Diario Sur

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Sin toros
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Héctor Barbotta | 21-04-2017 | 10:52

Ya no habrá más corridas de toros en Marbella. Los festejos se han acabado sin que medie una prohibición. Tampoco hay que atribuir el final al boicot de los antitaurinos. Los toros se acaban, sobre todo, por incomparecencia del público.

Este periódico publicó el pasado lunes que el Ayuntamiento había decidido hacerse cargo de la gestión de la plaza después de que el empresario desistiera de seguir adelante. Los últimos festejos taurinos habían sido una ruina porque la gente no iba y para continuar, el concesionario reclamaba una subvención municipal. El Ayuntamiento decidió no aplicar un tratamiento de respiración asistida y dejó agonizar al enfermo. Ahora la plaza se destinará a actividades culturales, entre las que el equipo de gobierno de Marbella no considera que las corridas de toros encuentren sitio.

Tras el revuelo, el alcalde de Marbella, José Bernal, aclaró que el Ayuntamiento no es antitaurino. En efecto, no ha habido una declaración institucional explícita, pero tampoco se puede decir que el gobierno municipal haya mostrado un entusiasmo desmedido por mantener a Marbella como plaza de festejos.

Recuperar la Plaza de Toros, situada en el corazón de la popular barriada marbellí que lleva esa nombre, rehabilitarla y utilizarla para otro tipo de actividades fue una de las condiciones que el grupo municipal de Podemos puso para dar su aprobación a los presupuestos municipales.

Es evidente que ni el alcalde ni el resto de los ediles socialistas se sienten cómodos reconociendo públicamente que han accedido a una exigencia y por eso se ha apuntado que si alguien quiere organizar una corrida de toros en Marbella tiene la opción de la plaza de toros de Puerto Banús, un recinto que permanece cerrado desde hace siete años y en el que el verano pasado hubo que suspender un concierto porque un informe de bomberos no lo consideró apto para que abriera sus puertas al público. La alternativa propuesta por el alcalde es suficientemente elocuente: el Ayuntamiento no se hace cargo de poner impedimentos formales para que vuelva a haber toros en Marbella, pero se constata que hay impedimentos materiales insalvables.

Es posible que la decisión municipal genere algún tipo de polémica en el público taurino y sea motivo de gozo para los antitaurinos. Pero será, en todo caso, una polémica ajena a la ciudad. La falta de contestación social pone en evidencia que la fiesta de los toros no ha sido asesinada en Marbella. Simplemente, después de que el público le diera la espalda, se la ha dejado morir. El Ayuntamiento se ha limitado a desconectar el respirador y a firmar el certificado de defunción.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella