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Autor: HectorBarbotta
La balanza del PGOU ya se inclina
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Héctor Barbotta | 02-06-2008 | 7:56| 0

«Esta bomba no estallará en mis manos». No es difícil imaginarse a Ángeles Muñoz en plan Escarlata O’Hara, poniendo a Dios como testigo de que no será ella quien cargue con el coste político del Plan General. Hace tiempo que la alcaldesa se hizo a sí misma esa promesa. Posiblemente desde que se vio obligada desde su mayoría absoluta a aprobar un Plan redactado por la Junta para evitar que se la acusara de eternizar la situación de incertidumbre heredada del GIL. 
Esta semana se conocieron algunas pistas de cómo tiene previsto cumplir su promesa. No la que hizo a los electores, que también, sino a sí misma: «No seré yo quien se trague este sapo».
El Ayuntamiento de Marbella recorre la fase final de la tramitación del PGOU y la resolución de las cerca de nueve mil alegaciones pone al equipo de gobierno ante la obligación de tomar una decisión. O se defienden los intereses comunes y se reclama hasta el último centímetro de suelo que los promotores le hurtaron a la ciudad con la complicidad de la pandilla que gobernaba bajo la sigla GIL o se defiende a los propietarios de los pisos que se niegan a hacerse cargo de la deuda una vez que los promotores han huído con el botín. Para la primera opción basta con asumir el Plan de la Junta sin cambiar una coma y comenzar la desgastante tarea de hacer realidad lo que ahora es una ciudad de las maravillas pintada en un plano. La segunda requiere buscar una fórmula que permita camuflar más o menos dignamente un borrón y cuenta nueva. Entre el derecho de la ciudad a recuperar lo perdido y el de los llamados ‘compradores de buena fe’ de pisos ilegales a que esas cargas no pesen sobre ellos, el equipo de gobierno municipal ha optado decididamente por defender el segundo. 
Su postura es la de buscar en el desarrollo del nuevo Plan los terrenos necesarios para los equipamientos públicos. Es decir, no cobrar la deuda de suelo pendiente. 
público o privado
Entre la preservación de lo público (cuya definición siempre es etérea, y su defensa nunca levanta grandes entusiamos), y la protección de legítimos intereses particulares (bien definidos y que además se defienden con uñas y dientes), tan legítimo es priorizar una opción como la otra. Más en un partido cuya definición ideológica –que tanto revuelo causa en estos días–, está más cerca de lo segundo que de lo primero. Por eso no llama tanto la atención el anuncio municipal como el silencio del PSOE.
Bien es cierto que a los llamados compradores de buena fe también se los podría denominar ‘compradores desinformados’, ‘compradores negligentes’  y aún ‘compradores oportunistas’ –basta con revisar las hemerotecas para saber que se trata de personas que o no estaban al tanto de las denuncias que se hacían contra muchas promociones porque no leían los periódicos, o estaban al tanto, pero les daba igual–; pero también es cierto que a la alcaldesa se la podrá criticar por la postura que ha tomado, pero no por no haber avisado. Ya antes de las elecciones Ángeles Muñoz se mostraba reacia a asumir el sistema implantado por la Junta, por lo que no se puede decir que sea una opción sobrevenida. Se la podrá acusar con más o menos razón de no defender los intereses públicos, pero no de haber dicho una cosa primero y hacer otra después.
El problema será ahora decidir cuándo se cobra al promotor y cuándo no. La postura adoptada por el Ayuntamiento se parece tanto al borrón y cuenta nueva que va a ser muy difícil poder evitar que se convierta en un coladero en el que quepan tanto los compradores engañados como los timadores que se han forrado, por supuesto sin arrepentirse de ello. 

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Lo que hace diferente a Marbella
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Héctor Barbotta | 26-05-2008 | 7:34| 0

La semana pasada Marbella demostró que hay algo que la sitúa siempre a la vanguardia. El CIT se decidió a homenajear a Dani García con una estrella en el Bulevar de la Fama, y quiso el azar que la celebración en honor del chef marbellero coincidiera en tiempo con una agria discusión pública que mantienen algunos de los representantes de la nueva cocina española –entre ellos Adriá, Arzak y Berasategui –con uno de los más prestigiosos exponentes de la tradición en los fogones, Santi Santamaría. El cruce de descalificaciones inundó todos los medios la semana pasada y ha seguido haciéndolo durante este. La guerra va a más.
Casi al mismo tiempo, en Marbella se homenajeaba merecidamente a Dani García, referente prestigioso de la nueva cocina, y allí, en primera fila para felicitarlo estaba Santiago Domínguez, seguramente uno de los mayores exponentes en Marbella de la cocina tradicional. Ambos a lo suyo y ajenos a la polémica.
Es seguramente esa voluntad de sumar siempre lo que hace diferente a esta ciudad.
Si las cosas se hacen bien, es posible que no falte mucho para que cuando en el futuro próximo suene por ahí el nombre de Marbella sea para asociarlo a Santiago o a Dani García, y no a personajes menos merecedores de respeto.

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Una salida explicada e inexplicable
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Héctor Barbotta | 18-05-2008 | 11:10| 0

Fue visto y no visto. El ex presidente de la gestora de Marbella, Diego Martín Reyes, presentó esta semana su dimisión como comisionado de la Junta de Andalucía para la Costa del Sol. Con la marcha de Martín Reyes, que abandona la política y vuelve a su despacho profesional, el cargo desaparece. En realidad estaba desaparecido desde hacía meses por falta de competencias, y sólo el empeño de su titular conseguía darle algo de contenido.

Comportamientos intolerables

La marcha de Martín Reyes se puede ver desde varias vertientes. La más evidente es que el PSOE ha perdido un referente político labrado durante los dos últimos años, y que para conseguir que los partidos encuentren sitio a un recién llegado a la política no alcanza con la capacidad profesional y la demostración de ser un buen gestor (coger el ayuntamiento heredado de Marisol Yagüe y convertirlo en un sitio decente no es una tarea que pueda estar al alcance de cualquiera). Por el contrario, la experiencia Martín Reyes demuestra que hay lugares donde ciertos comportamientos, como decir en todo momento lo que se piensa y acertar y equivocarse, pero siempre de acuerdo a principios, muchas veces más que ayudar, molestan.

Señales implícitas y explícitas

Esta semana, tras conocerse la marcha de Martín Reyes, Gaspar Zarrías reconoció en petit comité que el ex comisionado hubiese sido un gran consejero, y admitió que su inclusión en el Gobierno andaluz estuvo sobre la mesa. Hacía tiempo que desde el entorno de Chaves se venían lanzando señales de que se contaba con el comisionado de la Costa del Sol para la nueva legislatura en el Gobierno autonómico. No sólo señales implícitas -desde la época de la gestora Martín Reyes se había convertido en un interlocutor privilegiado del presidente andaluz (lo que despertó no pocos celos)- sino en algún caso bastante explícitas. Pero la lógica por la que se conforman los gobiernos parecen estar sujetas a un sistema de reparto que el presidente no se salta. Las cuotas -de género y territoriales- lo dejaron fuera.

El plan B

Cuando estuvo claro que Martín Reyes no sería consejero, desde el PSOE andaluz se hizo el intento de un plan B. Mantenerlo en la Costa para intentar el asalto al Ayuntamiento de Marbella dentro de tres años. Un plan al que el ex presidente de la gestora ya había dicho que no en varias ocasiones. También en la última. Por eso, elaboró una propuesta para la reorganización del comisionado, cuyo ámbito de actuación se extenderá ahora a todo el litoral andaluz, se despidió con educación y regresó a su despacho.

Ganar y perder

Es difícil saber qué gana y qué pierde Martín Reyes con su decisión. Posiblemente gana profesionalmente y pierde la posibilidad de seguir en una actividad que lo había cautivado. Mucho más fácil es darse cuenta qué gana y qué pierde el PSOE. Pierde un referente político de prestigio al que, inexplicablemente, ha dejado escapar. Pierde la posibilidad de capitalizar políticamente la gestión realizada al frente de la gestora (de cómo dilapidar ese capital ya dictó cátedra en su día Paulino Plata). Y pierde la posibilidad de demostrar que tiene capacidad para sumar savia nueva. Lo que gana es un misterio.

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Tierra, agua, aire…y fuego
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Héctor Barbotta | 12-05-2008 | 11:31| 0

Parece una cuestión de agua, viento y arena, pero en realidad estamos jugando con fuego. Tras un puente que demostró que la crisis del ladrillo no se ha extendido de momento como metástasis que afecte al turismo, hemos asistido a un ridículo tira y afloje sobre la situación de las playas. Semanas atrás Costas había anunciado que la aportación de arena se haría gradualmente para evitar que algún temporal fuera de calendario se comiera todo el trabajo y la inversión. El plan era así: una pequeña aportación antes de Semana Santa y otra después. Pero unos días antes del puente, el Gobierno sorprendió con la afirmación de que la regeneración ya había terminado, salvo algunos casos puntuales. Al día siguiente de difundirse esta información –con la consiguiente alarma– desde Costas se admitió que al menos tres playas de la ciudad –Fontanilla, Venus y San Pedro– necesitarían más aportaciones de arena antes del verano.
Estas marchas y contramarchas no hacen más que poner de relieve la terrible paradoja en la que está instalada lo que es la principal actividad económica no sólo de la ciudad, pero especialmente de la ciudad. Mientras el puente demuestra que aún en un momento en que empieza a verse la cara de la crisis, el turismo sigue teniendo una solidez que ya quisieran para sí otras industrias supuestamente más potentes de otras regiones supuestamente más prósperas, la miopía institucional sigue sin ver que la economía de, al menos, toda la región no puede asentarse sobre una base tan volátil. No se trata de discutir si un metro más o un metro menos de playa o de qué prioridades se establecen en el reparto de la miseria que supone cada año poner un poco de arena aquí y otro poco allá. El problema es si de una vez por todas las administraciones, y en este caso especialmente el Gobierno central, van a darle a las playas de la provincia el tratamiento del que su condición de motor económico las hace acreedoras. Se supone que el cambio climático hará que en los próximos años el mar vaya ganando terreno al litoral. Es una amenaza que debería preocuparnos, pero también una oportunidad para afrontar el problema y pensar en una solución que no puede ser la de tener esta discusión todas las primaveras. Que al final causa tanto desasosiego como contar año tras año cuánto tiempo ha transcurrido desde que se prometió que se acometería el saneamiento integral en toda la Costa del Sol. 

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Acuerdo aprobado por silencio administrativo
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Héctor Barbotta | 04-05-2008 | 9:27| 0

Hay quienes lo ven como una injusticia flagrante, y otros que señalan que el problema no está en el acuerdo, sino en las leyes que lo hacen posible. El pacto alcanzado en la Fiscalía de Medio Ambiente para acortar los procesos contra los ex ediles del GIL no ha convencido a nadie, salvo a algunos de sus beneficiarios, aunque se sustenta en un argumento de peso: si se celebraran todos los juicios el resultado final sería el mismo. Ningún ex edil cumpliría más de tres años de cárcel aunque sumara medio centenar de condenas. De esta forma, argumenta la Fiscalía, se ahorra tiempo, y también el dinero que costarían los juicios. Para el observador neófito, el acuerdo tiene todo el aspecto de una injusticia legal. Pero ni aún así los abogados tienen una opinión unánime: algunos dan saltos de alegría en nombre de sus clientes. Otros se muestran reacios a aceptarlo porque piensan que sus defendidos no merecen ni quince minutos de cárcel, y confían en que podrían salir aún mejor de lo que el acuerdo propone.

En el fondo, lo que demuestra esta situación es que cuando montaron el saqueo contra Marbella, cuando se decidieron a exprimir a la ciudad hasta dejarla en casi nada, cuando decidieron que cualquier terreno era bueno para hacer negocio aunque ocupara zona verde, franja litoral o equipamiento escolar, Jesús Gil y sus secuaces tenían bien trabajado el tema. No fue una improvisación. Las leyes pueden ser muy severas contra quienes cometen algunos delitos, pero forrarse a costa de 200.000 vecinos puede salir barato. Más que un desafío al Estado, Gil y los suyos armaron una operación de recochineo. Una tomadura de pelo en la cara de jueces, políticos y contribuyentes. 

A los concejales que aprobaron decenas de licencias de obras al margen del ordenamiento urbanístico no les alcanzaría toda la vida para reparar el daño que han causado. Pero las leyes permiten que puedan saldar su deuda, en el peor de los casos, con algunos meses de cárcel. El tiempo ha jugado a su favor. Las instituciones fueron incapaces de frenar el robo mientras éste se producía. En sus propias narices. Y ahora que ha llegado el momento de impartir justicia -no de reparar el daño, porque eso es imposible- tampoco tienen instrumentos para hacerlo. 

Aún así, ha llamado la atención que en esta semana haya habido dos instituciones que prefirieran no comentar el acuerdo alcanzado por la Fiscalía. Como si ya hubiesen tirado la toalla. Ni la Junta de Andalucía ni el Ayuntamiento de Marbella han dicho esta boca es mía. Es curioso: los responsables de la Junta llevan meses reivindicando su papel de denunciantes en la mayoría de las causas por delito urbanístico abiertas en Marbella. Sin embargo, no tienen nada que comentar ante una decisión que puede dejar en casi nada unos litigios que llevan años abiertos, y cuya resolución puede dar alas a cualquier otra banda de sinvergüenzas que en el futuro quiera montar un GIL en cualquier otro punto del litoral español.

Lo del Ayuntamiento también es curioso. La devolución a la ciudad de los bienes robados es uno de sus más repetidos caballos de batalla. Que se sepa, el acuerdo de la Fiscalía no prevé compensación alguna para la ciudad, pero a los responsables municipales o les ha tomado de sorpresa o no ha parecido molestarles. El acuerdo goza de aprobación por silencio administrativo. Doble.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella