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Héctor Barbotta

Marbella blog

Huelga incómoda

El personal de cabina de Ryanair protagoniza una huelga en pleno julio que está fastidiando las vacaciones a miles de turistas. Algunos que pensaban venir a España llegarán más tarde o no podrán hacerlo, con la consiguiente repercusión en otros sectores de la industria turística. La huelga también fastidia a muchos españoles que ven frustrados viajes programados seguramente con tanta antelación como ilusión.

La huelga provoca, por ello, una situación incómoda para decenas de miles de personas. Pero la verdadera incomodidad no es sólo para los viajeros frustrados.

Las multinacionales tecnológicas que establecieron en los últimos años sus centrales europeas en Irlanda nos pusieron en alerta sobre los millones de euros que se ahorran por tributar en ese país pese a que obtienen la mayor parte de sus beneficios en la Europa contintental. El sistema fiscal irlandés nos provocó, por lo tanto, una lógica preocupación a quienes tenemos derecho a sentirnos estafados. Es posible que ahora tengamos que preocuparnos también por su sistema de derechos laborales. O de falta de ellos.

Lo que reclama la plantilla de Ryanair, un 75 % de la cual está contratada a través de empresas de trabajo temporal sujetas a la legislación irlandesa, es que se les aplique la legislación española. No parece una reivindicación muy estrafalaria. Se trata de españoles que trabajan en España y que reclaman que se respeten las leyes de su país. Los entusiastas que a la mínima enarbolan la bandera y acusan de antiespañoles a quienes no piensan como ellos tienen aquí una oportunidad inmejorable para indignarse y mostrar su amor a la patria. Por más alergia que les despierten las huelgas y la movilización de trabajadores.

La empresa ha reaccionado como se esperaba. Ha amenazado con recortar plantilla e iniciado un nuevo proceso de deslocalización con destino a Polonia. Cuando se habla de capitalismo salvaje se trata de esto.

Desde su aparición, las compañías de bajo coste han puesto en marcha un modelo que ha permitido a millones de personas disfrutar de viajes a unos precios hasta entonces impensables. Lo han hecho a costa de ofrecer menos servicios que las compañías convencionales y de someter a los pasajeros a incomodidades más o menos asumibles. Ahora conocemos también la vertiente laboral de ese modelo.

Y ésta es, no nos engañemos, la verdadera incomodidad que nos causa la huelga de Ryanair. Porque nos pone frente al interrogante fundamental de estos tiempos: ¿A cuántos derechos, propios y ajenos, estamos dispuestos a renunciar para seguir consumiendo barato?

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Sobre el autor

Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella


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