img
Un misterio
img
Héctor Barbotta | 22-09-2017 | 14:02

A dos semanas de la moción de censura que propició un cambio de timón en el Ayuntamiento de Marbella y tras un corto intervalo de transición, la ciudad ya parece instalada en su nuevo escenario. El nuevo gobierno municipal, volcado en un frenesí de anuncios que incluye planes de choque y anuncios para el futuro cercano que parecen transmitir el mensaje de una ciudad paralizada durante dos años y necesitada ahora de una gestión vertiginosa. La oposición ha regresado al primer plano tras una corta tregua más enfocada a reordenar las propias fuerzas que a conceder un periodo de gracia al nuevo equipo de gobierno. Lo ha hecho para denunciar que detrás de estas dos semanas no ha habido más que golpes de efecto vacíos de sustancia. Unos y otros parecen haber asumido ya su nueva situación, incluido el exalcalde, protagonista de una fotografía tan inusual como saludable: la de un político regresando a su trabajo anterior. A la hora de buscar explicaciones a los motivos por los que el tripartito se rompió para dar paso a una moción de censura, se han esparcido rumores y teorías de lo más exóticas y estrafalarias, y sin embargo llama la atención la falta de referencias a un misterio que tiene a media Marbella desconcertada. Cuando el PSOE consiguió en 2015 la Alcaldía de Marbella, contra pronóstico y de manera inesperada, muchos vaticinaron con razón que el Partido Socialista, sus principales dirigentes y las instituciones que gobiernan, especialmentela Junta de Andalucía, se volcarían de manera decidida. El de Marbella fue un ayuntamiento tradicionalmente gobernado por el PSOE y que los socialistas perdieron en 1991 con el aluvión de Gil. Cuando lo recuperaron hace dos años tras una travesía del desierto de casi cinco lustros, se convirtió en su mayor cuota de poder institucional en la provincia. Sin embargo, pasaron los años y el alcalde socialista de Marbella fue sistemá- ticamente ignorado por su partido. Solamente hubo dos visitas institucionales de la presidenta de la Junta de Andalucía –una de ellas obligada por las inundaciones de diciembre del año pasado–, los inexpertos concejales socialistas se vieron solos, sin respaldo técnico en la maraña administrativa del Ayuntamiento pese a la crisis provocada por la anulación del PGOU, y no hubo el más mínimo avance en la resolución de las cuentas del Gobierno andaluz pendientes con Marbella. Las obras del Hospital Costa del Sol, con siete años de paralización, o el proyecto de ampliación del puerto de la Bajadilla, olvidado en un cajón, son las dos pruebas más llamativas de esta actitud incomprensible, de esta oportunidad perdida. Un suicidio político que constituye un misterio imposible de resolver.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella