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Autor: HectorBarbotta
Pesadilla
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Héctor Barbotta | 20-10-2017 | 10:37| 0

Llevamos tanto tiempo ocupados en lo urgente que no se lo estamos dedicando a lo importante. Aunque no está lejos el momento en que nos veamos obligados a cambiar de prioridades, cuando eso suceda ya no quedará mucho por hacer.
Las señales que la Tierra está dando acerca de cuáles son las consecuencias de lo que hemos hecho con ella son cada día más acuciantes. Pero son tan numerosas que ya no somos capaces de distinguir. Hay sequía, hay incendios, hay huracanes que provocan destrucción en el Caribe y fenómenos meteorológicos extraños en Europa y todo lo atribuimos al cambio climático. No se nos debería culpar por ello. La situación ha ido tan lejos que no tenemos herramientas para discernir por qué pasan unas cosas y por qué pasan otras. Es escandaloso que todos los gobiernos del planeta tengan prioridades diferentes a la necesidad urgente de cambiar de rumbo.
No hace mucho tiempo que nos vanagloríábamos de nuestro hecho diferencial climático. Teníamos días de playa a finales de septiembre o 320 días de sol al año y lo enseñábamos orgullosos al mundo como el mejor reclamo promocional. Marbella se vanagloriaba de sus dos grados menos que Málaga en verano y sus dos más en invierno, pero es posible que hasta eso esté cambiando. Hoy nadie puede estar satisfecho con haber perdido el otoño y con ver a turistas bañándose promediando octubre. Eso no es un privilegio climático, es una expresión de la catástrofe.
Los 320 días ahora son algunos más, el desierto avanza y los ríos pasan de ser cauces secos donde se acumula la basura a caudales incontrolables que se desbordan hasta que un nuevo periodo de sequía nos vuelve a hacer perder la memoria.
Aunque afortunadamente en esta parte del mundo el presidente ya se habrá arrepentido de aquella referencia a su primo el meteorólogo que pasó a los anales del cuñadismo político, en la mayor potencia del mundo sigue imperando el negacionismo. Los intereses económicos son tan potentes que ni los huracanes más devastadores son capaces de torcer las voluntades obtusas.
Parece el guión de una serie de terror futurista y nosotros, los protagonistas que ya a mitad de la temporada se han adaptado a un mundo apocalíptico. Un estudio presentado esta semana en el Foro Económico Mundial de Davos vaticina que en 2050 los océanos tendrán más plástico que peces. Ni esa cruda realidad nos compele a cambiar de hábitos ni a exigir cambios de políticas.
Somos animales de costumbres, y la única salida al nuevo paisaje parece ser la de resignarnos. La de acostumbrarnos a la pesadilla.

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Privatizados
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Héctor Barbotta | 18-10-2017 | 12:49| 0

La Junta de Andalucía encontró hace tiempo la fórmula para impedir que se le pidan cuentas por la eternización de las actuaciones pendientes y por su falta de compromiso inversor. Consistió en eliminar la presentación provincializada de sus presupuestos, que se reemplazó por una exposición general en la que las actuaciones previstas aparecen mencionadas, pero sin la cantidad correspondiente al costado. Es una fórmula difícilmente superable: presupuestos sin partidas presupuestarias.
Se trata de un sistema que ofrece varias ventajas: permite estirar hasta el infinito las partidas generalistas, evita tener que dar cuentas por partidas que no cumplen con las expectativas y da lugar a que en cada provincia se pueda anunciar el inicio o la continuidad de obras pendientes sin comprometerse en realidad a nada que vaya más allá de ejecutar una pequeña parte.
Si por ejemplo existe compromiso para construir institutos o centros de salud en varias provincias diferentes, basta con mencionar todos los proyectos en cada presentación y remitir a una partida general, de manera que el compromiso que se adquiere es igual a cero. Bastará que en ese ejercicio se haya ejecutado una mínima parte del proyecto para asegurar, sin faltar a la verdad, que se ha cumplido con el compromiso adquirido, aunque en realidad tal compromiso no exista. Así, las actuaciones pueden verse condenadas a una ejecución perpetua.
En Marbella, una de las ciudades de la provincia con menor dotación de infraestructuras públicas –hay un centro de salud por cada 50.000 habitantes y el distrito Costa del Sol es el peor dotado de Andalucía en cuanto a pediatras y médicos de familia por habitante– los presupuestos de la Junta son especialmente rácanos. Incluyen, finalmente, la construcción de un nuevo centro de salud (aunque en realidad se trata de la ampliación del ya existente en San Pedro), el proyecto de un nuevo instituto y un plan de promoción turística. Ninguna de estas tres actuaciones aparece con un compromiso inversor concreto. Es decir que si al acabar 2018 se hubiera invertido un euro en cada uno de esos proyectos, nadie podría reclamar incumplimientos.
La ciudad tiene también dos grandes actuaciones pendientes: las ampliaciones del Hospital y del Puerto Deportivo. Hace tiempo que la Junta decidió no acometer de forma directa ninguna de ellas, sino encomendarlas a inversores privados. Los dos han salido ranas y ambos proyectos están paralizados. En los presupuestos para 2018 no aparecen. Desde que la Junta decidiera privatizar esa parte de su gestión es como si el asunto no fuera con ella.

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Pensamiento único
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Héctor Barbotta | 16-10-2017 | 2:16| 0

oales

El cambio de gobierno tras la moción de censura en el Ayuntamiento de Marbella ha permitido confirmar algo que ya se sospechaba: hay discursos que se mantiene inalterables. No es que se mantengan inalterables porque los partidos políticos son entidades de fuertes principios que sostienen la misma posición independientemente de que en ocasiones les toque estar en el gobierno y en otras, en la oposición. No. Si fuera así habría poco que reprochar. Los discursos que se mantienen inalterables son los que hace el gobierno, cualquiera sea el partido que lo conforma, y los que hace la oposición, cualquiera sea su composición. Se comprenderá que así las cosas, el personal se mantenga en un permanente estado de confusión, de incertidumbre y, en consecuencia, de lógico desinterés por la vida política municipal.
Uno de los argumentos que más se repite cuando se produce un cambio en el gobierno del Ayuntamiento es el que remite a los cargos de confianza, los que nombra un gobierno nada más llegar para gestionar algunas cuestiones clave de la vida municipal que raramente se asignan a un funcionario o a un empleado del Ayuntamiento. Las direcciones generales en determinadas áreas (los números 2 de los concejales, para entendernos), la dirección de la comunicación municipal o la coordinación de la Alcaldía son los lugares que se suelen ocupar por personas de confianza de los gobernantes que llegan y que, cuando estos se van, abandonan, o deberían hacerlo, el Ayuntamiento.
El mal llamado juego de la política, que es en realidad una inercia en la disputa partidaria que viéndola en perspectiva no es otra cosa que una tomadura de pelo reiterativa hacia los electores, marca que todo gobernante que llega nombra cargos de confianza y todo partido que está en la oposición critica el nombramiento de esos cargos con el argumento de que se trata de casos de enchufismo. Si se recuperaran los argumentos que en su día se esgrimieron desde el PP contra el tripartito sobre el nombramiento de cargos de confianza y se utilizaran las mismas palabras, sólo cambiando el nombre de los partidos a los que se alude, por las críticas del PSOE al actual bipartito nos saldría algo asombrosamente parecido.
Es más: hace poco más de dos años el Partido Popular recurrió contra un reglamento aprobado por el Ayuntamiento en el que se sostenía el nombramiento de directores generales del tripartito. Ahora, ya en el gobierno, el PP ha anunciado que retira ese recurso para poder hacer uso de ese mismo decreto, al que se le maquillarán un par de artículos para salir del paso más o menos dignamente.
Suele haber otros argumentos en el que los partidos se prestan mutuamente los argumentarios según ocupen los escaños del gobierno o los de la oposición, pero el del enchufismo suele ser el más recurrente.
Por eso debería llamar la atención, o posiblemente en realidad no, que en el caso de enchufismo más resonante que ha tenido en sus historia el Ayuntamiento de Marbella, por volumen y cantidad, los partidos mantengan una asombrosa unanimidad. No para denunciarlo, sino para consagrarlo.
Durante los años del GIL, cuando esa organización a la que no se puede llamar partido construyó una mayoría social que le permitió controlar el Ayuntamiento de Marbella para poder saquearlo con impunidad durante 15 larguísimos años, una de las estrategias fundamentales utilizadas se basó en la contratación discrecional de trabajadores municipales. Como la legislación garantista que impera en España impide el nombramiento de funcionarios sin que los aspirantes superen un proceso selectivo en igualdad de condiciones con otros eventuales aspirantes, los cerebros grises del gilismo, encabezados por el abogado José Luis Sierra, idearon la creación de empresas municipales que bajo la coartada de la agilidad en la gestión lo que hacían era articular una estructura municipal paralela que permitiera evitar cualquier tipo de control en la gestión del dinero público. Quien quiera profundizar en cómo, de qué manera, durante cuánto tiempo y con qué consecuencias se montó esa red puede recurrir al sumario y a la sentencia del conocido como ‘caso Saqueo 2’, donde viene perfectamente explicado.
Esa estructura permitió contratar servicios inexistentes, vaciar las arcas municipales sin control alguno y también disponer de los recursos públicos para la contratación discrecional de personal. Así fue como en 15 años Marbella pasó de tener poco más de 700 funcionarios a más de 3.000. Quien crea que aquello no tuvo relación alguna con las cuatro mayorías absolutas consecutivas obtenidas por el GIL durante aquellos años debería impartir un máster de ingenuidad política.
La herencia de aquellos trabajadores que entraron a la función pública por la ventana es una de las más pesadas que dejaron aquellos años nefastos.
En 2006, cuando se disolvió la corporación municipal y una gestora se hizo cargo del Ayuntamiento, el entonces presidente de ese órgano, Diego Martín Reyes, intentó poner orden en el área de personal municipal pero se encontró con una férrea oposición. La entonces candidata a la Alcaldía por el PP, Ángeles Muñoz, se apresuró a anunciar que garantizaba la estabilidad a los trabajadores municipales, eufemismo con el que adelantaba que todas las contrataciones del gilismo se darían por buenas. Rápidamente el resto de los partidos se preocuparon en no desmarcarse de esa doctrina, que se convirtió en expresión del pensamiento único.
Es más, desde entonces se inició una batalla no por intentar corregir aquella injusticia histórica, que cierra las puertas por muchos años a quienes quieran acceder a la función pública municipal en justa competencia con otros aspirantes, sino a consumarla igualando el estatus de quienes fueron contratados a dedo con el de la minoría que entró a trabajar en el Ayuntamiento superando unas oposiciones.
En esto, todos los partidos que integran la corporación municipal, desde el Partido Popular hasta Podemos, fueron la más clara expresión de lo que se ha dado en llamar el ‘pensamiento único’. El argumento es que quienes hacen una misma función deben estar en igualdad de condiciones y disfrutar de las mismas prerrogativas. Da igual que entraran por la puerta o por la ventana.
Durante años, Gil contrató con criterios electorales y no de gestión. Mucho menos de idoneidad. Aquella estructura de personal se ha heredado y eso explica que hoy Marbella tenga un empleado municipal cada 46 vecinos y sin embargo la explicación para la falta de limpieza en las calles o para el retraso en la concesión de licencias de obra sea siempre la misma: «Falta personal».
El gilismo acabó hace 11 años y desde entonces ningún partido se ha atrevido no ya a ejecutar, sino ni tan siquiera a plantear la verdadera naturaleza de este problema.
El pasado viernes, en el pleno extraordinario del Ayuntamiento, se acordó con acuerdo de todos los partidos, acelerar la equiparación salarial y la integración en la plantilla del Ayuntamiento de los trabajadores de los oales, los Organismos Autónomos Locales, herederos de aquellas empresas públicas. Es que son muchos y, al igual que en la época del GIL, siguen votando.

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¿Estamos haciendo los deberes?
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Héctor Barbotta | 10-10-2017 | 12:26| 0

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La interpretación más extendida es que en esta ocasión el termómetro al que más se suele recurrir dio señales equívocas y alimentó expectativas que no se cubrieron. Se suele afirmar que para saber cómo marchará la temporada turística no existe mejor encuesta ni estudio más acertado que analizar los resultados de la Semana Santa. Si la ocupación y el gasto en esos días han ido bien, entonces el verano se comportará igual de bien; si la Semana Santa ha ido floja, lo mejor es rebajar las expectativas ante la temporada alta.
Este año, Marbella en particular y la Costa del Sol en general arrojaron unos resultados excepcionalmente buenos entre el Miércoles Santo y el Domingo de Resurrección, por lo que se preveía un verano extraordinariamente bueno. En los meses de primavera, el turismo también tuvo un comportamiento al alza, pero cuando se esperaba que agosto confirmara todo lo que se venía insinuando, los resultados reales se quedaron cortos.
No es que haya sido un mal verano, pero en los hoteles reconocen que las expectativas tan altas no se han cubierto. Muchos establecimientos, para cumplir con sus previsiones de ocupación, se vieron obligados a bajar precios porque las habitaciones no se llenaban y toda la infraestructura ya se había puesto en marcha con esa expectativa tan alta. El que falló, aseguran, fue el cliente nacional, el reaseguro de cada temporada que este año no respondió a lo que se esperaba.
¿Qué es lo que sucedió? Es posible que solamente estemos ante una situación de expectativas no totalmente satisfechas, pero algunas señales pueden estar indicando una crisis más grave que evidentemente no afecta solamente a Marbella, sino al conjunto de la industria turística.
La señal de alarma más estridente llega desde las compañías aéreas. La quiebra primero de Air Berlin y después de Monarch y las miles de cancelaciones de Ryanair, que han convertido los tickets de esa aerolínea en algo tan vinculado al azar como un billete de lotería. En los primeros años de este siglo, el turismo pareció encontrar su arca de la alianza en las compañías de bajo coste. De un día para otro y gracias a la comercialización simplificada que permitía Internet comenzaron a florecer aerolíneas que reducían el precio de los billetes mediante la fórmula de eliminar servicios para los pasajeros. Viajar se convirtió en algo más barato y también más incómodo. En poco tiempo, las nuevas compañías jubilaron a las clásicas, que sólo fueron capaces de mantenerse en las rutas de larga distancia y se vieron en la tesitura de copiar a sus rivales para poder sobrevivir en los vuelos domésticos y de media distancia. No todas lo consiguieron.
La situación que se está produciendo ahora, consecuencia de una competencia salvaje en un sector que seguramente debería estar más o mejor regulado, abre no pocas incertidumbres y el interrogante sobre si no habremos estado asistiendo durante los últimos años al crecimiento de una burbuja en el sector, alimentada artificialmente por subvenciones destinadas a dopar a algunos destinos, bajas tasas en aeropuertos remotos y reducción bestial de costes.
Por otro lado, lo que se ha venido en llamarse eufemísticamente economía colaborativa ha permitido la irrupción de otro fenómeno que no es nuevo, pero al que las nuevas modalidades de comercialización que permiten poner en contacto a quienes ofrecen y a quienes demandan servicios han disparado hasta convertirlo en un actor principal de la industria: los apartamentos turísticos.
Hasta hace no mucho tiempo podía creerse que se trataba de un fenómeno que no afectaría de manera importante a Marbella, o al menos al segmento de más alta calidad que constituye el santo y seña del turismo en la ciudad. A veces las valoraciones son apresuradas y tienden a subestimar la potencia de los nuevos productos. Este año ya se ha empezado a sentir la incidencia del alquiler vacacional también en el tramo más alto del poder adquisitivo, un enemigo inesperado que ha cogido a algunos hoteles por sorpresa. No han sido pocos los que han tenido que bajar precios para alcanzar la ocupación prevista.
Y todo ello en un momento en el que la coyuntura internacional, con muchos de los destinos competidores convertidos en un polvorín, sigue siendo favorable.
Posiblemente sea el momento de preguntarnos si más allá de aprovechar una situación internacional que nos favorece estamos haciendo los deberes para estar preparados para cuando el panorama cambie.

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Tarjeta de visita
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Héctor Barbotta | 02-10-2017 | 11:49| 0

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Puede ser porque en la ciudad ya existe una cierta gimnasia, o quizás porque la capacidad de sorpresa hace tiempo que se ha agotado en Marbella, o posiblemente porque el mundo de fútbol ya ha alcanzado una degradación moral tan avanzada que hasta cabría decir que la Guardia Civil estaba tardando. Pero lo cierto es que la operación desarrollada este martes contra una red de blanqueo de las principales organizaciones criminales rusas no ha causado el impacto que cabría esperar por la gravedad de los delitos que, según el instituto armado, se han estado desarrollando bajo la cobertura del club de fútbol de Marbella.
A estas alturas, con el presidente de la federación española tras las rejas y la mayor parte de los clubes colonizados por sinvergüenzas, oportunistas e imputados de diferente pelaje resulta paradójico que la tarjeta de visita del presidente de un club de fútbol siga sirviendo para abrir puertas en los círculos de poder cuando en rigor debería ser como un chip que automáticamente activara sirenas y levantara alertas. Sin embargo, eso era lo que estaba sucediendo ante nuestras narices, según ha explicado la Guardia Civil en un comunicado emitido tras la operación con la que se desarticuló una red de blanqueo de las principales organizaciones criminales rusas. El presidente del club, Alexander Grinberg, asegura el instituto armado, utilizaba su cargo como tarjeta de presentación para acceder a cargos políticos y empresarios de la zona que le facilitaban sus actividades.
Los prejuicios nunca son buenos consejeros y siempre acaban manchando a personas inocentes y por ello es saludable que nadie pusiera en duda las buenas intenciones de Grinberg cuando en 2013 cogió en sus manos un Marbella Fútbol Club que estaba en ruinas para rescatarlo y ponerlo en la senda del saneamiento económico y los triunfos deportivos.
Cuando llegó, hubo quien creyó que aplicaría una política de alocadas inversiones similar a la del jeque Al-Thani en sus primeros años en el Málaga, pero lejos de eso optó por la austeridad, la gestión ordenada y el cuidado estricto de cada euro que se gastaba. Como quien está administrando dinero que no es suyo y además no quiere llamar la atención. Quienes lo conocen de cerca aseguran que esa política de ahorro espartano en el club convivía con el derroche habitual en su vida privada.
La investigación apunta a una estrategia muy bien cuidada por parte de las organizaciones criminales que, según la Guardia Civil, tenían al presidente del Marbella como punta de lanza de su desembarco en la Costa del Sol. La estrategia consistía en comprar sociedades en ruina para reflotarlas con el doble objetivo de blanquear capitales procedentes del crimen organizado a gran escala y de ganar un prestigio social que les permitiera acceder a los círculos de poder político. Otra vez, en Marbella, el fútbol como parapeto de la criminalidad organizada.
El Marbella ni está en la elite del fútbol español ni puede albergar esperanzas fundadas de alcanzarla en un plazo más o menos corto, pero el nombre de la ciudad asociado al deporte de más implantación en el mundo es un caramelo muy goloso que seguramente la trama que ahora se ha desarticulado vio como una oportunidad cuando se decidió a desembarcar en la ciudad.
El proyecto central de la organización no era el de llevar al Marbella a competir de igual a igual con los grandes, sino el de utilizar el nombre del Marbella Fútbol Club para poner en marcha una infraestructura que apareciera como la ciudad deportiva de la entidad, pero que tenía la aspiración de convertirse en un centro de entrenamiento invernal de los clubes europeos y, según la Guardia Civil, en un instrumento de blanqueo.
Para ello la red se hizo con el club de golf La Dama de Noche, construido en 1987 sobre terrenos de dominio público hidráulico gracias a una concesión por 50 años que la sociedad MFC Sport Arena, propiedad de Roman Prokopenkov y German Pastushenko, adquirió en 2014, meses después del aterrizaje de Grinberg en el Marbella. Que la sociedad y el Marbella Fútbol Club compartieran iniciales, lejos de suponer una casualidad muestra la importancia que la trama daba al nombre que habían comprado a precio de saldo. El capital intangible de esta ciudad es un activo muchas veces despreciado en la corta distancia, pero del que se puede apreciar todo su valor a poco que se toma distancia.
El objetivo de construir una ciudad deportiva con alojamiento de alta gama fue uno de los tantos proyectos que tuvieron que quedar aparcados después de que el Tribunal Supremo anulara el PGOU de 2010 e impusiera un impasse en todo el urbanismo de la ciudad.
Sin embargo, la construcción de los campos de fútbol sobre terrenos anteriormente dedicados al golf sí se ejecutó, en una actuación que no estuvo exenta de polémica y que señaló de qué manera, efectivamente, el fútbol abre puertas institucionales. En septiembre del año pasado, el Ayuntamiento de Marbella tuvo noticia de que se estaban produciendo movimiento de tierras sin licencia tras una denuncia presentada por vecinos de la zona un mes antes. Las autoridades municipales no tomaron la decisión de ordenar la paralización de los trabajos hasta enero del año siguiente, cuando los campos de fútbol ya estaban construidos. En esa misma resolución se instó a MFC Sport Arena para que en el plazo de dos meses legalizara las actuaciones ejecutadas. La sociedad fue notificada de esta resolución el 18 de enero, el mismo día de la inauguración del complejo, que ha seguido en funcionamiento hasta ahora. El asunto se zanjó con una multa. Las instalaciones de la ciudad deportiva fue uno de los puntos donde la Guardia Civil realizó registros el pasado martes.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella