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Autor: HectorBarbotta
Paletos modernos
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Héctor Barbotta | 14-08-2017 | 5:33| 0

Quizás porque Venezuela no genera suficientes noticias para llenar la escaleta o porque los juzgados descansan en verano, el telediario lleva varios días dedicándole largos minutos a un colectivo hasta ahora ignoto que se dedica a hostigar a los turistas. No parece que el asunto tenga entidad suficiente para activar alarmas y es posible que el fenómeno resulte tan efímero como una tormenta de verano, pero de momento mantiene entretenido al personal. No hay mejor manera que llamar la atención sobre la presencia de un enemigo para mantener prietas las filas, aunque sea al precio de dar notoriedad a un grupo cuyo único objetivo es el de conseguir fama y celebridad a costa de gamberradas. Hay villanos que resultan tan necesarios que si no existieran alguien se dedicaría a inventarlos.
Estos grupos han actuado de momento en Baleares y Cataluña y todo parece indicar que el verdadero centro de sus preocupaciones no discurre por el rumbo que está tomando la actividad turística en destinos donde parece imposible contener la masificación, sino por otras cuestiones que ocupan en estos tiempos la agenda política.
Por otro lado, han aparecido oportunistas funcionales que se desmarcan tibiamente de estas acciones para a continuación aplaudir su supuesta contribución a la apertura del debate, como si hiciera falta que se molestara a turistas que almuerzan en un chiringuito o que se lanzaran piedras contra fachadas de hoteles para que nos pusiéramos a discutir acerca del rumbo que debe tomar nuestro principal sector económico.
Es evidente que la actividad turística debe replantearse permanentemente y no dejarla inerme ante los caprichosos vientos del mercado. La desregulación no es una buena política en un sector acechado por un lado por las externalizaciones salvajes y, por el otro, por una avalancha de demanda que hay que saber encauzar selectivamente para evitar morir de éxito. Pero se trata de un debate que ya estaba abierto desde antes y al que los gamberros sólo han aportado una legitimación, por rechazo, de las posiciones más inmovilistas.
Hay quien sostiene que aquí en el sur no puede haber turismofobia porque no tenemos una actividad alternativa. Es una verdad sólo parcial, porque la causa de fondo es bien distinta. Desde los fenicios hasta ahora llevamos algunos miles de años recibiendo visitantes. Nunca hemos rechazado al que venía a aportar algo. Nuestra sonrisa ante el viajero es ancestral. Es lo que nos diferencia de los paletos disfrazados de modernos.

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Giro inesperado
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Héctor Barbotta | 13-08-2017 | 2:25| 0

Como si se tratara de la obra de un guionista empeñado en que la vida política no entrara en el letargo estival, las dos últimas semanas han sido tan intensas en acontecimientos que la memoria parece situar varios meses atrás aquella madrugada en la que el consejo consultivo de OSP decidió por una ajustada mayoría seguir adelante con el pacto de gobierno firmado hace dos años. Sin embargo, apenas han transcurrido una docena de días desde entonces y todo lo que ha sucedido mientras un aluvión de turistas volvía a dejar en evidencia la fragilidad de las infraestructuras de la ciudad parece salido de una serie cuidadosamente planificada.
Primero, la decisión de Opción Sampedreña, tomada por un margen ajustado de 16 votos a 12, de refrendar la continuidad del tripartito, que aunque parecía que marcaba el epílogo del curso político no era otra cosa que el capítulo inicial de una serie que sería corta en el tiempo pero intensa en emociones. A continuación, el estallido del conflicto entre el Ayuntamiento y Starlite que conmocionó a la ciudad en mitad del verano al hacer pública la dirección del festival su decisión de buscar otros posibles emplazamientos y conocerse la precariedad normativa en la que todo el evento se había sustentado desde entonces. A continuación, la renovación del contrato entre el Ayuntamiento y la empresa que gestiona la zona azul, que provocó un fuerte enfrentamiento entre el grupo municipal de Podemos y el tripartito –y particularmente con Izquierda Unida– y volvió a recordar la fragilidad de la mayoría en la que se sustenta el gobierno municipal. Finalmente, la sorpresiva decisión de Opción Sampedreña de revisar la decisión tomada diez días antes y someter su posición para los próximos dos años a una nueva votación en la que el 16-12 de la madrugada del 1 de agosto se convertiría, en la noche del 11 de ese mismo mes, en un 20-6 a favor de la ruptura y la presentación de una moción de censura.
Cuando en la tarde del viernes OSP envió la convocatoria a una rueda de prensa para ese mismo día a las once de la noche –una hora intempestiva para las costumbres del periodismo, en pleno mes de agosto y en vísperas del puente más vacacional del año– saltaron todas las alarmas en medio de la máxima incertidumbre. A esas horas muy pocas personas sabían el motivo de la convocatoria. Entre ellas no se encontraba el alcalde y socio de OSP, José Bernal, que no obstante convocó a su equipo ante la certeza de que se preparaba una sorpresa de dimensiones. Quien sí sabía de qué se trataba era Ángeles Muñoz, a quien el día anterior el presidente de OSP y principal valedor en esa formación de presentar una moción de censura, Manuel Osorio, había informado el jueves de que esa opción volvía a ponerse sobre la mesa. Su intención era conocer si la presidenta del PP seguía en disposición de encabezarla.
Muñoz actuó con la máxima discreción y ni siquiera informó a sus colaboradores más directos. Sabía que la más mínima filtración podía echar por tierra toda la operación. De hecho, algunos de sus concejales se mostraban el viernes tan sorprendidos como el que más.
La iniciativa fue toda de OSP, y según aseguran sus dirigentes, no tuvo otra inspiración que la de haber comprobado, una vez más, que la fórmula del gobierno tripartito requería de una negociación con Podemos que no estaban en disposición de seguir asumiendo, sobre todo porque a medida que se acercaran las elecciones la voluntad del partido morado de diferenciarse del equipo de gobierno iba a ser mayor.
La postura mantenida en relación a la renovación de la zona azul tocó a OSP en primera persona. Pese a que quien dio las explicaciones fue el concejal de Movilidad, Miguel Díaz (IU), gran parte de la gestión del asunto se tramitó en el área de Patrimonio, bajo la competencia de Manuel Osorio.
Como la historia reciente de la ciudad es la que es, con seguridad en los próximos días se dispararán especulaciones de lo más diversas, pero a simple vista la explicación parece simple. Tanto el PP como el tripartito habían prometido a los sampedreños que la Tenencia de Alcaldía gestionaría el 30 por ciento del presupuesto de manera autónoma. Y en OSP llegaron a la conclusión de que, ante la belicosidad de Podemos sólo el PP le garantiza la aprobación de los presupuestos. Con las elecciones ya en el horizonte, los sampedreños necesitan exhibir gestión.
Ahora OSP cuenta con esa garantía. Tendrán presupuesto y conservarán la Tenencia de Alcaldía. Sólo resta por saber si durante los próximos dos años el Partido Popular –formación más votada en San Pedro– le dejará todo el terreno libre tal y como los socialistas hicieron durante los dos anteriores.

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Razones de una decisión
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Héctor Barbotta | 07-08-2017 | 5:24| 0

 

Toda la atención política de la ciudad, en especial de los dos partidos mayoritarios, estuvo concentrada durante algunas semanas en cómo dar satisfacción a los reclamos de Opción Sampedreña. Más allá de la justicia o injusticia de estos, resulta fácil suponer que en el imaginario colectivo del 70 por ciento de los vecinos de Marbella, todos los que no residen en San Pedro, ha quedado la sensación de que sus intereses pasaron a un segundo plano. No se trata, sin embargo, de un reproche que pueda ser esgrimido en el futuro como munición de los dardos que PP y PSOE se seguirán lanzando con la frecuencia habitual; ambos participaron con similar ahínco en esta carrera por seducir a la fuerza que tenía en sus manos la posibilidad de inclinar la balanza y decidir quién gobernaría Marbella hasta 2019.
Durante algunas semanas, los concejales de OSP volvieron a vivir la experiencia de 2015, cuando fueron cortejados a izquierda y derecha y dejaron que la puja fuera subiendo mientras ellos decidían a quién daban su apoyo y con él, el bastón de mando municipal. En aquellos días hubo quienes incluso creyeron ver una teatralización excesiva con la que permitieron que la subasta continuara aún cuando la decisión ya se había tomado.
Es posible que llevados por la inédita sensación de estar en la cresta de la ola, en OSP albergaran la expectativa de ocupar durante los cuatro años siguientes el centro de la escena política, alimentados por el hecho de ser el único partido al que su indefinición ideológica permite mirar a izquierda y a derecha con posibilidad de llegar a acuerdos sin sentimiento de culpa ni temor a reproche electoral.
Pero esa esperanza de interpretar durante cuatro años el papel protagónico, si es que existió, sólo pudo ser consecuencia de una lectura deficiente del mapa político que arrojaron las elecciones de 2015 y de la naturaleza de las fuerzas que lo componen, porque la lógica geométrica de izquierda, centro y derecha no es la única que impera en política.
Es posible que en OSP vivieran como una sorpresa desagradable el limitado compromiso de Podemos con la estabilidad del equipo de gobierno que habían contribuido a investir y su independencia de criterio a la hora de apoyar cuestiones fundamentales como los presupuestos municipales o la hoja de ruta para superar el bloqueo urbanístico. Esa independencia –o falta de compromiso con la gobernabilidad, como se lo quiera llamar– puso durante gran parte de lo que llevamos de mandato municipal a la formación morada, y no a los sampedreños, en el centro del poder de decisión en el Ayuntamiento.
Es precisamente en la pugna entre Podemos y OSP por ocupar ese espacio decisivo donde deben buscarse gran parte de los motivos que llevaron al partido sampedreño a dudar acerca de si seguir en el gobierno municipal y a lo ajustado de la votación por la que se decidió continuar. La diferencia entre el 24-3 por el que su Consejo Consultivo optó por investir a José Bernal como alcalde en 2015 y el 16-12 por que el descartó echarlo con una moción de censura en 2017 se explica en gran medida por esa situación de incomodidad frente al protagonismo de Podemos.
Hay una segunda cuestión, que reside en el desencanto o en el baño de realidad –también en esta cuestión el lector puede elegir el término que más le encaje– en relación con las actuaciones pendientes de la Junta de Andalucía en San Pedro que supusieron un factor decisivo a la hora de decantarse hacia la izquierda tras las elecciones de 2015.
Cumplido el ecuador del mandato, los responsables de OSP vieron cómo ninguna de las tres actuaciones comprometidas hace dos años había siquiera comenzado a materializarse. Ni la pasarela peatonal en Las Medranas, ni el centro de salud, ni mucho menos el instituto. Los ediles del partido sampedreño creyeron, seguramente con una importante carga de ingenuidad o inexperiencia, que su apoyo decisivo para que el PSOE recuperara una Alcaldía relevante en la provincia de Málaga después de años de ostracismo político iba a ser suficiente para revertir la histórica falta de compromiso del Gobierno andaluz con Marbella. Pero hay inercias que parecen inapelables y los concejales de OSP pudieron comprobarlo en sus propias carnes cuando tuvieron que dar cuentas a su parroquia de por qué el Gobierno andaluz no cumplía con lo que el PSOE había firmado.
Por eso no fue casualidad que la semana en que, en su enésimo regate, la Junta rechazara firmar el acuerdo para que el Ayuntamiento adelantara la financiación del centro de salud, OSP estallara, reclamara un gobierno de concentración y tomaran estado público las reuniones que venían manteniendo con el Partido Popular para explorar las posibilidades de un cambio de gobierno. El resultado fue, tras arduas gestiones del secretario de Política Institucional del PSOE de Andalucía, Francisco Conejo, que la Junta asumiera la ejecución del proyecto y que la flamante consejera de Salud, Marina Álvarez, se estrenara en el cargo con una visita a la Tenencia de Alcaldía de San Pedro, donde firmó un convenio en el que su departamento asumía ese compromiso y cuya eficacia habrá que comprobar en los próximos meses.
Estas dos cuestiones –la incomodidad ante el obligado protagonismo de Podemos, un partido del que algunos miembros de OSP separa un abismo ideológico, y el desencanto con el Gobierno andaluz– fueron los que determinaron que los sampedreños tuviesen un debate de verdad, y no un mero paripé, antes de decidir si seguían formando parte del tripartito.
A un nivel al menos parejo con los dos anteriores estaba el asunto que se puso sobre la mesa, la falta de medios para ejercer la autonomía. La franqueza con la que se planteó este asunto revela la inexperiencia y también, en buena medida, la ingenuidad con la que los ediles de OSP plantearon hace dos años la recuperación plena de la autonomía de San Pedro y la falta de conocimiento sobre los laberintos y las trampas que esconde la gestión pública para quienes nunca antes han tenido experiencia de gobierno.
En OSP no ocultan su convencimiento de que el mapa político de Marbella no sufrirá cambios sustanciales en el futuro y que su papel de partido bisagra no es cuestión de solo un mandato. Por eso había responsables que opinaban que era necesario que se los empezaran a tomar en serio y que para eso había llegado el momento de dar un puñetazo sobre la mesa.
Pero hay imágenes que perduran más allá de cualquier argumento. La del concejal de OSP sacado arrastrado del salón de plenos por agentes de la Policía Local que cumplían órdenes de la entonces alcaldesa Ángeles Muñoz es posible que no se haya borrado aún de la retina de algunos de los miembros de ese partido. La de una dirigente con media cabeza puesta en Marbella y la otra media, en Madrid, es posible también que aún perdure. Que Muñoz se haya encontrado a 600 kilómetros cuando en Marbella sus posibles aliados debatían si la volvían a sentar en el puesto de mando no contribuyó a erradicar esa idea y debilitó la posición de quienes, en el seno de OSP, defendían la oportunidad de una moción de censura.

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Paisaje de pactos
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Héctor Barbotta | 07-08-2017 | 5:21| 0

Marbella ha resuelto su culebrón veraniego en la misma noche en la que comenzaba agosto y no pocos políticos con las maletas ya preparadas han agradecido que el asunto no se haya dilatado más de la cuenta. Desde hace dos años se sabía que OSP, el grupo independiente de San Pedro al que se suele confundir con una fuerza independentista pese que a la segregación no figura entre sus objetivos declarados, iba a hacer balance y a tomar decisiones una vez que se alcanzara el ecuador del mandato municipal. Decidirían, transcurridos dos años desde que pactaron con el PSOE e Izquierda Unida un gobierno en minoría en el Ayuntamiento de Marbella, si mantenían viva esa alianza hasta el final o la rompían para irse con el PP, la fuerza mayoritaria que se quedó a un concejal de gobernar por un tercer periodo consecutivo.
Se esperaba un debate de trámite, porque su experiencia como fuerza de oposición durante el segundo gobierno de Ángeles Muñoz dinamitó puentes de entendimiento, pero las tensiones internas y la incomodidad de gobernar a tres dependiendo además de una cuarta fuerza para sacar adelante los asuntos sustanciales causaron un desgaste que hizo albergar expectativas de un posible vuelco político.
No habrá moción de censura porque por un ajustado margen el partido sampedreño decidió seguir donde estaba, pero lo ajustado de la votación en la que se optó por continuar en el gobierno tripatito y las negociaciones más o menos discretas de las últimas semanas demuestran que la crisis política llamó a las puertas de Marbella y que su gobierno a punto estuvo de tambalearse.
En política nunca hay situaciones definitivas, pero es posible que pase algún tiempo hasta que se vuelvan a ver gobiernos municipales, y no municipales, con mayorías absolutas. La aparición de nuevos partidos y la pérdida de confianza en los tradicionalmente mayoritarios han dibujado un paisaje que nos acompañará durante algún tiempo.
Las negociaciones que han tenido lugar en Marbella en estos días formarán parte, con toda seguridad, de ese paisaje y por eso estaría bien que se asumieran con normalidad. Cuando un partido, o algunos de sus miembros, en aras de una pretendida discreción, intentan ocultar el contenido de las conversaciones, niegan la existencia de reuniones que se han producido o se están por producir o, como en el caso de los sampedreños, encubren la identidad de las personas que tienen que tomar una decisión como si de una organización clandestina se tratara, no hace más que levantar sospechas sobre una situación que a partir de ahora habrá que tomarse como habitual. En democracia las formas no son menos importantes que los contenidos.

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Asuntos sustanciales
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Héctor Barbotta | 28-07-2017 | 4:40| 0

Opción Sampedreña, el partido independiente de San Pedro Alcántara al que el resultado electoral de 2015 ha dado el mango de la sartén de Marbella, deshoja la margarita. Tiene por delante la posibilidad de decidir si la ciudad sigue gobernada por el tripartito encabezado por el PSOE o si vuelve a tener como alcaldesa a la popular Ángeles Muñoz. No se trata de una sorpresa. Cuando en 2015 pactaron para darle la Alcaldía al socialista José Bernal avisaron que aquel era un pacto para dos años, no para cuatro, y que llegado el ecuador del mandato harían su balance y decidirían si continuar o no. Sus socios aceptaron esa condición, y todas las otras que impusieron, y el momento ha llegado.
Así como hace dos años el partido de San Pedro puso como condición para pactar con los socialistas e Izquierda Unida que la Junta se comprometiera a realizar obras pendientes en ese distrito, ahora exigen que se dote a la Tenencia de Alcaldía de más medios humanos y materiales. Se podría argumentar que una ciudad con el urbanismo paralizado y el modelo turístico en cuestión posiblemente tenga otros asuntos que podrían reclamar atención, pero el partido de San Pedro reclama por lo suyo. No se puede decir que no vayan de cara.
En los años recientes, cuando el Partido Popular se vio frente a un escenario de pérdida de las mayorías absolutas en las grandes ciudades, el Gobierno lanzó un globo sonda sobre un cambio normativo para que en los ayuntamientos gobernara la lista más votada. Rajoy intentó explicarlo según su estilo, con aquella frase acerca los vecinos y el alcalde que ya ocupa un lugar destacado en su antología personal. Logró hacerse entender aunque no consiguió erradicar las sospechas de que se trataba de una maniobra chapucera, un pucherazo de última hora para cambiar las reglas de juego en mitad del partido. Quedó lejos de construir un consenso que permitiera modificar una norma esencial de la cultura democrática labrada durante 40 años que señala que no gobierna quien obtiene más votos, sino el que consigue formar mayorías.
No hay consenso para cambiar normas escritas, y algunas de las no escritas se están evaporando ante la mirada azorada del personal. Una de ellas era que en las cuestiones esenciales los dos grandes partidos, que por eso lo eran, se ponían de acuerdo.
Cualquier resolución de la crisis política en la que ha entrado Marbella será legítima. Pero estaría bien que más temprano que tarde, aquellos a quienes los electores siguen considerando partidos principales llegaran a acuerdos para desbloquear los asuntos sustanciales. Que no son el número de barrenderos que necesita un distrito.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella