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Héctor Barbotta

Marbella blog

Memoria histórica selectiva

gil

No es habitual que una ciudad que ha sido víctima de la corrupción consiga recuperar una parte de lo saqueado. Mucho menos, que ese patrimonio regrese en una parte significativa, como son 30 millones de euros, aunque esa cantidad suponga menos del 10 por ciento de lo que el Ayuntamiento tiene derecho a que se le devuelva, según las sentencias firmes que ya han sido dictadas. Más llamativo aún es que esto suceda en una ciudad que fue durante años el paradigma de la corrupción en el imaginario colectivo de este país, como si lo que sucedía groseramente en Marbella fuese una excepción y no una norma, como se supo después, que había invadido posiblemente con mayor sutileza a numerosas y, en algunos casos, más importantes instituciones de este país.

Por todo ello, el pleno celebrado el pasado jueves en el Ayuntamiento tuvo una gran carga simbólica y fue, indudablemente, una sesión que tendrá que ser citada cuando se escriba la historia de esta ciudad. Que la institución municipal diera su aprobación por unanimidad a cuatro puntos que suponían el punto de partida a la recuperación del botín convierte a Marbella en una referencia de la decencia y la dignidad democrática, en un paradigma de lo opuesto a lo que fue durante la última década del siglo pasado y los primeros años de éste. No habría por ello que dudar en calificar de histórico al pleno del jueves, venciendo las prevenciones a las que invita el abuso que suele hacerse de ese término.

Que todas las intervenciones hicieran referencia al acto de justicia que supone que los vecinos de esta ciudad, a través de su institución más cercana, recuperen aunque sea una parte mínima de lo que le fue saqueado no debe llamar en absoluto la atención. Constituyó un acto de justicia que en las diferentes intervenciones se hiciera referencia a muchas de las personas que en su día lucharon contra el GIL y que posteriormente trabajaron para que el patrimonio regresara a la ciudad. Ángeles Muñoz se refirió al presidente del tribunal del ‘caso Malaya’, José Godino, y a los directores de los servicios jurídicos del Ayuntamiento que libraron la batalla legal para la recuperación de los bienes, el anterior, Enrique Sánchez, y el actual, Antonio Rubio. También tuvo su agradecimiento para los gobiernos del PP que aprobaron las reformas legales que han permitido la recuperación de esos bienes. El portavoz del PSOE, Manuel García, tras un agradecimiento general a las instituciones, tuvo palabras de agradecimiento para la Comisión Gestora, y en concreto para su presidente, Diego Martín Reyes, y para el juez Santiago Torres, el primer magistrado de Marbella que se atrevió con Jesús Gil y lo envió a la cárcel por el ‘caso Camisetas’. El de Izquierda Unida, Miguel Díaz, recordó a su exdiputados Antonio Romero y José Luis Centella, que en 12 ocasiones reclamaron sin éxito la disolución del Ayuntamiento de Marbella, y a sus concejales que en los años del GIL soportaron en ese mismo salón de plenos ataques e insultos, Andrés Cuevas y Antonio Martín, y a su compañero en anteriores periodos municipales Enrique Monterroso. Curiosamente no hubo referencias ni al juez Miguel Ángel Torres, instructor del ‘caso Malaya’, ni a los policías que dirigieron la investigación, pero lo que más llamó la atención es que solamente en una de las intervenciones, la del edil de CSSP-Podemos José Carlos Núñez, se mencionara una obviedad que suele pasarse por alto cuando se repasa la historia reciente de Marbella: que los mismos vecinos a los que todos citan, con razón, como víctimas del desfalco fueron los que con sus votos abrieron de par en par la puerta del gallinero para que pasaran los zorros y se quedaran 15 años.

Los balances históricos complacientes pueden ser útiles para no incomodar al electorado, pero son extremadamente peligrosos si lo que se persigue es aprender de las lecciones de la historia para evitar que episodios similares se repitan. Olvidar que Jesús Gil y sus secuaces saquearon la ciudad, con unas consecuencias que no forman parte de la historia sino del presente, porque los vecinos de Marbella los votaron masivamente no en una sino en cuatro ocasiones, incluso después de que el latrocinio fuese evidente, no solamente contribuye a crear un relato incompleto que impide a las nuevas generaciones comprender lo que pasó -y entender por qué ahora no tienen institutos, centros de salud o campos de deportes-, sino también a que en esa incomprensión de la historia anide el huevo de una nueva serpiente.

Que hoy en día sea imposible encontrar en Marbella a nadie que admita haber votado al GIL es en cierta medida comprensible a la luz de lo que pasó. Pero los balances hay que hacerlos completos, y las ocasiones históricas, como el pleno del pasado jueves, son ocasiones que no deberían ser desaprovechadas.

El carácter histórico de ese pleno no fue aparentemente comprendido en toda su dimensión por todos los grupos políticos. Llamó especialmente la atención que Opción Sampedreña optara por no intervenir, como si el asunto no fuera con ellos, y que el líder socialista, José Bernal, delegara los turnos de su grupo en otros ediles.

Si bien la decisión de OSP es a todas luces incomprensible, la del PSOE puede entenderse desde un punto de vista de estrategia electoral. Para el equipo de gobierno, y muy singularmente para Ángeles Muñoz, la recuperación de buena parte del patrimonio supone un éxito incontestable y un premio a la constancia que podrá exhibir en la próxima campaña. La decisión del PSOE puede explicarse, en consecuencia, en la intención de restarle relevancia al pleno y con ello al logro personal de la alcaldesa. De hecho, el edil Javier Porcuna llamó la atención sobre que se hubiera colocado un atril desde el que los oradores hicieron uso de la palabra, como en las ocasiones solemnes, en lugar de que los concejales intervinieran desde sus escaños, y aseguró que se trataba de una puesta en escena que lo había sorprendido.

Esta postura, de restar relevancia al pleno, contrastó con la de Izquierda Unida, que consiguió que sus enmiendas a las propuestas de la alcaldesa fueran aceptadas en su totalidad, con lo que asumió el protagonismo cedido por el PSOE. Posiblemente nada de esto llegue a la mayor parte de los vecinos, pero sirve para confrmar que para los partidos no hay nada, ni siquiera la oportunidad de protagonizar una parte de la historia de la ciudad, que deba ser objeto de más atención que sus estrategias electorales.

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Sobre el autor

Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella


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