Diario Sur
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Autor: HectorBarbotta
El dinero (público) como arma política (partidista)
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Héctor Barbotta | 22-10-2014 | 7:05| 0

La Junta de Andalucía ha pedido al Gobierno flexibilidad a la hora de reintegrar la liquidación negativa de 2013 por las entregas a cuenta recibidas del Estado y al Ayuntamiento de Marbella le ha faltado tiempo para reclamarle al Ejecutivo autonómico que las mismas condiciones que reclama al Gobierno de Rajoy las aplique a la hora de cobrar los plazos del préstamo que la propia Junta le hizo al Ayuntamiento.
En esta época en la que las instituciones públicas se dedican a administrar miseria, el ahogo financiero a los gobiernos de signo contrario se ha convertido en una de las armas más poderosas para doblegar al adversario e intentar derrotarlo electoralmente. En el camino se quedan todos ahogados, pero con unos argumentos políticos incontestables: el rival es desalmado, se mueve por interés partidario y no tiene en cuenta a los ciudadanos. La pena es que tienen razón. Todos ellos.
El Gobierno central, las autonomías, las diputaciones y los ayuntamientos participan en este juego de darwinismo político en el que el más grande se come al más pequeño. Al final de la cadena alimenticia se encuentran las personas de a pie, que ya no tienen a quién comerse.
Con los recursos financieros recortados y a la hora de decidir a qué dedican lo poco de lo que disponen, los gobiernos se ven obligados a retratarse. Y lo hacen: antes de desmantelar las estructuras clientelares o de renunciar a las cadenas de favores, se cierran centros de formación, se instalan aulas prefabricadas que se inundan a las primeras de cambio o se rebaja la prestación de servicios. Todo sea por mantener el chiringuito. Sólo los más optimistas, o quienes ignoren las inercias que gobiernan los partidos pueden seguir creyendo que esta crisis ha sido interpretada como una oportunidad para cambiar.
El ahogo financiero a los rivales y las respuestas que se articulan para denunciar esas maniobras revelan hasta qué punto las estrategias políticas no se diseñan para solucionar los problemas, sino para dejar en evidencia y desgastar al adversario. Los reclamos financieros se han convertido en una nueva versión del ‘y tú más’ con el que los partidos nos obsequian cada vez que alguno de los suyos es sorprendido con la mano en la lata. Pero se trata de un remake más sutil. Mejorado. Es decir: empeorado.
Negar pan, sal y agua a las administraciones de signo contrario, del Gobierno a la Junta, de la Junta a los ayuntamientos, no es más que otra muestra del sentido patrimonialista con el que los partidos gobiernan las instituciones. Como si el dinero fuese suyo.
Recientemente, la alcaldesa de Marbella presentó en una misma comparecencia pública cuatro planes de empleo que se desarrollarán en la ciudad, uno de los cuales está sustentado con fondos del presupuesto municipal y los otros tres, con dinero procedente de la Junta de Andalucía y en los que la participación del Ayuntamiento consiste en seleccionar al personal y aportar los materiales de trabajo.
El PSOE montó en cólera al entender que con su comparecencia, la alcaldesa de Marbella pretendía apropiarse de lo que no es suyo y ocultar el mérito de la administración gobernada por los socialistas. Pero resulta que el dinero tampoco es de la Junta, sino que se trata de fondos europeos que la Junta canaliza. De haber leído las protestas del grupo socialista, alguien en Bruselas hubiese reclamado su minuto de gloria, aunque es seguro que hasta en la capital de la burocracia europea tienen cosas más importantes que hacer.
Toda esta discusión no deja de ser una trampa. Si los fondos efectivamente tuviesen su origen en los presupuestos de la Junta tampoco tendría sentido, porque ni el presupuesto municipal sale de la cartera de Ángeles Muñoz, ni el de la Junta lo aporta Susana Díaz de su pecunio personal. Ambos, como también los presupuestos europeos, salen todos del mismo lado: de los bolsillos de los ciudadanos. Los políticos no son más que meros administradores de lo que no es suyo. A ver si algún día lo entienden.

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Encuestas
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Héctor Barbotta | 29-09-2014 | 11:43| 0

La Mancomunidad de la Costa del Sol acaba de reformar sus estatutos para suprimir el principio de un municipio un voto con el que se ha regido desde su creación para reemplazarlo por un sistema proporcional en función del número de habitantes. Hay quien sospecha que en ello han tenido mucho que ver las encuestas que vaticinan un cambio de tendencia para las municipales del año que viene. Una motivación parecida a la que ha inspirado el proyectado cambio de la ley electoral con la que se pretende suprimir en los ayuntamientos el principio de la democracia parlamentaria para imponer en su lugar un régimen presidencialista en el que la mayoría, milagros de las matemáticas, se puede alcanzar con menos del 50 por ciento.
Hace ya mucho tiempo que la política dejó de ser aquella actividad en la que un dirigente admitía que si la mayor parte de la sociedad ya no compartía sus principios era mejor comenzar a prepararse para que votaran a otro. Cuando la sociología y la demoscopia irrumpieron en la cotidianidad de los partidos eran un buen instrumento para diseñar estrategias, detectar en qué distrito había que hacer un mayor esfuerzo e incluso adelantarse a los acontecimientos con lecturas anticipadas de las demandas sociales, pero hace ya tiempo que las encuestas aconsejan no en qué momento presentar una proyecto o modular un discurso, sino proclamar unos principios. Marxismo rama Groucho: Tengo estos, pero si los sondeos no me acompañan tengo estos otros.
Ahí tenemos el mal llamado caso Gallardón. Hay quien pueda creer que la adecuación de las iniciativas gubernamentales a lo que dicen las encuestas es la quintaesencia de la democracia, pero ¿quién puede fiarse de quien instala un debate que iguala a las mujeres que abortan poco menos que con asesinos de niños y de un día para otro cambia de opinión porque los sondeos no le acompañan?
Los acontecimientos de los últimos días parecen invitar a a pensar que el diseño de la gran política se hace a partir de sondeos de opinión. Pero si fuera así habría que preguntarse quién le vendió al Gobierno una encuesta de la que salió que esta sociedad demandaba un cambio en la ley del aborto que sólo conformaba a quienes no entienden que sus principios morales o religiosos no pueden regir la vida de los demás como si estuviésemos en Irán o en el califato islámico.
Por ello quizás sea más acertado dejarse llevar por una teoría inspirada en la paranoia conspirativa, y que sugiere que lo sucedido en torno al fallido proyecto no fue más que una maniobra urdida para dejar al desnudo la verdadera naturaleza de Gallardón y destruir su imagen de liberal progresista. Rasputín no lo hubiera hecho mejor.
Gobernar no sobre la base de principios o de programas sino según el vaivén de los sondeos puede entenderse como democrático, una especie de asambleismo ciudadano permanente. Ahora sólo cabe esperar una encuesta sobre la reforma laboral, la subida del IVA o los recortes sanitarios. Pero sobre eso nunca preguntan.

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¿Marbellíes o marbelleros?
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Héctor Barbotta | 15-09-2014 | 1:11| 0

Una ciudad y, al menos, dos gentilicios. No son habituales los casos donde exista un debate abierto acerca de cómo debe llamarse a quienes han nacido o viven en un determinado lugar, e incluso que distingan con diferentes gentilicios a los naturales y a los implantados. Quizás deba adjudicarse a Marbella como una más de sus múltiples singularidades el hecho de que convivan dos gentilicios: marbellí y marbellero.

Los más antiguos del lugar aseguran que ya en los años cincuenta, y aún antes, era natural llamar marbelleros a quienes vivían en el entonces pueblo de 10.000 habitantes con pasado agrícola e industrial y que comenzaba, incipientemente, a abrirse al turismo. Y que no fue hasta la llegada en avalancha de nuevos residentes atraídos por la actividad que generaba el turismo y a la adopción de Marbella como propia por parte de múltiples colonias extranjeras cuando el término marbellí comenzó a implantarse con fuerza, desplazando al que los vecinos autóctonos consideraban como propio.

El debate sobre el gentilicio que le corresponde a la ciudad aún levanta pasiones y hay quien cree que no se trata de un asunto inocente. Por lo menos por parte de quienes se empeñan en mantener unas señas de identidad que se han ido desdibujando con el paso del tiempo y el crecimiento demográfico.

 

Sin embargo, para los más documentados estas no son más que bobadas. El desaparecido historiador Fernando Alcalá, nombrado Hijo Predilecto de la ciudad a título póstumo y autor de varias de las obras de referencia en la historia de la ciudad, atribuía esta diferenciación entre marbellero y marbellí a un artículo publicado en el diario ABC en el año 1958 por el periodista chileno Víctor de la Serna, quien al parecer habría hecho referencia a sus propias vivencias como turista en aquella época y a los testimonios recogidos entonces.

Sin embargo, el término marbellí es más antiguo de lo que se cree. En su obra Crónica de Marbella, Alcalá recuerda que el historiador malagueño Francisco Guillén Robles (1846-1926) ya denominaba ‘marbellíes’ a los pobladores de la época musulmana, gentilicio que “ha desplazado de los diccionarios a los tradicionales ‘marbelleros’ (voz popular) y ‘marbellense’ (voz culta), con los que los naturales de Marbella se han nombrado durante los últimos siglos”.

 

Para el historiador Francisco Moreno, el debate entre marbellí y marbellero está superado, y más aún la distinción entre los autóctonos y los foráneos. En su opinión, el gentilicio correcto, aunque en desuso, es ‘marbellense’. De hecho, es así como Moreno ha denominado a su blog, donde propone debates sobre temas relativos a la historia de la ciudad.

 

Francisco Moyano, profesor, articulista y también apasionado de la historia de Marbella, recuerda que es ‘marbellí’ el término que figura en los diccionarios clásicos de gentilicios, y que ya en la época musulmana era de esa manera como se denominaba a la uva que crecía en esta tierra. Sin embargo, recuerda que ya desde pequeño, en los años sesenta, escuchaba a su abuela referirse de esta manera a los vecinos de Marbella: “Nosotros, los marbelleros”.

 

 

 

 

Inasequible a las creencias populares, el diccionario de la Real Academia de la Lengua sólo reconoce un término, marbellí, que no hace distinción entre ‘natural de Marbella’ o ‘perteneciente o relativo a esa ciudad’. Y en los últimos años es ése el término que se utiliza de forma ampliamente mayoritaria. Pero ello no parece suficiente para que muchos vecinos se avengan a abandonar el término con el que, según recuerdan, se vienen llamando a sí mismos desde que tienen uso de razón. Hay marbelleros que se resisten a dejar de serlo.

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Cómplices, no víctimas
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Héctor Barbotta | 12-09-2014 | 11:54| 0

Posiblemente lo peor del caso Pujol no sea el volumen del fraude, cuyas dimensiones están todavía por descubrirse, ni la desazón que sienten quienes tenían a esa figura como un referente moral, ni el tufo a que esto ya se sabía desde hace tiempo pero se ha decidido sacarlo a la luz en el momento oportuno, ni la contumaz persistencia con la que los protagonistas de la historia se empeñan en seguir tomándole el pelo al personal. Lo peor es la manera en que quienes han participado de esta inmoralidad mayúscula, en esta estafa económica, pero también política y ética, se están llevando las manos a la cabeza, fariseos, con cara de yo-no-sabía-nada, como si todo este asunto los cogiera por sorpresa. Como si la fortuna descomunal de un mandatario que ha ocupado el sillón durante más de dos décadas, exhibida impúdicamente por su familia durante todo este tiempo, se pudiera haber labrado sin tejer una red de complicidades dentro y fuera de su partido y también dentro y fuera de la política.

Por eso no se sabe si es peor que Felipe González insista en defender lo indefendible o que otros cómplices levanten el dedo acusador, como si el tema no fuese con ellos, o guarden sospechoso silencio.

 

Llegados a este punto, inspira cierta nostalgia la candidez con la que se recibió en su día el ‘caso Malaya’, considerado entonces el mayor caso de corrupción política en España y que lamentablemente se ha revelado no mucho tiempo después como una marca más, y no la más importante, del sarampión de corrupción que afecta a un cuerpo entero que además no parece tener interés alguno en crear los anticuerpos que permitan sanar de una vez y para siempre.

Ahora, cuando se empieza a conocer que la fortuna oculta del exhonorable podría proceder del supuesto cobro de comisiones a las empresas que optaban a obras públicas (¿de dónde si no?), se pretende presentar a los cobradores como los únicos villanos de la historia, y a los pagadores como víctimas de una extorsión que los inmuniza ante la justicia y ante la historia.

Pero ‘Malaya’ nos ha enseñado que sólo cuando se pone en un mismo plano a quienes cobraron y a quienes pagaron, a los sobornados y a los sobornadores que prefirieron participar del delito y beneficiarse de él en lugar de denunciarlo, se puede erradicar de cuajo un sistema que tiene a los ciudadanos de a pie como únicas y excluyentes víctimas. Si no se hace así, a los sobornadores sólo les quedará esperar a que pase la tormenta y preguntar dónde está la siguiente ventanilla a la que deben dirigirse.

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Los reyes y Marbella
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Héctor Barbotta | 04-09-2014 | 9:03| 0

Buena parte de los vecinos de Marbella está que trina. Después de que el rey saliente dejara el trono sin hacer nada que desmintiera a quienes aseguraban que sufría algo parecido a la alergia a que se lo viera por Marbella, se esperaba que el nuevo monarca abriera una nueva época con una visita, oficial o no, a la perla de la Costa del Sol en cuanto se presentara la primera oportunidad. Por eso ha habido algo más que desazón tras conocerse que el foro Estados Unidos-España, que se celebrará durante este semana en el hotel Don Carlos, tendrá un único acto fuera de Marbella: la cena inaugural, que se hará en Málaga. Precisamente el acto al que asistirán los reyes.
Por ello no ha faltado quien ha visto en esta circunstancia una línea de continuidad con los gestos desconsiderados del rey saliente que han quedado para la historia, como las visitas secretas sin focos ni cámaras al rey Fahd en su palacio de la Milla de Oro o el episodio con Michelle Obama, cuando la Casa Real violentó el protocolo e hizo viajar a la primera dama norteamericana desde la Costa del Sol, donde pasaba sus vacaciones, a Palma de Mallorca para entrevistarse ahí con Juan Carlos, el monarca que veraneaba todos los años en Mallorca y que culminó su reinado sin una sola visita oficial a Marbella.
Por eso ante la presencia de mañana de los reyes en Málaga, en Marbella se ha recordado este desencuentro: ¿Por qué un evento que se celebra en Marbella organiza su único acto con presencia real en la capital de la provincia?
Sin embargo, el acto de este viernes no podrá sumarse a la lista de agravios protocolarios, ni puede decirse que a Marbella le haya sido arrebatado un acto con presencia real. Por el contrario, ha ganado un evento de primer nivel internacional que en principio había sido conseguido por la ciudad de Málaga. Quienes han estado cerca de la génesis del foro revelan que fue el empeño del alcalde de la capital de la provincia, Francisco de la Torre, el que consiguió traerse el encuentro hispano-norteamericano, y que ese triunfo estuvo a punto de convertirse en sonora derrota cuando los organizadores no encontraron en Málaga oferta hotelera de calidad suficiente que cubriera sus expectativas. Fue entonces cuando se recurrió a Marbella y su infraestructura turística para que el evento no se perdiera, y Málaga conservó el acto de mayor repercusión mediática y con presencia de los reyes.
Una situación que, en suma, permite mantener el crédito abierto para el monarca que está dando sus primeros pasos y alienta sobre todo a trabajar más en la línea de la colaboración fructífera entre las dos principales ciudades de la provincia, lejos del fomento de agravios absurdos.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella