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Héctor Barbotta

Marbella blog

Carrera a ciegas

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Nunca antes, al menos hasta donde llega la memoria, unas elecciones municipales en Marbella habían reunido tantas incógnitas a sólo dos meses de su celebración. Ni siquiera cuando la ciudad despertó de la larga pesadilla del GIL, que con sus 15 años de duración impedía contar con antecedentes que pudieran ayudar a hacer una previsión sobre lo que podría pasar con el paso de los vecinos por las urnas, la carrera electoral se presentaba con tantos enigmas como los que aparecen ahora. No solamente por la dificultad para prever cuáles serán los resultados, sino porque ni siquiera se sabe qué partidos concurrirán y con qué candidatos.

Los partidos, donde las cuestiones se suelen resolver tomando en cuenta múltiples factores, se están viendo obligados en esta ocasión a hacerlo prácticamente a ciegas y posiblemente sea eso lo que está demorando la toma de decisiones fundamentales.

 El resultado en gran medida inesperado de las elecciones autonómicas del pasado diciembre provocó un cimbronazo del que las formaciones políticas tardan en recuperarse.

Se repite que las encuestas no vieron venir el fenómeno Vox y eso aumenta las inseguridades a la hora de tomar decisiones. Sin embargo, para ser más precisos habría que apuntar que las que no captaron la irrupción de la extrema derecha fueron las encuestas publicadas, ya que la ley electoral prohibe darlas a conocer a menos de una semana de la cita electoral y el apoyo al partido ultraderechista se decantó en los últimos días.

En todo caso, en los partidos existe la sensación de que se están moviendo en un terreno pantanoso y repleto de incertidumbres, y que al no tener un panorama claro se ven obligados a tomar decisiones prácticamente a ciegas.

Uno de los factores que más contribuye a esta inseguridad es que a diferencia de lo que ha sucedido hasta ahora, ya no podrá utilizarse la referencia de unas elecciones para tomar decisiones sobre las siguientes.

La previsión inicial, si no había adelanto electoral, era que las municipales se celebraran en primer lugar. Si se hubiese seguido el calendario lógico, el Partido Popular, por ejemplo podría haber tomado la decisión de que Ángeles Muñoz repitiera como candidata a senadora una vez que conociera si volvía a obtener la confianza de sus vecinos para seguir como alcaldesa. Al invertirse el orden cronológico de los comicios, esa decisión tuvo que adoptarse a ciegas. Es decir, sin contar con toda la información.

Esta falta de datos también opera como consecuencia de la superposición de unas elecciones sobre otras. Al estar separadas por menos de un mes -las generales son el 28 de abril y las municipales, el 26 de mayo- los partidos no tendrán tiempo para corregir decisiones para la segunda elección una vez conocido el resultado de la primera.

Las listas para las municipales tienen como fecha límite de presentación el 22 de abril, es decir, el lunes previo a la celebración de las generales. De esa manera, no se podrá contar con la referencia de los comicios que se celebran antes y los partidos pueden llegar a comprobar que se han equivocado cuando ya es imposible rectificar. Sobre todo, porque más allá del factor cercanía que opera en toda elección municipal no es lógico pensar que vayan a ser muchos los electores que tras optar por una sigla en las elecciones generales cambien de opción cuatro semanas más tarde.

Por ello nos encontramos ante un momento de inquietud e inseguridades.

Existe la fundada sensación de que estamos ante un cambio de ciclo político que nadie se atreve a vaticinar a dónde conduce. El tren de la crisis política que siguió a la crisis económica continúa su marcha desbocada y es imposible adivinar cuándo llegaremos y qué nos encontraremos en la estación de destino.

En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, porque los partidos políticos están inmersos en unos procesos de guerra interna que se han visto en la conformación de las listas para las elecciones generales, tanto en el PSOE como en el PP, pero también en Ciudadanos y en Podemos. En el caso de la formación morada posiblemente sería más ajustado hablar de una pendiente de descomposición que tiene como principal síntoma el abandono de sus cabezas más lúcidas y de la que tampoco parece adivinarse el final.

Así las cosas, es lógico que la mayor parte de los partidos no hayan encontrado tiempo para ocuparse de qué van a hacer en las elecciones municipales. Marbella no es una excepción.

Por ello, esta situación ha permitido vislumbrar cuáles son las formaciones que cuentan con autonomía y cuáles parecen funcionar más que como franquicias, como sucursales de unas organizaciones conducidas con mando a distancia. El PSOE de Marbella, ajeno o prescindente de las graves luchas internas entre su dirección federal y su dirección andaluza, hace ya semanas que ha definido la lista. Después de que el reducido núcleo de militantes sanchistas declinara presentar batalla, las elecciones primarias fueron un paseo militar para Bernal y los suyos, que llevan ya varias semanas haciendo un paciente y callado trabajo de proselitismo puerta a puerta cuya cosecha aspiran a recoger en las urnas el 26 de mayo.

En el Partido Popular la lista también se decidirá en Marbella, y más concretamente en el lugar en el que Ángeles Muñoz se encuentre cuando llegue el momento de elaborarla. Con la gestión institucional como principal aval electoral, el poder interno de la alcaldesa es absoluto, y hasta ahora no ha dado señal alguna de quiénes serán los que colocará en los primeros lugares de la candidatura. Conscientes de que compartir el espacio político de la derecha con dos formaciones que nunca han acudido a las urnas en Marbella les restará apoyos, la ansiedad por conocer qué lugar en la lista les reserva la jefa es difícilmente disimulable en algunos ediles.

También Izquierda Unida cuenta con autonomía absoluta no solamente para elaborar su candidatura, que volverá a tener a Miguel Díaz como aspirante a la Alcaldía. El libre albedrío del que dispone la agrupación local es tal que la voluntad de acudir en solitario a los comicios será respetado por los órganos provincial y autonómico de la formación de izquierdas. Díaz confía en un electorado que le ha sido fiel aún en los peores momentos y no quiere verse contaminado por la grave crisis interna que afecta a Podemos. La posibilidad de que en las municipales de Marbella haya una lista con las siglas Unidas Podemos o Adelante Andalucía es remotísima por no decir inexistente.

En Podemos, la pugna interna que desembocó en una asamblea primero denunciada por la dirección local y después anulada por la organización andaluza ha dado lugar a la creación de una gestora que tendrá la difícil tarea de armar una lista de consenso. El deterioro es tan grave que no se descarta, incluso, que el partido morado opte por no presentarse a las elecciones en Marbella.

Frente a estas situaciones, los partidos nuevos confirman su condición de meras sucursales que esperan una decisión tomada a distancia.

El caso más flagrante, pero no el único, es Ciudadanos, que está demostrando en Marbella, pero no sólo en Marbella, su naturaleza más cercana a la de una empresa con sucursales que a la de un partido político. Un caso similar es el de Vox, partido que prefiere participar por canales informales, como la formación antisistema que es, y que además carece también de una autonomía mínima. Para conocer los candidatos habrá que esperar a que alguien los nombre, según el caso, desde Madrid o desde Barcelona. Su problema es que no podrán esperar a conocer los resultados electorales del 28 de abril. Tendrán que hacerlo a ciegas.

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Sobre el autor

Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella


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