img
Herederos
img
Héctor Barbotta | 31-03-2017 | 10:18

La mayor parte de los ayuntamientos españoles han sido testigos de concentraciones convocadas a través de las redes sociales para protestar contra el impuesto de sucesiones. Entre ellos, los de Málaga y Marbella. No se trataba de pedir que se bajen los tipos, que se aumente el mínimo imponible o que se acabe con la asimetría que provoca una feroz competencia fiscal entre comunidades autónomas. Se pedía la eliminación del impuesto.

Desde que el Partido Popular decidiera centrar gran parte de su actividad política en Andalucía en una campaña contra ese gravamen, posiblemente en aplicación de ese principio que dice que la gente no vota por lo que es sino por lo que aspira a ser, gran parte de la opinión pública asumió que sólo en Andalucía el impuesto de sucesiones es un problema, lo que demuestra el gran éxito de la iniciativa. La campaña se refería a la clase media y proponía un ejemplo en el que se heredaban 800.000 euros. En un país donde ganar mil euros al mes se ha convertido en aspiración, quizás debamos revisar el concepto de ‘clase media’.

Las concentraciones frente a todos los ayuntamientos españoles lo que enseñan es que hay quien considera que el problema no es que las herencias se graven supuestamente de manera exagerada en Andalucía, sino que se graven las herencias.

Hay una única manera de plantear un debate sobre un impuesto de manera honesta y sin caer en la demagogia o, como se dice ahora inapropiadamente, el populismo. Consiste en calcular cuánto ingresa la administración por ese impuesto y comenzar explicando qué gasto se propone eliminar. De cualquier otra manera se está haciendo trampa.

El segundo paso es analizar la justicia o injusticia del impuesto. Los detractores del de sucesiones sostienen que no es justo gravar a los herederos. ¿A través de qué razonamiento se llega a la conclusión de que pagar por heredar es más injusto que hacerlo por cobrar un salario, por obtener una ganancia legítima en un negocio, por comprar una vivienda, por venderla o simplemente por tenerla?

Cuanto mayor es la cantidad que se aspira a recibir, mayor debe ser, seguramente el anhelo de que este gravamen desaparezca. Si las herencias perpetúan las diferencias y la educación las atenúa, resulta asombroso que el impuesto de sucesiones haya aparecido en el centro del debate público. Deberíamos preocuparnos más por cómo tener mejores colegios y por cómo pagarles más a los maestros. Lo que sólo se puede hacer, conviene no olvidarlo, con el dinero de los impuestos.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella