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Chusma sin fronteras
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Héctor Barbotta | 02-06-2017 | 08:15

Sería un error suponer que el suceso del pasado domingo en Marbella, en el que dos energúmenos a bordo de un todoterreno de 100.000 euros estuvieron a punto de causar una tragedia de proporciones, supone una categoría y no un hecho aislado. Algo que sucede todos los días raramente es noticia.
Sin embargo, también sería un error ignorar que Marbella, y en concreto algunas zonas de Marbella, funcionan como un auténtico imán para un cierto tipo de personajes que se ajustan al perfil de los dos sujetos que protagonizaron los sucesos del domingo y que anoche durmieron en prisión.
No son, desde luego, todos los turistas de Marbella, ni tampoco la mayoría de los turistas de Marbella, ni siquiera una parte significativa. Pero hay un modelo de visitante que no es extraño en la ciudad. El perfil es el de jóvenes con poca educación y mucho dinero que no se sabe de dónde viene aunque es fácil imaginarlo sólo con ver cómo se lo gastan; que circulan a bordo de vehículos gigantes y que consideran que las normas no van con ellos porque creen que la impunidad puede comprarse igual que compran coches, champán y compañía.
Recientemente pasaron fugazmente por la cárcel dos individuos con características semejantes –sin ocupación reconocida, clientes habituales de discotecas de moda, conductores de coches de alta gama–, que habían causado la muerte a una mujer al atropellarla tras una noche de juerga. Esos mismos personajes estaban siendo investigados por la desaparición de una muchacha, también a la salida de una discoteca.
Marbella tiene en el atractivo que ejerce sobre personas de todo el mundo su principal fortaleza, pero también reside allí una de sus debilidades porque es imposible elegir quién viene y quién no.
Muchas veces cuando se menciona el turismo de calidad se suele considerar al precio como única referencia, pero eso es un error grosero. Hay productos turísticos caros que sin embargo son incompatibles con la imagen a la que debe aspirar Marbella. El club de playa en el que los autores del suceso pasaron la tarde del domingo es uno de ellos. El precio no es la única medida ni de la calidad ni de lo que le conviene a la ciudad.
No se trata de ir más allá de lo que la ley permite, ni siquiera de decirle a los empresarios por qué modelo de negocio deben apostar. Pero las administraciones, todas ellas, tienen instrumentos que se pueden utilizar para que personajes de esta calaña no se sientan cómodos en la ciudad, aunque ello afecte a ciertas cuentas de resultados. El interés general no siempre coincide con el de algunos empresarios.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella