Diario Sur

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Autor: HectorBarbotta
Libertad de expresión
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Héctor Barbotta | 13-03-2017 | 10:14| 0

S ucedió en Marbella, pero podría haber pasado en otro sitio. Una persona que ejerce el periodismo se acercó a la madre de una celebridad gravemente enferma y se interesó por el estado de su hijo. La mujer encontró un momento para el desahogo. La periodista, que no había revelado su condición de tal, no tuvo reparo en convertir en noticia la confidencia de una madre desesperada. La mujer se encontraría con su confianza traicionada y publicada en una web, de la que a su vez beberían luego otros medios y agencias que ignoraban cómo se había obtenido la noticia. Historias así se han convertido en parte del paisaje, igual que las webs que desconocen la frontera entre el interés personal del periodista y el interés general de los lectores o, peor aún, entre el periodismo y el chantaje.
Este tipo de situaciones no suele ponerse sobre la mesa. Es difícil saber si es por corporativismo o porque un oficio cuyo entorno se degrada día a día aconseja no meterse a criticar a colegas porque uno nunca sabe a qué puertas se puede ver obligado a llamar. O quizás, simplemente, porque los periodistas no debemos dedicarnos a hablar de nosotros. Una de las cuestiones que primero se aprenden en este oficio es que no hay buenos profesionales éticamente reprochables y que el grado de invisibilidad que se alcanza es directamente proporcional a la calidad de lo que se hace. A raíz del comunicado de la Asociación de la Prensa de Madrid, se habla mucho de los periodistas, del grado de libertad con que trabajan y de las presiones que sufren. Y si bien no es buena noticia que se hable de los periodistas, mucho menos que se pretenda transmitir que las presiones son una situación anómala. Trabajar bajo presión, de cargos públicos, de cualquier entidad implicada en una información o de estúpidos que se escudan en el anonimato de las redes forma parte de la rutina de cualquiera que haga medianamente bien su trabajo. Las peores presiones no son las que se denuncian, sino las que surten efecto.
El periodismo está en peligro. Pero no por las presiones, sino por la mala praxis, por las condiciones en las que trabaja la mayoría y por el desprecio por la verdad de quienes ejercen el poder público y el privado. En un país donde los medios se achican cada día y donde dos titiriteros han dormido en prisión, que tiene a un rapero en la cárcel y en el que el fiscal acaba de denunciar a una drag queen, escuchar que la libertad de expresión peligra porque los de Podemos presionan a periodistas sería para partirse de risa si no fuese para llorar.

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Una vida con sentido
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Héctor Barbotta | 28-02-2017 | 6:24| 0

 

Dice el escritor Ernesto Semán que se escribe para darle sentido a la experiencia, y ese principio, que expuso al acabar una durísima novela inspirada en el secuestro, desaparición y posible asesinato de su padre cuando él sólo tenía nueve años, seguramente vale para toda creación artística.

Pablo Ráez no llegó a ser autor de ninguna obra literaria, la vida no le dio tiempo para ello, pero la forma en que decidió abordar su enfermedad deja un legado que bien podría inspirar no uno, sino decenas de ensayos, novelas, poesías o guiones.

Seguramente no exista sinsentido mayor que perder la vida cuando apenas se ha comenzado a vivirla. Sin embargo, este joven consiguió darle sentido a ese absurdo. Lo hizo haciendo pública su enfermedad, no con el afán de  exhibicionismo narcisista que tanto abunda y hastía en esta sociedad en la que las redes dan aun a los más insustanciales la posibilidad de acceder a sus 15 minutos de celebridad, sino concediéndole a sus conciudadanos la posibilidad de ser un poco mejores.

Porque cuando Pablo hablaba de su enfermedad no se refería a sí mismo, sino a todas las personas que se enfrentan a ese enemigo invisible e impiadoso; cuando consiguió que todo el mundo se planteara convertirse en donante de médula no lo hacía sólo con la esperanza de conseguir una donación compatible que lo curara a él, sino con la certeza de que su acción estaba permitiendo salvar a muchos otros; cuando nos hacía partícipes de sus avances y retrocesos en lucha contra la enfermedad no era para vanagloriarse de su valentía y de su fortaleza admirables, sino para transmitir esa valentía y fortaleza a otros enfermos que seguramente encontraron en su ejemplo la templanza y el ánimo que necesitaban.

Que con sólo 20 años haya sido capaz de convertirse en semejante ejemplo mientras atravesaba el trance de luchar por su vida y lo haya hecho recurriendo a instrumentos que muchos utilizan para exhibir sus miserias nos revela que hemos estado ante un personaje extraordinario que seguramente representa a miles de héroes anónimos cuyos nombres nunca llegaremos a conocer.

Pablo Ráez, como los grandes autores de la historia, ha conseguido darle sentido al absurdo de un drama terrible y el legado que deja seguramente nos sobrevivirá a todos quienes hemos tenido la suerte de ser sus contemporáneos.

Su familia está lógicamente desconsolada, aunque tiene motivos más que fundados para el orgullo. Sólo unos padres extraordinarios pudieron educar a un hijo con esos valores. Ellos también son un ejemplo.

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Pelea por el mango de la sartén
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Héctor Barbotta | 26-02-2017 | 10:10| 0

 

Los dirigentes locales de Podemos ya no son aquellos bisoños negociadores que en junio de 2015, apenas el Partido Popular perdió la mayoría absoluta, adelantaron que en ningún caso permitirían que Ángeles Muñoz conservara el bastón de mando. Ese posicionamiento público previo al comienzo de las negociaciones con quienes acabaron conformando el gobierno tripartito permitió advertir que aquella caracterización global de ‘casta’ que por aquel entonces utilizaban para definir por igual a todos los partidos tradicionales albergaba fuertes matices, pero también los quitó del centro del poder de decisión. Tanto el PSOE como Izquierda Unida comprendieron que a partir de ese momento de lo que se trataba era de convencer a Opción Sampedreña y hacia allí se dirigieron todos los esfuerzos. Los dirigentes de OSP vivieron sus días de gloria, saborearon las mieles de quien está en situación de dirigir el pulgar hacia arriba o hacia abajo y hasta se tomaron revancha permitiéndose poner en una situación humillante a quien consideraban que los había maltratado durante los cuatro años anteriores gracias a una mayoría absoluta que acababa de perder, invitándo a Ángeles Muñoz a una negociación que sabían desde el comienzo que no tenía ninguna posibilidad de prosperar.
Los dirigentes de OSP se permitieron incluso acotar su compromiso a dos años con la secreta esperanza de volver a repetir escenario a mitad de mandato y hasta obtuvieron de la Junta de Andalucía no sólo la promesa de obras pendientes, sino también la de allanarse en el proceso judicial que debía decidir sobre el expediente de segregación de San Pedro.
Pero los surfistas sólo están en la cresta de la ola el tiempo que la ola tarda en convertirse en espuma. Firmado el pacto, asumidas las tareas de gobierno y colocado el personal en los puestos que otorga el poder, se trata de gobernar, gestionar las miserias del día a día y comprobar que la inercia burocrática es el peor enemigo a la hora de convertir proyectos en realidades.
Es posible que en el tripartito existiera el convencimiento de que sólo era cuestión de tiempo que Podemos y su marca municipal se integraran en un gobierno cuatripartito, pero esas expectativas se vieron frustradas con una purga interna con la que se sofocó una rebelión que aparentemente tenía por objetivo apartar al actual portavoz y entrar con armas y bagajes al equipo de gobierno.
Los díscolos fueron apartados, quedaron sólo quienes se han creído en serio que el suyo es un partido diferente a los demás y Podemos confirmó su estrategia de mantenerse al margen del gobierno y condicionar su apoyo a una negociación permanente a la que el tripartito está obligado pero que pone a prueba la paciencia de sus miembros.
Quienes antes han mostrado públicamente su hartazgo son los dirigentes de Opción Sampedreña. Han comprobado que lo que ellos hicieron durante las semanas que separaron las elecciones de 2015 de la investidura como alcalde de José Bernal –empuñar la sartén por el mango–, los dirigentes de Podemos están en condiciones de hacerlo cada vez que hay algo importante por decidir o simplemente cuando necesitan mostrar distancias con el tripartito. Cuando les ha venido bien, los ediles del partido morado han demostrado incluso que no se cargan con problemas de conciencia si, pese al abismo ideológico que los separa, tienen que coincidir puntualmente en una votación con el PP. En más de una ocasión, desde el propio PP se ha intentado influir de manera indirecta, y sin que se notara demasiado, en las asambleas que los morados celebran antes de cada pleno para de esa manera bloquear decisiones municipales.
El hartazgo es compartido por los tres grupos del gobierno municipal, pero de momento los únicos que han decidido mostrarlo en público son los concejales del partido sampedreño. Primero porque con Podemos fuera del gobierno el poder de decisión que OSP tuvo durante las semanas de la negociación de la investidura no es más que un bonito recuerdo y a veces parece invadirles la nostalgia; y también porque uno de sus concejales, Manuel Osorio, está al frente del área más sensible del Ayuntamiento, la de Hacienda, desde donde se elaboran los presupuestos que marcan la política para todo el año.
Presumiendo, como la hacen, de ser un partido sin ideología –en el caso de que tal cosa fuese posible– y con el recuerdo de la posición que el Partido Popular mantuvo el año pasado, al permitir con su abstención que los presupuestos salieran adelante, los sampedreños intentaron este año un acercamiento similar. No con Ángeles Muñoz, de quien los siguen separando una infranqueable falta de química, sino con la dirección provincial del partido. Pero aquí cada uno juega sus cartas, y la respuesta fue inequívoca. Opción Sampedreña podía contar con el voto del PP a los presupuestos elaborados por Osorio el día antes de firmar la moción de censura para quitar a Bernal del sillón de la Alcaldía. Si no, que buscara el apoyo de Podemos, y ya el PP se encargaría de desgastar a OSP ante su parroquia como un partido sometido a las exigencias del partido morado.
Por eso no llama en absoluto la atención que en los últimos días ambos partidos, OSP y Podemos, hayan exhibido sus diferencias en unos cruces de declaraciones destempladas que alcanzaron su culmen en el duro enfrentamiento entre sus portavoces, Rafael Piña y ‘Kata’ Núñez durante el último pleno.
Este desencuentro se produce además en un momento en el que el Partido Popular está adquiriendo el papel más duro desde que perdiera la Alcaldía. Primero, porque ya ha pasado el tiempo de dejar hacer al equipo de gobierno para que su voto negativo en cuestiones clave no se interprete como una rabieta por haber perdido los sillones. Pero también porque el último congreso nacional del partido, en el que Ángeles Muñoz ha salido reforzada con la permanencia de Arenas en el núcleo duro de la dirección y su propia renovación con una silla en el Comité Nacional, parece haber despejado las dudas que podían haber sobre el liderazgo del PP de Marbella para el futuro proximo, a pesar de que faltan aún dos años para las elecciones municipales y dos años en política es mucho tiempo.
En el PP han advertido que la búsqueda de mayorías para ganar las votaciones desgasta al equipo de gobierno y no parecen dispuestos a facilitarle la vida al tripartito.
El último ejemplo se vio el viernes, cuando tras llevar al pleno la aprobación del texto refundido del PGOU, la concejala de Urbanismo se vio obligada a retirarlo.
El PSOE utilizó el comodín de las lindes con Benahavís para justificar su decisión, posiblemente porque haya llegado a la conclusión de que usando ese argumento en cualquier ocasión consigue desgastar a Ángeles Muñoz. Pero la utilización una vez de ese argumento no puede esconder que la retirada no es cuestión de límites geográficos entre municipios, sino un problema aritmético de primero de Primaria. Ni PP ni Podemos iban a apoyar la aprobación del texto y la cuentas no daban para la mayoría absoluta necesaria. Y perder una votación es poner en evidencia la propia debilidad. Toda una premonición de lo que puede esperarse de próximas votaciones
Vienen olas, y lejos de buscar aguas más calmas la pelea va estar por ver quién consigue subirse a la cresta.

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Héctor Barbotta | 22-02-2017 | 10:15| 0

El Ayuntamiento de Marbella ha abierto el plazo de presentación de documentación para apuntarse a la bolsa de trabajo municipal y la realidad se presentó de golpe y sin avisar en la Plaza de los Naranjos. Con toda su crudeza. A veces el debate político, y también la atención mediática, discurre por caminos equívocos pero de tanto en tanto lo realmente importante aparece, golpea y obliga a despertar y a ajustar el enfoque.
Por si a alguien se le había olvidado, Marbella tiene 13.282 parados y muchos de ellos llevan en esa situación mucho más tiempo del que resulta admisible. También hay muchos que no han tenido nunca la oportunidad de trabajar, lo que resulta menos admisible aún.
El alcalde anunció el martes que al día siguiente se abriría el plazo para optar a entrar en la bolsa de la que saldrán los trabajadores que ocuparán los puestos temporales que eventualmente puedan surgir en el Ayuntamiento y aunque hay tres semanas por delante para presentar los papeles y son muchas las dependencias municipales habilitadas para ello, las colas se concentraron desde el primer día en la Plaza de los Naranjos como punto neurálgico. También en la Tenencia de Alcaldía de San Pedro se formaron largas filas.
A la intemperie, porque las dependencias municipales no son suficientemente grandes para albergar toda la dimensión del drama, las colas valían como radiografía del problema: personas de más de 50 años a las que se le acaba el tiempo para cotizar años suficientes para llegar a una pensión digna de ese nombre; jóvenes sin experiencia que no pueden empezar a trabajar porque en todos lados les piden una experiencia que al mismo tiempo les niegan; padres y madres de familia más preocupados por los suyos que por sí mismos; gente sin estudios porque no tuvo oportunidad de estudiar y gente con estudios dispuesta a aceptar trabajos para los que su cualificación parece sobrar. Una dramática radiografía de la realidad a las puertas del Ayuntamiento.
La puesta en marcha de la bolsa de empleo no sólo ha sido oportuna porque posiblemente no exista un sistema más justo y transparente para cubrir los puestos de trabajo temporales que van haciendo falta crear en el Ayuntamiento, sino sobre todo porque ha dado la oportunidad de recordar cuáles son los dramas y los problemas reales de la ciudad. Que durante estos días los políticos se crucen con las caras del sufrimiento cada mañana al entrar y salir del Ayuntamiento no deja de ser un ejercicio saludable que debería tener alguna repercusión en formas y también en fondos.
Esperar, sin embargo, que todos los representantes públicos estuvieran a la altura podía ser un ejercicio de optimismo difícil de justificar. Hay situaciones en las que habría que desterrar el partidismo, al menos el partidismo más desvergonzado, pero no hubo caso.
El mismo miércoles, día en que se abrió el plazo y cuando ya se habían registrado largas colas, Opción Sampedreña colgó en su perfil de Facebook una oferta de asesoramiento para las personas que quisiesen optar a entrar en la bolsa y tuviesen dificultades para cumplimentar los impresos. El partido político invitaba a los interesados a acudir a su sede, donde los ayudarían con abnegación y desinterés. Resulta difícil encontrar un ejercicio más burdo de oportunismo político. Si los responsables de OSP, que son quienes están al frente de la Tenencia de Alcaldía de San Pedro, entienden que el servicio que se presta a los ciudadanos en las dependencias municipales que ellos mismos gestionan es insuficiente, deberían primero pedir disculpas y después esforzarse por mejorarla. Aprovechar su propia ineficacia para obtener rédito supone una actitud a la que no cabe buscarle adjetivos.
El viernes, la exalcaldesa Ángeles Muñoz ofreció una rueda de prensa con la cola de parados como telón de fondo. Con esa escenografía devolvió al PSOE los mismos calificativos que recibía de los socialistas cuando estaba al frente del Ayuntamiento y se encontraba con las limitaciones legales que impiden evitar que vecinos de otros municipios acudan en igualdad de condiciones a cualquier oferta de empleo público del Ayuntamiento de Marbella. Se supone que haber tenido responsabilidades de gobierno da un bagaje que permite ejercer la oposición con otra perspectiva. Demasiado suponer.

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Mociones de censura
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Héctor Barbotta | 15-02-2017 | 10:11| 0

Lo que va a vivirse durante este año en que los gobiernos municipales atravesarán el ecuador de sus mandatos era predecible desde que en las elecciones de 2015 cambió el paisaje en los ayuntamientos. En Nerja se fragua una moción de censura, al igual que en Frigiliana. En Alhaurín el Grande, la disputa política se ha trasladado a los tribunales después de una sesión esperpéntica en la que no prosperó la moción para desbancar a los herederos de Martín Serón. En Marbella, uno de los socios de gobierno recuerda que su compromiso era por dos años, no por cuatro. Aunque nadie espera que vaya a haber cambios, el mero anuncio genera cualquier cosa menos estabilidad y certidumbre. Torremolinos tampoco escapa a ese runrún permanente. Estas situaciones se suman a las de Pizarra, donde Izquierda Unida apoyó primero a un alcalde del PSOE para después desbancarlo y aliarse con el PP, o la de Mijas, donde un candidato que perdió las primarias en el PSOE se presentó por Ciudadanos, quedó tercero, consiguió la alcaldía en alianza con el PP y después cerró el círculo al acabar gobernando coaligado con los socialistas.
Ninguna de estas maniobras es ilegítima y es consecuencia de lo que eligieron los ciudadanos, pero habría que preguntarse si es esto lo que realmente eligieron los ciudadanos. No se trata de dar por buena aquella maniobra absurda y felizmente fallida que intentó impulsar el Gobierno para cambiar las reglas del juego en mitad del partido, cuando las encuestas avisaban de que la época de las mayorías absolutas tocaba a su fin , y que Rajoy inmortalizó con esa frase tan autodefinitoria de los alcaldes y los vecinos. Tampoco de deslegitimar los acuerdos políticos que son la esencia de un sistema parlamentario y no presidencialista. Todo lo contrario.
Si la composición política de los ayuntamientos ha cambiado es porque la voluntad de los vecinos ha sido la de dejar atrás unas mayorías absolutas que posiblemente tarden en volver, si es que vuelven. Los paisajes multicolores que hoy hacen necesarios los acuerdos para gobernar y abren la puerta a posibles cambios en mitad de los mandatos son la traducción de esa demanda de cambio. Pero no es muy aventurado suponer que aquellas urnas multicromáticas estaban demandando algo más. No se trataba de sustituir la arrogancia de las mayorías absolutas por mercadeos, pactos con cláusulas opacas y giros inexplicados.
Es posible que los electores estuvieran pidiendo un cambio de cultura política. Un cambio que los partidos, que parecen obligados a elegir entre la obediencia incondicional, los golpes palaciegos o las guerras civiles internas sin ser capaces de afrontar debates maduros, parecen no estar en condiciones de asumir.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella