Diario Sur

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Autor: HectorBarbotta
Imaginación
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Héctor Barbotta | 21-04-2017 | 12:54| 0

Cuando Gil y sus discípulos reinaban en las portadas y en los horarios de audiencia máxima toda la corrupción política se asociaba casi exclusivamente al manejo espurio del urbanismo. Pero gracias a los inacabables casos aislados que hemos conocido desde entonces hemos aprendido que Einstein falló cuando dijo -en caso de que la cita sea verdadera y no una de los millones de posverdades que circulan por la red- que sólo el universo y la estupidez humana son infinitas. Los ladrones de cuello blanco nos han hecho conocer que la codicia y las fórmulas posibles del saqueo también pueden alcanzar ese rango.
De Malaya hasta aquí hemos aprendido que se le puede tomar el pelo al personal y quedarse con lo suyo recalificando suelo y firmando convenios urbanísticos, pero también cobrando el 3 por ciento por cada obra pública; inflando artificialmente los precios de infraestructuras de diversa índole; recaudando con membrete de la familia regia para jornadas que nunca se realizan o que se realizan con presupuesto inflado; montando cursos que nunca se imparten; adjudicando eventos sin concurso público; recaudando para el partido y quedándose con una parte; privatizando servicios públicos que después se rescatan para sanearlos y así volver a privatizarlos; aplicando el mismo sistema pero con la banca; tolerando que las sentencias en favor de los consumidores nunca se ejecuten; permitiendo sistemas de tarificación aprobados en consejos de administración donde se sienta un excargo público, repartendo tarjetas barra libre… En su afán pedagógico, los prohombres nos han ilustrado sobre el valor de la imaginación a la hora de satisfacer una ambición insaciable por definición y también sobre su propia falta de escrúpulos cuando se trata de traicionar la confianza y quedarse con lo de todos.
El último caso aislado remite a una modalidad sin duda novedosa e imaginativa: utilizar los recursos de una empresa pública de abastecimiento de agua para comprar a precios desorbitados empresas ruinosas en América Latina. No puede decirse que sea el no va más porque eso supondría haber alcanzado una meta, algún tipo de punto final, y en la dinámica en la que estamos la única certeza es que cada caso que sale a la luz sólo es la antesala del siguiente.
Pero el alarde de sofisticación que lucen para robar se convierte en vulgaridad cuando los pillan. Ahí se limitan a anunciar que el trincado ha perdido su condición de militante del partido y su nombre es reemplazado por la fórmula ‘esa persona de la que usted me habla’. Al menos por respeto al personal deberían echarle un poco más de imaginación.

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Sin toros
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Héctor Barbotta | 21-04-2017 | 12:52| 0

Ya no habrá más corridas de toros en Marbella. Los festejos se han acabado sin que medie una prohibición. Tampoco hay que atribuir el final al boicot de los antitaurinos. Los toros se acaban, sobre todo, por incomparecencia del público.

Este periódico publicó el pasado lunes que el Ayuntamiento había decidido hacerse cargo de la gestión de la plaza después de que el empresario desistiera de seguir adelante. Los últimos festejos taurinos habían sido una ruina porque la gente no iba y para continuar, el concesionario reclamaba una subvención municipal. El Ayuntamiento decidió no aplicar un tratamiento de respiración asistida y dejó agonizar al enfermo. Ahora la plaza se destinará a actividades culturales, entre las que el equipo de gobierno de Marbella no considera que las corridas de toros encuentren sitio.

Tras el revuelo, el alcalde de Marbella, José Bernal, aclaró que el Ayuntamiento no es antitaurino. En efecto, no ha habido una declaración institucional explícita, pero tampoco se puede decir que el gobierno municipal haya mostrado un entusiasmo desmedido por mantener a Marbella como plaza de festejos.

Recuperar la Plaza de Toros, situada en el corazón de la popular barriada marbellí que lleva esa nombre, rehabilitarla y utilizarla para otro tipo de actividades fue una de las condiciones que el grupo municipal de Podemos puso para dar su aprobación a los presupuestos municipales.

Es evidente que ni el alcalde ni el resto de los ediles socialistas se sienten cómodos reconociendo públicamente que han accedido a una exigencia y por eso se ha apuntado que si alguien quiere organizar una corrida de toros en Marbella tiene la opción de la plaza de toros de Puerto Banús, un recinto que permanece cerrado desde hace siete años y en el que el verano pasado hubo que suspender un concierto porque un informe de bomberos no lo consideró apto para que abriera sus puertas al público. La alternativa propuesta por el alcalde es suficientemente elocuente: el Ayuntamiento no se hace cargo de poner impedimentos formales para que vuelva a haber toros en Marbella, pero se constata que hay impedimentos materiales insalvables.

Es posible que la decisión municipal genere algún tipo de polémica en el público taurino y sea motivo de gozo para los antitaurinos. Pero será, en todo caso, una polémica ajena a la ciudad. La falta de contestación social pone en evidencia que la fiesta de los toros no ha sido asesinada en Marbella. Simplemente, después de que el público le diera la espalda, se la ha dejado morir. El Ayuntamiento se ha limitado a desconectar el respirador y a firmar el certificado de defunción.

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¡Qué escándalo, aquí se blanquea!
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Héctor Barbotta | 12-04-2017 | 11:48| 0

 

Una de las escenas más célebres de Casablanca muestra al capitán Louis Renault fingiendo indignación mientras ordena cerrar el café de Rick. «¡Qué escándalo –dice mientras un empleado le acerca las ganancias por sus apuestas del día–, he descubierto que aquí se juega!»
Una sorpresa similar es la que parece haber simulado las autoridades francesas y españolas con el proceso abierto contra el exjerarca del régimen sirio Rifaat Al-Assad, a quien ahora se investiga a ambos lados de los Pirineos por blanqueo de capitales cometido por organización criminal. El tío del actual presidente sirio lleva más de 30 años entre París y Marbella y en todo este tiempo ha adquirido más de 500 propiedades en España, la mayoría concentradas en una esquina de Puerto Banús, posee una finca que ocupa más de una cuarta parte del término municipal de Benahavís y su residencia habitual cuando pasa por España está en un edificio de mármol rosado y cúpulas doradas que puede recibir cualquier consideración estética menos la de discreta. Y ahora, vaya por Dios, las autoridades han descubierto que durante todo este tiempo ha estado blanqueando una fortuna malhabida. Qué escándalo.
Desde que el nombre de Rifaat Al-Assad volvió a salir a la luz después de que la Audiencia Nacional ordenara esta semana una operación con gran despliegue de la Guardia Civil para ejecutar el embargo de todos sus bienes, han comenzado a surgir testimonios de lo que ha sido la vida en Marbella del hermano del exdictador sirio Bashar Al-Assad, padre del actual, Hafez Al-Assad, también de actualidad estos días después de que ordenara atacar con armas químicas a su propio pueblo.
A Rifaat se lo conoce como ‘el carnicero de Homa’, a su hermano, el expresidente, le había cabido el alias de ‘el león de Damasco’. Para el pequeño de la zaga, el que mata actualmente, no se ha encontrado todavía un apelativo adecuado.
De Rifaat se sabe que encabezó en 1982 una matanza contra miles de inocentes con la que se aplacó una posible rebelión integrista, que dos años después intentó dar un golpe contra su hermano aprovechando la convalecencia de éste tras un infarto y que el castigo fue un destierro regado con cientos de millones de dólares.
Se sabe también que en 1986 llegó a España y se instaló en Puerto Banús con una banda de guardaespaldas que infundían temor allí por donde pasaban, que las veces que los matones fueron denunciados por agentes policiales por la exhibición de armas con el fin de amedrentar a quien incordiara jamás pasaron más de unos minutos en comisaría, que el antiguo jerarca nunca mostró reparos en mostrarse convincente a la hora de explicar a quienes tenían la desgracia de ser propietarios de locales en su zona de influencia que lo mejor era que se los vendieran. Abundan los testimonios acerca de la mezcla de la prepotencia y la informalidad con la que hacía negocios y de la manera en que los empresarios más informados de Marbella comprendieron rápido que no era ni socio ni cliente recomendable.
Los más antiguos del lugar refieren a otros asuntos, como sus posibles entendimientos con el traficante de armas también sirio Monzer Al-Kassar, conocido para vergüenza de esta ciudad como ‘el príncipe de Marbella’ y que ahora cumple condena en Estados Unidos después de haberse movido durante años por esta zona con una impunidad difícil de explicar pero bastante fácil de entender.
Alrededor de Rifaat Al-Assad se ha movido asimismo una comunidad importante de ciudadanos sirios, entre ellos algunos exmilitares, que tampoco se han preocupado en Marbella por ocultar su altísimo nivel de vida ni su afección al régimen. Ello pudo verse, por ejemplo, en noviembre de 2011, cuando se concentraron en la Alameda para manifestar su apoyo a Al-Assad después de que Siria fuese expulsada de la Liga Árabe tras la sangrienta represión contra los manifestantes que reclamaban reformas, en un episodio que desencadenó la guerra civil en el país. Cuando el conflicto dio lugar a la mayor crisis humanitaria de este siglo, no se conoce que este grupo de expatriados haya organizado actividad alguna en respaldo de los miles de refugiados que huían de la muerte y el hambre. No puede decirse que la empatía con su propia gente sea una cualidad que los caracterice mejor que la ostentación de los bienes de consumo a los que tienen acceso.
Durante los últimos 30 años, Rifaat Al-Assad se ha movido con soltura y ni el más ingenuo podría concebir que haya conseguido construir su imperio inmobiliario en esta ciudad con el desconocimiento de las autoridades. La seguridad del Estado, los intereses geopolíticos del país y la necesidad de contar con la mejor información seguramente obligan a entenderse con personajes de esta calaña.
Pero la impunidad se ha acabado de golpe y ha llegado tras un proceso judicial abierto en Francia, donde el personaje contaba también con un patrimonio millonario, al igual que en el Reino Unido.
Al-Assad es uno más de los muchos indeseables que encuentran cobijo en Marbella, lo que podría provocar que alguien se planteara cuestionar los parámetros morales de la esta ciudad, en la que se sienten tan a gusto sátrapas de diferentes procedencias, algunos con calle incluida. Pero sería un cuestionamiento hipócrita. Estos personajes ni llegan ni viven aquí con amparo municipal ni mucho menos ciudadano. La protección viene de mucho más arriba. Y dura hasta que caen en desgracia, como ha sucedido ahora. Vaya uno a saber por qué.

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No perder el tren
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Héctor Barbotta | 12-04-2017 | 11:46| 0

acontecimientos recientes han confirmado que la única manera posible de escuchar a un político diciendo lo que realmente piensa es mediante grabaciones clandestinas. En cualquier otra circunstancia es difícil oír algo que escape a las frases hechas, los argumentarios de gabinete de comunicación o conclusiones siempre emanadas de la tesis ‘nosotros los buenos, ellos los malos’.
Por eso resulta imposible esperar que algún día un responsable político se pare frente a un micrófono y reconozca que ha llegado a la conclusión de que el tren litoral es una obra que requiere una inversión millonaria que obligaría a renunciar a otras inversiones para realizar una apuesta decidida por la Costa del Sol y que ello supondría un coste político que ninguna administración y ningún partido está dispuesto a asumir.
Como de momento no hay micrófonos ocultos que registren una reflexión de ese tenor –posiblemente porque cuando creen que nadie los escucha, a lo que se dedican es a sus trapicheos o a sus cuitas internas– nos tenemos que conformar con aquello a lo que estamos acostumbrados.
Por eso, después de que se conociera que en los Presupuestos Generales de Estado para este año sólo aparecen 350.000 euros para este proyecto, nos hemos vuelto a encontrar con lo de siempre. Por un lado, quienes responsabilizan al adversario porque creen que la sociedad ya ha olvidado que cuando ellos estaban tampoco hicieron nada; por el otro, quienes aseguran que el tren sigue siendo una apuesta, aunque la apuesta se reduzca a una cantidad que apenas alcanzará para seguir eternamente con los estudios previos. Después de 17 años, ya sabemos que el tren hasta Marbella se parece a esos estudiantes crónicos que se resisten a abandonar la facultad aunque saben que nunca serán capaces de terminar la carrera.
Para saber qué piensan los responsables políticos del tren litoral, de su necesidad, de su importancia estratégica, no hay que atender a lo que dicen, sino a lo que han hecho y a lo que hacen. Y las obras no se parecen en nada a los dichos.
Frente a esa actitud cínica sólo cabe una respuesta por parte de quienes realmente creen que el tren de la Costa del Sol no es un capricho, ni una ocurrencia electoral pasada de moda, ni un lujo fuera de nuestras posibilidades, sino una necesidad estratégica de la zona económica más pujante de Andalucía.
Ante la estrategia de vencer al personal por aburrimiento, por desencanto o por resignación, no debe haber más respuesta que perseverar y pasar la factura cuando llegue el momento.

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Solos
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Héctor Barbotta | 04-04-2017 | 1:22| 0

 

Tuvo su carga de simbolismo que unos días después de que Málaga clausurara la vigésima edición de su estupendo festival de cine, Marbella se convirtiera por unos días en el centro de la atención del mundo gastronómico con el éxito de la convocatoria lanzada por Dani García. De un lado, una brillante iniciativa pública, una más de las muchas que han llevado a Málaga a un lugar de relevancia en el mapa del turismo cultural; del otro, una iniciativa privada, individual para ser más precisos, que coloca a Marbella en el mapa de la gastronomía de élite.
Este contraste va mucho más allá de una coincidencia en el tiempo de dos acontecimientos relevantes. Marca una línea de continuidad con una historia que sitúa a Marbella como una ciudad construida por el tesón y la iniciativa de emprendedores y por el esfuerzo de su gente ante la desidia, la indiferencia, y en ocasiones actitudes peores, de las instituciones.
Hay ocasiones en que los vecinos de Marbella pueden tener la tentación de sentirse como ese hijo inteligente y autónomo que ve cómo sus padres se desviven con los cuidados al hermano con más dificultades y que en ese afán de protección al más débil olvidan que el primero también tiene derecho a que le presten atención. Se trata de una manera de mirar a Marbella que se sintetiza en una frase que la presidenta de la Junta repitió en su dos últimas visitas a la ciudad, en lo que pretendió ser un elogio y que debería haber hecho saltar las alarmas: «Marbella se vende sola». El problema es que no hay marca que se venda sola ni ciudad que soporte la continua mezquindad inversora de las instituciones.
Ahí están las líneas de AVE que se sigue extendiendo por todos los rincones del país mientras la llegada del tren a Marbella desaparece del debate público, el hospital paralizado para el que no hay solución a la vista, el puerto de La Bajadilla rescatado del abandono pero sin noticias de la ampliación… Ahí está también el Ayuntamiento resignado a adelantar la financiación de las obras que ni el Gobierno ni la Junta acometen por iniciativa propia. Porque lo que un principio se presentó como una excepción –que el Ayuntamiento pagara por adelantado las obras del centro de salud de San Pedro, tal y como ha acordado también Estepona para su CHARE– amenaza con convertirse en una estrategia que retrata al abandono.
El Ayuntamiento ya ha ofrecido la misma fórmula para el instituto de San Pedro y para la nueva comisaría. Y en el pleno del viernes, Izquierda Unida presentó, y consiguió apoyo unánime, para una moción en la que proponía que el Ayuntamiento asumiera, también por adelantado, la construcción de los espigones que impidan que se siga perdiendo arena con cada temporal. Desde luego que tampoco con este sistema está garantizado que esas inversiones vayan a llegar; es más, es posible que ni siquiera se consiga ruborizar a quienes persisten en ignorar a una ciudad que ni se vende sola ni puede renunciar a las inversiones públicas. Marbella ya no se puede permitir semejante política –que a estas alturas podemos decir que no reconoce colores partidarios– aunque siga llamando la atención de las grandes cadenas hoteleras o de los más prestigiosos cocineros del mundo.
En estos días vemos al equipo de gobierno municipal celebrando justificadamente la millonaria inversión que supondrá la llegada de la cadena W con el hotel de lujo más grande de la ciudad, con una poco disimulada intención de asumir como propio ese éxito de la ciudad.
Sería mezquino ignorar que el proyecto ha obligado a un ingente trabajo político-administrativo para conseguir encajarlo sin que los intereses públicos se vieran afectados. Y además en un marco urbanístico asfixiante que está, seguramente, atenazando a la ciudad a la hora de conseguir nuevas inversiones. Aunque resulte difícil imaginar a un político, de cualquier partido, venciendo a la tentación de colgarse esa medalla, vender que la llegada del inversor es consecuencia de la buena gestión municipal suena exagerado
El gobierno municipal anuncia que en poco tiempo se conocerán desembarcos de similar calibre y este periódico informaba ayer mismo de otro proyecto que aspira a reflotar el mítico hotel Incosol. Pero en este paisaje de inversores privados que vuelven a mirar a Marbella, la ciudad no puede regresar al paisaje ya conocido en el que el crecimiento de la riqueza no iba acompañado de los necesarios equipamientos públicos. La ciudad ya ha aprendido que en esa ecuación quienes pierden son los más débiles.
Nunca debe dejar de celebrarse la llegada de turistas y de nuevos hoteles, pero sería mejor que lo hicieran a una ciudad con ejemplar asistencia sanitaria, sin zozobras a la hora de matricular a los hijos en los institutos y donde practicar un deporte no suponga una proeza.
Está muy bien que las administraciones no pongan obstáculos sino facilidades a quienes vienen con ánimo inversor. Pero su papel debería ir más allá que limitarse a no ser un estorbo.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella