Diario Sur

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Autor: HectorBarbotta
Gaza, Israel, judíos
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Héctor Barbotta | 30-07-2014 | 7:23| 0

La injustificable masacre que el ejército israelí está perpetrando estos días en Gaza ha sacado a pasear todos los prejuicios, la desinformación y la incultura desde la que se suele abordar el conflicto de Medio Oriente, en el que como si no hubiera ya suficientes odios autóctonos hacemos lo posible para aportar los nuestros.

No hace falta vivir en Marbella, una tierra que no pocos árabes han adoptado como propia y donde existe una importante comunidad judía que afortunadamente también ha hecho de ésta su casa, para adivinar que el conflicto que estos días se manifiesta en una matanza intolerable es geopolítico e histórico, pero nada tiene que ver con maldades intrínsecas que se pretende adjudicar a uno u otro pueblo.

Una persona a la que se le supone un mínimo de formación celebraba ayer en Tuiter que los Reyes Católicos expulsaran a los judíos de España hace 500 años, y esa muestra de incultura -la celebración de una tragedia cuyas consecuencias (entre las que el antisemitismo ancestral no es el menor) todavía se sufren en nuestros días- sería sólo una anécdota si no constituyera el ejemplo palmario de un fenómeno que no por triste deja de ser sorprendente.

En este país a veces parece que no hay asunto que no deba abordarse desde la dicotomía guerracivilista  izquierda-derecha, aunque ello obligue a caer en terribles contradicciones. Los prejuicios antisemitas que sin pudor alguno suele exhibir la progresía  en cuanto sucesos como los de estos días le dan vía libre para ello demuestran hasta qué punto no es sólo la derecha más rancia la que atesora la herencia cultural del franquismo. Resulta sorprendente la facilidad con la que se despotrica contra lo judío –sin distinguir en todo caso entre judíos e israelíes, entre el pueblo hebreo y el gobierno del Estado de Israel–, como si David Ricardo, Carlos Marx, Sigmund Freud, Claude Levi-Strauss, Franz Kafka, Alfred Einstein Charles Chaplin o Woody Allen estuvieran operando los drones desde los que se bombardea a una población indefensa.

El impulso lógico es alinearse con el más débil. Las imágenes de los niños asesinados por las bombas israelíes empujan a ello. Pero la memoria de los atentados indiscriminados de Hamás deberían recordarnos que en esta guerra las diferencias no son morales, sino sólo de capacidad de fuego. Y que la mejor aportación que se puede hacer no es reproducir y alimentar el odio, sino buscar caminos de entendimiento.

Parte del problema es que solemos mirar hacia Oriente Medio desde una presunta atalaya de superioridad moral, pero un país donde se sigue utilizando la expresión ‘perro judío’ como el peor insulto posible seguramente tiene pocas lecciones para impartir en las asignaturas de convivencia, educación y respeto.

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Buena política y mala política
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Héctor Barbotta | 28-07-2014 | 12:12| 0

No se descubre la pólvora si se recuerda que la política, por méritos bien ganados por parte de quienes ejercen esa actividad que en alguna época supo ser noble, no pasa por su mejor momento en la consideración de los ciudadanos. No sólo por los escasos dirigentes que comienzan a pisar la cárcel y los muchos que deberían hacerlo, ni tampoco por los privilegios que se exhiben impúdicamente ante las personas de a pie que los sustentan. El desprestigio nace sobre todo de la burbuja aislada de la realidad social en la que parecen vivir muchos de quienes deberían estar más obligados que nadie a conocerla para intentar cambiarla, y en sus lógicas de poder que ignoran todo lo que no sean luchas sectarias para mantener puesto y privilegios y conseguir cada cuatro años el respaldo necesario para seguir cuatro años más.

Por eso resulta reconfortante que ocasionalmente, casi como si constituyera una anomalía, la política se reconcilie consigo misma y emita señales que permitan pensar que algunos de quienes cobran del dinero de todos se han ganado al menos el sueldo de ese mes.

La política ha exhibido esta semana esa buena cara en el acuerdo alcanzado para desbloquear las obras de ampliación del Hospital Costa del Sol, un entendimiento al que se llegó después de largos meses de pacientes negociaciones en las que se logró desenmarañar una madeja que tenía sus nudos más enrevesados en los aspectos legales del conflicto, pero que había ido creciendo durante demasiados años de política de corto alcance y sobre todo de desconfianza mutua.

Quienes siguieron de cerca esta larga y compleja negociación fijan uno de los puntos clave de este proceso en la llegada a la Consejería de Salud de su actual titular, María José Sánchez Rubio, que nada más hacerse con la cartera accedió a lo que su antecesora, María Jesús Montero, se había negado sistemáticamente: reunirse con la alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, y poner las bases de confianza sobre las que comenzar a trabajar en un acuerdo.

En el proceso, que se llevó con discreción máxima y con la participación clave del gerente del Hospital, Alfonso Gámez, todas las partes cedieron, incluida la sociedad concesionaria, con la que hasta el pasado miércoles la Junta todavía negociaba el importe de la indemnización que le correspondería como compensación por el lucro cesante durante los cuatro años de paralización.

 

Este periódico tuvo conocimiento de que se estaba cerca de llegar a un acuerdo el martes por la tarde. No fue hasta el miércoles cuando pudo confirmarlo en fuentes de ambas administraciones, que explicaron los detalles del acuerdo y destacaron, sobre todo, la buena voluntad exhibida por todas las partes. En ambas instituciones accedieron a confirmar la noticia con la precaución de advertir de que el convenio no estaba aún firmado y en la necesidad de mantener un consenso del que dependía que el acuerdo, que beneficiará a toda la población de la Costa del Sol, desde Manilva hasta Fuengirola, no se frustrara por cualquier cuestión de última hora.

Después de mantener una conversación con este periódico, en la que confirmó la información en todos sus extremos, un cargo de la Consejería de Salud en Málaga se puso en contacto con el portavoz socialista en Marbella, José Bernal, para comunicarle que se había alcanzado el acuerdo y que este periódico publicaría la noticia en su edición impresa del jueves y pedirle discreción hasta entonces. Una cuestión de cortesía entre compañeros de partido para que el dirigente socialista no se enterara por el periódico de un asunto trascendente que afectaba a la ciudad.

Tan pronto como tuvo esta comunicación, y pese a que le habían recomendado discreción, Bernal se puso en marcha. Filtró lo poco que le habían contado para inmediatamente enviar una nota de prensa en la que se felicitaba por el desbloqueo del proyecto y arremetía contra la alcaldesa, a la que acusaba de mala fe, y la responsabilizaba por la prolongada paralización de las obras.

La actitud de Bernal causó sorpresa e indignación en la propia Junta de Andalucía. El cargo de Salud que le había comunicado la noticia horas antes con la recomendación expresa de discreción reconoció a este periódico sentirse traicionado por su compañero de Marbella, y en las oficinas de la Consejería de Salud en Sevilla la indignación no fue menor, sobre todo porque durante algunas horas se temió que las prisas por obtener rédito político a costa de arremeter contra una de las artífices de un acuerdo que aún no se había firmado podía dar por tierra con el fruto de un año de trabajo. No fue hasta última hora, tras una comunicación directa entre ambas administraciones, cuando se tuvo la certeza de que el acuerdo seguía adelante.

No es la primera vez que la obsesión del candidato del PSOE a la Alcaldía por impedir que el Ayuntamiento y la Junta alcancen acuerdos que, a su entender, puedan alterar su estrategia pone en peligro los intereses de la ciudad, de sus vecinos y hasta de su partido. Semanas atrás, otra indiscreción de Bernal, aparentemnete también motivada en las prisas por conseguir rédito rápido, frustró las complejas negociaciones en las que el gobierno andaluz y el municipal exploraban la posibilidad de que el Ayuntamiento pagara con la financiación de infraestructuras su deuda con la Junta de Andalucía.

El acceso a información sensible parece haber convertido a Bernal en un personaje político más peligroso para su propia ciudad y su propio partido que un mono con escopeta. A estas alturas la incógnita reside en saber hacia dónde saldrá el próximo disparo. O si será capaz algún día de aprender a utilizar la escopeta.

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La gala de Michelin, mucho más que un guiño a la historia
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Héctor Barbotta | 21-07-2014 | 7:32| 0

Cuatro décadas atrás, cuando Marbella reunía siete estrellas Michelin, o algo antes, cuando el hotel Los Monteros se había convertido en el primero de España con dos estrellas –unos años antes había sido pionero en servir los desayunos con cubertería de plata– albergar un evento como la presentación para la Península Ibérica de la Guía Michelin posiblemente hubiese sido casi una rutina. Pero cuarenta años atrás ese evento no existía ni la ciudad había soportado la lluvia de desventuras y desvergüenza que mancilló su reputación y trastocó su modelo turístico. Por eso debe considerarse que la elección de Marbella como sede de la presentación de este año, que se celebrará el 19 de noviembre precisamente en el hotel Los Monteros, no es una buena noticia sino una noticia excepcional que no es que devuelva a Marbella al lugar de donde nunca debió salir, sino que demuestra que la ciudad camina en la dirección que le permitirá, si no volver a una época irrepetible, sí dirigirse a un destino nuevo pero acorde con lo mejor de su historia. La designación de Marbella por parte de Michelin se viene fraguando desde hace años y el origen de la idea hay que buscarlo en el restaurante El Lago, precisamente el establecimiento que en 2005 alumbró la primera estrella Michelin después de una larga noche en la que imagen de Marbella se asoció más a la ostentación hortera del nuevo rico que a la calidad y la distinción que construyeron su identidad mítica. Ya el año pasado, bajo el influjo de los responsables de ese restaurante, con Paco García y Diego del Río a la cabeza, se intentó, pero la candidatura de Bilbao, con todo el peso de la constelación de estrellas Michelin que atesora la gastronomía vasca, se impuso para llevarse el evento al Museo Guggenheim. Este año se competía con Valencia y Santiago de Compostela. Se sabe que son muchos los factores que la firma francesa, con su siglo de historia y experiencia a cuestas, sopesa a la hora de decidirse por una ciudad u otra. Cuenta la infraestructura, la calidad como plaza gastronómica, el respaldo institucional y también lo que en Michelin llaman un análisis de reputación. Un test que en otras épocas Marbella no hubiese siquiera podido soñar con afrontar y que ahora ha superado sin dificultades. Otras candidaturas, con sus propios escándalos a cuestas, no es seguro que puedan vanagloriarse de lo mismo, lo que en todo caso no debe ser motivo de celebración alguna. La gala se celebrará en Los Monteros, hotel que no ha sido elegido como sede como un guiño a su condición de establecimiento pionero en la gastronomía de calidad, sino como reconocimiento a su presente. Pero la designación, después de los avatares sufridos en los últimos años y a su casi milagrosa recuperación, tiene algo de justicia poética y funciona como metáfora de la recuperación que ha experimentado toda la ciudad. Según marca la tradición de este evento, los cocineros locales con estrella Michelin actuarán como anfitriones, en este caso tres de Marbella y uno de Málaga. Los tres marbellíes, salidos de La Cónsula, lo que debería servir al menos para que en algún despacho se tomaran un momento para reflexionar.

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Una mujer buena
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Héctor Barbotta | 16-07-2014 | 6:43| 0

Hay situaciones que sólo se producen en la Costa del Sol y que además ayudan a entender el lugar en el que vivimos. A veces tan desconocido.
Una paciente de Oncología del Hospital Costa del Sol ha aportado 80.000 euros para sufragar la ampliación de una planta del hospital donde se atiende a enfermos de cáncer y de la unidad de hematología en tratamiento ambulatorio. Se trata de personas sometidas a tratamientos de cierta complejidad y que deben ser monitorizadas, y la donación ha permitido que la capacidad de atención simultánea haya pasado de 22 a 36 pacientes.
No se trata de un gesto altruista del tipo que más se acostumbra en Marbella, donde sobre todo en verano florecen las galas benéficas en las que muchas veces parece tan importante aportar a una buena causa como ser visto y sobre todo fotografiado con las mejores galas. Esta ha sido una donación anónima, y de la buena mujer solo se sabe ha sido una paciente tratada de cáncer en el hospital y que su nacionalidad era británica. Esta paciente, octogenaria, fue atendida durante más de tres años de su enfermedad en el Costa del Sol y falleció hace algunos meses. Cuando se abrió su testamento se supo que legaba esa cantidad al centro sanitario donde había sido tratada. La próxima vez que alguien sienta la tentación de poner mala cara ante la gran cantidad de extranjeros que utilizan los servicios sanitarios en la Costa igual se lo debería pensar dos veces.
En un país y en una época en la que hasta el Tribunal de Cuentas, la institución pública que audita a todas las instituciones públicas, tendrá que ser sometida al control de un auditor externo y donde la sanidad pública merma por una continua política de recortes, ha venido una paciente británica, posiblemente con la memoria fresca de lo que pasó con la sanidad pública de su país durante la década tatcherista y con seguridad con una conciencia y una cultura de lo público que no abunda en estos lares, para recordarnos que lo de todos merece cuidado, atención y cariño.
El Hospital Costa del Sol tiene abandonada desde hace más de dos años, por la falta de entendimiento entre instituciones y una gestión absurda de los recursos públicos, una obra de ampliación que iba a permitir casi duplicar su capacidad e incorporar nuevos servicios. Es imposible que la donante anónima, que durante tres años acudió al hospital a tratarse de su dolencia, no haya observado las grúas inmóviles como mudos testimonios de la inoperancia y el cálculo político por encima de los intereses ciudadanos. Sin embargo, fue generosa en su testamento para que quienes vinieran detrás pudieran ser atendidas al menos tan bien como lo fue ella.
Casi nadie conoce el nombre de esta buena mujer, pero todos, y especialmente quienes tienen a su cargo la gestión de lo público, deberían esforzarse para hacerse merecedores de ese noble y generoso gesto de confianza.

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Marbella no es Mallorca
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Héctor Barbotta | 14-07-2014 | 11:29| 0

Con tantas lecciones de moral como las que recibió esta ciudad desde 2006 para acá –en los años anteriores, cuando hubieran venido bien, casi nadie se atrevía–, no viene mal de cuando en cuando revisar qué ha sido de la suerte de algunos de los aleccionadores.
El viernes pasado el Consejo de Ministros decidió rechazar solicitudes de indultos presentados por varios personajes públicos que han quemado en esa instancia el último cartucho en su batalla por librarse de cumplir las condenas que pesan sobre ellos.
Entre los incluidos en esta decisión, además del exalcalde Julián Muñoz se encuentran el torero Ortega Cano, el dirigente de Nuevas Generaciones Ángel Carromero, Baltasar Garzón y el expresidente de la comunidad balear y exministro de Medio Ambiente Jaume Matas.
Más allá de que cabe dejar constancia de la inquietud que despierta que no se haya hecho mención a José María del Nido, que también estaba en la lista de solicitantes de indulto, la denegación solo cambiará la situación de Matas, ya que Muñoz y Ortega Cano seguirán en prisión y Carromero y Garzón, en la calle. El primero porque cumple su pena en tercer grado y el exjuez porque sólo fue condenado a inhabilitación para seguir ejerciendo.
Pero para el que fuera máximo dirigente del PP en las islas Baleares, el rechazo a su solicitud le marca el camino sin escalas a la celda. La Sala que lo condenó había accedido a suspender la ejecución de la condena, pero ahora ya no quedan más recurso que armar el petate y dirigirse a la cárcel.
Por eso quizás sea buen momento para recordar cuál fue la actitud de Matas cuando Marbella estaba sumida en la crisis de autoestima que supuso la salida a la luz de toda la podredumbre de corrupción que había asolado a la ciudad, y su imagen se arrastraba por el fango. En aquellos días Marbella era sinónimo de corrupción, ‘marbellización’ era el paradigma del estado que ninguna ciudad quería alcanzar y la ciudad era sinónimo de todo lo indeseable y coartada para quienes tenían algo o mucho que esconder.
«Mallorca no es Marbella», dijo Matas cuando comenzaron a gotear las primeras noticias de casos de corrupción sobre las islas, cuya reputación era entonces inmaculada y su capital daba nombre al ducado con el que el Jefe de Estado, el mismo que no pisaba Marbella ni para responder a la visita de la primera dama de Estados Unidos, había obsequiado a su hija y a su ejemplar yerno con motivo de la boda.
La frase lastimó hasta tal punto que la entonces candidata a la Alcaldía, Ángeles Muñoz, lo trajo para que diera explicaciones. Matas lo hizo con la boca pequeña, con el recurso-excusa de que había sido malinterpretado, y aprovechó la visita para dar lecciones de gestión turística.
Pero en aquel momento ni los profesionales ni los empresarios del sector necesitaban lecciones, sino simplemente que no se estigmatizara a una ciudad entera por lo que la organización criminal de Jesús Gil había hecho en el Ayuntamiento con la complicidad de algunos políticos y de unos cuantos jueces y la candidez de buena parte de la población.
La trayectoria que desde entonces siguió Matas, la misma que ahora está a punto de dibujar su trayecto final con punto de destino en la cárcel, demuestra que ni entonces ni ahora tenía muchas lecciones de moral que ofrecer.
Pero además, en materia de gestión turística, tampoco las trayectorias seguidas por uno y otro destino aconsejan a Marbella mirarse en el espejo balear.
«Mallorca no es Marbella», dijo entonces Matas, encarnando la arrogancia de quienes estuvieron durante muchos años mirando a sus destinos competidores por encima del hombro. Y con cada banda de hooligans que convierte sitios de ocio nocturno en campos de batalla, con cada joven que queda gravemente herido después de saltar desde un balcón a la piscina de un hotel, con cada concurso de felaciones a cambio de copas gratis de los que tenemos noticia nos congratulamos, efectivamente, de que Mallorca no sea Marbella.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella