Diario Sur

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Pelea por el mango de la sartén
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Héctor Barbotta | 26-02-2017 | 21:10

 

Los dirigentes locales de Podemos ya no son aquellos bisoños negociadores que en junio de 2015, apenas el Partido Popular perdió la mayoría absoluta, adelantaron que en ningún caso permitirían que Ángeles Muñoz conservara el bastón de mando. Ese posicionamiento público previo al comienzo de las negociaciones con quienes acabaron conformando el gobierno tripartito permitió advertir que aquella caracterización global de ‘casta’ que por aquel entonces utilizaban para definir por igual a todos los partidos tradicionales albergaba fuertes matices, pero también los quitó del centro del poder de decisión. Tanto el PSOE como Izquierda Unida comprendieron que a partir de ese momento de lo que se trataba era de convencer a Opción Sampedreña y hacia allí se dirigieron todos los esfuerzos. Los dirigentes de OSP vivieron sus días de gloria, saborearon las mieles de quien está en situación de dirigir el pulgar hacia arriba o hacia abajo y hasta se tomaron revancha permitiéndose poner en una situación humillante a quien consideraban que los había maltratado durante los cuatro años anteriores gracias a una mayoría absoluta que acababa de perder, invitándo a Ángeles Muñoz a una negociación que sabían desde el comienzo que no tenía ninguna posibilidad de prosperar.
Los dirigentes de OSP se permitieron incluso acotar su compromiso a dos años con la secreta esperanza de volver a repetir escenario a mitad de mandato y hasta obtuvieron de la Junta de Andalucía no sólo la promesa de obras pendientes, sino también la de allanarse en el proceso judicial que debía decidir sobre el expediente de segregación de San Pedro.
Pero los surfistas sólo están en la cresta de la ola el tiempo que la ola tarda en convertirse en espuma. Firmado el pacto, asumidas las tareas de gobierno y colocado el personal en los puestos que otorga el poder, se trata de gobernar, gestionar las miserias del día a día y comprobar que la inercia burocrática es el peor enemigo a la hora de convertir proyectos en realidades.
Es posible que en el tripartito existiera el convencimiento de que sólo era cuestión de tiempo que Podemos y su marca municipal se integraran en un gobierno cuatripartito, pero esas expectativas se vieron frustradas con una purga interna con la que se sofocó una rebelión que aparentemente tenía por objetivo apartar al actual portavoz y entrar con armas y bagajes al equipo de gobierno.
Los díscolos fueron apartados, quedaron sólo quienes se han creído en serio que el suyo es un partido diferente a los demás y Podemos confirmó su estrategia de mantenerse al margen del gobierno y condicionar su apoyo a una negociación permanente a la que el tripartito está obligado pero que pone a prueba la paciencia de sus miembros.
Quienes antes han mostrado públicamente su hartazgo son los dirigentes de Opción Sampedreña. Han comprobado que lo que ellos hicieron durante las semanas que separaron las elecciones de 2015 de la investidura como alcalde de José Bernal –empuñar la sartén por el mango–, los dirigentes de Podemos están en condiciones de hacerlo cada vez que hay algo importante por decidir o simplemente cuando necesitan mostrar distancias con el tripartito. Cuando les ha venido bien, los ediles del partido morado han demostrado incluso que no se cargan con problemas de conciencia si, pese al abismo ideológico que los separa, tienen que coincidir puntualmente en una votación con el PP. En más de una ocasión, desde el propio PP se ha intentado influir de manera indirecta, y sin que se notara demasiado, en las asambleas que los morados celebran antes de cada pleno para de esa manera bloquear decisiones municipales.
El hartazgo es compartido por los tres grupos del gobierno municipal, pero de momento los únicos que han decidido mostrarlo en público son los concejales del partido sampedreño. Primero porque con Podemos fuera del gobierno el poder de decisión que OSP tuvo durante las semanas de la negociación de la investidura no es más que un bonito recuerdo y a veces parece invadirles la nostalgia; y también porque uno de sus concejales, Manuel Osorio, está al frente del área más sensible del Ayuntamiento, la de Hacienda, desde donde se elaboran los presupuestos que marcan la política para todo el año.
Presumiendo, como la hacen, de ser un partido sin ideología –en el caso de que tal cosa fuese posible– y con el recuerdo de la posición que el Partido Popular mantuvo el año pasado, al permitir con su abstención que los presupuestos salieran adelante, los sampedreños intentaron este año un acercamiento similar. No con Ángeles Muñoz, de quien los siguen separando una infranqueable falta de química, sino con la dirección provincial del partido. Pero aquí cada uno juega sus cartas, y la respuesta fue inequívoca. Opción Sampedreña podía contar con el voto del PP a los presupuestos elaborados por Osorio el día antes de firmar la moción de censura para quitar a Bernal del sillón de la Alcaldía. Si no, que buscara el apoyo de Podemos, y ya el PP se encargaría de desgastar a OSP ante su parroquia como un partido sometido a las exigencias del partido morado.
Por eso no llama en absoluto la atención que en los últimos días ambos partidos, OSP y Podemos, hayan exhibido sus diferencias en unos cruces de declaraciones destempladas que alcanzaron su culmen en el duro enfrentamiento entre sus portavoces, Rafael Piña y ‘Kata’ Núñez durante el último pleno.
Este desencuentro se produce además en un momento en el que el Partido Popular está adquiriendo el papel más duro desde que perdiera la Alcaldía. Primero, porque ya ha pasado el tiempo de dejar hacer al equipo de gobierno para que su voto negativo en cuestiones clave no se interprete como una rabieta por haber perdido los sillones. Pero también porque el último congreso nacional del partido, en el que Ángeles Muñoz ha salido reforzada con la permanencia de Arenas en el núcleo duro de la dirección y su propia renovación con una silla en el Comité Nacional, parece haber despejado las dudas que podían haber sobre el liderazgo del PP de Marbella para el futuro proximo, a pesar de que faltan aún dos años para las elecciones municipales y dos años en política es mucho tiempo.
En el PP han advertido que la búsqueda de mayorías para ganar las votaciones desgasta al equipo de gobierno y no parecen dispuestos a facilitarle la vida al tripartito.
El último ejemplo se vio el viernes, cuando tras llevar al pleno la aprobación del texto refundido del PGOU, la concejala de Urbanismo se vio obligada a retirarlo.
El PSOE utilizó el comodín de las lindes con Benahavís para justificar su decisión, posiblemente porque haya llegado a la conclusión de que usando ese argumento en cualquier ocasión consigue desgastar a Ángeles Muñoz. Pero la utilización una vez de ese argumento no puede esconder que la retirada no es cuestión de límites geográficos entre municipios, sino un problema aritmético de primero de Primaria. Ni PP ni Podemos iban a apoyar la aprobación del texto y la cuentas no daban para la mayoría absoluta necesaria. Y perder una votación es poner en evidencia la propia debilidad. Toda una premonición de lo que puede esperarse de próximas votaciones
Vienen olas, y lejos de buscar aguas más calmas la pelea va estar por ver quién consigue subirse a la cresta.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella