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Una campaña sin la promesa del tren
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Héctor Barbotta | 19-06-2016 | 19:09

 

Una de las características más salientes de esta campaña electoral repetida tras la de diciembre es que los candidatos están siendo más comedidos a la hora de prometer inversiones. Como las elecciones del 20 de diciembre demostraron que la clave de la política española durante los próximos años será la capacidad de llegar a acuerdos y sellar pactos, todo el debate está girando en torno a ese eje y no a promesas sobre si se hará esta o aquella actuación. Lo bueno de ello es que el electorado se ahorra las promesas vacías; lo malo es que quien llegue al Gobierno, si es que no hay unas terceras elecciones que no sería prudente descartar, lo hará con las manos libres de compromisos.
Ello nos lleva a preguntarnos si esa situación nos aleja o nos acerca al tren litoral, un clásico de las promesas en las campañas electorales luego olvidadas. Y la respuesta no es fácil. Al menos esta vez nos estamos ahorrando oír la promesa.
Si algo hay que agradecer a las campañas electorales es que acercan a la periferia lo que habitualmente sólo se ve a través de la televisión. Y cuando finalmente se puede escrutar en directo el comportamiento de algún líder nacional se concluye que no es demasiado diferente a lo que se está acostumbrado con los líderes vernáculos. Con más parafernalia, sí, pero igual. O incluso peor.
Hay que agradecer a Pedro Sánchez que sea el único de los cuatro candidatos a presidente de Gobierno que ha pasado por Marbella –no hay perspectivas de que alguno de los otros tres vaya a seguirlo en lo que queda de campaña–, aunque la suya sólo haya sido una visita estética.
El paseo del aspirante socialista del pasado miércoles fue anunciado por el equipo de campaña como una reunión con el sector empresarial y con convocatoria sólo a los informadores gráficos, lo que en el código de la necesariamente tempestuosa pero imprescindible relación entre políticos y periodistas supone un aviso implícito de que el candidato no haría declaraciones.
Aunque existiera el legítimo interés por conocer de primera mano cuáles son los compromisos que el aspirante socialista a la Moncloa está dispuesto a asumir en relación con un posible Ministerio de Turismo, con la precaria situación de los chiringuitos, con la reforma de la Ley de Costas e incluso con la conexión ferroviaria de Marbella, existía ese aviso implícito de que no hablaría. También existía, por qué negarlo, la secreta esperanza de que Sánchez se decidiera a darle algún sentido al paseo, se saltara el programa y accediera a atender a los medios de comunicación locales. Tampoco ello habría supuesto un terrible trastorno para sus asesores de marketing. Por eso la visita estuvo rodeada de una nube de periodistas. Y Sánchez no habló. Se le podrá reprochar torpeza comunicativa, lo que no supone novedad, pero no que su equipo no haya avisado.
Para asegurarse de que los informadores no se acercaran al candidato, la organización dispuso un cordón sanitario en la que participaron con entusiasmo algunos cargos de confianza del Ayuntamiento que seguramente se habrían pedido el día en su puesto de trabajo y que compensarán con horas extras el tiempo hurtado a los vecinos de Marbella, que no les pagan 31.171 euros al año para que se dediquen a labores partidarias. Estaría bien que el gobierno municipal aclarara ese extremo aunque en realidad no se conozca bien a qué dedican el tiempo algunos de estos cargos cuando no están impidiendo que los periodistas intenten hacer su trabajo. Durante esta campaña se está viendo a algunos de ellos día sí y día también ataviados con camiseta roja y repartiendo propaganda electoral en horas de trabajo. Habrá que suponer que se han pedido vacaciones o algún tipo de dispensa sin derecho a salario.
El caso es que lo que al parecer se pretendía que no se viera es que la reunión de Sánchez con los empresarios no fue tal, si por reunión se entiende el candidato y sus interlocutores sentados frente a una mesa intercambiando opiniones sobre temas de alguna trascendencia. Porque lo que hubo fue una sesión de fotos. Primero en la playa, frente a unos espetos de sardinas, y después en la planta baja del hotel El Fuerte, donde el candidato no paró de hacerse fotografías con sus fans. En campaña, ya se sabe, los candidatos son como actores de cine. Si además son altos y guapos, más aún. Que no se caiga una idea resulta irrelevante.
Horas después el PSOE envió un comunicado en el que decía que Sánchez había mostrado su apoyo al Plan Qualifica y las medidas que contribuyan a mejorar las playas. Su forma de hacerlo, al parecer, fue dejarse fotografiar junto a los espetos.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella