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Héctor Barbotta

Marbella blog

Turismo, política y fotos

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Ha terminado una nueva edición de FITUR, esa cita ineludible de cada año donde confluyen el negocio y la política. En rigor debería decirse que no siempre confluyen, ni convergen, sino que simplemente coinciden temporal y espacialmente, muchas veces sin mezclarse.
Hay políticos para quienes hacer política supone básicamente en hacerse fotos, y para eso FITUR es el escenario ideal. Otros consideran, con buen criterio, que en relación con el turismo una parte fundamental de su obligación consiste en generar las condiciones para que los negocios puedan hacerse. FITUR es también una buena ocasión para eso. Cuando se consigue, la foto tiene algún sentido. Si no, es cáscara, apariencia pura.
Marbella ha seguido este año la estela del surco abierto durante la etapa del tripartito, cuando se decidió recuperar el expositor propio en FITUR y celebrar un gran acto en la víspera de la inauguración de la feria. Cuando en 2016 el Ayuntamiento decidió volver a FITUR con una presencia de peso, la decisión fue aplaudida. A pesar de la desconfianza que siempre genera una cita en la que abunda el figureo sin sustancia, FITUR es también es un escaparate donde se puede correr el riesgo de destacar por la ausencia, algo que Marbella no se puede permitir. Por ello, igual de bienvenida debe ser la decisión tomada por el actual equipo de gobierno de mantener esa línea, no forzar un cambio abrupto en la estrategia de promoción turística, sostener el camino trazado antes del cambio de gobierno producido con la moción de censura y brindar una imagen de cierta continuidad institucional.
Que se haya mantenido el lema implantado hace dos años –‘Marbella, un destino cinco estrellas’–, pese a las dudas que despierta en el actual equipo de gobierno, debe ser interpretado también como un acto de responsabilidad. El eslogan puede convencer más o convencer menos, pero modificar una campaña de imagen con cada cambio de gobierno llevaría a una dinámica absurda que generaría una sensación de inseguridad y desconcierto de la que solamente cabría esperar un deterioro de la reputación de la ciudad.
La víspera del comienzo de la feria se ha convertido en un día clave para la actividad en FITUR. Las agendas suelen estar apretadas y la noche previa a la inauguración se ha convertido en un momento cotizado donde diferentes delegaciones compiten por hacerse con un lugar. Marbella ha sabido encontrar un espacio en esa fecha, lo que demuestra la potencia de la marca y los beneficios de dar continuidad al trabajo año tras año independientemente de que cambie el signo de la dirección política del Ayuntamiento.
El esquema diseñado por el área de turismo para el acto de este año fue similar al del año pasado: un escenario de alta categoría –el año pasado, el Teatro Real; éste, el Palacio de Santa Coloma– una amenización musical de primer nivel, una intervención de la primera autoridad de la ciudad y un cóctel con algunos invitados de peso. En esta ocasión, la participación de Dani García le dio al evento un toque extra de calidad y de identificación con la gastronomía de la ciudad.
La intervención de la alcaldesa, Ángeles Muñoz, fue corta como cabe esperar en un evento de este tipo y contrastó con otros actos institucionales vistos en la feria, donde los políticos parecen no querer perder ni uno solo de los minutos de gloria que el auditorio asegurado que supone FITUR y el dinero público que administran les tienen reservados. En la comparación con otros actos realizados en el entorno de la feria ese día y también en días posteriores, Marbella salió más que bien parada. Tuvo calidad y sobriedad. Tanto las autoridades municipales como quienes trabajan en el área de Turismo parecen tener claro qué es lo que se espera de la ciudad en una cita como esta, y eso es algo digno de ser valorado.
También las ideas parecieron estar claras en el stand de la feria, ubicado en el mismo emplazamiento del año anterior aunque se está valorando mudarlo para la próxima edición. En esta ocasión no sólo pareció acertado el diseño, con unas pantallas gigantes que llamaban poderosamente la atención, sino también el contenido, con una programación de presentaciones que se agruparon en dos grandes bloques: la gastronomía y el ocio el miércoles y el deporte el jueves. El momento estrella fue la presentación de la Copa Davis con la presencia del secretario de Estado para el Deporte y el apadrinamiento de Manolo Santana. Ante la posibilidad de hacer una sola presentación de todos los eventos deportivos que tendrán lugar este año en la ciudad, el Ayuntamiento decidió hacer una presentación cada media hora en una jornada maratoniana en la que todo el peso recayó sobre la alcaldesa, Ángeles Muñoz, que asumió en primera persona el peso de la actividad. Es difícil valorar cuál de las dos opciones hubiesen conseguido un mayor impacto, aún teniendo en cuenta que FITUR es una cita donde la competencia por conseguir la atención mediática es enorme y la cantidad de exposiciones es inabarcable, por lo que no inusual ver a alcaldes de diferentes pueblos que acaban exponiendo las bondades de su oferta turística solamente ante el cámara de su propia televisión local.
Posiblemente lo más positivo es que este año Marbella, con todos los eventos previstos para este año en la ciudad, sumado a la presencia de Puerto Banús, cuyo director, Juan Núñez Insausti, tuvo también una intensa actividad en el expositor al igual que otras empresas de la ciudad desplazadas a Madrid, dieron al stand un contenido que permite decir que la presencia de Marbella en FITUR no se limitó a lo meramente testimonial.
Como la feria de Madrid es un escaparate no solamente de la actividad turística sino también una radiografía del estado de salud de las instituciones, las dos primeras jornadas fueron también una exhibición del sectarismo político con el que las autoridades suelen actuar.
Ya en el cóctel del martes llamó la atención la ausencia de los concejales de la oposición. Algunos reconocieron que no hubiesen asistido aún en el caso de que los hubieran invitado, pero el exalcalde José Bernal lamentó esta semana no haber recibido invitación alguna. Desde el Ayuntamiento han reconocido que efectivamente no se giraron invitaciones formales a los grupos políticos, pero también que la organización se limitó a repetir el criterio utilizado el año pasado, durante el gobierno del tripartito, cuando el protocolo tampoco incluyó invitaciones a los ediles de la oposición. Se trata, en todo caso, de una cuestión que año próximo no debería repetirse. Si ya han quedado uno a uno no es necesario desempatar.
Este empeño en no cuidar las formas elementales de la cortesía y del sentido institucional tuvo más manifestaciones en FITUR. Ni el miércoles, cuando la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, inauguró el pabellón andaluz a lo que siguió un recorrido de más de dos horas por los ocho expositores de las provincias andaluzas, ni ninguno de los días sucesivos, ningún representante alto, medio o bajo de la Administración andaluza encontró hueco en su agenda para visitar el stand de Marbella. La ausencia no pasa de lo meramente simbólico, pero el paisaje que pinta esa actitud no es precisamente edificante.
Tampoco hubo presencia de la Junta de Andalucía en la foto de familia de la presentación de la Copa Davis, acontecimiento al que el Gobierno andaluz contribuye financieramente. La versión municipal sostiene que no hubo manera de que el consejero de Turismo, Francisco Javier Fernández, encontrara lugar en su apretada agenda para responder a la invitación realizada por el Ayuntamiento para que participara del acto. Desde el Gobierno andaluz, donde la presentación causó escozor, se asegura sin embargo que esa invitación nunca existió.
El disgusto de los responsables de la Junta fue mayor cuando se comprobó que los responsables de las otra administraciones que contribuyen económicamente al evento, la Diputación Provincial de Málaga y la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol, ambas gobernadas por el PP, sí se hicieron presentes en el acto. Aunque desde el Ayuntamiento se decidió que sólo intervinieran Ángeles Muñoz y el secretario de Estado para el Deporte, José Ramón Lete, la foto de familia, a la que también se sumó el presidente del PP Andaluz, Juanma Moreno, dio lugar a una situación de incomodidad que seguramente los responsables municipales intentarán rebajar mañana, lunes, cuando el consejero de Turismo acuda a Marbella para firmar el convenio de colaboración entre ambas instituciones para la celebración de la eliminatoria.

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Sobre el autor

Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella


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