Diario Sur

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Autor: HectorBarbotta
El parto de los presupuestos
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Héctor Barbotta | 23-03-2017 | 10:11| 0

 

Los políticos que dicen no ser políticos sólo porque están de paso por la actividad municipal suelen dar definiciones que describen situaciones con mucho más acierto que las frases hechas que emanan de los argumentarios y la encorsetada forma de actuar de los partidos. En esta semana plana en que la actividad municipal, al menos la pública, se limitó a la comparecencia tras la comisión de gobierno del martes y a la presencia en la feria turística de Moscú, la expresión más acertada salió de la boca de Manuel Osorio, el concejal de Opción Sampedreña (OSP) que tiene a su cargo la cartera de Hacienda.
Al presentar los presupuestos municipales que se llevarán a pleno el próximo martes, Osorio no dudó en referirse a la negociación previa como un parto. «Cada vez cuesta más dar a luz a este bebé», reconoció sin complejos. Si se toma en cuenta cuándo comenzaron las conversaciones y en qué momento entrarán en vigor los presupuestos, podemos concluir, efectivamente, que se trató de un embarazo completo. De riesgo.
La negociación de los presupuestos en un Ayuntamiento siempre es un proceso difícil, el más complejo de cada ejercicio político, incluso en las situaciones de mayoría absoluta, porque una vez que se reparten las delegaciones municipales cada uno intenta llevarse la mayor porción de la tarta.
Desde que las políticas de austeridad y el techo de gasto redujeron el tamaño de la tarta, la lucha es más encarnizada. Por eso, a partir del momento en que se alcanzó el acuerdo a cuatro que situó a José Bernal en la Alcaldía de Marbella se supo que la negociación de los presupuestos iba a ser el momento que más iba a poner a prueba la fortaleza del pacto multicolor. Sobre todo, porque en un acuerdo en el que todos los votos son necesarios en principio nadie está dispuesto a renunciar a ocupar el centro del poder de decisión.
Osorio atribuyó gran parte de la responsabilidad en el retraso en la aprobación del documento –que no entrará en vigor hasta mayo– a que tampoco el Gobierno central tiene presupuesto y a que el cálculo del techo de gasto no llegó a tiempo. Eso es parte de la verdad, pero no la verdad completa, porque la frase que comparaba la negociación con un parto no remitía a factores externos, sino sobre todo a las dificultades del tripartito para llegar a un acuerdo con Costa del Sol Sí Puede, formación a la que gran parte del tripartito, pero sobre todo OSP, le sigue reprochando que no se integre en el equipo de gobierno y siga planteando, casi dos años después, exigencias desde fuera.
El edil también mostró su aspiración de que el año próximo no vuelva a producirse un escenario como éste y que la ciudad no tenga que esperar al quinto mes del año para contar con sus presupuestos aprobados. Sin embargo, no hay nada que pueda hacer prever que el paisaje vaya a cambiar. Las dificultades del Gobierno central para sus propios presupuestos seguirán ahí y el partido vinculado a Podemos seguirá sin entrar en el gobierno municipal de Marbella. El año que viene volveremos a tener otra gestación, y hace bien el edil de Hacienda en adelantar que tras el verano comenzará a trabajar en los nuevos presupuestos. Quizás hasta debería ponerse antes.
Pero el símil del parto propuesto por Osorio ha sido especialmente afortunado por lo que viene de ahora en adelante. Así como las biografías no culminan, sino que comienzan en el alumbramiento, el presupuesto tiene por delante una parte no menos compleja que lo que supusieron las negociaciones para elaborarlo: su ejecución. Sólo con repasar las distintas partidas provisto de calculadora y revisando la ejecución de los presupuestos del año pasado, al menos la parte que está disponible, no es difícil llegar a la conclusión de que las cuentas son optimistas en cuanto a los objetivos recaudatorios y que el techo de gasto seguirá pesando como una losa sobre las inversiones previstas. Que una obra aparezca en los presupuestos está bien, pero no constituye, ni de lejos, una garantía.

La vida política de la provincia estuvo esta semana convulsionada por el intento de compra de un concejal de Costa del Sol Sí Puede en el Ayuntamiento de Mijas para que respaldara una moción de censura que repusiera en el sillón de alcalde al presidente del Partido Popular de Mijas, Ángel Nozal.
Las grabaciones, reproducidas por este periódico, remitieron seguramente a la memoria colectiva de Marbella y a episodios que marcaron su historia reciente. Es probable que algunos vecinos hayan experimentado un legítimo sentimiento de frustración al comprobar que lo que pasó durante el gilismo, lejos de crear anticuerpos democráticos contra la plaga de la corrupción política lo que creó fue escuela.
Era de esperar que el episodio diera lugar a una crisis en el PP de la localidad vecina, pero la dimisión del concejal que actuó como intermediario y la necesidad de dar por zanjado el asunto antes del congreso regional de la formación, que se celebra este fin de semana, abortaron cualquier posibilidad de limpieza a fondo ejemplarizante ante un episodio tan grave.
A nadie escapa que la forma en que se ha resuelto un incidente que mancha la reputación del PP alienta episodios similares en el futuro y permite leer cuál es la posición de la dirección provincial del partido frente a sus barones locales en un momento en que en la Diputación no sobra ningún voto y en el que todavía pesa el antecedente de Alhaurín el Grande.
Por ello seguramente deba descartarse, de cara a las elecciones municipales de 2019 cualquier movimiento de renovación en el PP de Marbella impulsado desde el equipo de Elías Bendodo. La debilidad demostrada por el presidente provincial en este episodio permite adelantar que si Ángeles Muñoz quiere, volverá a ser candidata a la Alcaldía.

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Tragaderas
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Héctor Barbotta | 17-03-2017 | 12:33| 0

La imagen de Marbella se propaga habitualmente sobre los municipios vecinos y no es inusual que bajo su sombra se ampare gran parte de la oferta turística de toda la zona. Hay hoteles y clubes de playa situados en el término municipal de Estepona que encuentran cobijo y estrategia comercial en la marca Marbella –y nadie se molesta por ello, ni en Marbella, ni en Estepona–, del mismo modo que urbanizaciones de lujo de Benahavís o promociones inmobiliarias de Ojén utilizan también con éxito el reclamo irreprochable del municipio vecino. Con lo que cuesta posicionar una marca en el mercado turístico e inmobiliario internacional, sobre todo cuando esa marca es ignorada por las instituciones públicas que deberían promoverla, no tendría sentido no valerse de ella sólo por una estrecha cuestión de lindes.
En los últimos años también Mijas se ha valido del paraguas de Marbella, pero en un sentido diferente. No para promover iniciativas económicas de éxito, sino para que sus propias vergüenzas quedaran ocultas bajo escándalos que brillaban con más fuerza. No por una cuestión de gravedad, sino por un mero motivo de penetración de marca.
Pero basta con observar las barbaridades urbanísticas que se asoman a la autopista para concluir que algo viene oliendo mal en Mijas desde hace tiempo. Y como no ha habido escándalos que avergonzaran al personal, tampoco parece que se hayan generado los anticuerpos morales necesarios.
Ahora se ha sabido que el portavoz del Partido Popular de Mijas, Ángel Nozal, acaba de ofrecerle a un concejal de Podemos participar en una moción de censura para recuperar la alcaldía a cambio de un trabajo. Si no se pliega, lo denunciarán por un supuesto cobro irregular de nóminas en el Ayuntamiento. Nada personal, sólo negocios.
Esta oferta, que es en realidad una amenaza, vuelve a demostrar que, en el mejor de los casos y abordando el tema con la mejor buena voluntad, indulgencia e ingenuidad, en el Partido Popular conviven dos almas: la de quienes se avergüenzan de todo lo que ha pasado desde Gürtel hasta aquí y la de quienes consideran que se puede seguir adelante sin cambiar nada, solamente dilatando el tamaño de las tragaderas de los ciudadanos.
Los antecedentes de Ángel Nozal y la propia catadura moral que su oferta revela no permiten albergar dudas de qué alma lo anima, del mismo modo que tampoco da lugar a expectativa alguna de que vaya a retirarse por propia voluntad. Pero quienes debían señalarle la puerta no lo han hecho. Quizás su proyecto político también consista, simplemente, en agrandar las tragaderas.

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Libertad de expresión
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Héctor Barbotta | 13-03-2017 | 10:14| 0

S ucedió en Marbella, pero podría haber pasado en otro sitio. Una persona que ejerce el periodismo se acercó a la madre de una celebridad gravemente enferma y se interesó por el estado de su hijo. La mujer encontró un momento para el desahogo. La periodista, que no había revelado su condición de tal, no tuvo reparo en convertir en noticia la confidencia de una madre desesperada. La mujer se encontraría con su confianza traicionada y publicada en una web, de la que a su vez beberían luego otros medios y agencias que ignoraban cómo se había obtenido la noticia. Historias así se han convertido en parte del paisaje, igual que las webs que desconocen la frontera entre el interés personal del periodista y el interés general de los lectores o, peor aún, entre el periodismo y el chantaje.
Este tipo de situaciones no suele ponerse sobre la mesa. Es difícil saber si es por corporativismo o porque un oficio cuyo entorno se degrada día a día aconseja no meterse a criticar a colegas porque uno nunca sabe a qué puertas se puede ver obligado a llamar. O quizás, simplemente, porque los periodistas no debemos dedicarnos a hablar de nosotros. Una de las cuestiones que primero se aprenden en este oficio es que no hay buenos profesionales éticamente reprochables y que el grado de invisibilidad que se alcanza es directamente proporcional a la calidad de lo que se hace. A raíz del comunicado de la Asociación de la Prensa de Madrid, se habla mucho de los periodistas, del grado de libertad con que trabajan y de las presiones que sufren. Y si bien no es buena noticia que se hable de los periodistas, mucho menos que se pretenda transmitir que las presiones son una situación anómala. Trabajar bajo presión, de cargos públicos, de cualquier entidad implicada en una información o de estúpidos que se escudan en el anonimato de las redes forma parte de la rutina de cualquiera que haga medianamente bien su trabajo. Las peores presiones no son las que se denuncian, sino las que surten efecto.
El periodismo está en peligro. Pero no por las presiones, sino por la mala praxis, por las condiciones en las que trabaja la mayoría y por el desprecio por la verdad de quienes ejercen el poder público y el privado. En un país donde los medios se achican cada día y donde dos titiriteros han dormido en prisión, que tiene a un rapero en la cárcel y en el que el fiscal acaba de denunciar a una drag queen, escuchar que la libertad de expresión peligra porque los de Podemos presionan a periodistas sería para partirse de risa si no fuese para llorar.

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Una vida con sentido
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Héctor Barbotta | 28-02-2017 | 6:24| 0

 

Dice el escritor Ernesto Semán que se escribe para darle sentido a la experiencia, y ese principio, que expuso al acabar una durísima novela inspirada en el secuestro, desaparición y posible asesinato de su padre cuando él sólo tenía nueve años, seguramente vale para toda creación artística.

Pablo Ráez no llegó a ser autor de ninguna obra literaria, la vida no le dio tiempo para ello, pero la forma en que decidió abordar su enfermedad deja un legado que bien podría inspirar no uno, sino decenas de ensayos, novelas, poesías o guiones.

Seguramente no exista sinsentido mayor que perder la vida cuando apenas se ha comenzado a vivirla. Sin embargo, este joven consiguió darle sentido a ese absurdo. Lo hizo haciendo pública su enfermedad, no con el afán de  exhibicionismo narcisista que tanto abunda y hastía en esta sociedad en la que las redes dan aun a los más insustanciales la posibilidad de acceder a sus 15 minutos de celebridad, sino concediéndole a sus conciudadanos la posibilidad de ser un poco mejores.

Porque cuando Pablo hablaba de su enfermedad no se refería a sí mismo, sino a todas las personas que se enfrentan a ese enemigo invisible e impiadoso; cuando consiguió que todo el mundo se planteara convertirse en donante de médula no lo hacía sólo con la esperanza de conseguir una donación compatible que lo curara a él, sino con la certeza de que su acción estaba permitiendo salvar a muchos otros; cuando nos hacía partícipes de sus avances y retrocesos en lucha contra la enfermedad no era para vanagloriarse de su valentía y de su fortaleza admirables, sino para transmitir esa valentía y fortaleza a otros enfermos que seguramente encontraron en su ejemplo la templanza y el ánimo que necesitaban.

Que con sólo 20 años haya sido capaz de convertirse en semejante ejemplo mientras atravesaba el trance de luchar por su vida y lo haya hecho recurriendo a instrumentos que muchos utilizan para exhibir sus miserias nos revela que hemos estado ante un personaje extraordinario que seguramente representa a miles de héroes anónimos cuyos nombres nunca llegaremos a conocer.

Pablo Ráez, como los grandes autores de la historia, ha conseguido darle sentido al absurdo de un drama terrible y el legado que deja seguramente nos sobrevivirá a todos quienes hemos tenido la suerte de ser sus contemporáneos.

Su familia está lógicamente desconsolada, aunque tiene motivos más que fundados para el orgullo. Sólo unos padres extraordinarios pudieron educar a un hijo con esos valores. Ellos también son un ejemplo.

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Pelea por el mango de la sartén
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Héctor Barbotta | 26-02-2017 | 10:10| 0

 

Los dirigentes locales de Podemos ya no son aquellos bisoños negociadores que en junio de 2015, apenas el Partido Popular perdió la mayoría absoluta, adelantaron que en ningún caso permitirían que Ángeles Muñoz conservara el bastón de mando. Ese posicionamiento público previo al comienzo de las negociaciones con quienes acabaron conformando el gobierno tripartito permitió advertir que aquella caracterización global de ‘casta’ que por aquel entonces utilizaban para definir por igual a todos los partidos tradicionales albergaba fuertes matices, pero también los quitó del centro del poder de decisión. Tanto el PSOE como Izquierda Unida comprendieron que a partir de ese momento de lo que se trataba era de convencer a Opción Sampedreña y hacia allí se dirigieron todos los esfuerzos. Los dirigentes de OSP vivieron sus días de gloria, saborearon las mieles de quien está en situación de dirigir el pulgar hacia arriba o hacia abajo y hasta se tomaron revancha permitiéndose poner en una situación humillante a quien consideraban que los había maltratado durante los cuatro años anteriores gracias a una mayoría absoluta que acababa de perder, invitándo a Ángeles Muñoz a una negociación que sabían desde el comienzo que no tenía ninguna posibilidad de prosperar.
Los dirigentes de OSP se permitieron incluso acotar su compromiso a dos años con la secreta esperanza de volver a repetir escenario a mitad de mandato y hasta obtuvieron de la Junta de Andalucía no sólo la promesa de obras pendientes, sino también la de allanarse en el proceso judicial que debía decidir sobre el expediente de segregación de San Pedro.
Pero los surfistas sólo están en la cresta de la ola el tiempo que la ola tarda en convertirse en espuma. Firmado el pacto, asumidas las tareas de gobierno y colocado el personal en los puestos que otorga el poder, se trata de gobernar, gestionar las miserias del día a día y comprobar que la inercia burocrática es el peor enemigo a la hora de convertir proyectos en realidades.
Es posible que en el tripartito existiera el convencimiento de que sólo era cuestión de tiempo que Podemos y su marca municipal se integraran en un gobierno cuatripartito, pero esas expectativas se vieron frustradas con una purga interna con la que se sofocó una rebelión que aparentemente tenía por objetivo apartar al actual portavoz y entrar con armas y bagajes al equipo de gobierno.
Los díscolos fueron apartados, quedaron sólo quienes se han creído en serio que el suyo es un partido diferente a los demás y Podemos confirmó su estrategia de mantenerse al margen del gobierno y condicionar su apoyo a una negociación permanente a la que el tripartito está obligado pero que pone a prueba la paciencia de sus miembros.
Quienes antes han mostrado públicamente su hartazgo son los dirigentes de Opción Sampedreña. Han comprobado que lo que ellos hicieron durante las semanas que separaron las elecciones de 2015 de la investidura como alcalde de José Bernal –empuñar la sartén por el mango–, los dirigentes de Podemos están en condiciones de hacerlo cada vez que hay algo importante por decidir o simplemente cuando necesitan mostrar distancias con el tripartito. Cuando les ha venido bien, los ediles del partido morado han demostrado incluso que no se cargan con problemas de conciencia si, pese al abismo ideológico que los separa, tienen que coincidir puntualmente en una votación con el PP. En más de una ocasión, desde el propio PP se ha intentado influir de manera indirecta, y sin que se notara demasiado, en las asambleas que los morados celebran antes de cada pleno para de esa manera bloquear decisiones municipales.
El hartazgo es compartido por los tres grupos del gobierno municipal, pero de momento los únicos que han decidido mostrarlo en público son los concejales del partido sampedreño. Primero porque con Podemos fuera del gobierno el poder de decisión que OSP tuvo durante las semanas de la negociación de la investidura no es más que un bonito recuerdo y a veces parece invadirles la nostalgia; y también porque uno de sus concejales, Manuel Osorio, está al frente del área más sensible del Ayuntamiento, la de Hacienda, desde donde se elaboran los presupuestos que marcan la política para todo el año.
Presumiendo, como la hacen, de ser un partido sin ideología –en el caso de que tal cosa fuese posible– y con el recuerdo de la posición que el Partido Popular mantuvo el año pasado, al permitir con su abstención que los presupuestos salieran adelante, los sampedreños intentaron este año un acercamiento similar. No con Ángeles Muñoz, de quien los siguen separando una infranqueable falta de química, sino con la dirección provincial del partido. Pero aquí cada uno juega sus cartas, y la respuesta fue inequívoca. Opción Sampedreña podía contar con el voto del PP a los presupuestos elaborados por Osorio el día antes de firmar la moción de censura para quitar a Bernal del sillón de la Alcaldía. Si no, que buscara el apoyo de Podemos, y ya el PP se encargaría de desgastar a OSP ante su parroquia como un partido sometido a las exigencias del partido morado.
Por eso no llama en absoluto la atención que en los últimos días ambos partidos, OSP y Podemos, hayan exhibido sus diferencias en unos cruces de declaraciones destempladas que alcanzaron su culmen en el duro enfrentamiento entre sus portavoces, Rafael Piña y ‘Kata’ Núñez durante el último pleno.
Este desencuentro se produce además en un momento en el que el Partido Popular está adquiriendo el papel más duro desde que perdiera la Alcaldía. Primero, porque ya ha pasado el tiempo de dejar hacer al equipo de gobierno para que su voto negativo en cuestiones clave no se interprete como una rabieta por haber perdido los sillones. Pero también porque el último congreso nacional del partido, en el que Ángeles Muñoz ha salido reforzada con la permanencia de Arenas en el núcleo duro de la dirección y su propia renovación con una silla en el Comité Nacional, parece haber despejado las dudas que podían haber sobre el liderazgo del PP de Marbella para el futuro proximo, a pesar de que faltan aún dos años para las elecciones municipales y dos años en política es mucho tiempo.
En el PP han advertido que la búsqueda de mayorías para ganar las votaciones desgasta al equipo de gobierno y no parecen dispuestos a facilitarle la vida al tripartito.
El último ejemplo se vio el viernes, cuando tras llevar al pleno la aprobación del texto refundido del PGOU, la concejala de Urbanismo se vio obligada a retirarlo.
El PSOE utilizó el comodín de las lindes con Benahavís para justificar su decisión, posiblemente porque haya llegado a la conclusión de que usando ese argumento en cualquier ocasión consigue desgastar a Ángeles Muñoz. Pero la utilización una vez de ese argumento no puede esconder que la retirada no es cuestión de límites geográficos entre municipios, sino un problema aritmético de primero de Primaria. Ni PP ni Podemos iban a apoyar la aprobación del texto y la cuentas no daban para la mayoría absoluta necesaria. Y perder una votación es poner en evidencia la propia debilidad. Toda una premonición de lo que puede esperarse de próximas votaciones
Vienen olas, y lejos de buscar aguas más calmas la pelea va estar por ver quién consigue subirse a la cresta.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella