesas de trabajo en las que las ocho empresas patrocinadoras han podido realizar su actividad.
Una de las frases que más se escuchan acerca de la feria turística de Madrid, la segunda del mundo por tamaño -sólo por detrás de la de Berlín aunque la WTM de Londres tenga mayor relevancia para la Costa del Sol por el peso del mercado británico en nuestro turismo- es aquella de ‘En Fitur hay que estar’. Sin embargo algunas veces parece que no se sabe bien para qué.
En Fitur confluyen el negocio y la política. Aunque en algunos pabellones -especialmente en aquellos donde presentan su oferta los destinos internacionales para los que el mercado español es decisivo- se respira y se palpa una intensa actividad de negocio, en el pabellón andaluz parece primar la política. Y no hay ninguna voluntad de disimularlo. Basta con recordar cómo fue la jornada inaugural, el pasado miércoles.
El pabellón fue inaugurado por la mañana por la presidenta de la Junta, Susana Díaz, que se tomó su tiempo para recorrer los ocho expositores andaluces. El interés que los alcaldes y dirigentes socialistas de cada una de las ocho provincias tomaron en fotografiarse con la líder de su partido fue tal que cuando habían pasado dos horas desde la inauguración del pabellón a la presidenta le faltaba todavía pasar por los dos últimos expositores, Málaga y Almería, y unos cuantos cientos de besos y sonrisas por repartir.
En un evento donde la prioridad fuese lo turístico, la agenda se hubiese desarrollado según lo previsto. Pero como en este caso la política estaba por encima, la delegación marbellí decidió postergar la inauguración de su stand hasta el saludo, los besos y la foto. Cuando ello finalmente se produjo, en medio de las aglomeraciones y los empujones de rigor, sólo entonces los representantes políticos de Marbella volvieron al stand municipal y se continuó con el programa. La inauguración del expositor estaba prevista a la una; se celebró a las tres y media.
Posiblemente haya quien interprete que este episodio no supera la categoría de anécdota. Es posible. Pero supone también toda una metáfora acerca de cuál es la prioridad de las delegaciones políticas en Fitur. No sólo la de Marbella, obviamente.
La presencia de la ciudad en la feria turística de Madrid ha sido de largo muy superior a la del año pasado. Tanto en el evento organizado en la noche previa a la inauguración, celebrado este año en un escenario de primera categoría como es el Teatro Real, como en el expositor de la feria, en el área municipal de Turismo han demostrado capacidad para sacar enseñanzas de la experiencia y traducirlas en un trabajo sensiblemente mejor.
Un evento previo claramente mejor que el del año anterior y un expositor en la feria más grande y vistoso que el de 2016 constituyeron un continente superior. Sin embargo, Fitur también ha demostrado que la estrategia turística de Marbella sigue quedándose corta en el contenido. Un discurso que insiste que Marbella no debe competir con los municipios vecinos –como si hiciera falta repetirlo muchas veces en respuesta a un planteamiento que nunca se ha escuchado de boca de nadie– y una serie de presentaciones que daban cuenta de una carrera solidaria para fomentar la adopción de mascotas, de una competición de gimnasia artística, de un folleto editado en colaboración con Ojén y de una nueva edición de Expobodas, suponen un bagaje ciertamente corto y mejorable. La animación que se vivió durante gran parte de las jornadas y las colas que se formaron en los momentos en el que el stand de Marbella repartía platos de jamón y raciones de lubina y servía mojitos podrían invitar a la lectura de que todo ha sido un gran éxito. Pero sería mejor preguntarse cuál es el contenido concreto de una estrategia que se presenta acertadamente sobre los pilares de la naturaleza, la gastronomía, el turismo deportivo, el ocio y la cultura y sin embargo no termina de desarrollarse. Posiblemente el balance pueda sintetizarse en que se ha cumplido con las formas, pero los contenidos se han revelado escasos.
No se trata de una responsabilidad que debe caer sólo sobre el Ayuntamiento. Aunque la mayor parte del peso corresponde a la institución, existe una responsabilidad compartida y el hecho de que solamente ocho empresas hayan respondido a la llamada de tomar parte activa en el stand expone por sí mismo cuánto camino queda todavía por recorrer.
La desestacionalización sigue siendo el gran desafío que Marbella tiene por delante. Es un empeño que no se puede afrontar con pequeños parches ni dándose por satisfecho con la animación del stand, el éxito de la gala en el Teatro Real o la puesta en marcha del foro de expertos.
Si en el terreno exclusivamente turístico el balance de la feria arroja un diagnóstico de cómo marcha la estrategia de la ciudad, en el político ha supuesto un paradigma de la buena salud y la fortaleza del sectarismo de los partidos. Independientemente de cuál sea la consideración que los grupos de la oposición tengan sobre la política turística del gobierno municipal, su ausencia de la gala con la que Marbella se presentó en Madrid es algo que va más allá del derecho a la discrepancia para entrar en la de una ausencia total de cortesía y de cualquier mínimo sentido del saber estar institucional.
Se trata de una ausencia que se puede entender en los ediles que no viajaron a Fitur, pero que constituye un desaire inaceptable por parte de quienes sí estaban en Madrid y optaron por boicotear el acto que convocaba su ciudad. En el PP había diferentes opiniones sobre si se debía asistir a la gala -y de hecho, la presidenta de la Mancomunidad, Margarita del Cid, hizo acto de presencia-, pero finalmente en el grupo municipal se impuso el criterio de Ángeles Muñoz: ni agua al enemigo.

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Bernal y su inteligente jugada en Acosol
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Héctor Barbotta | 20-01-2017 | 09:07| 0

Se ha despejado una de las incógnitas con las que había acabado el año anterior: el nombre de la persona que sustituirá a Juan Carlos Fernández Rañada al frente de Acosol, la empresa pública dependiente de la Mancomunidad de la Costa del Sol Occidental. Esta sociedad, que maneja ingentes cantidades de recursos, ha tenido a lo largo de la historia unos consejeros delegados con perfil técnico y también otros con marcado perfil político. Entre estos últimos figuró no hace mucho el actual alcalde de Marbella, José Bernal, para quien su partido vio en Acosol una plataforma que el entonces flamante secretario general del PSOE de Marbella supo aprovechar. En aquella ocasión, el nombramiento de Bernal levantó ampollas en el PP, que cuestionó prácticamente todo: la idoneidad del elegido para el cargo, el sueldo, la supuesta utilización de los recursos de Acosol para fines políticos…
El futuro consejero delegado, el secretario general del PP de Marbella, Manuel Cardeña, tiene ese mismo perfil político aunque llega de una manera diferente. El PP ha optado por no imponer su candidatura, sino conseguir un mínimo consenso entre todas las fuerzas representadas en la Mancomunidad para que Cardeña llegue investido de un halo de consenso. De hecho, su confirmación como el candidato que el PP propondrá a la junta de Acosol antes de que concluya enero sólo se produjo después de que, tras una reunión mantenida con el alcalde, José Bernal, el propio Cardeña obtuviera la confirmación de que los socialistas no votarán en contra del nombramiento.
Mientras Ángeles Muñoz protagonizaba otra más de sus dilatadas ausencias –del 23 de diciembre al 18 de enero, cuando reapareció en Fitur–, toda la operación para designar a Cardeña se pilotó desde la dirección provincial del Partido Popular.
El próximo consejero delegado ya ha conseguido el beneplácito del resto de los partidos, tal y como le había encargado la presidenta de la Mancomunidad de la Costa del Sol, Margarita del Cid. Pero es posible que todavía tenga que trabajarse el respaldo de algunos compañeros de su propio partido. Hay quienes ven con ciertas reservas la acumulación de cargos de los tres ediles que acompañaron a Ángeles Muñoz en la travesía del desierto del PP durante la última etapa del gilismo –Kika Caracuel (diputada provincial), Félix Romero (diputado autonómico) y el propio Cardeña (secretario general del PP y ahora también consejero delegado de Acosol)– mientras que la mayoría de los que llegaron más tarde y formaron parte del aluvión que llevó al PP en 2007 por primera vez al poder municipal en Marbella han tenido que reintegrarse a sus antiguas ocupaciones cuando la formación pasó a la oposición. Construir el consenso interior para su nueva tarea posiblemente le requiera a Cardeña al menos tanta dedicación como la que le llevó a asegurarse que no tendría votos en contra de los otros partidos. No lo tendrá fácil. El PSOE ha visto la posibilidad de abrir la brecha que separa a los populares y ha justificado su respaldo a Cardeña atribuyéndole a éste la representación del “sector dialogante” del PP en contraposición a la actitud de confrontación en la que sitúa a Ángeles Muñoz. En lugar de utilizar un nombramiento que no puede evitar para lanzar un ataque contra sus adversarios que no tendría más efecto que cohesionarlos, lo ha instrumentado para intentar dividirlos. No parece una jugada torpe. Falta saber si en el PP caerán en la trampa.

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Sin trampas
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Héctor Barbotta | 09-01-2017 | 09:28| 0

La provincia de Málaga terminó 2016 con 168.148 parados, 13.553 menos que los que tenía al iniciarlo. La estadística, como se sabe, tiene trampa, porque el número de parados baja no sólo cuando un desempleado consigue un trabajo que puede ser considerado tal, sino también cuando se lo contrata por un par de horas a la semana, cuando se da de alta como autónomo para que su empleador se ahorre cotizaciones y responsabilidades e incluso cuando deja de buscar trabajo en España, bien porque se marcha a probar suerte a otro país, bien porque el desánimo se impone.
Aún en el caso de que nos decidiéramos a ignorar estas premisas y admitiéramos la tesis oficial de que los 13.553 parados menos son 13.553 personas que han encontrado un trabajo digno de ese nombre –en el anuncio se admitía pulpo como animal de compañía y todos nos reímos con aquello– la cifra seguiría siendo insoportable y la bajada inferior al 7,5 por ciento en el número de desempleados en un año en el que el Gobierno celebró la recuperación económica y la dramática situación en muchos de los destinos competidores pusieron el viento de cola en el sector turístico de la Costa del Sol, descorazonadoramente insuficiente.
Asusta sólo imaginar cuáles pueden ser las cifras que nos esperan en el futuro si la ejecución del Brexit se traduce en dificultades administrativas para los jóvenes que cruzaron el Canal de la Mancha para buscarse la vida o que están pensando en hacerlo, del mismo modo que inquieta pensar cuáles hubieran sido los números del paro en la provincia si el polvorín en el que se ha convertido el Mediterráneo y el lógico miedo a la locura terrorista no hubiese hundido las expectativas turísticas de Túnez, de Turquía y de buena parte de los destinos balcánicos; si la Costa Azul no hubiese sufrido la barbarie aquel terrible 14 de julio; si la crisis y la inestabilidad no se hubiesen instalado en el Egeo.
El viento ha soplado de cola con todo esos tristes factores jugando a favor, Málaga ha irrumpido con contundencia en el sector del turismo cultural, Marbella se ha consolidado en el sector de alta gama, con precios anteriores a la crisis, y sin embargo el empleo en los hoteles ofrece cada año un panorama más desolador de inestabilidad, precariedad y servicios subcontratados.
Es posible que las cifras del turismo, los precios que los hoteles consiguen cobrar por dormir en verano o por cenar en Nochevieja o el número de entradas que se venden en los museos nos inviten a deslizarnos por la pendiente de la autocomplacencia. Pero la situación de paro estructural no va camino de resolverse. Estaría bien que no sucumbiéramos a la tentación de hacernos trampas en el solitario.

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Provincianos
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Héctor Barbotta | 04-01-2017 | 13:01| 0

Vivir en la periferia tiene algunas ventajas. Y si es en la periferia de la periferia, según el caso, algunas más. Las estadísticas de la Consejería de Medio Ambiente revelan que la Costa del Sol es una de las aglomeraciones urbanas –porque eso es lo que constituyen los municipios crecidos al amparo económico del turismo y en torno a la antigua carretera nacional 340 con Málaga y Marbella como referencias a Este y Oeste– con menos contaminación ambiental.
Es verdad que a la Costa del Sol le faltan algunos equipamientos que la puedan igualar a otras grandes concentraciones –la ausencia de una línea férrea que permitiría cohesionar a sus poblaciones y multiplicar sus posibilidades de desarrollo no es el menor– pero la necesidad de aunar esfuerzos y eso a lo que los profesionales del ‘coaching’ y los cursis llaman sinergias permiten vaticinar que habrá un futuro de una gran concentración urbana, unida en torno a la antigua carretera y, esperemos, que al tren, de cara al mar, con servicios compartidos y complementariedad económica.
De momento, la Costa del Sol, a pesar de que la falta de una red decente de transporte público urbano e interurbano no deja otro remedio que usar y abusar del vehículo individual, presenta uno de los más bajos niveles de polución, lo que invita a pensar qué tan mejor sería la situación si los repetidos compromisos de impulsar el tren litoral se hubiesen llevado a la práctica.
En estos días parecemos impelidos a hablar de la contaminación urbana y a preguntarnos con la debida antelación qué debemos hacer para no seguir el camino de Nueva Delhi, Peshwar o Lima después de que el Ayuntamiento de Madrid se viera obligado a limitar la circulación de vehículos ante los niveles de polución que había alcanzado la ciudad.
Parece inevitable que lo que pasa en la capital acabe abriendo telediarios e informativos y marcando la agenda de todos los demás –incluso de los que no sufrimos sus problemas, sino otros– pero al menos es de agradecer que en esta ocasión nos haya llegado un debate interesante y fundamental para nuestro futuro.
Ya iba siendo hora de que en la capital subieran el nivel de las cosas que les preocupan, porque después de que comenzaran el año discutiendo sobre el diseño de los trajes de la cabalgata de reyes y lo acabaran haciendo partícipe a toda España de sus diferencias en torno a la peatonalización de las calles del centro durante los días de mayor afluencia de público, empezábamos a preocuparnos por tener una capital con debates tan provincianos.

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Liberales, según
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Héctor Barbotta | 19-12-2016 | 16:22| 0

Si se pasa por alto el detalle no menor de que Marbella es la única ciudad española con más de 100.000 habitantes a la que no llega la línea ferroviaria se puede decir que la ciudad está bien comunicada. En condiciones normales se llega en poco más de media hora al aeropuerto de Málaga, que es a su vez uno de los mejores comunicados de España, y en la dirección opuesta hay autopista y autovía hasta Gibraltar, el puerto de Algeciras y el Algarve portugués.
El problema es que para estar comunicado a velocidad siglo XXI hay que rascarse el bolsillo. Hace ya años que Fomento impuso una restricción en la autovía de 80 kilómetros por hora y los propios carteles electrónicos de la DGT recomiendan a los conductores pasar por el peaje, sin que se sepa cuánto pagan los concesionarios por esta publicidad gratuita.
Los gestores de la autopista tienen dos tarifas diferentes: una reducida para la época del año de menos tráfico y otra desmesurada (7,40 por 18 kilómetros) para los periodos de más afluencia. Cuando más peligroso es utilizar la vieja carretera general es cuando se aplican las tarifas disuasorias. Se puede acusar a la DGT de olvidarse de la función social de los servicios públicos, pero nunca se podrá acusar a los dueños de la concesión de no saberse las leyes del mercado.
Regirse por las leyes del mercado está muy bien para quienes consideran que la doctrina liberal es un dogma que debe seguirse con fervor religioso. El problema es que cuando les va mal se olvidan de Adam Smith.
El Gobierno se apresta a rescatar a los concesionarios de ocho autopistas quebradas y alguien podría pensar que esto es una estrategia para animar al personal, que no se atreve a convertirse en empresario. Sólo que para acogerse a este sistema de rescate público cuando las cosas van mal es necesario ser rico antes de montar el negocio. De momento solamente se aplica a bancos y autopistas. Para el resto rige el liberalismo salvaje.
Cuando era ministra de Fomento, Ana Pastor prometió que el rescate no costaría un duro, pero ahora que la han colocado en el Congreso el Gobierno parece sentirse liberado de esa promesa. El Estado se gastará 5.000 millones de euros que, sorpresa, es la misma cantidad que habrá que recortar este año. El FMI recomienda subir el IVA y revisar el gasto en Sanidad y Educación, pero no dice nada de dejar sin leche a los ricos que se han prendido a la teta del Estado.
De las ocho autopistas quebradas que se salvarán con dinero público, seis discurren por la Comunidad de Madrid. Está muy bien que Cristina Cifuentes, que nos paga la sanidad y la educación a todos los andaluces, deje que los demás también la ayudemos.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella