Diario Sur
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Ciudad del deporte
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Héctor Barbotta | 26-05-2017 | 17:46

El Ayuntamiento ha puesto en marcha el procedimiento para reconocer como hijos adoptivos a tres destacadas figuras del deporte con un importante vínculo con la ciudad: el extenista Manolo Santana, asentado en Marbella durante más de 30 años; el exentrenador de la selección española de fútbol Vicente del Bosque, que suele pasar largas temporadas de descanso en su casa de San Pedro, y el entrenador de la selección de baloncesto Sergio Scariolo, también residente en Marbella cuando sus obligaciones se lo permiten. Se trata de tres personas con méritos incontestables en el mundo del deporte y además con una vinculación contrastada y estrecha con la ciudad. Su declaración como hijos adoptivos de Marbella va a tener el triple efecto de reconocer y homenajear sus trayectorias, de consolidar y fortalecer esa vinculación con la ciudad y seguramente también de proyectar la imagen de Marbella como la de una ciudad vinculada al deporte y a unos valores encarnados en estos tres personajes, alejados de la equívoca y parcial reputación de ciudad frívola, insustancial y superficial que tanto daño ha hecho y sigue haciendo a Marbella.
Se trata de una consecuencia que no debe desdeñarse, porque la pátina de trivialidad con la que insistentemente se cubre a Marbella, ante la indiferencia y cuando no el beneplácito de muchos de sus vecinos y de sus representantes, supone una loza de la que es necesario desprenderse, no sólo por injusta, equivocada e irreal sino también porque tiene efectos perniciosos que muchas veces se subestiman.
No se trata solamente de que la distinción sea justa por el perfil y la trayectoria de los tres deportistas; su reputación tiene un alcance que puede permitir que el hecho mismo de homenajearlos sitúe a la ciudad en un peldaño de prestigio.
El actual equipo de gobierno tiene la intención indisimulada de vincular la imagen de la ciudad con el deporte, conocedor de que se trata de un terreno que puede traer beneficios promocionales y de creación de riqueza. En esa dirección se inscribe el contrato firmado con la organización internacional del IronMan, la disciplina de deporte extremo que va a fijar en Marbella la sede de una de sus competiciones anuales a partir de 2018 y para los próximos cuatro años. El Ayuntamiento destinará a esta actividad 700.000 euros, la cuantía del contrato firmado con los organizadores, y estaría bien que dispusiera de algunos fondos adicionales para promocionar el evento y asegurarse de esa manera que la inversión tenga un retorno palpable.
La declaración de hijos adoptivos de Santana, Del Bosque y Scariolo tendrá que superar algún obstáculo administrativo, según advirtió el secretario municipal esta misma semana en la comisión en la que se acordó llevar al pleno la apertura del expediente. El reglamento que rige la declaración de hijos adoptivos e hijos predilectos de Marbella establece un límite en el número de hijos adoptivos vivos que puede tener la ciudad que se superaría con estas tres declaraciones, ya que el cupo está casi completo con los dos Hijos Adoptivos vivos, María Luisa de Prusia y Mario Vargas Llosa. Saltarse esa norma obligará al equipo de gobierno a justificar fundamentadamente la excepcionalidad de los nombramientos para que el expediente salga adelanta.
No está previsto que se repita el fiasco de la concesión de las medallas de la ciudad, cuando la propuesta del alcalde de homenajear al primer alcalde democrático de Marbella tras la dictadura, Alfonso Cañas, se frustró en el pleno ante la falta de apoyo de los grupos municipales del PP y Podemos, que no comparte la manera en que se proponen estos nombramientos.
Ahora, el grupo popular, pese a que ha reservado el sentido del voto para el momento de la celebración del pleno, apoyará la propuesta cuando llegue el momento en atención a la trayectoria y el prestigio de los tres candidatos propuestos. De hecho, ya en 2009, durante el mandato de Ángeles Muñoz, el Ayuntamiento inició un expediente para nombrar Hijo Adoptivo a Manolo Santana que nunca se llegó a concluir.
No habrá, seguramente, cuestionamientos serios a que se concedan estos tres nombramientos. El peligro, sin embargo, va más allá del acto simbólico y reside en que la vinculación de la ciudad con el deporte se quede limitada a una cuestión de imagen.
No sería la primera vez que sucede. Durante el periodo del Partido Popular al frente del Ayuntamiento, el equipo de gobierno obtuvo la designación de Marbella como Ciudad Europa del Deporte y consiguió convertirla también en sede de una eliminatoria de la Copa Davis. Por aquella época, y por gestión de la Junta de Andalucía, las pistas del hotel Puente Romano acogieron en dos años sucesivos un torneo del circuito femenino de tenis (WTA), con la presencia de algunas de las principales raquetas del mundo, entre ellas Serena Williams. Pero ninguno de estos eventos tuvo continuidad y tampoco se llegó a saber nunca a ciencia cierta para qué sirvió aquella pomposa declaración de Ciudad Europea del Deporte.
Esta experiencia permite saber cuáles son los riesgos de creer que se ha conseguido un gran avance cuando apenas se ha iniciado el camino y, sobre todo, cuando no se conoce con claridad cuál es el destino que se quiere alcanzar. Basta reemplazar el nombramiento de los hijos adoptivos por la declaración de Ciudad Europea del Deporte y la celebración del IronMan por cualquiera de los grandes eventos de tenis de finales de la década anterior para tener una visión exacta de cuáles son los riesgos.
Sobre todo, porque por más acontecimientos que se traigan Marbella no es una ciudad del deporte. Las carencias de infraestructuras son una traba para quienes lo practican y constituyen cualquier cosa menos una invitación para quienes aún no lo hacen o no han incluido una actividad deportiva en la rutina semanal de sus hijos.
Marbella podrá pugnar por traerse grandes acontecimientos, y está muy bien que así se haga, podrá homenajear a grandes deportistas y será una iniciativa digna de aplauso, pero su imagen externa de ciudad del deporte será apenas una cáscara mientras el club de waterpolo siga sin una piscina donde jugar, mientras no se ofrezca una solución real y viable al grave problema administrativo que amenaza la continuidad del club de rugby o mientras los equipos de baloncesto no tengan unas instalaciones dignas.
Ya se sabe que la ciudad puede ser la mejor opción del mundo para que las viejas glorias del deporte encuentren un lugar donde retirarse. Pero estaría bien que, además, fuese una ciudad donde practicar deportes no fuese una continua carrera de obstáculos.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella