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Autor: HectorBarbotta
Los afectados son otros
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Héctor Barbotta | 27-10-2008 | 10:57| 0

La expresión ‘momento histórico’ suele utilizarse para tantos temas menores que cuando el asunto realmente lo merece lo más probable es que esté demasiada gastada como para que tenga algún significado. Cuando además se refiere a un proceso tan largo y con tantas etapas que es difícil recordar en qué momento comenzó, la expresión está tan chamuscada que mejor es dejarla de lado. De modo que esta semana se ha aprobado, provisionalmente, el nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Marbella, pero para referirse al momento en que los concejales del PP y del PSOE levantaron al unísono sus manos, habrá que ahorrarse el adjetivo ‘histórico’.

La travesía que ha tenido que andar la ciudad para remendar la catástrofe del GIL ha sido tan larga y ha estado signada de tantos hitos que en su momento parecieron fundamentales, que lo más probable es que el personal esté hastiado ya de su papel de testigo de una historia memorable. Seguramente exista el deseo generalizado de regresar a una situación de normalidad que no se recuerda, pero cuya principal cualidad era que la mayoría de los vecinos no habían oído hablar en su vida de una disciplina llamada Urbanismo. Ni falta que les hacía. Tuvieron que aprenderla a la fuerza, algunos para entender por qué podían levantarse bloques de cemento que les cortaban las vistas y vejaban su intimidad, y otros para saber por qué el piso que habían comprado con aval municipal corría el riesgo de caer derribado .
El problema es que en un asunto donde circula tanto dinero y en el que los tiburones se mueven con una comodidad que asusta, volver a desentenderse no es seguramente la mejor opción. Habrá que regresar a la normalidad y a la calma. Pero la lección que se ha aprendido es que en el futuro posiblemente sea recomendable imitar al centinela que dormita con un ojo abierto.

La historia va dejando sus huellas. Y las huellas dejan víctimas. El Plan –a cuyo respaldo, para regocijo del consejero de Vivienda, se sumó el PSOE tras un, según aseguran, sosegado debate interno en el que no existieron órdenes superiores– tiene plan. Y el plan es pasar página. El pragmatismo, una vez más, se ha impuesto a la justicia.
Posiblemente ser justos hubiese requerido de una acción contundente que al parecer la ciudad no quería y que con seguridad no ha exigido. Tal reclamo hubiese requerido de una autocrítica que Marbella todavía se debe a sí misma y que posiblemente nunca se haga. La demagogia inherente a la actividad política tal y como se la entiende hoy en día impide decirle a una ciudad entera que se equivocó durante 15 años. Por lo tanto nadie dará el primer paso en la autocrítica. Con lo necesario que sería y lo antipático que resulta decirlo.

Pero si no hay autocrítica, por lo menos no estaría de más un reconocimiento a los afectados por el cemento levantado al amparo de la corrupción que les hurtó, ahora ya sabemos que para siempre, vistas, calidad de vida y valor de sus viviendas.
Ya que hay que pasar página, por lo menos debería admitirse que se trata de un mal menor, no de la panacea, y que se reconozca a los damnificados su condición de tales. Durante meses, los compradores de viviendas ilegales se adjudicaron la condición de ‘afectados por el PGOU’. Hoy, cuando las viviendas ilegales se disponen a dejar de serlo, sabemos que los afectados son otros.

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PGOU: vencedores, vencidos, rojos y rositas
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Héctor Barbotta | 20-10-2008 | 1:47| 0

«Ojalá te toque vivir una época interesante», dice una maldición china. Las culturas milenarias guardan un poso de sabiduría, y si se desea a un enemigo que viva una época interesante es porque los procesos que en el futuro apasionarán a los historiadores martirizan durante su presente a los contemporáneos anónimos a quienes les toca vivirlas.
Es temprano y seguramente pretencioso vaticinar que los urbanistas del futuro estudiarán con curiosidad las vicisitudes del caos urbanístico de Marbella y el largo proceso de elaboración del nuevo Plan con el que se pretende ordenarlo. Pero seguramente los sufridos vecinos de Marbella empiezan a ver con alivio que en un futuro cercano ya no tendrán que esforzarse en ser expertos en urbanismo para poder estar al día de lo que pasa en su ciudad.

La aprobación del nuevo PGOU no tiene todavía fecha de aprobación por el pleno, pero el proceso comienza a ver el horizonte de un final cercano. El equipo redactor ya ha terminado su tarea, y ahora se abre el periodo final antes de su aprobación por el Ayuntamiento. El documento que ha llegado ahora, después de que el pleno municipal diera hace más de un año la aprobación inicial y volviera a pasar por el estudio del arquitecto redactor, se parece más al que el equipo de gobierno municipal hubiese querido hacer desde el principio. Se han regularizado edificios que antes quedaban fuera, se han suavizado no pocas compensaciones, se han atendido unas seis mil alegaciones y la propia alcaldesa asegura que se han quitado las cargas que pesaban sobre los desinformados ‘compradores de buena fe’, que según la teoría oficial no tenían por qué saber que los pisos que adquirieron en su día se saltaban todas las normas. Angelitos.
Entre algunas de las construcciones que podrán legalizarse aportando menos compensaciones que las que preveía el Plan original están algunas de las más emblemáticas, como La Cañada o el hotel Senator. Y entre los edificios que ahora se salvan se encuentran Jardines del Príncipe y Jardines de la Costa, dos de los que encontraron mayor contestación por parte de las vecinos de las zonas colindantes, cuyas propiedades perdieron vistas, intimidad y valor. Valorar su buena fe hubiese necesitado de la piqueta, por lo que se ha optado por ignorarla. Los hechos consumados han tenido su peso, y la normalización urbanística de la ciudad se cerrará con vencedores y vencidos.

Una de las incógnitas que todavía quedan por desvelarse está relacionada con qué postura adoptará el PSOE cuando llegue el momento de votar en el pleno, de todavía fecha incierta, la aprobación del Plan . La mayoría absoluta con la que cuenta el PP hace formalmente irrelevante la postura que tomarán los socialistas, pero su voto tendrá una fuerte carga política. No debe olvidarse que es la Junta de Andalucía la administración a la que le corresponde aprobar definitivamente el documento y dar luz verde, o no, a los cambios introducidos por el Ayuntamiento y que suavizan la propuesta original.
Los ediles del PSOE han asegurado que la Junta no avala estos cambios, y desde la Consejería se mantiene la prudencia. Los socialistas están inmersos en un proceso de renovación de sus agrupaciones, y todo está más o menos como antes del verano, cuando con el grupo municipal dividido por la mitad, la elección de portavoz se decantó por Susana Radío gracias al voto de los secretarios locales. La división es por afinidades personales, pero también va un poco más allá. Están los rojos y los rositas, por tomar una definición que uno de los implicados, del segundo grupo, no duda en hacer en privado. Los ‘rositas’ se sentían especialmente cómodos bajo el discurso moderado y modernito del que Paulino Plata hizo uso y abuso en su campaña, incluso enfrentándose abiertamente a la entonces consejera de Obras Públicas, Concepción Gutiérrez, a quien el candidato calificaba despectivamente de ‘justiciera’ por su postura firme frente a las ilegalidades urbanísticas, más atenta a lo que consideraba que había que hacer que a las encuestas preelectorales. El fiasco electoral dio alas a los ‘rojos’, más clásicos por decirlo de alguna manera, que prefieren marcar posiciones y confrontar abiertamente con el PP.
El caso es que ya ha habido asamblea en la agrupación de Marbella, donde ha vuelto a ganar por holgado margen José Bernal (‘rojo’ convencido), y para fin de mes está prevista la de San Pedro, donde las aguas bajan revueltas y donde no extrañaría que se impusiera Rafael García, que cuenta con el apoyo de dos concejales ‘rositas’: su mujer, Sonia Flores, y el ex independiente Juan Luis Mena, que acaba de afiliarse al partido. Precisamente la reciente entrada de varias personas llevadas por García a la menguada agrupación de San Pedro es lo que hace prever su triunfo en la asamblea. Según datos aportados por el propio candidato, que niega haber sido él quien dirigiera la campaña de captación de nuevos militantes, la lista de afiliados ha subido en un año de 78 a 146.
Cuentan en el PSOE que García quiso organizar la presentación de su candidatura en un hotel de San Pedro, pero desde la dirección de Málaga encabezada por Miguel Ángel Heredia (mas cercano a los ‘rojos’) se le dijo que a dónde iba con esas prácticas ‘rositas’. García celebrará finalmente la presentación de su lista en un hotel: primero porque considera que esa es una práctica habitual en el PSOE, y segundo porque no se lo han prohibido.
Con este escenario, el grupo municipal socialista debe ahora sentarse a discutir cuál será su posición frente a un Plan que según la alcaldesa viene avalado por el consejero de Vivienda, Juan Espadas, cuyas posiciones ‘rositas’ comienzan a levantar algunas ampollas.

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Un plan que deja cara de tonto
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Héctor Barbotta | 14-10-2008 | 12:09| 0

Finalmente, el equipo redactor del Plan General de Ordenación Urbana ha entregado el documento. Lo ha hecho por partida doble: al Ayuntamiento y a la Junta. Todo un síntoma de la complejidad y el juego dual que ha supuesto este proceso, que arrancó cuando todavía era alcaldesa Marisol Yagüe, dio un giro con la retirada de las competencias urbanísticas y obligó a la cohabitación cuando, tras la victoria del PP en las municipales, la Junta de Andalucía devolvió las competencias al Ayuntamiento. Este juego de doble poder –si entenderse con políticos de un partido es difícil, verse obligado a entenderse con los de dos debe ser casi una tortura china– hizo que el jueves por la tarde el arquitecto redactor respirara con una sensación de alivio.
Todavía no se conoce todo el contenido del plan, pero de momento, lo que ha trascendido transmite una inocultable sensación de injusticia. Hasta ahora, en todos los casos en los que el respeto a la ley y los intereses de los promotores colisionan, el peso del ladrillo está inclinando la balanza.
Los datos que se conocen de cómo se ha modificado el Plan desde su aprobación inicial no ayudan a endulzar un cierto regusto amargo. En nombre del pragmatismo se abdica de la justicia, y la lección para el futuro es que las administraciones –todas, la municipal, la autonómica y también la de justicia– son débiles ante los hechos consumados.
Lo más probable es que a los promotores que no pudieron ganar dinero con el GIL porque respetaron la ley se les quede cara de tonto.

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No hay conspiración, hay un problema
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Héctor Barbotta | 06-10-2008 | 12:46| 0

No valen las comparaciones con Coslada o con cualquier otro lugar de España donde los servidores públicos aprovechan el uniforme y la pistola para servirse a sí mismos, ni mucho menos el argumento victimista de que todo lo que pasa en Marbella se magnifica porque es Marbella, pero que en realidad no es para tanto y sucede en otros lados.
No existe conspiración mediática. Lo que existe es un problema que hay que resolver.
Dos policías locales fueron enviados a prisión la semana pasada acusados de delitos gravísimos, la ciudad se colocó otra vez en el primer plano de una película de mafiosos y policías corruptos; y la Policía Local, de nuevo en el centro de la polémica.
Han pasado ya muchos años desde que Jesús Gil decidiera convertir a una institución respetable, o mejor dicho a una parte de ella, en su guardia pretoriana personal y en fuerza de choque para limpiar con métodos execrables lo que consideraba escoria local mientras se afanaba en traer escoria nacional e internacional de desodorante caro y guante blanco. La imagen de dos policías locales de paisano secundando al capo mientras intercambiaba puñetazos con otro impresentable ha pasado a la historia del bochorno de una ciudad entera. Ha transcurrido mucho tiempo, y no es exagerado decir que entre los muchos perjuicios que Gil causó a Marbella, el del descrédito de su policía local no es el menor. En los últimos años, no pocas noticias, parte de esa herencia envenenada, consolidaron con razón la mala fama: la muerte de un vecino mientras era detenido y los avatares judiciales del anterior jefe fueron las más trascendentes.

Este último episodio, que a poco que se van conociendo detalles revela un ambiente sórdido donde la explotación de los seres humanos alcanzaba sus niveles más repudiables y en el que los sujetos encarcelados y varios de sus amiguetes al parecer se movían con comodidad, es una señal de alerta sobre la necesidad de limpiar de una vez y para siempre la institución. El Ayuntamiento ha anunciado la suspensión de los dos imputados, pero posiblemente sea necesario ir más allá. La herencia hay que cargarla en la cuenta de Gil y sus secuaces, pero hacer limpieza es responsabilidad del actual equipo de gobierno. No se puede seguir permitiendo que media docena de sinvergüenzas cubran de basura el trabajo de 400 honestos funcionarios.

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Los clientes huyeron despavoridos
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Héctor Barbotta | 29-09-2008 | 11:56| 0

«Los clientes huyeron despavoridos». La frase la pronunció el propietario de la cafetería de Puerto Banús a cuyas puertas se produjo el miércoles por la tarde el último tiroteo ocurrido en la ciudad. El tercero en un mes. Quizás no habría hecho falta que el empresario dijera lo que parece una perogrullada: si alguien está tomando algo en una cafetería y comienzan a sonar disparos lo lógico es marcharse del lugar tan rápido como las piernas lo permitan. O a lo sumo echarse cuerpo a tierra. No hacerlo sería propio de irresponsables, de curiosos enfermizos o de osados amigos del riesgo.

Es una verdad de perogrullo, es cierto, pero el lamento del dueño de la cafetería no sólo vale para describir lo que sucedió en un lugar concreto en un momento concreto, sino también para vaticinar lo que puede pasar, y lo que va a pasar, si cada pocas semanas tenemos en la calle un ajuste de cuentas.
Los clientes huyeron despavoridos, dijo el empresario para lamentar lo que pasó en su negocio el miércoles por la tarde. Extrapolemos ese escenario a una ciudad donde cada treinta días tenemos un tiroteo, o dos, y preparémonos para generalizar el lamento. La ciudad haría mal negocio si cambia los miles de turistas que buscan descanso, sol y playa por los pocos a los que les atrae el turismo de riesgo y aventura. O por visitantes a quienes no le asustan los disparon porque están acostumbrados.
Porque si es malo que estas cosas sucedan, peor aún es acostumbrarse a que sucedan. Si malo es no dar con las soluciones, peor es dejar de buscarlas y construir en su lugar explicaciones para justificar lo que pasa. Que es un hecho aislado que podría suceder en cualquier otro lugar, que es una ciudad que vive de vender lujo, que hay bandas que no delinquen aquí pero que saldan aquí las deudas que contraen en sus países… La lista es tan larga como la autocomplacencia quiera.

Porque bien es verdad que no se pueden poner barreras, y menos en una ciudad internacional, y que es casi imposible controlar de dónde ha sacado el dinero cada uno de los ricachones que llegan a Marbella para disfrutar de su fortuna. Pero no es menos cierto que si hay más problemas hay que disponer de más medios para prevenirlos o para solucionarlos.
Desde los tiroteos del verano se escucharon propuestas de unidades especiales, se aceleraron las gestiones para instalar la videovigilancia en Puerto Banús, se volvieron a escuchar discursos sobre la fortaleza indestructible de Marbella para sobreponerse a las dificultades y ahora también se ha convocado una Junta Local de Seguridad extraordinaria.
Muy bien. Pero lo que hacen falta son más agentes patrullando las calles, más policías para hacer investigación y prevención y más medios materiales para la comisaría. Quien tiene que aportar todo eso es el Ministerio del Interior. Y todo lo demás son milongas.

Con la ciudad convertida nuevamente en foco de atención por los tiroteos entre bandas es como si los demás problemas pasaran a segundo plano. Aún así, hay algo que comienza a ser inquietante: la desatención del equipo de gobierno municipal hacia la estética. El puñado escaso de concejales del PP que en épocas duras se batieron el cobre contra el GIL están recibiendo con indignación las acusaciones que les han caído por el caso La Juanita. Poner en un mismo plano a los miembros de la banda de Gil y Roca con ediles de este equipo de gobierno está injustificado y además es injusto. Pero precisamente por eso, el Ayuntamiento debería estar más atento a la repercusión de las decisiones que adopta. Que una actuación sea legal puede servir como explicación ante un juez, pero no siempre alcanza frente a la opinión pública. Sobre todo en una ciudad que a duras penas está saliendo del ojo del huracán y que, más que ninguna otra, está necesitada de gestos.

La semana pasada volvieron las maquinarias a la tercera fase del centro comercial La Cañada, posiblemente uno de los mayores exponente en Marbella de la connivencia sospechosa entre un empresario y los capos del GIL. Las naves están paralizadas por decisión judicial, pero el Ayuntamiento ha autorizado que se realicen obras para acoger un evento comercial. Mientras los ciudadanos ven excavadoras trabajando en un terreno que el nuevo PGOU señala como equipamiento público y sospechan, con razón, que el empresario que levantó las naves sobre suelo rústico se está lucrando con el alquiler de las mismas, la explicación de que el permiso dado para las obras está avalado por un informe jurídico puede valer para eludir una denuncia, pero no para que no se vuelvan a hacer comparaciones incómodas.

Posiblemente para recordar que todo tiempo pasado fue peor, la ex alcaldesa Marisol Yagüe reapareció esta semana en escena para sacarse de la chistera un millón de euros y evitar que su chalé fuera subastado.
Alejada desde hace tiempo de cualquier preocupación por la estética (de sus actos), Yagüe ni siquiera se preocupó en explicar de dónde había salido el dinero. A ver si algún juez se anima y hace la pregunta adecuada.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella