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Dinero en el banco o en la calle
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Héctor Barbotta | 24-04-2018 | 11:53

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Starlite ha anunciado que la semana próxima realizará el proceso de selección de personal para la próxima edición del festival y la avalancha de aspirantes no se ha hecho esperar. El anuncio permite confirmar, pese a que todavía no hay nada firmado y la palabra Marbella sigue ausente de la imagen de marca del festival, que el evento se celebrará aquí. La avalancha de solicitantes de empleo confirma otra cosa: que el paro, y especialmente el paro juvenil, sigue siendo un drama en Marbella.
Se ha dicho muchas veces, pero es bueno no olvidarlo. Ésta es una sociedad dual en la que conviven realidades diferentes, aunque la imagen pública de la ciudad, la que mejor le viene a la industria turística y peor a las administraciones a la hora de decidir que alguna inversión de calado caiga en este lado del mapa, sea la de un paraíso con servicios de primer nivel y gran calidad de vida donde sobra mucho y no falta nada.
Posiblemente Starlite pueda ser considerado como un paradigma de esa doble realidad que vive esta ciudad, aunque las visiones externas y muchas veces también las internas sólo parecen querer prestar atención a la cara más amable.
La realidad que la avalancha de aspirantes a un empleo en Starlite y las cifras del paro, que se dispararon con la crisis y que ahora van regresando lentamente a las de hace más de una década aunque los nuevos trabajos no se parecen en nada -ni en condiciones, ni en estabilidad, ni en salarios- a los que había entonces posiblemente serían diferentes si el Ayuntamiento no se hubiese visto obligado a partir de 2012 a aplicar la política de austeridad impuesta por el Gobierno central bajo el argumento de que era necesario poner coto al descontrol de años anteriores y ordenar las cuentas de todas las administraciones públicas. A partir de ese año los ayuntamientos conocieron un concepto hasta entonces inédito, el ‘techo de gasto’, que no era otra cosa que el límite, posiblemente arbitrario ya que se impuso como norma general sin tener en cuenta la realidad concreta de cada administración, que se fijaba a la hora de darle destino al dinero público.
En estos seis años el Ayuntamiento de Marbella, que partía de una situación más grave que otras instituciones municipales vecinas que no habían vivido los 15 años del saqueo gilista, pasó de una situación de bancarrota a acumular un superávit de 92 millones de euros. Tanto los actuales gestores como los anteriores se atribuyen la mayor parte del mérito de esos fondos acumulados. En realidad, si hay que hablar de mérito la mayor parte correspondería a una política que ha sido decidida en otro nivel de la administración. Sin embargo, lo que debería cuestionarse, en una ciudad con más de 11.000 parados, es que el Ayuntamiento tenga esa cantidad de dinero sin invertir y que cada año acumule entre ingresos y gastos una diferencia positiva de 20 millones de euros. Más que un mérito eso es un despropósito.
No se trata, evidentemente, de un reproche que se le pueda hacer a las autoridades municipales, sino a la política de restricción de gastos con la que el Gobierno decidió afrontar la crisis sin tomar en cuenta las enseñanzas keynesianas ni las recomendaciones más sensatas que apuntan a que los presupuestos deben ser contracíclicos.
Evidentemente, el gasto incontrolado y absurdo que campaba a sus anchas por muchas administraciones públicas (no sólo las municipales) no podía continuar, pero aquí se ha pasado de andar con dos pelucas a una calvicie impuesta que desprotegió a los más vulnerables en una época en la que la inversión pública era más necesaria que nunca.
Ahora, ya en periodo preelectoral, se ha decidido aflojar el cinturón que ahogaba a los ayuntamientos y el de Marbella podrá gastarse en dos años 20 millones en diferentes obras tan insuficientes como necesarias después de tantos años de austeridad impuesta. Resta por saber si esta generosidad del Gobierno central a la hora de permitir a los ayuntamientos que se gasten una parte de su propio dinero tendrá más recorrido o se acabará tan pronto como el año que viene se vuelvan a guardar las urnas tras las elecciones municipales.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella