Diario Sur

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Autor: HectorBarbotta
Bernal y su inteligente jugada en Acosol
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Héctor Barbotta | 20-01-2017 | 10:07| 0

Se ha despejado una de las incógnitas con las que había acabado el año anterior: el nombre de la persona que sustituirá a Juan Carlos Fernández Rañada al frente de Acosol, la empresa pública dependiente de la Mancomunidad de la Costa del Sol Occidental. Esta sociedad, que maneja ingentes cantidades de recursos, ha tenido a lo largo de la historia unos consejeros delegados con perfil técnico y también otros con marcado perfil político. Entre estos últimos figuró no hace mucho el actual alcalde de Marbella, José Bernal, para quien su partido vio en Acosol una plataforma que el entonces flamante secretario general del PSOE de Marbella supo aprovechar. En aquella ocasión, el nombramiento de Bernal levantó ampollas en el PP, que cuestionó prácticamente todo: la idoneidad del elegido para el cargo, el sueldo, la supuesta utilización de los recursos de Acosol para fines políticos…
El futuro consejero delegado, el secretario general del PP de Marbella, Manuel Cardeña, tiene ese mismo perfil político aunque llega de una manera diferente. El PP ha optado por no imponer su candidatura, sino conseguir un mínimo consenso entre todas las fuerzas representadas en la Mancomunidad para que Cardeña llegue investido de un halo de consenso. De hecho, su confirmación como el candidato que el PP propondrá a la junta de Acosol antes de que concluya enero sólo se produjo después de que, tras una reunión mantenida con el alcalde, José Bernal, el propio Cardeña obtuviera la confirmación de que los socialistas no votarán en contra del nombramiento.
Mientras Ángeles Muñoz protagonizaba otra más de sus dilatadas ausencias –del 23 de diciembre al 18 de enero, cuando reapareció en Fitur–, toda la operación para designar a Cardeña se pilotó desde la dirección provincial del Partido Popular.
El próximo consejero delegado ya ha conseguido el beneplácito del resto de los partidos, tal y como le había encargado la presidenta de la Mancomunidad de la Costa del Sol, Margarita del Cid. Pero es posible que todavía tenga que trabajarse el respaldo de algunos compañeros de su propio partido. Hay quienes ven con ciertas reservas la acumulación de cargos de los tres ediles que acompañaron a Ángeles Muñoz en la travesía del desierto del PP durante la última etapa del gilismo –Kika Caracuel (diputada provincial), Félix Romero (diputado autonómico) y el propio Cardeña (secretario general del PP y ahora también consejero delegado de Acosol)– mientras que la mayoría de los que llegaron más tarde y formaron parte del aluvión que llevó al PP en 2007 por primera vez al poder municipal en Marbella han tenido que reintegrarse a sus antiguas ocupaciones cuando la formación pasó a la oposición. Construir el consenso interior para su nueva tarea posiblemente le requiera a Cardeña al menos tanta dedicación como la que le llevó a asegurarse que no tendría votos en contra de los otros partidos. No lo tendrá fácil. El PSOE ha visto la posibilidad de abrir la brecha que separa a los populares y ha justificado su respaldo a Cardeña atribuyéndole a éste la representación del “sector dialogante” del PP en contraposición a la actitud de confrontación en la que sitúa a Ángeles Muñoz. En lugar de utilizar un nombramiento que no puede evitar para lanzar un ataque contra sus adversarios que no tendría más efecto que cohesionarlos, lo ha instrumentado para intentar dividirlos. No parece una jugada torpe. Falta saber si en el PP caerán en la trampa.

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Sin trampas
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Héctor Barbotta | 09-01-2017 | 10:28| 0

La provincia de Málaga terminó 2016 con 168.148 parados, 13.553 menos que los que tenía al iniciarlo. La estadística, como se sabe, tiene trampa, porque el número de parados baja no sólo cuando un desempleado consigue un trabajo que puede ser considerado tal, sino también cuando se lo contrata por un par de horas a la semana, cuando se da de alta como autónomo para que su empleador se ahorre cotizaciones y responsabilidades e incluso cuando deja de buscar trabajo en España, bien porque se marcha a probar suerte a otro país, bien porque el desánimo se impone.
Aún en el caso de que nos decidiéramos a ignorar estas premisas y admitiéramos la tesis oficial de que los 13.553 parados menos son 13.553 personas que han encontrado un trabajo digno de ese nombre –en el anuncio se admitía pulpo como animal de compañía y todos nos reímos con aquello– la cifra seguiría siendo insoportable y la bajada inferior al 7,5 por ciento en el número de desempleados en un año en el que el Gobierno celebró la recuperación económica y la dramática situación en muchos de los destinos competidores pusieron el viento de cola en el sector turístico de la Costa del Sol, descorazonadoramente insuficiente.
Asusta sólo imaginar cuáles pueden ser las cifras que nos esperan en el futuro si la ejecución del Brexit se traduce en dificultades administrativas para los jóvenes que cruzaron el Canal de la Mancha para buscarse la vida o que están pensando en hacerlo, del mismo modo que inquieta pensar cuáles hubieran sido los números del paro en la provincia si el polvorín en el que se ha convertido el Mediterráneo y el lógico miedo a la locura terrorista no hubiese hundido las expectativas turísticas de Túnez, de Turquía y de buena parte de los destinos balcánicos; si la Costa Azul no hubiese sufrido la barbarie aquel terrible 14 de julio; si la crisis y la inestabilidad no se hubiesen instalado en el Egeo.
El viento ha soplado de cola con todo esos tristes factores jugando a favor, Málaga ha irrumpido con contundencia en el sector del turismo cultural, Marbella se ha consolidado en el sector de alta gama, con precios anteriores a la crisis, y sin embargo el empleo en los hoteles ofrece cada año un panorama más desolador de inestabilidad, precariedad y servicios subcontratados.
Es posible que las cifras del turismo, los precios que los hoteles consiguen cobrar por dormir en verano o por cenar en Nochevieja o el número de entradas que se venden en los museos nos inviten a deslizarnos por la pendiente de la autocomplacencia. Pero la situación de paro estructural no va camino de resolverse. Estaría bien que no sucumbiéramos a la tentación de hacernos trampas en el solitario.

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Provincianos
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Héctor Barbotta | 04-01-2017 | 2:01| 0

Vivir en la periferia tiene algunas ventajas. Y si es en la periferia de la periferia, según el caso, algunas más. Las estadísticas de la Consejería de Medio Ambiente revelan que la Costa del Sol es una de las aglomeraciones urbanas –porque eso es lo que constituyen los municipios crecidos al amparo económico del turismo y en torno a la antigua carretera nacional 340 con Málaga y Marbella como referencias a Este y Oeste– con menos contaminación ambiental.
Es verdad que a la Costa del Sol le faltan algunos equipamientos que la puedan igualar a otras grandes concentraciones –la ausencia de una línea férrea que permitiría cohesionar a sus poblaciones y multiplicar sus posibilidades de desarrollo no es el menor– pero la necesidad de aunar esfuerzos y eso a lo que los profesionales del ‘coaching’ y los cursis llaman sinergias permiten vaticinar que habrá un futuro de una gran concentración urbana, unida en torno a la antigua carretera y, esperemos, que al tren, de cara al mar, con servicios compartidos y complementariedad económica.
De momento, la Costa del Sol, a pesar de que la falta de una red decente de transporte público urbano e interurbano no deja otro remedio que usar y abusar del vehículo individual, presenta uno de los más bajos niveles de polución, lo que invita a pensar qué tan mejor sería la situación si los repetidos compromisos de impulsar el tren litoral se hubiesen llevado a la práctica.
En estos días parecemos impelidos a hablar de la contaminación urbana y a preguntarnos con la debida antelación qué debemos hacer para no seguir el camino de Nueva Delhi, Peshwar o Lima después de que el Ayuntamiento de Madrid se viera obligado a limitar la circulación de vehículos ante los niveles de polución que había alcanzado la ciudad.
Parece inevitable que lo que pasa en la capital acabe abriendo telediarios e informativos y marcando la agenda de todos los demás –incluso de los que no sufrimos sus problemas, sino otros– pero al menos es de agradecer que en esta ocasión nos haya llegado un debate interesante y fundamental para nuestro futuro.
Ya iba siendo hora de que en la capital subieran el nivel de las cosas que les preocupan, porque después de que comenzaran el año discutiendo sobre el diseño de los trajes de la cabalgata de reyes y lo acabaran haciendo partícipe a toda España de sus diferencias en torno a la peatonalización de las calles del centro durante los días de mayor afluencia de público, empezábamos a preocuparnos por tener una capital con debates tan provincianos.

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Liberales, según
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Héctor Barbotta | 19-12-2016 | 5:22| 0

Si se pasa por alto el detalle no menor de que Marbella es la única ciudad española con más de 100.000 habitantes a la que no llega la línea ferroviaria se puede decir que la ciudad está bien comunicada. En condiciones normales se llega en poco más de media hora al aeropuerto de Málaga, que es a su vez uno de los mejores comunicados de España, y en la dirección opuesta hay autopista y autovía hasta Gibraltar, el puerto de Algeciras y el Algarve portugués.
El problema es que para estar comunicado a velocidad siglo XXI hay que rascarse el bolsillo. Hace ya años que Fomento impuso una restricción en la autovía de 80 kilómetros por hora y los propios carteles electrónicos de la DGT recomiendan a los conductores pasar por el peaje, sin que se sepa cuánto pagan los concesionarios por esta publicidad gratuita.
Los gestores de la autopista tienen dos tarifas diferentes: una reducida para la época del año de menos tráfico y otra desmesurada (7,40 por 18 kilómetros) para los periodos de más afluencia. Cuando más peligroso es utilizar la vieja carretera general es cuando se aplican las tarifas disuasorias. Se puede acusar a la DGT de olvidarse de la función social de los servicios públicos, pero nunca se podrá acusar a los dueños de la concesión de no saberse las leyes del mercado.
Regirse por las leyes del mercado está muy bien para quienes consideran que la doctrina liberal es un dogma que debe seguirse con fervor religioso. El problema es que cuando les va mal se olvidan de Adam Smith.
El Gobierno se apresta a rescatar a los concesionarios de ocho autopistas quebradas y alguien podría pensar que esto es una estrategia para animar al personal, que no se atreve a convertirse en empresario. Sólo que para acogerse a este sistema de rescate público cuando las cosas van mal es necesario ser rico antes de montar el negocio. De momento solamente se aplica a bancos y autopistas. Para el resto rige el liberalismo salvaje.
Cuando era ministra de Fomento, Ana Pastor prometió que el rescate no costaría un duro, pero ahora que la han colocado en el Congreso el Gobierno parece sentirse liberado de esa promesa. El Estado se gastará 5.000 millones de euros que, sorpresa, es la misma cantidad que habrá que recortar este año. El FMI recomienda subir el IVA y revisar el gasto en Sanidad y Educación, pero no dice nada de dejar sin leche a los ricos que se han prendido a la teta del Estado.
De las ocho autopistas quebradas que se salvarán con dinero público, seis discurren por la Comunidad de Madrid. Está muy bien que Cristina Cifuentes, que nos paga la sanidad y la educación a todos los andaluces, deje que los demás también la ayudemos.

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Un calendario cargado de incógnitas
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Héctor Barbotta | 19-12-2016 | 2:25| 0

Después de las elecciones europeas de 2014; las municipales, las autonómicas y las generales del maratónico 2015, y las generales de 2016, el próximo año será el primero de muchos sin convocatorias electorales, salvo sorpresa. Algún desprevenido podría suponer que los partidos y sus dirigentes se lo tomarán por ello de forma relajada, centrados en la gestión. Nada más lejos de la realidad. Es en los años sin elecciones cuando se producen los movimientos para posicionarse frente a las convocatorias futuras. Es el tiempo en el que se tejen alianzas y se afilan codos y puñales.
Marbella no será la excepción y 2017 se presenta como un año clave para el futuro próximo de la ciudad. En el calendario que está a punto de comenzar aparece junio marcado a fuego. Es el mes en el que Opción Sampedreña (OSP) recuperará su condición de partido bisagra. Cuando se firmó el pacto tripartito que aupó a la Alcaldía a José Bernal, el partido de San Pedro adelantó que suscribía un compromiso no con fecha de caducidad, pero sí con plazo de revisión. Cuando llegue junio el pacto de gobierno habrá cumplido dos años y es entonces cuando los ediles de OSP consultarán con los suyos su grado de satisfacción con la marcha del gobierno.
Más allá de la recuperación de la Tenencia de Alcaldía, cimiento sobre el que se levantó el resto del acuerdo, el pacto incluía tres obras en el distrito de San Pedro que no implicaban al Ayuntamiento, sino a la Junta de Andalucía. OSP no puso condiciones al PSOE de Marbella, sino al PSOE andaluz y al Gobierno autonómico: la construcción del nuevo centro de salud, el nuevo instituto y la pasarela peatonal sobre la carretera de Ronda a la altura de Las Medranas. Es posible que el partido sampedreño esté conforme con la marcha del gobierno municipal –de hecho, al edil de Hacienda, Manuel Osorio, se lo ve a gusto en su protagónico papel institucional–, pero lo que OSP exigió fue un compromiso de la Junta con lo que consideran la deuda histórica de la Administración autonómica con San Pedro. En las tres actuaciones se han dado pasos, pero lo que seguramente tendrán que valorar los ediles de OSP es si esos pasos han sido suficientes o si se podría haber ido más lejos o más rápido. Es la principal incógnita que se resolverá durante el nuevo año.
El Partido Popular de Marbella no sólo afronta 2017 con toda su atención y alguna expectativa sobre qué pasará en el equipo de gobierno. También tiene puestos los ojos sobre sí mismo. En especial sobre su presidenta, Ángeles Muñoz, pendiente de la decisión que tome el juez que instruye la causa por la supuesta falsificación de las actas del pleno en el que se aprobó el PGOU de 2010. Debido a la condición de aforada de la exalcaldesa, ya que ocupa un escaño en el Senado, el juez instructor puede tomar tres decisiones posibles: archivar la causa, seguirla en cuanto al vicesecretario y remitir al Tribunal Supremo lo que atañe a Muñoz o enviarla completa al Supremo.
A nadie escapa en el Partido Popular que el futuro político de Ángeles Muñoz depende en buena medida del desenlace de esta causa. Después de su congreso nacional, el PP realizará el resto de los congresos en cascada. Vendrán el autonómico, el provincial y finalmente los locales. Ángeles Muñoz espera que el de Marbella pueda convocarse antes del verano y ya adelantó su decisión de renovar en la presidencia, lo que implica que aspira a optar a recuperar la Alcaldía en las municipales de 2019. Resta por saber qué pasará con la causa judicial pendiente, uno de los grandes asuntos que se resolverán en 2017.
Al otro lado del espectro político, una de las incógnitas pasa por el futuro de la alianza Unidos Podemos, conformada para las elecciones generales del pasado junio con Podemos e Izquierda Unida como fuerzas determinantes. Más allá de las consecuencias que pueda tener en la política nacional, en Marbella se da una situación al menos curiosa ya que mientras que una de las dos fuerzas (Izquierda Unida) forma parte del gobierno municipal, la otra (CSSP-Podemos) se mantiene en la oposición como grupo decisivo a la hora de que el tripartito pueda sacar votaciones adelante en los plenos.
Si en el futuro se verán elecciones con Unidos Podemos como fuerza unitaria a la izquierda del tablero político es aún un interrogante. Pero será interesante ver cómo evoluciona en Marbella la relación entre ambos partidos de cara a una eventual alianza en las municipales de 2019.
Hay otros interrogantes que se abren para el año que está a punto de comenzar. Uno está en el área de Urbanismo. Con toda seguridad el Ayuntamiento sacará a concurso la redacción del nuevo Plan General de Ordenación Urbana y es de esperar que el trabajo comience en 2017. También hay interrogantes en el área de las infraestructuras, después de que 2016 fuera el año en el que no se pudo resolver el bloqueo de las dos obras pendientes más importantes: la ampliación del Hospital Costa del Sol y el puerto de La Bajadilla.
No se sabe si durante el año próximo se producirá alguna novedad relevante en alguno de esos proyectos pero seguramente sí lo habrá en la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol, y en concreto en su empresa pública, Acosol. Su director gerente, Juan Carlos Fernández-Rañada, está a punto de cumplir 70 años. Se habla de un posible relevo y ya se observan a los aspirantes tomando posiciones.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella