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Autor: HectorBarbotta
Un espejo
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Héctor Barbotta | 28-01-2017 | 5:15| 0

De todas las catástrofes políticas que se han abatido en los últimos meses sobre el planeta es posible que la que tendrá más repercusión en la Costa del Sol es el Brexit. No posiblemente sobre la industria turística, pero sí sobre los miles de conciudadanos y vecinos de origen británico con quienes convivimos a diario.
Si se mira desde la perspectiva global, el Brexit será una gota comparado con el río de consecuencias que podrá tener sobre el mundo la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, aunque quizás no haya que hacer análisis separados. Ambos fenómenos comparten orígenes comunes: el fracaso de la política tradicional que abre paso a la penetración del discurso demagógico, la criminalización de inmigrantes y minorías, la nostalgia por una prosperidad sustentada en condiciones irrepetibles. Asusta mirar el mapa de Europa y ver cuántos países recrean el mismo escenario.
Además del temido efecto contagio, también son previsibles consecuencias comunes, por lo que es posible que en el futuro haya dificultades a la hora de identificar qué repercusiones sufriremos como resultado del Brexit y cuáles, derivadas del mandato de Trump.
La situación se está afrontando de manera dispar: mientras Alemania advierte de que la ruptura de los acuerdos comerciales decidida por Trump le abre oportunidades en el Pacífico y en América Latina, España ha reaccionado con los complejos acostumbrados en lugar de tomar el liderazgo que cabría esperar a la hora de ponerse en la primera línea de defensa del español. Una actitud más audaz podría reportar grandes réditos en el futuro, y no sólo culturales, pero la asunción de riesgos no está ni remotamente en el adn de este gobierno.
La llegada de un presidente misógino, supremacista y xenófobo es un terrible golpe moral, pero deberíamos aprovechar esta situación para ponernos frente al espejo y no para situarnos en el pedestal de superioridad moral que adoptamos cuando miramos a Estados Unidos. Porque en estos días, mientras denostamos el muro en la frontera mexicana seguimos ignorando la valla con concertinas de Ceuta; mientras criticamos el conflicto de intereses que supone la entrada de magnates en el gobierno americano nos abstenemos de poner coto a que los magnates vernáculos incorporen a exministros y expresidentes a sus consejos de administración; mientras censuramos la ausencia de negros e hispanos en el gobierno de Trump ni siquiera somos capaces de imaginar a un gitano o a un musulmán en el consejo de ministros de España. No hay como mirar hacia afuera para evitar mirarnos hacia dentro.

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Formas y fondos
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Héctor Barbotta | 28-01-2017 | 5:13| 0

Hace ya algunos años un importante empresario hotelero andaluz confesaba en privado en pleno desarrollo de Fitur el verdadero motivo por el que no se perdía una sola edición de la feria. Consideraba que a efectos de promoción no conseguía gran cosa, pero era una oportunidad inmejorable para solucionar problemas en los distintos pueblos de Málaga y de otras provincias donde tenía intereses. Había tantos alcaldes desplazados a Madrid que conseguía resolver en una sola mañana y en un mismo lugar la misma cantidad de asuntos que en otras circunstancias le requerirían varias semanas de citas y decenas de desplazamientos.
El Ayuntamiento de Marbella recuperó el año pasado su expositor propio en Fitur como una seña de identidad de la política de promoción que quiere impulsar el actual equipo de gobierno y en contraste con la ausencia de los ocho años anteriores, en los que la política turística del equipo de gobierno del PP discurrió por otros derroteros. Este año, el stand ocupó el doble de espacio que el año anterior, con un área destinada exclusivamente a mesas de trabajo en las que las ocho empresas patrocinadoras han podido realizar su actividad.
Una de las frases que más se escuchan acerca de la feria turística de Madrid, la segunda del mundo por tamaño -sólo por detrás de la de Berlín aunque la WTM de Londres tenga mayor relevancia para la Costa del Sol por el peso del mercado británico en nuestro turismo- es aquella de ‘En Fitur hay que estar’. Sin embargo algunas veces parece que no se sabe bien para qué.
En Fitur confluyen el negocio y la política. Aunque en algunos pabellones -especialmente en aquellos donde presentan su oferta los destinos internacionales para los que el mercado español es decisivo- se respira y se palpa una intensa actividad de negocio, en el pabellón andaluz parece primar la política. Y no hay ninguna voluntad de disimularlo. Basta con recordar cómo fue la jornada inaugural, el pasado miércoles.
El pabellón fue inaugurado por la mañana por la presidenta de la Junta, Susana Díaz, que se tomó su tiempo para recorrer los ocho expositores andaluces. El interés que los alcaldes y dirigentes socialistas de cada una de las ocho provincias tomaron en fotografiarse con la líder de su partido fue tal que cuando habían pasado dos horas desde la inauguración del pabellón a la presidenta le faltaba todavía pasar por los dos últimos expositores, Málaga y Almería, y unos cuantos cientos de besos y sonrisas por repartir.
En un evento donde la prioridad fuese lo turístico, la agenda se hubiese desarrollado según lo previsto. Pero como en este caso la política estaba por encima, la delegación marbellí decidió postergar la inauguración de su stand hasta el saludo, los besos y la foto. Cuando ello finalmente se produjo, en medio de las aglomeraciones y los empujones de rigor, sólo entonces los representantes políticos de Marbella volvieron al stand municipal y se continuó con el programa. La inauguración del expositor estaba prevista a la una; se celebró a las tres y media.
Posiblemente haya quien interprete que este episodio no supera la categoría de anécdota. Es posible. Pero supone también toda una metáfora acerca de cuál es la prioridad de las delegaciones políticas en Fitur. No sólo la de Marbella, obviamente.
La presencia de la ciudad en la feria turística de Madrid ha sido de largo muy superior a la del año pasado. Tanto en el evento organizado en la noche previa a la inauguración, celebrado este año en un escenario de primera categoría como es el Teatro Real, como en el expositor de la feria, en el área municipal de Turismo han demostrado capacidad para sacar enseñanzas de la experiencia y traducirlas en un trabajo sensiblemente mejor.
Un evento previo claramente mejor que el del año anterior y un expositor en la feria más grande y vistoso que el de 2016 constituyeron un continente superior. Sin embargo, Fitur también ha demostrado que la estrategia turística de Marbella sigue quedándose corta en el contenido. Un discurso que insiste que Marbella no debe competir con los municipios vecinos –como si hiciera falta repetirlo muchas veces en respuesta a un planteamiento que nunca se ha escuchado de boca de nadie– y una serie de presentaciones que daban cuenta de una carrera solidaria para fomentar la adopción de mascotas, de una competición de gimnasia artística, de un folleto editado en colaboración con Ojén y de una nueva edición de Expobodas, suponen un bagaje ciertamente corto y mejorable. La animación que se vivió durante gran parte de las jornadas y las colas que se formaron en los momentos en el que el stand de Marbella repartía platos de jamón y raciones de lubina y servía mojitos podrían invitar a la lectura de que todo ha sido un gran éxito. Pero sería mejor preguntarse cuál es el contenido concreto de una estrategia que se presenta acertadamente sobre los pilares de la naturaleza, la gastronomía, el turismo deportivo, el ocio y la cultura y sin embargo no termina de desarrollarse. Posiblemente el balance pueda sintetizarse en que se ha cumplido con las formas, pero los contenidos se han revelado escasos.
No se trata de una responsabilidad que debe caer sólo sobre el Ayuntamiento. Aunque la mayor parte del peso corresponde a la institución, existe una responsabilidad compartida y el hecho de que solamente ocho empresas hayan respondido a la llamada de tomar parte activa en el stand expone por sí mismo cuánto camino queda todavía por recorrer.
La desestacionalización sigue siendo el gran desafío que Marbella tiene por delante. Es un empeño que no se puede afrontar con pequeños parches ni dándose por satisfecho con la animación del stand, el éxito de la gala en el Teatro Real o la puesta en marcha del foro de expertos.
Si en el terreno exclusivamente turístico el balance de la feria arroja un diagnóstico de cómo marcha la estrategia de la ciudad, en el político ha supuesto un paradigma de la buena salud y la fortaleza del sectarismo de los partidos. Independientemente de cuál sea la consideración que los grupos de la oposición tengan sobre la política turística del gobierno municipal, su ausencia de la gala con la que Marbella se presentó en Madrid es algo que va más allá del derecho a la discrepancia para entrar en la de una ausencia total de cortesía y de cualquier mínimo sentido del saber estar institucional.
Se trata de una ausencia que se puede entender en los ediles que no viajaron a Fitur, pero que constituye un desaire inaceptable por parte de quienes sí estaban en Madrid y optaron por boicotear el acto que convocaba su ciudad. En el PP había diferentes opiniones sobre si se debía asistir a la gala -y de hecho, la presidenta de la Mancomunidad, Margarita del Cid, hizo acto de presencia-, pero finalmente en el grupo municipal se impuso el criterio de Ángeles Muñoz: ni agua al enemigo.

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Bernal y su inteligente jugada en Acosol
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Héctor Barbotta | 20-01-2017 | 10:07| 0

Se ha despejado una de las incógnitas con las que había acabado el año anterior: el nombre de la persona que sustituirá a Juan Carlos Fernández Rañada al frente de Acosol, la empresa pública dependiente de la Mancomunidad de la Costa del Sol Occidental. Esta sociedad, que maneja ingentes cantidades de recursos, ha tenido a lo largo de la historia unos consejeros delegados con perfil técnico y también otros con marcado perfil político. Entre estos últimos figuró no hace mucho el actual alcalde de Marbella, José Bernal, para quien su partido vio en Acosol una plataforma que el entonces flamante secretario general del PSOE de Marbella supo aprovechar. En aquella ocasión, el nombramiento de Bernal levantó ampollas en el PP, que cuestionó prácticamente todo: la idoneidad del elegido para el cargo, el sueldo, la supuesta utilización de los recursos de Acosol para fines políticos…
El futuro consejero delegado, el secretario general del PP de Marbella, Manuel Cardeña, tiene ese mismo perfil político aunque llega de una manera diferente. El PP ha optado por no imponer su candidatura, sino conseguir un mínimo consenso entre todas las fuerzas representadas en la Mancomunidad para que Cardeña llegue investido de un halo de consenso. De hecho, su confirmación como el candidato que el PP propondrá a la junta de Acosol antes de que concluya enero sólo se produjo después de que, tras una reunión mantenida con el alcalde, José Bernal, el propio Cardeña obtuviera la confirmación de que los socialistas no votarán en contra del nombramiento.
Mientras Ángeles Muñoz protagonizaba otra más de sus dilatadas ausencias –del 23 de diciembre al 18 de enero, cuando reapareció en Fitur–, toda la operación para designar a Cardeña se pilotó desde la dirección provincial del Partido Popular.
El próximo consejero delegado ya ha conseguido el beneplácito del resto de los partidos, tal y como le había encargado la presidenta de la Mancomunidad de la Costa del Sol, Margarita del Cid. Pero es posible que todavía tenga que trabajarse el respaldo de algunos compañeros de su propio partido. Hay quienes ven con ciertas reservas la acumulación de cargos de los tres ediles que acompañaron a Ángeles Muñoz en la travesía del desierto del PP durante la última etapa del gilismo –Kika Caracuel (diputada provincial), Félix Romero (diputado autonómico) y el propio Cardeña (secretario general del PP y ahora también consejero delegado de Acosol)– mientras que la mayoría de los que llegaron más tarde y formaron parte del aluvión que llevó al PP en 2007 por primera vez al poder municipal en Marbella han tenido que reintegrarse a sus antiguas ocupaciones cuando la formación pasó a la oposición. Construir el consenso interior para su nueva tarea posiblemente le requiera a Cardeña al menos tanta dedicación como la que le llevó a asegurarse que no tendría votos en contra de los otros partidos. No lo tendrá fácil. El PSOE ha visto la posibilidad de abrir la brecha que separa a los populares y ha justificado su respaldo a Cardeña atribuyéndole a éste la representación del “sector dialogante” del PP en contraposición a la actitud de confrontación en la que sitúa a Ángeles Muñoz. En lugar de utilizar un nombramiento que no puede evitar para lanzar un ataque contra sus adversarios que no tendría más efecto que cohesionarlos, lo ha instrumentado para intentar dividirlos. No parece una jugada torpe. Falta saber si en el PP caerán en la trampa.

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Sin trampas
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Héctor Barbotta | 09-01-2017 | 10:28| 0

La provincia de Málaga terminó 2016 con 168.148 parados, 13.553 menos que los que tenía al iniciarlo. La estadística, como se sabe, tiene trampa, porque el número de parados baja no sólo cuando un desempleado consigue un trabajo que puede ser considerado tal, sino también cuando se lo contrata por un par de horas a la semana, cuando se da de alta como autónomo para que su empleador se ahorre cotizaciones y responsabilidades e incluso cuando deja de buscar trabajo en España, bien porque se marcha a probar suerte a otro país, bien porque el desánimo se impone.
Aún en el caso de que nos decidiéramos a ignorar estas premisas y admitiéramos la tesis oficial de que los 13.553 parados menos son 13.553 personas que han encontrado un trabajo digno de ese nombre –en el anuncio se admitía pulpo como animal de compañía y todos nos reímos con aquello– la cifra seguiría siendo insoportable y la bajada inferior al 7,5 por ciento en el número de desempleados en un año en el que el Gobierno celebró la recuperación económica y la dramática situación en muchos de los destinos competidores pusieron el viento de cola en el sector turístico de la Costa del Sol, descorazonadoramente insuficiente.
Asusta sólo imaginar cuáles pueden ser las cifras que nos esperan en el futuro si la ejecución del Brexit se traduce en dificultades administrativas para los jóvenes que cruzaron el Canal de la Mancha para buscarse la vida o que están pensando en hacerlo, del mismo modo que inquieta pensar cuáles hubieran sido los números del paro en la provincia si el polvorín en el que se ha convertido el Mediterráneo y el lógico miedo a la locura terrorista no hubiese hundido las expectativas turísticas de Túnez, de Turquía y de buena parte de los destinos balcánicos; si la Costa Azul no hubiese sufrido la barbarie aquel terrible 14 de julio; si la crisis y la inestabilidad no se hubiesen instalado en el Egeo.
El viento ha soplado de cola con todo esos tristes factores jugando a favor, Málaga ha irrumpido con contundencia en el sector del turismo cultural, Marbella se ha consolidado en el sector de alta gama, con precios anteriores a la crisis, y sin embargo el empleo en los hoteles ofrece cada año un panorama más desolador de inestabilidad, precariedad y servicios subcontratados.
Es posible que las cifras del turismo, los precios que los hoteles consiguen cobrar por dormir en verano o por cenar en Nochevieja o el número de entradas que se venden en los museos nos inviten a deslizarnos por la pendiente de la autocomplacencia. Pero la situación de paro estructural no va camino de resolverse. Estaría bien que no sucumbiéramos a la tentación de hacernos trampas en el solitario.

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Provincianos
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Héctor Barbotta | 04-01-2017 | 2:01| 0

Vivir en la periferia tiene algunas ventajas. Y si es en la periferia de la periferia, según el caso, algunas más. Las estadísticas de la Consejería de Medio Ambiente revelan que la Costa del Sol es una de las aglomeraciones urbanas –porque eso es lo que constituyen los municipios crecidos al amparo económico del turismo y en torno a la antigua carretera nacional 340 con Málaga y Marbella como referencias a Este y Oeste– con menos contaminación ambiental.
Es verdad que a la Costa del Sol le faltan algunos equipamientos que la puedan igualar a otras grandes concentraciones –la ausencia de una línea férrea que permitiría cohesionar a sus poblaciones y multiplicar sus posibilidades de desarrollo no es el menor– pero la necesidad de aunar esfuerzos y eso a lo que los profesionales del ‘coaching’ y los cursis llaman sinergias permiten vaticinar que habrá un futuro de una gran concentración urbana, unida en torno a la antigua carretera y, esperemos, que al tren, de cara al mar, con servicios compartidos y complementariedad económica.
De momento, la Costa del Sol, a pesar de que la falta de una red decente de transporte público urbano e interurbano no deja otro remedio que usar y abusar del vehículo individual, presenta uno de los más bajos niveles de polución, lo que invita a pensar qué tan mejor sería la situación si los repetidos compromisos de impulsar el tren litoral se hubiesen llevado a la práctica.
En estos días parecemos impelidos a hablar de la contaminación urbana y a preguntarnos con la debida antelación qué debemos hacer para no seguir el camino de Nueva Delhi, Peshwar o Lima después de que el Ayuntamiento de Madrid se viera obligado a limitar la circulación de vehículos ante los niveles de polución que había alcanzado la ciudad.
Parece inevitable que lo que pasa en la capital acabe abriendo telediarios e informativos y marcando la agenda de todos los demás –incluso de los que no sufrimos sus problemas, sino otros– pero al menos es de agradecer que en esta ocasión nos haya llegado un debate interesante y fundamental para nuestro futuro.
Ya iba siendo hora de que en la capital subieran el nivel de las cosas que les preocupan, porque después de que comenzaran el año discutiendo sobre el diseño de los trajes de la cabalgata de reyes y lo acabaran haciendo partícipe a toda España de sus diferencias en torno a la peatonalización de las calles del centro durante los días de mayor afluencia de público, empezábamos a preocuparnos por tener una capital con debates tan provincianos.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella