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Autor: HectorBarbotta
Asuntos sustanciales
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Héctor Barbotta | 28-07-2017 | 4:40| 0

Opción Sampedreña, el partido independiente de San Pedro Alcántara al que el resultado electoral de 2015 ha dado el mango de la sartén de Marbella, deshoja la margarita. Tiene por delante la posibilidad de decidir si la ciudad sigue gobernada por el tripartito encabezado por el PSOE o si vuelve a tener como alcaldesa a la popular Ángeles Muñoz. No se trata de una sorpresa. Cuando en 2015 pactaron para darle la Alcaldía al socialista José Bernal avisaron que aquel era un pacto para dos años, no para cuatro, y que llegado el ecuador del mandato harían su balance y decidirían si continuar o no. Sus socios aceptaron esa condición, y todas las otras que impusieron, y el momento ha llegado.
Así como hace dos años el partido de San Pedro puso como condición para pactar con los socialistas e Izquierda Unida que la Junta se comprometiera a realizar obras pendientes en ese distrito, ahora exigen que se dote a la Tenencia de Alcaldía de más medios humanos y materiales. Se podría argumentar que una ciudad con el urbanismo paralizado y el modelo turístico en cuestión posiblemente tenga otros asuntos que podrían reclamar atención, pero el partido de San Pedro reclama por lo suyo. No se puede decir que no vayan de cara.
En los años recientes, cuando el Partido Popular se vio frente a un escenario de pérdida de las mayorías absolutas en las grandes ciudades, el Gobierno lanzó un globo sonda sobre un cambio normativo para que en los ayuntamientos gobernara la lista más votada. Rajoy intentó explicarlo según su estilo, con aquella frase acerca los vecinos y el alcalde que ya ocupa un lugar destacado en su antología personal. Logró hacerse entender aunque no consiguió erradicar las sospechas de que se trataba de una maniobra chapucera, un pucherazo de última hora para cambiar las reglas de juego en mitad del partido. Quedó lejos de construir un consenso que permitiera modificar una norma esencial de la cultura democrática labrada durante 40 años que señala que no gobierna quien obtiene más votos, sino el que consigue formar mayorías.
No hay consenso para cambiar normas escritas, y algunas de las no escritas se están evaporando ante la mirada azorada del personal. Una de ellas era que en las cuestiones esenciales los dos grandes partidos, que por eso lo eran, se ponían de acuerdo.
Cualquier resolución de la crisis política en la que ha entrado Marbella será legítima. Pero estaría bien que más temprano que tarde, aquellos a quienes los electores siguen considerando partidos principales llegaran a acuerdos para desbloquear los asuntos sustanciales. Que no son el número de barrenderos que necesita un distrito.

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El PP inicia el asalto
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Héctor Barbotta | 27-07-2017 | 9:44| 0

 

Más que un congreso, fue un pistoletazo de salida. El Partido Popular de Marbella celebró la semana pasada su cónclave para reelegir a Ángeles Muñoz para presidirlo durante cuatro años más y el espectador menos avisado podría haber concluido que no había asistido a un congreso, sino a un mitin. Ahí no hubo debate y todo se aprobó por aclamación.
El congreso, con unos 500 asistentes, tuvo un aforo inferior al anterior, celebrado hace cuatro años ante unas 2.000 personas. Hubo quien, desde el Partido Socialista, lo leyó como una muestra del declive del PP. Está claro que la capacidad de convocatoria no es la misma cuando se está en el poder que cuando se ocupan los escaños de la oposición. Pero medio millar de asistentes, un sábado a la noche en pleno verano tiene un mérito indudable que adquiere mayor dimensión si se lo compara con cualquier asamblea, congreso, mitin o reunión que pueda organizar cualquier otra formación política en Marbella.
El congreso careció de discusión, de exposición o de confrontación de ideas. Posiblemente hubiese estado fuera de lugar esperar mucho más de un congreso, como decimos, celebrado un sábado a las ocho de la tarde, en pleno mes de julio y al que no precedió ningún tipo de debate. Resultó algo chocante que en el primer congreso celebrado por el PP de Marbella después de haber perdido la Alcaldía tras dos holgadas mayorías absolutas no se haya siquiera intentado esbozar una explicación sobre las razones de ese retroceso político y de la pérdida del poder municipal. No hubo referencia alguna a las razones por las que se perdió respaldo electoral hasta quedarse por debajo de la mayoría absoluta y tampoco a los motivos por los que, una vez perdida esa mayoría, tampoco se encontraron aliados con los que formar gobierno.
Por el contrario, la opción elegida fue la de ahorrarse hasta la más tímida autocrítica y esgrimir la tesis del robo, gruesa palabra a la que recurrieron en sus intervenciones Javier Arenas y la presidenta de Nuevas Generaciones, Melania Leiva. Resulta sintomático que el más veterano y la más joven optaran por ignorar la condición esencial de los sistemas parlamentarios de todo el mundo, donde no gobierna el que obtiene más votos sino el que consigue formar mayorías. Siempre es más cómodo recurrir al victimismo que a la autocrítica, aunque ello implique lanzar mensajes peligrosos y poco pedagógicos sobre cómo funcionan las instituciones democráticas en este país, cuya Constitución consagra la monarquía parlamentaria como sistema político y en el que ninguna institución se rige por un sistema presidencialista.
Pero si no hubo debate alguno sobre los motivos que llevaron al PP a la oposición, mucho menos lo hubo sobre quién debía ejercer la presidencia del partido. No sólo porque solamente se presentaba la candidatura de Ángeles Muñoz sino también porque todos los intervinientes –además del resucitado Arenas, su mentor histórico, de Leiva y de ella misma hicieron uso de la palabra el secretario general, Manuel Cardeña, el presidente regional, Juanma Moreno, y el provincial, Elías Bendodo– glosaron la figura de la presidenta. Escuchando las intervenciones nadie se hubiese atrevido a imaginar que hasta no hace mucho –en concreto, hasta que la vieja guardia salió reforzada del congreso nacional del PP el pasado febrero– una de las mayores preocupaciones del PP andaluz y del PP de Málaga consistía en buscar para Marbella una cabeza de cartel alternativa para las elecciones municipales de 2019.
Después de escuchar los discursos quedan algunas conclusiones: que no ha habido ni habrá autocrítica, que uno de los principales objetivos políticos del PP más allá de los límites del término municipal es recuperar el Ayuntamiento de Marbella y que no habrá debate sobre la candidata. Ángeles Muñoz se presentará por quinta vez.
Tras atender a lo que se dijo en el congreso sólo cabe concluir que sólo hay una posibilidad de que el Partido Popular no comience a la vuelta del verano una intensa campaña electoral que se prolongará durante un año y medio. Consiste en que las conversaciones que se mantienen con OSP para recuperar la Alcaldía prosperen. En el Partido Popular consideran que la puerta para adelantar el regreso al poder municipal todavía está abierta. Si no fuese así, razonan, el partido sampedreño ya habría confirmado que sigue en el tripartito y aún no lo ha hecho pese a que el ecuador del mandato ya se ha sobrepasado en más de un mes.
En el PP van a seguir explorando esa vía, que si no prospera abrirá un nuevo tiempo de intensa campaña para cumplir con el mandato congresual de recuperar para Ángeles Muñoz el bastón de mando municipal.
Después de estas conclusiones se podría inferir que en el congreso del PP de Marbella no hubo novedades en clave interna y que el acto no fue más que el primer mitin de una precampaña que se adivina larga. Sin embargo, del cónclave pueden deducirse trascendentes conclusiones internas, más allá de la confirmación de Ángeles Muñoz como líder indiscutida, con capacidad inapelable para decidir entradas y salidas y candidata a las próximas elecciones.
La primera es que la presidenta vuelve a rodearse de su círculo de confianza, pero que ese círculo se ha estrechado y ha quedado reducido a dos personas: el portavoz, Félix Romero, y el secretario general, Manuel Cardeña.
Al resto, léase el grupo municipal al completo, le ha enviado un mensaje nítido: nadie tiene asegurado un lugar en la próxima lista y quien quiera estar tendrá que ganárselo. Y para que la advertencia sea clara no ha puesto a ningún concejal, salvo los dos citados, en la nueva ejecutiva. En su lugar ha entrado gente nueva, que tendrá un año y medio para ganarse un lugar. Y ya se sabe, para que entre uno, otro tiene que salir. Muñoz no quiere relajación porque considera que fue precisamente la relajación lo que la privó de su tercera mayoría absoluta hace dos años.
Desde que en los meses previos a las elecciones municipales de 2007 el PP de Marbella experimentó una explosión de crecimiento, dos tendencias convivieron bajo el liderazgo omnímodo de Ángeles Muñoz: la de quienes la habían acompañado en los duros años de oposición a Jesús Gil –principalmente los dos citados y Kika Caracuel (ahora dedicada principalmente a la Diputación)– y la de quienes llegaron en el aluvión posterior al desmoronamiento del gilismo. Muñoz siempre mantuvo un tenso equilibrio entre ambas partes pero ahora tras el congreso puede concluirse que la balanza se ha inclinado y que sigue confiando en los suyos de toda la vida. El resto deberá seguir haciendo méritos.

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Zapatos
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Héctor Barbotta | 27-07-2017 | 9:15| 0

Tú mírale los zapatos; si los lleva viejos o incluso sucios, no es un chorizo». El consejo se escuchó atentamente hace años, mucho antes de que invadiera la sensación de que la política se había convertido en terreno abonado donde oportunistas, caraduras y sinvergüenzas de toda calaña encontraban su hábitat ideal. Cuando Jesús Gil parecía solamente un paracaidista que había caído en territorio ajeno y no un maestro que acabaría creando escuela.

Hasta entonces no había sido siempre así. Basta con mirar, ahora que se acaba de cumplir el 40º aniversario de las primeras elecciones democráticas, el currículum de muchos de los políticos de entonces. Había muchos burócratas del antiguo régimen que mutaron oportunamente sus convicciones y hasta limpiaron antecedentes, pero también, frente a ellos, además de un buen puñado de resistentes a la dictadura, profesionales y catedráticos que aparcaban sus carreras porque entendían que el país necesitaba de su esfuerzo en un momento de esperanzas pero también de incertidumbres.

Resulta muy difícil pensar que en aquellos años alguien podía tomar la decisión de meterse en un partido con la expectativa de medrar. La política no parecía ser, por entonces, un buen lugar para llenarse los bolsillos. El derrotero que tomaría con los años era insospechado.

Cuando el exalcalde de Casares Juan Sánchez entró en política afiliándose al Partido Comunista tenía 18 años. Al dictador todavía le faltaban dos años para morirse en la cama y el PC era una organización clandestina. Sus aspiraciones, con toda seguridad, eran otras de las que acabarían siendo.

Cuando en el futuro se estudie la degradación moral que acompañó en la Costa del Sol a la burbuja inmobiliaria posiblemente haya que recurrir a las sentencias judiciales. Un saga cuya obra más célebre es ‘Malaya’ pero que engorda a medida que los tribunales van describiendo, con retraso pero también con detalle el paisaje completo de una época. La última es la del ‘caso Magestic’, cuya investigación permitió conocer a una organización criminal del Este de Europa que se había instalado en estos lares en los comienzos de la década pasada y cuya resolución explica con pelos y señales la complicidad política que uno de sus representantes encontró en el Ayuntamiento de Casares, donde gobernaba un alcalde con casi 30 años de currículum y a quien avalaba una trayectoria nacida en la resistencia a la dictadura.

La sentencia explica, sin decirlo, que el dinero fácil de la burbuja llevó su tentación hasta territorios insospechados. Y permite concluir también que la fórmula de observar los zapatos no funciona.

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Tarea difícil y urgente
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Héctor Barbotta | 21-07-2017 | 11:33| 0

En estos días los ediles del gobierno y la oposición han hecho balance en el ecuador de la gestión del gobierno tripartito de Marbella y al escuchar a unos y a otros pareciera que unos y otros han estado viviendo durante los dos últimos años en ciudades distintas, diferentes a su vez del lugar en el que viven los vecinos. Ni una ni otra, en la que todo se ha hecho bien y en la que todo se ha hecho rematadamente mal, son las ciudades reales.
Exagerar lo malo y lo bueno, según la relación que cada uno ocupa con el poder institucional, está en el adn de los políticos, muy alejado de esa actitud que seguramente valorarían los ciudadanos de reconocer algún mérito al adversario o de, mucho más difícil aún, abrir una ventana donde se dejara entrar al menos una brisa de autocrítica.
También en estos días la llegada de los días más álgidos de la temporada turística está invitando a hacer lecturas igualmente opuestas de la situación de la ciudad. De un lado aparece el destino que vuelve a atraer un año más a los turistas más deseados, las celebridades que a su vez funcionan como imán para otros turistas; el que vuelve a presentar las tasas más altas de rentabilidad hotelera; el que cobra precios astronómicos por los alquileres de locales en algunas de sus zonas comerciales; el que acoge el programa más ambicioso de conciertos; el que justifica que las principales cadenas hoteleras del mundo hagan planes para instalarse porque saben que la inversión tendrá retorno con creces.
Del otro, también aparece el destino cuyas playas presentan un estado impresenable, con más piedras que arena; el que implanta fórmulas para erradicar la venta ambulante ilegal que sólo funcionan esporádicamente; el del turismo incívico y de borrachera que se empeña en convivir con el de alta gama, como si ambos fuesen compatibles.
No se trata, a diferencia de los balances de gestión que realizan los grupos políticos, de dos visiones distintas e irreales de la misma ciudad, sino de dos realidades que conviven, y frente a las que hay que trabajar para consolidar la primera y erradicar la segunda.
Es posible que las imágenes del turismo incívico que alarmaron durante semanas y que tuvo su episodio más preocupante en el atropello múltiple del último domingo de mayo, queden sepultadas por la mucho más edificante de la gran mayoría de turistas que, con más o menos presupuesto, llegan a Marbella cada verano para pasárselo sanamente bien y que alimentan con su gasto la economía de la ciudad.
Sin embargo, ello no debe servir como excusa para asumir que quedan tareas por hacer, porque es probable que ambas imágenes no puedan seguir conviviendo durante mucho tiempo más. Marbella tiene la ventaja de que está muy lejos de Magaluf, y las imágenes que llegan desde ahí pueden valer al mismo tiempo como alarma, como advertencia y como espejo de un destino al que no se quiere llegar.
El atropello múltiple sirvió como espoleta para advertir de que había que actuar. Es posible que se haya reaccionado tarde, pero no se puede decir que el Ayuntamiento haya permanecido en una situación pasiva desde entonces.
Varios clubes y establecimientos han sido citados en las oficinas municipales y se les ha advertido de que en el modelo turístico que se quiere impulsar hay un cierto tipo de actividades y también de actitudes que no tienen cabida. Es evidente que el Ayuntamiento no tiene competencias para imponerles a los responsables de un establecimiento a cuánto deben vender las copas o las cervezas o para obligarles a que no dejen salir a la calle a personas que van con el torso descubierto o en un estado que invita a quedarse dormido en el primer banco que encuentren. Pero sí lo tiene para controlar los decibelios, para conceder permisos especiales sobre horarios de cierre o de música en vivo. También para controlar con mayor o menor rigor si todos los papeles están en regla.
Hay establecimientos que han comprendido el mensaje y han comenzado a colaborar, pero el problema excede largamente las competencias municipales. Una gran parte de los turistas de borrachera que llegaron a Marbella en los últimos meses lo hicieron de la mano de operadores que pagan por adelantado a establecimientos de la ciudad y reservan paquetes que incluyen alojamiento y barra libre durante periodos que no exceden los tres días. Una vez que han aceptado dinero a cuenta hpor lo general la oferta llega en épocas de poca actividad y necesidades de caja–los establecimientos están obligados a respetar lo que han firmado.
La mayoría de estos paquetes se anuncian en páginas web británicas que utilizan publicidad engañosa (por ejemplo, con fotografías de clubes de playa que no forman parte de la oferta) sobre las que no existe control alguno por parte de las autoridades de Consumo españolas. No es inusual ver ofertas por tres días de alojamiento, desayuno y barra libre por 160 libras. Ya imaginará el lector qué tipo de cliente se puede sentir atraído por ese tipo de paquetes.
La labor para acabar con estas prácticas, como se ve, va más allá de lo que puede hacer el Ayuntamiento en solitario y requiere de la coordinación entre las instituciones y también de la colaboración empresarial. El problema es aún incipiente, pero las soluciones deberían comenzar a arbitrarse cuanto antes.

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No hay mano invisible
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Héctor Barbotta | 15-07-2017 | 5:44| 0

Se ven juergas nocturnas a costa del descanso de los vecinos en Barcelona y actos sexuales a plena luz del día en la vía pública y uno adivina que no falta mucho para que el turismo sea declarado industria insalubre o para que se organicen patrullas ciudadanas a la caza del visitante incívico. Se ve cómo las peleas entre borrachos en algunos destinos de las islas Baleares han degenerado en terribles episodios de violencia y empieza a caber la pregunta de si habrá que comenzar a calificar a los destinos por el riesgo de reyertas y a establecer un baremo de un policía por cada cierto número de visitantes.
Las noticias que está generando el turismo en los últimos tiempos en algunos destinos se presentan como una tentación que invita a vanagloriarse de lo que tenemos aquí y de cuán lejos estamos de esas situaciones. Sin embargo, es recomendable no ceder y estar alerta. Hay síntomas que están comenzando a aparecer también por esta geografía sobre un cierto tipo de turismo al que hay que ser capaz de cerrarle la puerta, aunque ello pueda suponer en algún momento perder puestos en esa absurda competencia que nos invita año tras año a señalar como una gran victoria que se haya superado el número de visitantes del año anterior.
La falta de armas con las que enfrentarse a este auge de lo que algunos llaman turismo ‘low cost’ pero que en realidad debería denominarse turismo incívico porque no tiene tanto que ver con los precios como con las expectativas del viaje y los comportamientos que ellas generan, se deriva de dos falacias. La primera es la que asegura que con la organización individual de los viajes que permite internet han perdido peso quienes negocian con la carta marcada de controlar grandes grupos de clientes. La segunda es que los balances que sólo toman en cuenta el parámetro cuantitativo son exclusivos de políticos oportunistas que desconocen el sector.
Ni una cosa ni la otra. Hay empresas turísticas en destino que, incapaces de ofrecer calidad, apuestan descaradamante por la cantidad. Y hay también páginas web que han ocupado el lugar de los grandes touroperadores de antaño que montan paquetes –alojamiento, transfer desde el aeropuerto y pulserita para borrachera– a las que las da igual degradar el destino porque mientras controlen un gran número de clientes siempre tendrán dónde enviarlos.
Frente a esta situación, que deja en evidencia el mito de la sabia mano invisible del libre mercado, sólo cabe una reacción. Las instituciones, pero también las empresas cuyo negocio depende de que Marbella siga siendo referente de calidad, tienen que actuar con coordinación y compromiso. En esta ciudad no debe haber lugar para todos.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella