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El PP inicia el asalto
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Héctor Barbotta | 27-07-2017 | 19:44

 

Más que un congreso, fue un pistoletazo de salida. El Partido Popular de Marbella celebró la semana pasada su cónclave para reelegir a Ángeles Muñoz para presidirlo durante cuatro años más y el espectador menos avisado podría haber concluido que no había asistido a un congreso, sino a un mitin. Ahí no hubo debate y todo se aprobó por aclamación.
El congreso, con unos 500 asistentes, tuvo un aforo inferior al anterior, celebrado hace cuatro años ante unas 2.000 personas. Hubo quien, desde el Partido Socialista, lo leyó como una muestra del declive del PP. Está claro que la capacidad de convocatoria no es la misma cuando se está en el poder que cuando se ocupan los escaños de la oposición. Pero medio millar de asistentes, un sábado a la noche en pleno verano tiene un mérito indudable que adquiere mayor dimensión si se lo compara con cualquier asamblea, congreso, mitin o reunión que pueda organizar cualquier otra formación política en Marbella.
El congreso careció de discusión, de exposición o de confrontación de ideas. Posiblemente hubiese estado fuera de lugar esperar mucho más de un congreso, como decimos, celebrado un sábado a las ocho de la tarde, en pleno mes de julio y al que no precedió ningún tipo de debate. Resultó algo chocante que en el primer congreso celebrado por el PP de Marbella después de haber perdido la Alcaldía tras dos holgadas mayorías absolutas no se haya siquiera intentado esbozar una explicación sobre las razones de ese retroceso político y de la pérdida del poder municipal. No hubo referencia alguna a las razones por las que se perdió respaldo electoral hasta quedarse por debajo de la mayoría absoluta y tampoco a los motivos por los que, una vez perdida esa mayoría, tampoco se encontraron aliados con los que formar gobierno.
Por el contrario, la opción elegida fue la de ahorrarse hasta la más tímida autocrítica y esgrimir la tesis del robo, gruesa palabra a la que recurrieron en sus intervenciones Javier Arenas y la presidenta de Nuevas Generaciones, Melania Leiva. Resulta sintomático que el más veterano y la más joven optaran por ignorar la condición esencial de los sistemas parlamentarios de todo el mundo, donde no gobierna el que obtiene más votos sino el que consigue formar mayorías. Siempre es más cómodo recurrir al victimismo que a la autocrítica, aunque ello implique lanzar mensajes peligrosos y poco pedagógicos sobre cómo funcionan las instituciones democráticas en este país, cuya Constitución consagra la monarquía parlamentaria como sistema político y en el que ninguna institución se rige por un sistema presidencialista.
Pero si no hubo debate alguno sobre los motivos que llevaron al PP a la oposición, mucho menos lo hubo sobre quién debía ejercer la presidencia del partido. No sólo porque solamente se presentaba la candidatura de Ángeles Muñoz sino también porque todos los intervinientes –además del resucitado Arenas, su mentor histórico, de Leiva y de ella misma hicieron uso de la palabra el secretario general, Manuel Cardeña, el presidente regional, Juanma Moreno, y el provincial, Elías Bendodo– glosaron la figura de la presidenta. Escuchando las intervenciones nadie se hubiese atrevido a imaginar que hasta no hace mucho –en concreto, hasta que la vieja guardia salió reforzada del congreso nacional del PP el pasado febrero– una de las mayores preocupaciones del PP andaluz y del PP de Málaga consistía en buscar para Marbella una cabeza de cartel alternativa para las elecciones municipales de 2019.
Después de escuchar los discursos quedan algunas conclusiones: que no ha habido ni habrá autocrítica, que uno de los principales objetivos políticos del PP más allá de los límites del término municipal es recuperar el Ayuntamiento de Marbella y que no habrá debate sobre la candidata. Ángeles Muñoz se presentará por quinta vez.
Tras atender a lo que se dijo en el congreso sólo cabe concluir que sólo hay una posibilidad de que el Partido Popular no comience a la vuelta del verano una intensa campaña electoral que se prolongará durante un año y medio. Consiste en que las conversaciones que se mantienen con OSP para recuperar la Alcaldía prosperen. En el Partido Popular consideran que la puerta para adelantar el regreso al poder municipal todavía está abierta. Si no fuese así, razonan, el partido sampedreño ya habría confirmado que sigue en el tripartito y aún no lo ha hecho pese a que el ecuador del mandato ya se ha sobrepasado en más de un mes.
En el PP van a seguir explorando esa vía, que si no prospera abrirá un nuevo tiempo de intensa campaña para cumplir con el mandato congresual de recuperar para Ángeles Muñoz el bastón de mando municipal.
Después de estas conclusiones se podría inferir que en el congreso del PP de Marbella no hubo novedades en clave interna y que el acto no fue más que el primer mitin de una precampaña que se adivina larga. Sin embargo, del cónclave pueden deducirse trascendentes conclusiones internas, más allá de la confirmación de Ángeles Muñoz como líder indiscutida, con capacidad inapelable para decidir entradas y salidas y candidata a las próximas elecciones.
La primera es que la presidenta vuelve a rodearse de su círculo de confianza, pero que ese círculo se ha estrechado y ha quedado reducido a dos personas: el portavoz, Félix Romero, y el secretario general, Manuel Cardeña.
Al resto, léase el grupo municipal al completo, le ha enviado un mensaje nítido: nadie tiene asegurado un lugar en la próxima lista y quien quiera estar tendrá que ganárselo. Y para que la advertencia sea clara no ha puesto a ningún concejal, salvo los dos citados, en la nueva ejecutiva. En su lugar ha entrado gente nueva, que tendrá un año y medio para ganarse un lugar. Y ya se sabe, para que entre uno, otro tiene que salir. Muñoz no quiere relajación porque considera que fue precisamente la relajación lo que la privó de su tercera mayoría absoluta hace dos años.
Desde que en los meses previos a las elecciones municipales de 2007 el PP de Marbella experimentó una explosión de crecimiento, dos tendencias convivieron bajo el liderazgo omnímodo de Ángeles Muñoz: la de quienes la habían acompañado en los duros años de oposición a Jesús Gil –principalmente los dos citados y Kika Caracuel (ahora dedicada principalmente a la Diputación)– y la de quienes llegaron en el aluvión posterior al desmoronamiento del gilismo. Muñoz siempre mantuvo un tenso equilibrio entre ambas partes pero ahora tras el congreso puede concluirse que la balanza se ha inclinado y que sigue confiando en los suyos de toda la vida. El resto deberá seguir haciendo méritos.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella