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Héctor Barbotta

Marbella blog

Días de sobresalto

gangs

Cada vez que Marbella u otro punto de la Costa del Sol es escenario de un hecho criminal que por sus características extraordinarias causa cierta alarma, el sector turístico se ve atrapado en una encrucijada cuya salida no es fácil encontrar y en la que también se pueden quedar inmovilizados otros actores, incluidos los políticos y también los informadores. Por un lado, existe la necesidad, y en el caso de los periodistas, la obligación, de dar cuenta de los asuntos relevantes por más dolorosos o negativos que sean; por el otro, también está la necesidad, y en el caso de los responsables públicos, la obligación, de preservar la reputación de una zona que vive del turismo, prácticamente sin sectores económicos alternativos, y por lo tanto, dependiente absoluta de su buena imagen.

Durante esta semana se han producido tres sucesos impactantes en Marbella y su zona de influencia que han tenido la lógica repercusión y que, aunque la policía no establece conexión alguna entre ellos, ponen de manifiesto una situación que bien debería levantar las alertas, especialmente en los despachos de aquellos responsables políticos con capacidad y competencias para arbitrar medidas y asignar partidas presupuestarias. Entre el lunes y el martes, en sólo dos días, se acumularon los tres sucesos: la muerte a tiros de un presunto delincuente que se resistió a tiros cuando la policía se presentó en su alojamiento para identificarlo, la aparición de un artefacto explosivo preparado para un atentados selectivo y la brutal agresión a otra persona que fue secuestrada, torturada y mutilada en una acción que lleva la firma de las organizaciones criminales del Reino Unido.

Estos sucesos podrían significar poca cosa analizados aisladamente, pero todos concentrados en pocos días y sumados a otros del mismo signo que tuvieron lugar también en la Costa del Sol en los mese previos al verano, incluidos dos asesinatos, suponen demasiadas señales como para que no sean tenidas en cuenta.

Las urbanizaciones de Marbella y su entorno han constituido desde hace décadas un ecosistema que ha resultado ideal para que líderes de organizaciones criminales de diferentes puntos de Europa, especialmente del Reino Unido e Irlanda, encontraran refugio. Marbella es una ciudad donde ser extranjero no supone una anomalía, y ser millonario con tendencia a la ostentación, tampoco. Las urbanizaciones, además, son muchas veces enclaves donde la ausencia de relaciones vecinales y de vida comunitaria hacen que nadie conozca casi nada de la persona que vive en la casa de al lado.

Marbella convive con esa circunstancia desde hace tiempo y por ello de tanto en tanto se ha visto sobresaltada con sucesos con todo el aspecto de ajustes de cuentas entre bandas mafiosas y también con inversiones inmobiliarias millonarias que finalmente se revelaron como operaciones de blanqueo de capitales de origen espúreo. Raro es el mes en el que en el balance de acciones policiales no figure la detención de un delincuente buscado en su país, muchas veces por delitos de sangre o tráfico de drogas, pero otras por crímenes de cuello blanco. La calidad de vida de Marbella es un imán que atrae a casi todo el que se lo puede pagar y las posibilidades que ofrece la ciudad para quien quiera esconderse y camuflarse entre vecinos de similar procedencia obliga a afinar los esfuerzos policiales a la hora de encontrarlos.

Lo que debe analizarse ahora es si los sucesos de esta semana y los que se llevan acumulados a lo largo del año son síntomas de una situación diferente. Si la presencia de bandas organizadas y sus líderes en la ciudad ha dado un salto cualitativo. Los datos revelan que efectivamente es así, aunque hablar de ello, y mucho más plantear un debate público sobre el tema, siempre supone moverse en una cornisa muy estrecha entre la necesidad de conocer y analizar lo que está sucediendo y la obligación de no dar argumentos a la prensa sensacionalista británica. La misma que en su día acuñó el término ‘Coast of Crime’ (Costa del crimen) para la Costa del Sol sin reparar en que los delincuentes que habían sentado sus reales por aquí procedían, precisamente, en su inmensa mayoría, del Reino Unido.

Bien es verdad que estas acciones rara vez se cobran daños colaterales, pero es evidente que no existe garantía alguna de que alguna vez no vaya a producirse una tragedia como la del niño fallecido en diciembre de 2004 por la bala perdida de un ajuste de cuentas. Aunque no exista sensación de inseguridad no se puede convivir con malvivientes como si nada pasara con confianza ciega en que nunca ocurrirá una desgracia.

Es verdad que no hay que darle carnaza a los buitres nacionales y extranjeros que viven de arremeter contra la ciudad y lastrar su principal actividad económica. Pero los problemas sólo se empiezan a solucionar cuando se da el primer paso de reconocerlos. La policía de Marbella necesita una nueva comisaría y más medios humanos y materiales. Hay que abordar este problema y no hacer como si nada pasara.

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Sobre el autor

Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella


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