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Héctor Barbotta

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Cambio de ciclo

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Hay una manera de aprender a diferenciar lo que supone un cambio enmarcado en la rutina del normal funcionamiento político de un país de lo que constituye un cambio de ciclo. Ante el primero, todos los actores tienen un discurso preparado y respuestas más o menos rápidas que permiten marcar una posición y darle a la propia parroquia un punto de partida desde el que interpretar lo que está sucediendo. Para los cambios de ciclo no existen esas respuestas inmediatas. Los actores se muestran al principio desconcertados, ensayan respuestas que resultan fallidas porque están concebidas para otro tipo de situaciones y en consecuencia optan por el silencio para que ese desconcierto no resulte evidente.
Reconocer los cambios de ciclo es fácil cuando se tiene perspectiva histórica, pero tremendamente difícil cuando se los está viviendo en directo. En primer lugar, porque algunos de los paradigmas de los que cada uno se vale para entender la realidad saltan por los aires –si no, no estaríamos hablando de cambio de ciclo–, y en segundo lugar por la falta de experiencia. Por definición, un cambio de ciclo no forma parte de lo cotidiano, sino que constituye una anomalía.
Todo lo que está sucediendo en los últimos días en la política española nos sitúa ante ese interrogante. ¿Estamos ante un cambio de ciclo o ante un simple episodio anómalo y provisional que nos devolverá más temprano que tarde al escenario anterior? Quizás aún no sea posible dar una respuesta concluyente, aunque la dimisión fulminante de un ministro apenas siete días después de asumir en el cargo puede suponer un indicio de cambio en la cultura política. La prudencia con la que se están moviendo los actores locales ante los últimos acontecimientos nos puede llevar a la conclusión de que han quedado descolocados y que, por lo tanto, nos encontramos, efectivamente, ante un escenario que obligará a revisar estrategias y discursos.
Si se repasa qué formaciones políticas han quedado descolocadas con el triunfo de la moción de censura, la lista es larga. Comienza por el Partido Popular, obviamente, que se ha visto inesperadamente desalojado del poder y se ve obligado a diseñar en todos sus niveles, también en el local a un año de las elecciones municipales, nuevas estrategias. Sigue por Ciudadanos, que puede ver cortada su marcha ascendente en las encuestas al desaparecer el principal factor en el que se sustentaba esa subida, el desgaste del PP en el poder. Casi nadie se atrevería a negar hoy que la marca naranja ha salido tocada de este proceso, y eso puede tener también consecuencias en las elecciones municipales. El tercer afectado es Podemos, cuyo espacio de potencial crecimiento, en cuanto que se nutría en gran medida de los votantes socialistas desencantados, se puede ver drásticamente reducido ante el entusiasmo que las primeras medidas de Sánchez en el Gobierno ha levantado en ese sector del electorado.
La lista de formaciones descolocadas en la nueva situación puede no acabar ahí. Posiblemente habría que incluir al PSOE de Andalucía, que encabezó en su día el movimiento interno que obligó a Pedro Sánchez a dimitir para evitar que hiciera lo que finalmente, al calor de la sentencia del ‘caso Gürtel’ , ha acabado haciendo: formar una variopinta mayoría alternativa al PP para desalojar a Rajoy de la Moncloa. Esta desorientación ha tenido algunos síntomas llamativos que se han podido ver en Marbella. No se han visto por parte del PSOE local ni en las redes sociales ni en comunicados oficiales una sola manifestación relacionada con la nueva situación nacional, algo que llama poderosamente la atención ya que es un socialista quien ha jurado como presidente del Gobierno. Por poner un ejemplo, el líder de los socialistas de Marbella, José Bernal, que también es presidente del PSOE de Málaga, se ha limitado en su perfil de Tuiter a retuitear dos mensajes de su jefa de filas, Susana Díaz. La parquedad, muchas veces, no es otra cosa que una manifestación de prudencia.
Sería ingenuo suponer que la llegada de Sánchez al poder no va a tener consecuencias en la vida interna del PSOE, también en el PSOE de Andalucía. Si con la formación de su gobierno ya había dado señales de que su nueva relación con Susana Díaz no se construiría a partir de la amnesia (de los tres ministros andaluces que nombró, dos estaban enfrentados claramente con la dirección socialista andaluza y a la tercera la llamó directamente sin antes informar a la presidenta), el nombramiento del nuevo delegado del Gobierno en Andalucía señala que Sánchez puede estar dispuesto a dar la batalla en el hasta ahora inexpungnable territorio susanista.
¿Cómo influirá toda esta nueva situación en las próximas elecciones municipales? Es evidente que todavía es pronto para saberlo. En una ciudad como Marbella, las marcas políticas nacionales tienen una influencia en el voto seguramente mayor que en otras localidades. Sin embargo, si se quiere subir a la ola sanchista que las primeras encuestas nacionales apuntan es posible que el PSOE de Marbella, tan identificado con Susana Díaz y donde el compacto grupo de militantes afines alpresidente del Gobierno no encuentra lugar, tenga que hacer algo más que blandir su nombre y su anagrama.
En el PP toda la estrategia de apoyarse en la visita de ministros que se comprometían con inversiones en la ciudad se ha derrumbado como un castillo de naipes. Perdido el respaldo de Madrid, donde realmente contaba con posibilidades serias de ejercer influencia y con una incertidumbre absoluta sobre por dónde pasará el futuro del Partido Popular, a Ángeles Muñoz no le queda más alternativa que refugiarse en la gestión más cercana y demostrar eficacia.
En el espacio común de Podemos e Izquierda Unida las aguas bajan más que revueltas. Cuando se pensaba que los resquemores sobre la confluencia por la posible pérdida de identidad iban a llegar desde IU, la oposición más feroz está surgiendo desde las filas pablistas de la formación morada, una de cuyas líderes, Isabel Franco, estuvo este viernes en Marbella para respaldar la candidatura de Marco Arafat en el proceso de elección del nuevo secretario general en oposición a la candidata oficialista, Victoria Mendiola. La incógnita es si ambas fuerzas serán capaces de repetir juntas el resultado de cuatro ediles que obtuvieron por separado en 2015.
Pero donde más incógnitas hay es en Ciudadanos. La formación naranja, la más afectada por la nueva situación nacional, vive en la incertidumbre más absoluta. No tiene previsto resolver hasta enero la cuestión del candidato a las municipales. Con la marca tocada quizás sea esperar demasiado.

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Sobre el autor

Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella

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