Diario Sur

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Autor: HectorBarbotta
La coincidencia que selló el acuerdo
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Héctor Barbotta | 14-06-2015 | 5:59| 0

Fueron horas de negociación a cuatro bandas en las que los negociadores designados por los cuatro partidos debatieron en tres sesiones diferentes hasta llegar a la redacción de un documento que ha quedado como el marco común de acuerdos que refleja 15 compromisos de gobierno; algunos bastantes concretos y la otros lo suficientemente difusos como para que no sea posible pedir cuentas sobre su cumplimiento y mucho menos poder ser utilizado como argumento para romper un pacto. Pero las dos reuniones que resultaron definitivas para que Opción Sampedreña se decantara por inclinarse hacia el pacto de izquierdas y no por dar sustento a un nuevo gobierno del Partido Popular no tuvieron lugar en Marbella ni junto a una mesa capaz de acoger a más de una docena de participantes en representación de cuatro fuerzas políticas diversas. Los encuentros realmente determinantes tuvieron lugar en Málaga, discretamente, alrededor de una mesa más reducida y sólo con miembros de dos partidos: el PSOE y Opción Sampedreña.
Cuando el martes 26 de mayo, apenas dos días después de las elecciones municipales que le dieron la llave del nuevo gobierno municipal, el líder de OSP, Rafael Piña, compareció para anunciar cuáles eran sus condiciones para la negociación, adelantó que no sólo pediría un compromiso al PSOE de que garantizara los acuerdos a los que se llegara sobre inversiones de la Junta de Andalucía en el municipio; reclamó un compromiso de la Administración autonómica al más alto nivel posible.
La Junta como tal no participó en las conversaciones –algo que no hubiese sido ni ético, ni estético y ni siquiera legal–, pero Piña sí consiguió llevar sus exigencias hasta la dirección del PSOE andaluz. Concretamente hasta Francisco Conejo, secretario de Política Institucional del PSOE de Andalucía.
La primera de estas reuniones tuvo lugar el jueves 4 de mayo. Sobre la mesa estuvo un proyecto sobre el que OSP lleva meses reclamando derecho de autor: la refinanciación de la deuda municipal con la Junta de Andalucía y, sobre todo, la amortización de al menos parte de ella con la ejecución de la infinidad de obras pendientes de la Administración autonómica en Marbella. La segunda, y que según admiten en OSP fue definitiva a la hora de adoptar la decisión conocida, se celebró el pasado martes, horas antes de la reunión del Consejo Consultivo en la que la opción de investir alcalde al socialista José Bernal se impusiera por un lapidario resultado de 24 votos a 3.
En este encuentro participaron por el PSOE, además de Bernal y Conejo, el delegado del Gobierno andaluz en Málaga, José Luis Ruiz Espejo, aunque no lo hizo en condición de tal. En el PSOE son escrupulosos a la hora de asegurar que los compromisos fueron adquiridos por el partido, no por la institución. Sin embargo, a nadie escapaba que al mismo tiempo en que OSP se decantaba por la opción del cuatripartito, Susana Díaz conseguía en Sevilla el apoyo de Ciudadanos para sentarse durante cuatro años más en la presidencia de la Junta y que por lo tanto no habría nuevas elecciones autonómicas. Era lo que faltaba para decidirse a OSP, desde donde se asegura, sin que en el PSOE lo ratifiquen, que algunas de las obras que se harán a cuenta de la deuda son las que San Pedro lleva reclamando: la ampliación de su ambulatorio, la construcción del de Nueva Andalucía, la rehabilitación del colegio Miguel Hernández y el acceso directo desde Fuente Nueva a la carretera de Ronda. Para el partido sampedreño estas obras resultan esenciales y es seguro que las pondrán encima de la mesa cuando, según han anunciado, dentro de dos años evalúen cómo ha ido el desarrollo del pacto.

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¿Hay alguien ahí?
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Héctor Barbotta | 07-06-2015 | 1:58| 0

Cuando en la noche electoral el recuento se desatascó después de una hora y media de incertidumbre y saltó la noticia de la pérdida de la mayoría absoluta por parte del PP en Marbella, este periódico se puso en contacto con el líder de OSP, Rafael Piña, para conocer su valoración de unos resultados que la oposición había anhelado durante cuatro años. Al otro lado del teléfono, contra lo que cabía esperar, la voz de Piña sonaba apagada. En ese momento en Opción Sampedreña lamentaban la pérdida de un concejal tras haberse dejado en el camino más de 200 votos. Las primeras palabras de Piña a las preguntas de este periódico fueron para lamentar que su compañera Gema Midón se hubiese quedado fuera de la corporación.

Seguramente en ese momento el líder de OSP no había calibrado hasta qué punto los días que seguirían a esa noche electoral iban a hacer de él el personaje clave de la política local. Nadie que siga la actualidad política en Andalucia ignora en estos días que en Marbella existe una fuerza política localizada en San Pedro de la que no pocos intentan descifrar objetivos e ideología.

El reparto de escaños en el futuro pleno municipal y la calculada indefinición ideológica de OSP han colocado a esta formación en situación de inclinar hacia un lado o a hacia otro la balanza que permitirá formar gobierno en Marbellla. Su discurso le permitiría sin tener que recurrir a grandes alardes dialécticos tanto pactar con el bloque de izquierdas como hacerlo con el Partido Popular, y tendría argumentos para justificar cualquiera de las dos decisiones. Por eso, mientras fuera de Marbella la pregunta de estos días ha sido qué es OSP y cómo piensan sus dirigentes, dentro de la vida política de la ciudad la cuestión ha consistido en dar con la fórmula para seducir a sus líderes y convertirlos en aliados. La pregunta que cabe hacerse es si unos y otros no se habrán pasado, teniendo en cuenta que Opción Sampedreña es una fuerza que ha cosechado poco menos del 10 por ciento de los votos, que ni siquiera ha ganado en San Pedro y que las urnas le han dado dos ediles de un total de 27. En estas dos semanas se acumularon horas de reuniones donde se habló de lo humano y lo divino, pero todo pareció el decorado de una obra donde el nudo argumental se reducía a una pregunta: ¿Qué quiere Rafael Piña? Y la respuesta no es muy difícil: lo quiere casi todo. La pugna de los dos candidatos a alcalde se ha reducido a competir por quién se lo daba.

El relato oficial de OSP es que la decisión final la adoptará su Consejo Consultivo, compuesto por 27 personas, después de que el equipo negociador, integrado por el triunvirato que hasta ahora ha conformado su grupo municipal, presente el resultado de sus gestiones de estos días. Pero resulta difícil imaginar un escenario en el que los tres dirigentes que han llevado el peso de la negociación y que han pasado por larguísimas sesiones de reuniones con una y otra parte no vayan a hacer valer su propia opinión en una instancia de la que ellos también forman parte.

En la última semana, tanto en el Partido Popular como en el cuatripartito se percibió que el acuerdo estaba cerca. No es que Piña y lo suyos no emitieran señales, es que lo hacían en ambas direcciones. Formaba parte de la estrategia por conseguir más y más. Pero en las últimas horas las señales se han ido decantado en favor del pacto multicolor que apartaría a Ángeles Muñoz de la Alcaldía y situaría en ese lugar a José Bernal. Es verdad que la decisión, al menos formalmente, depende del Consejo, cuya composición se desconoce. Pero no es menos cierto que el líder de la formación no ha disimulado cuál es su preferencia y hay quien ha llegado a la conclusión que si se ha reunido durante esta semana con el Partido Popular es porque necesita dar cuentas ante los suyos de que ambas partes tuvieron su oportunidad para llegar a un acuerdo con OSP. Ángeles Muñoz ha jugado fuerte y ha concedido casi todo lo que le han pedido, salvo la cabeza en bandeja de plata de tres de sus colaboradores, una petición que cualquier dirigente que no soporte sentir vergüenza cuando se pone frente al espejo jamás podría haber aceptado.

Tanto en las reuniones del cuatripartito como en las bilaterales de OSP con el PP se ha hablado de programas de gobierno y de esquema organizativo del nuevo ayuntamiento. Pero también se ha hablado de nombres. A Rafael Piña le ha funcionado la fórmula inédita no sólo de sentarse con unos y con otros, sino también de elaborar con cada uno de ellos un pacto de gobierno. Las dos semanas de negociaciones acaban con la sensación de que aquí todos han cedido, posiblemente más allá de lo razonable, menos quien tiene la sartén por el mango.

Tanto en el caso al parecer lejano de que Ángeles Muñoz sea alcaldesa como si el investido es José Bernal, el teniente de alcalde de San Pedro será Rafael Piña. Tendrá autonomía presupuestaria y competencia para contar con un equipo de cinco o seis personas. Con el cuatripartito, OSP tendrá a su cargo algunas de las competencias del distrito de Nueva Andalucía. Si al final el acuerdo es con el PP, Piña tendrá también bajo su mando el desarrollo del Plan Guadaiza y el control de la televisión municipal. Ahí es nada.

En el cuatripartito también se ha hablado de reparto de delegaciones. Si prospera el pacto el PSOE se quedará con Seguridad Ciudadana, que posiblemente se ejerza directamente desde la Alcaldía, y Urbanismo, delegación para la que se apunta a la edil socialista Isabel Pérez.  También los socialistas tendrían a su cargo un área de proyectos estratégicos donde se incluirán cuestiones de gran calado como el plan Guadaiza, el puerto de La Bajadilla o el traslado de La Ermita. Para estar al frente de estas competencias en las negociaciones del cuatripartito se ha mencionado el nombre del edil socialista Javier Porcuna.

Para Izquierda Unida, según las negociaciones mantenidas, irían las áreas de Bienestar Social e Igualdad y la de Participación Ciudadana, y queda por ver qué pasará con Medio Ambiente, Transporte y Turismo, área esta última a la que se ligará la gestión del Palacio de Congresos .

Los tres partidos que formaron parte de la oposición durante estos cuatro años han conseguido también uno de los objetivos que se plantearon antes de iniciar las negociaciones: comprometer a Costa del Sol Sí Puede en el gobierno municipal. Aunque el mandato de la asamblea de esa formación era permitir la gobernabilidad de la ciudad pero no entrar en el gobierno, el acuerdo alcanzado prevé que sí forme parte de la Junta de Gobierno local con un representante. El órgano de gobierno municipal estará conformado por tres miembros del PSOE y uno por cada uno de los otros tres partidos.

Los dirigentes de este partido, impulsado por Podemos, han probado en los últimos días todos malabarismos dialécticos posibles para intentar explicar que estarán en la Junta de Gobierno pero no en el gobierno. No han dado con la fórmula para que se les entienda. Formarán parte del órgano de gobierno del Ayuntamiento y participarán del mismo.

Costa del Sol Si Puede, según este acuerdo, no tendría a su cargo ninguna delegación, pero sí estaría al frente de una oficina de intermediación hipotecaria desde la que se realizaría la labor de asistencia a personas afectadas por procesos de desahucios.

El partido vinculado a Podemos tampoco ha conseguido imponer su criterio en cuanto a las remuneraciones de los concejales, para las que llegó a las negociaciones con la propuesta de un tope salarial de tres salarios mínimos interprofesionales, es decir unos 1.800 euros, también con mandato de su asamblea. Esa propuesta no ha sido atendida. Los sueldos pactados en el acuerdo establecen una remuneración ligeramente superior a los 3.000 euros mensuales para los concejales con delegación y poco más de 2.000 para los que no las tengan.

Lo que resta por saber si esta también era una de las condiciones que ha conseguido imponer OSP, la fuerza que ha llevado la voz cantante y que, pase lo que pase el próximo sábado es la gran triunfadora de estas elecciones. La definición está ahora en manos de los 27 miembros del Consejo Consultivo de esa formación. Ellos decidirán sobre el futuro de la ciudad.

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No se puede tener todo
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Héctor Barbotta | 07-06-2015 | 10:01| 0

Es una de las principales enseñanzas que un padre responsable intenta transmitir a sus hijos desde la más tierna edad: no se puede tener todo.

Durante todos estos años en los que las instituciones se convirtieron en cortijos de los partidos políticos, en agencia de colocación de afines y en algunos casos hasta en fundaciones de financiación a fondo de perdido de campañas electorales y de cuentas ocultas, se echaron de menos situaciones diferentes a la de las mayorías absolutas. Suponíamos que compartir el poder obligaría a mayor control y menor mercadeo con lo público.

Pues bien, nos encontramos frente a una nueva situación que bien podrían describir dos maldiciones chinas. Una dice: ‘Ojalá se cumplan todos tus deseos’. La segunda es más cruel aún: ‘Ojalá te toque vivir una época interesante’.

Estos días tienen lugar negociaciones políticas en prácticamente todo el territorio nacional. Desde las que nos tocan más de cerca, en los municipios de la Costa del Sol, hasta las de la gran mayoría de las comunidades autónomas, y ello mezclado con la investidura de la presidenta de la Junta de Andalucía, todavía no consumada y por lo tanto sumergida en el gran bazar político.

En Marbella se vive la situación de un mismo grupo que con dos ediles decisivos negocia al mismo tiempo con un bando y con el otro, impone condiciones y confiesa por boca de su portavoz que se encuentra ante una situación única que no tiene intención de desaprovechar. Pide a unos, pide a otros y se toma su tiempo. Su actitud no es diferente a la de aquellos a quienes en cualquier otro punto de España las urnas le han otorgado la llave de eso que se llama gobernabilidad.

Y aunque es verdad que la situación a la que se ha llegado es consecuencia de la decisión de los ciudadanos, que se han pronunciado por acabar con las mayorías absolutas en casi todo el país, no estaría de más recordar no sólo cuál es el resultado de esa decisión soberana, sino el motivo por el que el pueblo soberano la tomó.

Las urnas no dieron mandato para que detrás del muro de la opacidad ya no se esconda un dirigente, sino dos, ni para que las instituciones dejen de ser cortijo de un solo partido y pasen a ser cortijo de dos, de tres o de cuatro. Lo que se votó fue que cayeran los muros y se acaben los cortijos.

No hay ningún motivo para entender que lo que los ciudadanos advirtieron que ya no le toleran al bipartidismo se lo vayan a tolerar al tripartidismo, al cuatripartidismo o al pentapartidismo.

Quienes se sientan a la mesa estos días deberían tener en claro a la hora de repartirse presupuestos y sillones no sólo qué es lo que negocian, sino sobre todo en nombre de quiénes lo hacen. Y que como seguramente sus padres les habrán dicho alguna vez, que no se puede tener todo.

 

 

 

 

Es una de las principales enseñanzas que un padre responsable intenta transmitir a sus hijos desde la más tierna edad: no se puede tener todo.

Durante todos estos años en los que las instituciones se convirtieron en cortijos de los partidos políticos, en agencia de colocación de afines y en algunos casos hasta en fundaciones de financiación a fondo de perdido de campañas electorales y de cuentas ocultas, se echaron de menos situaciones diferentes a la de las mayorías absolutas. Suponíamos que compartir el poder obligaría a mayor control y menor mercadeo con lo público.

Pues bien, nos encontramos frente a una nueva situación que bien podrían describir dos maldiciones chinas. Una dice: ‘Ojalá se cumplan todos tus deseos’. La segunda es más cruel aún: ‘Ojalá te toque vivir una época interesante’.

Estos días tienen lugar negociaciones políticas en prácticamente todo el territorio nacional. Desde las que nos tocan más de cerca, en los municipios de la Costa del Sol, hasta las de la gran mayoría de las comunidades autónomas, y ello mezclado con la investidura de la presidenta de la Junta de Andalucía, todavía no consumada y por lo tanto sumergida en el gran bazar político.

En Marbella se vive la situación de un mismo grupo que con dos ediles decisivos negocia al mismo tiempo con un bando y con el otro, impone condiciones y confiesa por boca de su portavoz que se encuentra ante una situación única que no tiene intención de desaprovechar. Pide a unos, pide a otros y se toma su tiempo. Su actitud no es diferente a la de aquellos a quienes en cualquier otro punto de España las urnas le han otorgado la llave de eso que se llama gobernabilidad.

Y aunque es verdad que la situación a la que se ha llegado es consecuencia de la decisión de los ciudadanos, que se han pronunciado por acabar con las mayorías absolutas en casi todo el país, no estaría de más recordar no sólo cuál es el resultado de esa decisión soberana, sino el motivo por el que el pueblo soberano la tomó.

Las urnas no dieron mandato para que detrás del muro de la opacidad ya no se esconda un dirigente, sino dos, ni para que las instituciones dejen de ser cortijo de un solo partido y pasen a ser cortijo de dos, de tres o de cuatro. Lo que se votó fue que cayeran los muros y se acaben los cortijos.

No hay ningún motivo para entender que lo que los ciudadanos advirtieron que ya no le toleran al bipartidismo se lo vayan a tolerar al tripartidismo, al cuatripartidismo o al pentapartidismo.

Quienes se sientan a la mesa estos días deberían tener en claro a la hora de repartirse presupuestos y sillones no sólo qué es lo que negocian, sino sobre todo en nombre de quiénes lo hacen. Y que como seguramente sus padres les habrán dicho alguna vez, que no se puede tener todo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Todo por decidir
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Héctor Barbotta | 31-05-2015 | 5:46| 0

La política de Marbella, al igual que la de gran parte del país, lleva demasiado tiempo sumergida en la lógica de las trincheras como para que ahora, a menos de dos semanas del pleno de constitución de la nueva corporación municipal, nos extrañemos de que se hayan formado dos bloques y de que la única incógnita resida en saber hacia qué parte de la línea de fuego van a ir los dos votos de Opción Sampedreña, los que pueden inclinar la balanza. Al día de hoy no hay decisión tomada y OSP esperará a terminar su intensa ronda de contactos para someter la decisión a su dirección colegiada.
Lo que está sucediendo ahora ya se sabía durante la campaña electoral y nadie puede llamarse a engaño. El propio Partido Popular advirtió de que o tenía mayoría absoluta o la ciudad se asomaba a lo que consideraba el abismo de un gobierno cuatripartito. «Nosotros o el caos», dijeron. Para el PP ahora podría resultar menos doloroso creer que ese mensaje no fue escuchado, porque de haberlo sido la conclusión es que el electorado ha preferido el caos. Hasta ahí ha llegado el hastío ciudadano que barrió al PP en todo el país, aunque a Ángeles Muñoz le quede el consuelo de haber conseguido el tercer mejor resultado de su partido en ciudades de más de 100.000 habitantes. Escaso consuelo si acaba perdiendo el poder, pero dato posiblemente a tomar en cuenta a la hora de considerar cómo ha sido valorada su gestión al margen de siglas.
Es posible que la alcaldesa haya comprendido ahora que desde la cómoda mayoría de la que disfrutó durante ocho años podría haber practicado una política más generosa que diera algo de respiro a quienes ejercían la oposición. Negarle el agua a los enemigos lo único que hace es construir lazos entre los sedientos. Ahora aparecen los cántaros rebosantes y habrá que ver cómo lo valoran quienes están en disposición de elegir de qué agua prefieren beber.
Estos días los teléfonos no paran de sonar y al otro lado se oyen voces de quienes advierten de que si se consuma el cuatripartito Marbella retrocederá en el camino de recuperación de la normalidad hasta el casillero de partida, y que los inversores que tenían las carteras preparadas para iniciar grandes desembolsos han tocado el freno y esperan acontecimientos. Es difícil saber si esos exagerados vaticinios de catástrofe tienen algún asidero en la realidad, pero lo que sí se puede comprobar, sin lugar a dudas, es el envoltorio de cobardía que cubre a buena parte de las elites de esta ciudad. A la espera de acontecimientos, nadie de los que lanzan en susurros advertencias apocalípticas se atreven a hacerlo en voz alta. El momento de hacerlo, si realmente creen eso, es ahora. Pero desde Gil, a quien como es sabido nadie votó, se sabe que gran parte de las opiniones políticas en Marbella están más inspiradas en el oportunismo que en la honestidad intelectual.
Sólo así se explica que junto a los profetas que advierten, en voz baja, que todos los males esperan a la ciudad si se consuma el pacto multicolor hayan comenzado a brotar, desde sus propias filas ideológicas, las críticas a la alcaldesa ahora aparentemente acorralada. En voz baja, eso sí. No vaya a ser.
Cuando más se necesita altura de miras aflora el oportunismo, personificado esta semana en el concejal de Turismo, que esperó a comprobar que el PP perdía la mayoría absoluta para abandonar el PP y sus responsabilidades con una despedida a la francesa en las redes sociales que luego quiso matizar cuando tomó conciencia de la repercusión mediática de lo que había hecho.
Y no es que del otro lado haya menos oportunismo. Posiblemente lo mejor del final de la campaña electoral es la caída del velo de la hipocresía. En la franquicia municipal de Podemos han considerado que es hora de aparcar el anhelo de «echar a la casta» y prefieren conformarse con un objetivo más modesto. En concreto la mitad de modesto. Su asamblea ha decidido echar al 50 por ciento de la casta y celebrar como un triunfo su sintonía con el otro 50 por ciento. El argumento al que su cabeza de lista recurrió en la asamblea –«El PSOE es casta, pero el PP es casta y media»– fue muy pedagógico y ayuda a entender cómo justifica Podemos el abandono de sus objetivos fundacionales a medida que el aroma del poder se hace más intenso.
En Izquierda Unida han preferido aparcar las enseñanzas que les ha dejado su experiencia de pacto de gobierno en Andalucía, y en Opción Sampedreña han optado, en boca de su portavoz, Rafael Piña, de pasar de propiciar un idílico gobierno de concentración y gran consenso con todos los grupos a negarse públicamente a reunirse con la candidata de la lista más votada, todo por una cuestión de tripas. Fue sólo un primer impulso. La experiencia sufrida en carne propia seguramente pesó para entender que humillar al contrario no aporta más que una pasajera satisfacción personal, siembra seguras tempestades futuras y poco aporta cuando ya se está en una situación de fuerza suficiente.
En el PP han pasado de rechazar en pleno todas y cada una de las mociones presentadas por OSP durante cuatro años a considerar que sus propuestas para constituir gobierno son asumibles, y en el PSOE han ido más allá y las han hecho suyas.
Las matemáticas se usan según antojo. En el PP suman sus votos y los de OSP para concluir que la mayoría de los vecinos de San Pedro quiere un gobierno entre esos dos partidos. En el PSOE suman todos los votos que no ha obtenido Ángeles Muñoz en todas las mesas para argumentar que Marbella ha votado echarla de la Alcaldía.
Consultados los ciudadanos, contados los votos e interpretados según conveniencia, barridas las encuestas –incluida la publicada en este periódico–, esta semana han vuelto a hablar los políticos. Y la verdad es que no hay nada nuevo.
Las percepciones de esta semana parecen indicar que la balanza se está inclinando hacia la izquierda. Pero más allá de las cuestiones de piel no puede decirse que haya señales tan contundentes que permitan concluir que todo está decidido.

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Fronteras
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Héctor Barbotta | 21-05-2015 | 11:01| 0

La alcaldesa de Marbella vive en Benahavís y el de Benahavís, en Málaga. El alcalde de Manilva vive en Estepona y el de Estepona, en Marbella. Alguno de ellos ha afirmado que en realidad vive en el municipio donde gobierna, sólo que duerme en otro. Más allá de los juegos dialécticos, la realidad de los alcaldes que gobiernan en un municipio y duermen en otro no es más que una muestra de una situación que se produce con asiduidad. En la vida de los vecinos de la Costa del Sol las lindes no son más que líneas difusas que la mayor parte de las veces se atraviesan sin percatarse de ello.
No en vano la marca Marbella excede los límites de su término y hay hoteles y clubes de playa en Estepona, en Benahavís o en Mijas que utilizan el nombre de Marbella como reclamo de marketing y nadie se molesta por ello. Hasta el famoso ático de Marbella de Ignacio González no está en Marbella, sino en Estepona.
Sin embargo, en las campañas electorales muchas veces se suele recurrir al agravio localista,y seguramente sería una expresión de optimismo injustificado celebrar como síntoma de madurez el hecho de que a pocos días de concluir el camino hacia las urnas el domicilio de los alcaldes no haya sido utilizado como argumento por parte de quienes aspiran a arrebatarles el sillón.
En Marbella, sin embargo, la casa de la alcaldesa si ha formado parte de la campaña, pero por un motivo diferente. La residencia se encuentra en la zona lindera, bajo competencia urbanística y de gestión de Benahavís pero en término de Marbella según las lindes de 1873, y el proceso administrativo abierto hace años para regularizar esa situación ha llevado a varios partidos a acusar a la primera edil de querer regalarle suelo al municipio vecino. La acusación no deja de ser curiosa, porque Benahavís gestiona y cobra los impuestos en la zona mucho antes de que la alcaldesa ocupara el sillón de la Alcaldía de Marbella, incluso antes de que iniciara su carrera política como concejala en Benahavís.
Más allá de esta polémica, que recrudeció al comenzar la campaña y posiblemente acabe el domingo, no parece la Costa del Sol un lugar adecuado para las aldeanas reivindicaciones fronterizas. En Madrid, donde existe un área de prestación única que agrupa a decenas de municipios, los taxistas se sorprenden cuando conocen el conflicto que sus colegas de Málaga se traen a cuenta de quién tiene derecho a recoger clientes en el aeropuerto para llevarlos al hotel y quién puede recogerlos en el hotel para llevarlos al aeropuerto.
El sueño de convertir la vieja nacional 340 en la avenida turística más larga de Europa posiblemente esté más cerca que nunca. Y quizás haya que comenzar a debatirlo cuando se apaguen los fuegos electorales.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella