Diario Sur
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Autor: HectorBarbotta
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Héctor Barbotta | 09-11-2015 | 1:19| 0

El parlamentario andaluz por el PSOE de Sevilla Carmelo Gómez, de quien no se puede decir que no sea una persona cercanísima a la presidenta de la Junta de Andalucía, acaba de ser señalado por el fiscal del caso Mercasevilla como uno de quienes cobró de las empresas de Juan Lanzas. En sentido estricto era un asalariado, aunque no hay que dejarse llevar por la literalidad que a veces conduce a equívocos. Por lo general quienes perciben un salario lo hacen en retribución por un trabajo. A Gómez le pagaban por otro motivo, que se desconoce, porque a trabajar no iba, según el fiscal. De momento no se han escuchado explicaciones convincentes.
El diputado provincial por el PSOE en Málaga Luis Guerrero figuraba en el organigrama de la Junta de Andalucía, cuya nómina de altos cargos sigue siendo un secreto mejor guardado que el de los confidentes del CNI, como director del Centro Andaluz del Flamenco. Guerrero no sabía ni dónde estaba la sede de este organismo. Es más, también ignoraba que el sueldo que le ingresaban todos los meses provenía de esa responsabilidad nunca ejercida. El ahora diputado suponía que le pagaban por estar al frente del Centro Andaluz de las Letras, aunque tanto él como los funcionarios que sí trabajan ahí con un horario y esas cosas que a uno suelen exigirle cuando le pagan un salario sospechaban que ese cargo era sólo una coartada. Ahora se ha sabido que hasta la coartada era falsa.
En Marbella ha habido cambio de gobierno en el Ayuntamiento y a los nuevos regidores les ha dado por revisar las facturas de teléfono. Así es como hemos sabido que la anterior alcaldesa tenía cinco líneas de teléfono a su nombre, para lo cual posiblemente exista una explicación que estaría bien escuchar, y que la presidenta de Nuevas Generaciones, Melania Leiva, que no tenía cargo ni relación alguna con el Ayuntamiento, contaba a su disposición con un teléfono móvil del área de Juventud. Que la gran parte de las llamadas desde ese teléfono fueran al número de su novio y que otra buena cantidad se realizara en los dos días previos a las elecciones municipales explica en qué se gastó el dinero de los vecinos de Marbella, aunque ello no puede considerarse en sí mismo una explicación.
Los casos de corrupción, grande, mediana y pequeña, posiblemente hayan existido siempre, pero lo que es nuevo es la exposición de un cierto hartazgo en la ciudadanía. No es que haya una disposición decidida a echar a los sinvergüenzas de la vida política –de hecho algunos siguen ganando elecciones– pero posiblemente no haya mucha gente dispuesta a que le sigan tomando el pelo. Pero ellos siguen. Inasequibles al desaliento.

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Se necesitan bomberos, no pirómanos
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Héctor Barbotta | 01-11-2015 | 9:50| 0

Esto no debería consistir en analizar quién tiene razón, mucho menos quién la tiene mas larga. De lo que debería tratarse es de ver cómo llegar a un acuerdo de convivencia que permita demostrar no quién es más fuerte y puede mover más influencias en la ciudad, sino quién es más civilizado. Lamentablemente estamos lejos de eso.
El conflicto que ha estallado en el corazón del casco antiguo entre el restaurante La Skina, uno de los tres estrellas Michelin de los que puede presumir Marbella, y la Hermandad del Rocío, uno de los colectivos más populares y con mayor implantación en la ciudad, supone una muestra de cómo no deben afrontarse los conflictos.
El propietario del restaurante, un cocinero que a lo largo de su ya dilatada y exitosa trayectoria exhibió una resistencia obcecada a aparecer en los medios de comunicación que es prueba suficiente de que no es el afán de protagonismo lo que lo guía, rompió a llorar el pasado martes ante los periodistas, a quienes había convocado para denunciar una vez más los graves perjuicios personales y profesionales que está sufriendo por la contaminación acústica que causan las actividades de la hermandad rociera, colindante con su negocio y con su vivienda.
El restaurante lleva 11 años en la misma ubicación, pero no fue hasta hace tres, después de que el empresario se fuera a vivir encima del restaurante, cuando estalló el conflicto con el ruido. El afectado sostiene que le asiste la razón; hay días de la semana en la que los ensayos rocieros superan los decibelios permitidos y exhibe informes que lo prueban. Los hermanos recurren a otro tipo de lógica: llevan ahí 25 años. Se sabe que el asunto preocupa. De hecho, el jefe de la Policía Local se ha presentado en el lugar para conocer personalmente y de primera mano el conflicto, hablar con ambas partes e intentar llegar a una solución. No es un gesto menor.
Pero el choque va a más. Ambas partes ha cruzado denuncias y los dos han salido perjudicados de esa dinámica. Se puede prohibir a los rocieros poner mesas en la calle porque no tienen licencia para ello, pero nadie puede impedirles que saquen la basura cuando los clientes del restaurante están disfrutando de una cena en la que se dejarán un buen dinero. La pregunta es si todo esto lleva a alguna parte.
Esta semana los contendientes han trabajado para recabar apoyos. El restaurante enseñó el respaldo de sus otros colegas con estrella Michelin. La Hermandad ha convocado a la prensa para mostrar que el resto de las cofradías de Marbella está con ellos. En las redes ha comenzado una campaña de defensa de la Hermandad ante una supuesta conspiración para hacerla desaparecer. Parece exagerado, por no decir mentira.
Cuando un amigo tiene un problema de convivencia con un vecino puede haber dos actitudes. Una es animarlo a ir a la pelea y ofrecerse a participar de la paliza. La otra es aconsejarle que intente resolver el problemas por las buenas. Cabe preguntarse con cuál de los dos actitudes se lo ayuda más.
Independiemente de a quién asista la razón –no se trata solamente de eso y además en este tipo de conflictos las dos partes suelen tener algo de razón y nunca toda la razón– la entidad de los protagonistas convierte a este problema no sólo en una noticia, sino también en una mala noticia para la ciudad. Por ello es también una oportunidad para que desde el terreno institucional se demuestre que la política puede aportar liderazgos positivos y no solamente escándalos y denuncias de escándalos. Si algo se espera de los alcaldes es que sepan resolver este tipo de problemas. El Ayuntamiento debería tomar la iniciativa.
Y quienes están en el entorno de los protagonistas harían bien en aportar calma y sosiego. Los incendios no se apagan con gasolina.

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Latiguillos contra la calidad democrática
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Héctor Barbotta | 27-10-2015 | 12:32| 0

El tiempo que lleva el actual equipo de gobierno en el Ayuntamiento de Marbella ha servido para saber que la mayor parte de los cambios que se vaticinaban, algunos esperanzadores y otros, negros augurios, no han llegado y posiblemente nunca lleguen.
Entre lo que no ha cambiado están las formas lamentables en las que se desarrolla el debate político en la ciudad, basado no ya en la crítica ocasional del adversario sino en su descalificación permanente y en su deslegitimación para lanzar opiniones o propuestas. Durante el mandato del PP, cada vez que la oposición ofrecía una rueda de prensa o enviaba un comunicado, no pasaba más de media hora antes de que desde la oficina de prensa del Ayuntamiento llegara la respuesta, siempre en esa línea.
El contracomunicado servía para preguntarse dos cosas. La primera era si entre las funciones que debe realizar la televisión municipal debe estar la de avisar a la oficina de comunicación del gobierno qué ha dicho la oposición para que de esa manera pueda enviar una respuesta al resto de los medios lo más rápido posible. La segunda era en relación a la naturaleza de esa respuesta. Nunca se respondía al fondo del asunto, sino con una fórmula al que se recurría invariablemente, cualquiera fuera el asunto a debatir. Así, todas las respuestas comenzaban con la acusación hacia la oposición de irresponsabilidad, de hacer críticas destructivas, de desconocer la realidad de la ciudad y del Ayuntamiento y de atentar contra la imagen de Marbella.
«Que dejen de engañar a los ciudadanos», «que insten a la Junta de Andalucía» y «que se pongan a trabajar por Marbella» eran algunos de los latiguillos con los que una y otra vez, hasta el cansancio, se respondía a las críticas de la oposición, cualquiera fuera el asunto que se estuviese tratando.
Con la llegada del actual equipo de gobierno el modus operandi no ha variado, lo que invita a pensar que la forma de actuar de los partidos, más allá de sus diferencias aparentes, nace de un mismo molde. Eso, o que el nuevo gobierno municipal no llegó para mejorar lo que se hacía antes, sino para copiarlo. El problema, entonces, no sería lo que se hacía, sino quién lo hacía.
El actual equipo de gobierno, igual que el anterior, sigue teniendo puntual información de lo que dice la oposición en sus ruedas de prensa incluso antes de que la información sea emitida por la radio o aparezca colgada en internet, lo que lleva a pensar que hay un topo en el partido contrario, que alguien confunde el periodismo con el espionaje o que la televisión municipal y sus recursos materiales y humanos se utilizan para lo que no se debería. Y ante eso, la naturaleza del comunicado de reacción es siempre el mismo, lo que invita también a cuestionarse para qué quiere el gobierno saber lo que ha dicho la oposición si la respuesta ya parece preparada de antemano.
Lo que sí ha cambiado es el latiguillo. Si antes las acusaciones eran de hacer críticas sin afán constructivo y de ignorancia, ahora las respuestas van por el camino de descalificar a la oposición por reclamar lo que no hicieron cuando eran gobierno. Las expresiones «las cotas de cinismo» o «el PP reclama lo que no ha hecho en ocho años» han perdido ya toda efectividad a fuerza de desgaste por exceso de uso.
El problema con esta forma de afrontar el debate político es que es una manera de que no haya debate político y también una manera de no responder a las cuestiones concretas sobre las que puede existir un legítimo interés ciudadano. No se trata sólo de calidad del debate, sino de calidad democrática.

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La crisis de Podemos aterriza en Marbella
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Héctor Barbotta | 20-10-2015 | 1:53| 0

Si en el equipo de gobierno municipal ya había algo de inquietud por lo que supone tener una mayoría en el pleno del Ayuntamiento que depende de un partido que formalmente se encuentra en la oposición, el rumbo que los acontecimientos han tomado en el seno de Costa del Sol Sí Puede no va en la dirección del sosiego.
En Podemos existe un doble debate. Uno es estrictamente interno y va en relación con la estrategia impulsada desde la dirección nacional del partido, con Íñigo Errejón como referente, basada en la tesis de que para ocupar la centralidad del debate político Podemos debe modular su discurso, evitar los temas espinosos y abandonar el tono irreverente con el que irrumpió en la arena política. La victoria de esta postura fue la que en su día causó la salida de los órganos de dirección de Juan Carlos Monedero, pero se trata de un debate que dista de estar saldado en los círculos de base, en los que el dirigente apartado cuenta con gran predicamento. De forma paralela, y en un plano más organizativo pero que cuenta con un claro trasfondo político, la necesidad de unificar el discurso ante la cercanía de las elecciones ha laminado el espíritu asambleario con el que Podemos reclutó en un cortísimo período de tiempo un número más que significativo de militantes que le permitieron implantarse en todo el territorio nacional. Los fundadores de este fenómeno político recelaron desde el principio de quienes llegaban a Podemos provenientes de experiencias políticas previas. En Andalucía, ante la premura de las elecciones autonómicas se vieron obligados a pactar con el grupo proveniente Izquierda Anticapitalista –al que pertenecen la líder andaluza Teresa Rodríguez, y el alcalde de Cádiz, José María González- , pero la confianza de la dirección nacional reposa en otros dirigentes andaluces, como el secretario de organización, Sergio Pascual, y el profesor de la UMA Alberto Montero. A esta línea adscribe también el principal impulsor de Costa del Sol Sí Puede y diputado autonómico, Félix Gil. Los movimientos que se han visto últimamente en Málaga, con la desautorización del secretario general, José Vargas, van en este camino de unificar el discurso ante la inminencia de la cita electoral.
El segundo debate está relacionado con las consecuencias de la decisión adoptada la pasada primavera de que Podemos no acudiera como tal a las elecciones municipales. El equipo de Pablo Iglesias valoró en aquel momento que sería imposible controlar más de ocho mil listas municipales en todo el territorio nacional y se negó a avalar con su figura y su marca electoral a candidatos de quienes no tenía ninguna referencia. Pero el impulso que habían tomado los círculos en muchas ciudades alumbró el nacimiento de listas de nombres diversos que cabalgaron sobre la referencia política de Podemos e irrumpieron en la vida municipal. Estas iniciativas, como no podía ser de otra manera, bebieron también de la cultura del asambleísmo y la democracia de base. Lo que para Podemos supuso en mayo una solución se ha transformado ahora en un problema.
En seis municipios de la Costa del Sol se montó un partido instrumental para acudir a las elecciones, pero la confluencia de otra formación política –Equo– y de independientes que podían simpatizar con Podemos pero que no se incorporaron a su estructura supuso el germen de un conflicto que ahora ha estallado.
La ambigüedad suele pagarse cara en política, y muchos de quienes se sumaron en aquel momento bajo el discurso de que en las listas estaba Podemos pero no eran las listas de Podemos reclaman ahora una autonomía que es disfuncional a las necesidades electorales del partido de Pablo Iglesias.
En ese contexto debe entenderse la crisis que vive en Marbella Costa del Sol Sí Puede, que bien podría explicarse en las posturas enfrentadas de quienes recuerdan que un partido instrumental no es más que eso –la mera herramienta formal para presentarse a unas elecciones– y de quienes creyeron que estaban formando parte de una plataforma ciudadana cuyas decisiones y línea política se tomarían de forma asamblearia al margen de cualquier principio de autoridad u organización.
En los últimos días han circulado mensajes de wassap en los que algunos de los fundadores de Costa del Sol Sí Puede y que tienen en su poder la capacidad legal para disolver el partido admiten que esta es una experiencia agotada. Para quienes están en Podemos, la prioridad son las elecciones generales, tal y como Pablo Iglesias anunció desde que se puso al frente de esta iniciativa política, y desde Madrid están llamando al cierre de filas para ese objetivo excluyente.
En Marbella, la crisis se ha resuelto, de momento, con la expulsión de siete de los 15 miembros del órgano de coordinación de CSSP, entre ellos los representantes de Equo y algunos de Podemos que sostenían la postura de la autonomía de la plataforma ciudadana. No es un dato menor que el número tres y la número cuatro de la lista electoral, los hipotéticos sustitutos de los dos ediles electos en caso de que alguno de estos abandonara la corporación, están entre los purgados. Del otro lado han quedado los dos ediles, a quienes sin riesgo a equivocarse podría situarse en la línea de los referentes nacionales de Podemos.
La pregunta es qué consecuencias tendrá esta ruptura sobre la estabilidad del gobierno municipal de Marbella. Para el alcalde, José Bernal, puede haber un punto de inquietud. La mayoría de los expulsados eran partidarios de dejar de lado las medias tintas e incorporarse con todas sus consecuencias al equipo de gobierno municipal. Los que siguen prefieren mantenerse en la actual línea de oposición, que parece tener como una de sus líneas rojas cualquier punto de confluencia con el Partido Popular. Por ello, de momento el escenario posible es que las diferencias entre Podemos y el gobierno municipal al que sustenta se sigan traduciendo en el discurso, pero improbablemente en votaciones en el pleno.

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Podemos purga su partido instrumental
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Héctor Barbotta | 15-10-2015 | 1:43| 0

El debate interno que carcome las entrañas de Podemos ha llegado al partido en Marbella y se ha saldado de acuerdo a la manera más clásica en las formaciones de la izquierda tradicional de las que ese partido se esfuerza en abjurar: una acusación de conspiración y la posterior purga. El partido instrumental montado por la formación morada para acudir a las elecciones municipales, Costa del Sol Sí Puede, celebró el martes por la noche una asamblea que había sido convocada de manera relámpago y votó expulsar a la mitad de su órgano de coordinación. Los miembros del sector crítico no participaron de la votación y se ausentaron en minoría.
Entre los purgados se encuentran todos los miembros de Equo, el partido que confluyó con Podemos para montar la plataforma electoral, y algunos de los referentes críticos de la formación de Pablo Iglesias; entre ellos el veterano Rafael García Conde, principal negociador del acuerdo de investidura de José Bernal, y el número tres en la candidatura de las municipales, Rafael Castaño. En la asamblea, celebrada en el Parque de la Constitución, tuvo un papel decisivo la agrupación de Podemos en San Pedro, cuyos miembros acudieron en un número importante a la reunión, que responde al secretario general de la formación, Manuel González , ausente por encontrarse de viaje en una expedición deportiva en Nepal.
La asamblea había sido convocada con un único punto en el orden del día, el futuro de Costa del Sol Sí Puede, pero la manera en que discurrió demostró que el motivo de la reunión era mucho más concreto que la generalidad a la que invitaba la convocatoria. El portavoz municipal de Costa del Sol Sí Puede y miembro de Podemos, José Carlos Núñez, denunció una conspiración y una campaña de desprestigio contra el grupo municipal y sacó a la luz el contenido de un chat de wassap en el que algunos de los purgados criticaban la actuación de los dos concejales y se confabulaban para conseguir el control del partido instrumental. En esa conversación privada, según Núñez, había hechos relevantes que demostraban que los expulsados pretendían cambiar el curso de la línea política de la formación mediante métodos cuestionables. Aunque ninguno de los implicados ha querido dar detalles, en la conversación se ponía de manifiesto la posibilidad de hacer públicas cuestiones que afectan a uno de los más destacados miembros de la formación morada. Los afectados han asegurado que esta iniciativa nunca fue considerada seriamente.
En el fondo de esta pelea, que se trasladará más pronto que tarde de Costa del Sol Sí Puede a Podemos, subyacen claras diferencias políticas. Desde que comenzó el actual mandato municipal, son varios los asuntos que han disgustado a los críticos, como la contratación del secretario de grupo o la reunión celebrada con ediles del Partido Popular a pedido de estos y sin haberlo consultado con el órgano de coordinación de la asamblea. También había críticas a las formas: según quienes mantienen esta línea crítica, lo que había nacido como una plataforma ciudadana asamblearia y al margen de la estructura había colocado en el Ayuntamiento a dos ediles que optaron por actuar de forma autónoma y al margen de cualquier órgano colectivo. También hay diferencias en relación con la política a seguir en el Ayuntamiento: la mayor parte de los críticos son partidarios de abandonar las medias tintas y entrar a formar parte del gobierno municipal, aunque esta es una posición que no mantienen todos los expulsados.
En las últimas semanas no pasó desapercibido el giro de timón que el grupo municipal de Podemos realizó en su actuación en el Ayuntamiento. Con la campaña electoral a la vuelta de la esquina, se vio un esfuerzo claro por parte de los dos ediles, Núñez y Victoria Mendiola, de marcar diferencias con el gobierno municipal. Se cuestionó públicamente la contratación de cargos de confianza, se cargó contra la política fiscal, pese a que estas críticas no se tradujeron en el voto en el pleno municipal, y se recuperó el discurso que iguala al Partido Popular con el Partido Socialista.
Desde el sector desplazado se asegura que la situación que se vivió en la asamblea del martes forma parte de un movimiento urdido desde el sector oficialista que responde a los dirigentes nacionales de Podemos para hacerse con el control de Costa del Sol Sí Puede y dar por finiquitados este partido instrumental y la plataforma ciudadana que lo alumbró.
La siguiente batalla ya no se librará en el interior de CSSP, sino en Podemos. Núñez adelantó ayer a este periódico que las presuntas irregularidades cometidas por los críticos ya han sido puestas en conocimiento de Sergio Pascual, secretario de organización a nivel nacional de la formación morada. Los críticos atribuyen precisamente al propio Pascual la decisión de abandonar la experiencia de la plataforma ciudadana, finiquitar la marca con la que acudieron a las elecciones municipales en seis de los municipios de la Costa del Sol y comenzar a actuar en todas las ciudades solamente bajo el nombre de Podemos, el mismo que se someterá el 20 de diciembre al difícil examen de las urnas .

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella