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Autor: HectorBarbotta
PGOU: vencedores, vencidos, rojos y rositas
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Héctor Barbotta | 20-10-2008 | 1:47| 0

«Ojalá te toque vivir una época interesante», dice una maldición china. Las culturas milenarias guardan un poso de sabiduría, y si se desea a un enemigo que viva una época interesante es porque los procesos que en el futuro apasionarán a los historiadores martirizan durante su presente a los contemporáneos anónimos a quienes les toca vivirlas.
Es temprano y seguramente pretencioso vaticinar que los urbanistas del futuro estudiarán con curiosidad las vicisitudes del caos urbanístico de Marbella y el largo proceso de elaboración del nuevo Plan con el que se pretende ordenarlo. Pero seguramente los sufridos vecinos de Marbella empiezan a ver con alivio que en un futuro cercano ya no tendrán que esforzarse en ser expertos en urbanismo para poder estar al día de lo que pasa en su ciudad.

La aprobación del nuevo PGOU no tiene todavía fecha de aprobación por el pleno, pero el proceso comienza a ver el horizonte de un final cercano. El equipo redactor ya ha terminado su tarea, y ahora se abre el periodo final antes de su aprobación por el Ayuntamiento. El documento que ha llegado ahora, después de que el pleno municipal diera hace más de un año la aprobación inicial y volviera a pasar por el estudio del arquitecto redactor, se parece más al que el equipo de gobierno municipal hubiese querido hacer desde el principio. Se han regularizado edificios que antes quedaban fuera, se han suavizado no pocas compensaciones, se han atendido unas seis mil alegaciones y la propia alcaldesa asegura que se han quitado las cargas que pesaban sobre los desinformados ‘compradores de buena fe’, que según la teoría oficial no tenían por qué saber que los pisos que adquirieron en su día se saltaban todas las normas. Angelitos.
Entre algunas de las construcciones que podrán legalizarse aportando menos compensaciones que las que preveía el Plan original están algunas de las más emblemáticas, como La Cañada o el hotel Senator. Y entre los edificios que ahora se salvan se encuentran Jardines del Príncipe y Jardines de la Costa, dos de los que encontraron mayor contestación por parte de las vecinos de las zonas colindantes, cuyas propiedades perdieron vistas, intimidad y valor. Valorar su buena fe hubiese necesitado de la piqueta, por lo que se ha optado por ignorarla. Los hechos consumados han tenido su peso, y la normalización urbanística de la ciudad se cerrará con vencedores y vencidos.

Una de las incógnitas que todavía quedan por desvelarse está relacionada con qué postura adoptará el PSOE cuando llegue el momento de votar en el pleno, de todavía fecha incierta, la aprobación del Plan . La mayoría absoluta con la que cuenta el PP hace formalmente irrelevante la postura que tomarán los socialistas, pero su voto tendrá una fuerte carga política. No debe olvidarse que es la Junta de Andalucía la administración a la que le corresponde aprobar definitivamente el documento y dar luz verde, o no, a los cambios introducidos por el Ayuntamiento y que suavizan la propuesta original.
Los ediles del PSOE han asegurado que la Junta no avala estos cambios, y desde la Consejería se mantiene la prudencia. Los socialistas están inmersos en un proceso de renovación de sus agrupaciones, y todo está más o menos como antes del verano, cuando con el grupo municipal dividido por la mitad, la elección de portavoz se decantó por Susana Radío gracias al voto de los secretarios locales. La división es por afinidades personales, pero también va un poco más allá. Están los rojos y los rositas, por tomar una definición que uno de los implicados, del segundo grupo, no duda en hacer en privado. Los ‘rositas’ se sentían especialmente cómodos bajo el discurso moderado y modernito del que Paulino Plata hizo uso y abuso en su campaña, incluso enfrentándose abiertamente a la entonces consejera de Obras Públicas, Concepción Gutiérrez, a quien el candidato calificaba despectivamente de ‘justiciera’ por su postura firme frente a las ilegalidades urbanísticas, más atenta a lo que consideraba que había que hacer que a las encuestas preelectorales. El fiasco electoral dio alas a los ‘rojos’, más clásicos por decirlo de alguna manera, que prefieren marcar posiciones y confrontar abiertamente con el PP.
El caso es que ya ha habido asamblea en la agrupación de Marbella, donde ha vuelto a ganar por holgado margen José Bernal (‘rojo’ convencido), y para fin de mes está prevista la de San Pedro, donde las aguas bajan revueltas y donde no extrañaría que se impusiera Rafael García, que cuenta con el apoyo de dos concejales ‘rositas’: su mujer, Sonia Flores, y el ex independiente Juan Luis Mena, que acaba de afiliarse al partido. Precisamente la reciente entrada de varias personas llevadas por García a la menguada agrupación de San Pedro es lo que hace prever su triunfo en la asamblea. Según datos aportados por el propio candidato, que niega haber sido él quien dirigiera la campaña de captación de nuevos militantes, la lista de afiliados ha subido en un año de 78 a 146.
Cuentan en el PSOE que García quiso organizar la presentación de su candidatura en un hotel de San Pedro, pero desde la dirección de Málaga encabezada por Miguel Ángel Heredia (mas cercano a los ‘rojos’) se le dijo que a dónde iba con esas prácticas ‘rositas’. García celebrará finalmente la presentación de su lista en un hotel: primero porque considera que esa es una práctica habitual en el PSOE, y segundo porque no se lo han prohibido.
Con este escenario, el grupo municipal socialista debe ahora sentarse a discutir cuál será su posición frente a un Plan que según la alcaldesa viene avalado por el consejero de Vivienda, Juan Espadas, cuyas posiciones ‘rositas’ comienzan a levantar algunas ampollas.

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Un plan que deja cara de tonto
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Héctor Barbotta | 14-10-2008 | 12:09| 0

Finalmente, el equipo redactor del Plan General de Ordenación Urbana ha entregado el documento. Lo ha hecho por partida doble: al Ayuntamiento y a la Junta. Todo un síntoma de la complejidad y el juego dual que ha supuesto este proceso, que arrancó cuando todavía era alcaldesa Marisol Yagüe, dio un giro con la retirada de las competencias urbanísticas y obligó a la cohabitación cuando, tras la victoria del PP en las municipales, la Junta de Andalucía devolvió las competencias al Ayuntamiento. Este juego de doble poder –si entenderse con políticos de un partido es difícil, verse obligado a entenderse con los de dos debe ser casi una tortura china– hizo que el jueves por la tarde el arquitecto redactor respirara con una sensación de alivio.
Todavía no se conoce todo el contenido del plan, pero de momento, lo que ha trascendido transmite una inocultable sensación de injusticia. Hasta ahora, en todos los casos en los que el respeto a la ley y los intereses de los promotores colisionan, el peso del ladrillo está inclinando la balanza.
Los datos que se conocen de cómo se ha modificado el Plan desde su aprobación inicial no ayudan a endulzar un cierto regusto amargo. En nombre del pragmatismo se abdica de la justicia, y la lección para el futuro es que las administraciones –todas, la municipal, la autonómica y también la de justicia– son débiles ante los hechos consumados.
Lo más probable es que a los promotores que no pudieron ganar dinero con el GIL porque respetaron la ley se les quede cara de tonto.

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No hay conspiración, hay un problema
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Héctor Barbotta | 06-10-2008 | 12:46| 0

No valen las comparaciones con Coslada o con cualquier otro lugar de España donde los servidores públicos aprovechan el uniforme y la pistola para servirse a sí mismos, ni mucho menos el argumento victimista de que todo lo que pasa en Marbella se magnifica porque es Marbella, pero que en realidad no es para tanto y sucede en otros lados.
No existe conspiración mediática. Lo que existe es un problema que hay que resolver.
Dos policías locales fueron enviados a prisión la semana pasada acusados de delitos gravísimos, la ciudad se colocó otra vez en el primer plano de una película de mafiosos y policías corruptos; y la Policía Local, de nuevo en el centro de la polémica.
Han pasado ya muchos años desde que Jesús Gil decidiera convertir a una institución respetable, o mejor dicho a una parte de ella, en su guardia pretoriana personal y en fuerza de choque para limpiar con métodos execrables lo que consideraba escoria local mientras se afanaba en traer escoria nacional e internacional de desodorante caro y guante blanco. La imagen de dos policías locales de paisano secundando al capo mientras intercambiaba puñetazos con otro impresentable ha pasado a la historia del bochorno de una ciudad entera. Ha transcurrido mucho tiempo, y no es exagerado decir que entre los muchos perjuicios que Gil causó a Marbella, el del descrédito de su policía local no es el menor. En los últimos años, no pocas noticias, parte de esa herencia envenenada, consolidaron con razón la mala fama: la muerte de un vecino mientras era detenido y los avatares judiciales del anterior jefe fueron las más trascendentes.

Este último episodio, que a poco que se van conociendo detalles revela un ambiente sórdido donde la explotación de los seres humanos alcanzaba sus niveles más repudiables y en el que los sujetos encarcelados y varios de sus amiguetes al parecer se movían con comodidad, es una señal de alerta sobre la necesidad de limpiar de una vez y para siempre la institución. El Ayuntamiento ha anunciado la suspensión de los dos imputados, pero posiblemente sea necesario ir más allá. La herencia hay que cargarla en la cuenta de Gil y sus secuaces, pero hacer limpieza es responsabilidad del actual equipo de gobierno. No se puede seguir permitiendo que media docena de sinvergüenzas cubran de basura el trabajo de 400 honestos funcionarios.

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Los clientes huyeron despavoridos
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Héctor Barbotta | 29-09-2008 | 11:56| 0

«Los clientes huyeron despavoridos». La frase la pronunció el propietario de la cafetería de Puerto Banús a cuyas puertas se produjo el miércoles por la tarde el último tiroteo ocurrido en la ciudad. El tercero en un mes. Quizás no habría hecho falta que el empresario dijera lo que parece una perogrullada: si alguien está tomando algo en una cafetería y comienzan a sonar disparos lo lógico es marcharse del lugar tan rápido como las piernas lo permitan. O a lo sumo echarse cuerpo a tierra. No hacerlo sería propio de irresponsables, de curiosos enfermizos o de osados amigos del riesgo.

Es una verdad de perogrullo, es cierto, pero el lamento del dueño de la cafetería no sólo vale para describir lo que sucedió en un lugar concreto en un momento concreto, sino también para vaticinar lo que puede pasar, y lo que va a pasar, si cada pocas semanas tenemos en la calle un ajuste de cuentas.
Los clientes huyeron despavoridos, dijo el empresario para lamentar lo que pasó en su negocio el miércoles por la tarde. Extrapolemos ese escenario a una ciudad donde cada treinta días tenemos un tiroteo, o dos, y preparémonos para generalizar el lamento. La ciudad haría mal negocio si cambia los miles de turistas que buscan descanso, sol y playa por los pocos a los que les atrae el turismo de riesgo y aventura. O por visitantes a quienes no le asustan los disparon porque están acostumbrados.
Porque si es malo que estas cosas sucedan, peor aún es acostumbrarse a que sucedan. Si malo es no dar con las soluciones, peor es dejar de buscarlas y construir en su lugar explicaciones para justificar lo que pasa. Que es un hecho aislado que podría suceder en cualquier otro lugar, que es una ciudad que vive de vender lujo, que hay bandas que no delinquen aquí pero que saldan aquí las deudas que contraen en sus países… La lista es tan larga como la autocomplacencia quiera.

Porque bien es verdad que no se pueden poner barreras, y menos en una ciudad internacional, y que es casi imposible controlar de dónde ha sacado el dinero cada uno de los ricachones que llegan a Marbella para disfrutar de su fortuna. Pero no es menos cierto que si hay más problemas hay que disponer de más medios para prevenirlos o para solucionarlos.
Desde los tiroteos del verano se escucharon propuestas de unidades especiales, se aceleraron las gestiones para instalar la videovigilancia en Puerto Banús, se volvieron a escuchar discursos sobre la fortaleza indestructible de Marbella para sobreponerse a las dificultades y ahora también se ha convocado una Junta Local de Seguridad extraordinaria.
Muy bien. Pero lo que hacen falta son más agentes patrullando las calles, más policías para hacer investigación y prevención y más medios materiales para la comisaría. Quien tiene que aportar todo eso es el Ministerio del Interior. Y todo lo demás son milongas.

Con la ciudad convertida nuevamente en foco de atención por los tiroteos entre bandas es como si los demás problemas pasaran a segundo plano. Aún así, hay algo que comienza a ser inquietante: la desatención del equipo de gobierno municipal hacia la estética. El puñado escaso de concejales del PP que en épocas duras se batieron el cobre contra el GIL están recibiendo con indignación las acusaciones que les han caído por el caso La Juanita. Poner en un mismo plano a los miembros de la banda de Gil y Roca con ediles de este equipo de gobierno está injustificado y además es injusto. Pero precisamente por eso, el Ayuntamiento debería estar más atento a la repercusión de las decisiones que adopta. Que una actuación sea legal puede servir como explicación ante un juez, pero no siempre alcanza frente a la opinión pública. Sobre todo en una ciudad que a duras penas está saliendo del ojo del huracán y que, más que ninguna otra, está necesitada de gestos.

La semana pasada volvieron las maquinarias a la tercera fase del centro comercial La Cañada, posiblemente uno de los mayores exponente en Marbella de la connivencia sospechosa entre un empresario y los capos del GIL. Las naves están paralizadas por decisión judicial, pero el Ayuntamiento ha autorizado que se realicen obras para acoger un evento comercial. Mientras los ciudadanos ven excavadoras trabajando en un terreno que el nuevo PGOU señala como equipamiento público y sospechan, con razón, que el empresario que levantó las naves sobre suelo rústico se está lucrando con el alquiler de las mismas, la explicación de que el permiso dado para las obras está avalado por un informe jurídico puede valer para eludir una denuncia, pero no para que no se vuelvan a hacer comparaciones incómodas.

Posiblemente para recordar que todo tiempo pasado fue peor, la ex alcaldesa Marisol Yagüe reapareció esta semana en escena para sacarse de la chistera un millón de euros y evitar que su chalé fuera subastado.
Alejada desde hace tiempo de cualquier preocupación por la estética (de sus actos), Yagüe ni siquiera se preocupó en explicar de dónde había salido el dinero. A ver si algún juez se anima y hace la pregunta adecuada.

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Todavía faltan algunas explicaciones
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Héctor Barbotta | 22-09-2008 | 8:07| 0

Los comerciantes solicitaron la videovigilancia para Puerto Banús, el Ayuntamiento asumió con energía ese reclamo y la Subdelegación se mostró reticente. Tres veces rechazó el proyecto hasta que los responsables municipales cedieron en algunos aspectos. El que más inquietaba al subdelegado era el espinoso asunto de la custodia de las cintas grabadas. Muchas veces la falta de medios y de presupuesto empuja a Interior a dejar disimuladamente que los ayuntamientos asuman parte de sus competencias por la vía de los hechos –un buen ejemplo lo tenemos en Marbella, donde hay el doble de policías locales que nacionales–, pero en este tema no ha habido cesión.

Ya bastante polémica será la instalación de cámaras en lugares donde muchos turistas acuden a realizar actos en los que seguramente no quieren ser vistos –cualquiera que haya estado una madrugada en la ‘calle del infierno’ puede adivinar a qué nos estamos refiriendo– como para dejar que ese sensible material grabado se les escape de las manos. El proyecto de videovigilancia para Puerto Banús es el segundo al que Interior le da el visto bueno en la provincia tras el que ya funciona en el centro de Málaga. Ello da la medida de la importancia de imagen, turística, comercial y en suma económica que tiene Banús.
Por eso mismo sería necesario tomar conciencia de que lo que realmente importa no es grabar los desmanes y el descontrol que en muchas madrugadas reina en su calle posterior, sino acabar con el inexplicable contraste que se puede encontrar entre dos arterias –Muelle de Ribera y avenida de la Ribera– separadas por apenas veinte metros. En suma, no limitarse a grabar lo que pasa en la calle del Infierno, sino convertir la calle del Infierno en algo más presentable.

Todavía falta para que la videovigilancia de Banús se ponga en marcha –la optimista Kika Caracuel mostró su esperanza de que esté en funcionamiento el próximo verano– pero falta más aún para que Marbella cuente con su Palacio de Justicia. La consejera de ese departamento, Evangelina Naranjo, visitó la ciudad esta semana e hizo pública la petición que ha realizado al Ayuntamiento para ejecutar ese proyecto: un solar de 12.000 metros cuadrados y bien comunicado. A ver de dónde sale, porque algún lumbreras dibujó en el nuevo Plan General la futura sede de los juzgados en plena Milla de Oro. Con buen criterio, el equipo de gobierno municipal ya ha hecho saber que ahí ni hablar. Cualquier equipamiento en esa zona que no sea turístico y de primera categoría sería un disparate.
Naranjo también anunció que el del ‘caso Malaya’ será el segundo macroproceso tras el del 11-M que se celebrará totalmente informatizado y en la Ciudad de la Justicia. No habrá papeles, por lo que se ahorrarán 300.000 euros en fotocopias y los bosques salvarán el equivalente en árboles de 15 millones de folios, y todo el sumario se entregará a abogados, jueces y fiscales en un diminuto USB. El sumario de Malaya acumula 150.000 folios, casi el doble que el otro megaproceso relacionado con Marbella del que esta semana ha habido novedades: Ballena Blanca. Este juicio, cuando llegue, también será testigo de la informatización de la justicia –la modernización es algo distinto y requiere algo más que cambiar una fotocopiadora por un escáner–, con su pen-drive en lugar de interminables carpetas llenas de folios..

Quizás por este cambio no podrá hablarse de papel mojado, pero en eso parecen haber quedado buena parte de las acusaciones formuladas en su día contra el despacho de Fernando Del Valle. Los informes policiales hablaron de la mayor red de blanqueo de Europa, con más de 250 millones de euros pasados por el tamiz de las sociedades instrumentales, pero la acusación del fiscal reduce la cantidad supuestamente blanqueada a 12 millones. Es mucho dinero y la acusación no deja de ser grave, pero la lectura comparada de las cifras invita a pensar que el caso se desinfla. Y ello por no hablar de las 32 personas que en su día fueron detenidas y que ahora no están ni siquiera acusadas. No estaría de más que al terminar todo esto alguien diera alguna explicación convincente.

Estaría bien que esa explicación fuese más convincente de la que ha dado el abogado de Juan Antonio Roca para renunciar a la defensa en el ‘caso Saqueo’ menos de un mes antes de la celebración del juicio. El letrado ha argumentado que Roca no le paga las minutas, pero sólo renuncia a representarlo en uno de los casos, casualmente el que ya tiene el juicio señalado para el próximo día 25. En Malaya sigue. Si no es una maniobra –legítima, faltaría más– para retrasar el proceso se le parece mucho.

Y ya que estamos con explicaciones convincentes, o no tanto, falta que alguien explique por qué se ha tardado 40 días en paralizar una obra que se estaba realizando sin licencia en plena avenida Ricardo Soriano desde que la Policía Urbanística levantó el acta de infracción. Alguien puede explicar que la burocracia a veces va despacio, pero es que ya no estamos para muchas bromas.
También habría que preguntarle al constructor si realmente creyó que podría levantar un edificio sin licencia en, repetimos, la avenida Ricardo Soriano, sin que nadie se diera cuenta. O sin que nadie hiciera nada para evitarlo. Y parece que sí. Que efectivamente lo creyó.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella