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Tarjeta de visita
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Héctor Barbotta | 02-10-2017 | 09:49

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Puede ser porque en la ciudad ya existe una cierta gimnasia, o quizás porque la capacidad de sorpresa hace tiempo que se ha agotado en Marbella, o posiblemente porque el mundo de fútbol ya ha alcanzado una degradación moral tan avanzada que hasta cabría decir que la Guardia Civil estaba tardando. Pero lo cierto es que la operación desarrollada este martes contra una red de blanqueo de las principales organizaciones criminales rusas no ha causado el impacto que cabría esperar por la gravedad de los delitos que, según el instituto armado, se han estado desarrollando bajo la cobertura del club de fútbol de Marbella.
A estas alturas, con el presidente de la federación española tras las rejas y la mayor parte de los clubes colonizados por sinvergüenzas, oportunistas e imputados de diferente pelaje resulta paradójico que la tarjeta de visita del presidente de un club de fútbol siga sirviendo para abrir puertas en los círculos de poder cuando en rigor debería ser como un chip que automáticamente activara sirenas y levantara alertas. Sin embargo, eso era lo que estaba sucediendo ante nuestras narices, según ha explicado la Guardia Civil en un comunicado emitido tras la operación con la que se desarticuló una red de blanqueo de las principales organizaciones criminales rusas. El presidente del club, Alexander Grinberg, asegura el instituto armado, utilizaba su cargo como tarjeta de presentación para acceder a cargos políticos y empresarios de la zona que le facilitaban sus actividades.
Los prejuicios nunca son buenos consejeros y siempre acaban manchando a personas inocentes y por ello es saludable que nadie pusiera en duda las buenas intenciones de Grinberg cuando en 2013 cogió en sus manos un Marbella Fútbol Club que estaba en ruinas para rescatarlo y ponerlo en la senda del saneamiento económico y los triunfos deportivos.
Cuando llegó, hubo quien creyó que aplicaría una política de alocadas inversiones similar a la del jeque Al-Thani en sus primeros años en el Málaga, pero lejos de eso optó por la austeridad, la gestión ordenada y el cuidado estricto de cada euro que se gastaba. Como quien está administrando dinero que no es suyo y además no quiere llamar la atención. Quienes lo conocen de cerca aseguran que esa política de ahorro espartano en el club convivía con el derroche habitual en su vida privada.
La investigación apunta a una estrategia muy bien cuidada por parte de las organizaciones criminales que, según la Guardia Civil, tenían al presidente del Marbella como punta de lanza de su desembarco en la Costa del Sol. La estrategia consistía en comprar sociedades en ruina para reflotarlas con el doble objetivo de blanquear capitales procedentes del crimen organizado a gran escala y de ganar un prestigio social que les permitiera acceder a los círculos de poder político. Otra vez, en Marbella, el fútbol como parapeto de la criminalidad organizada.
El Marbella ni está en la elite del fútbol español ni puede albergar esperanzas fundadas de alcanzarla en un plazo más o menos corto, pero el nombre de la ciudad asociado al deporte de más implantación en el mundo es un caramelo muy goloso que seguramente la trama que ahora se ha desarticulado vio como una oportunidad cuando se decidió a desembarcar en la ciudad.
El proyecto central de la organización no era el de llevar al Marbella a competir de igual a igual con los grandes, sino el de utilizar el nombre del Marbella Fútbol Club para poner en marcha una infraestructura que apareciera como la ciudad deportiva de la entidad, pero que tenía la aspiración de convertirse en un centro de entrenamiento invernal de los clubes europeos y, según la Guardia Civil, en un instrumento de blanqueo.
Para ello la red se hizo con el club de golf La Dama de Noche, construido en 1987 sobre terrenos de dominio público hidráulico gracias a una concesión por 50 años que la sociedad MFC Sport Arena, propiedad de Roman Prokopenkov y German Pastushenko, adquirió en 2014, meses después del aterrizaje de Grinberg en el Marbella. Que la sociedad y el Marbella Fútbol Club compartieran iniciales, lejos de suponer una casualidad muestra la importancia que la trama daba al nombre que habían comprado a precio de saldo. El capital intangible de esta ciudad es un activo muchas veces despreciado en la corta distancia, pero del que se puede apreciar todo su valor a poco que se toma distancia.
El objetivo de construir una ciudad deportiva con alojamiento de alta gama fue uno de los tantos proyectos que tuvieron que quedar aparcados después de que el Tribunal Supremo anulara el PGOU de 2010 e impusiera un impasse en todo el urbanismo de la ciudad.
Sin embargo, la construcción de los campos de fútbol sobre terrenos anteriormente dedicados al golf sí se ejecutó, en una actuación que no estuvo exenta de polémica y que señaló de qué manera, efectivamente, el fútbol abre puertas institucionales. En septiembre del año pasado, el Ayuntamiento de Marbella tuvo noticia de que se estaban produciendo movimiento de tierras sin licencia tras una denuncia presentada por vecinos de la zona un mes antes. Las autoridades municipales no tomaron la decisión de ordenar la paralización de los trabajos hasta enero del año siguiente, cuando los campos de fútbol ya estaban construidos. En esa misma resolución se instó a MFC Sport Arena para que en el plazo de dos meses legalizara las actuaciones ejecutadas. La sociedad fue notificada de esta resolución el 18 de enero, el mismo día de la inauguración del complejo, que ha seguido en funcionamiento hasta ahora. El asunto se zanjó con una multa. Las instalaciones de la ciudad deportiva fue uno de los puntos donde la Guardia Civil realizó registros el pasado martes.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella