img
Autor: HectorBarbotta
Se acabó la incertidumbre
img
Héctor Barbotta | 17-06-2017 | 5:37| 0

El nuevo centro de salud de San Pedro era una de las actuaciones comprometidas en el pacto de investidura que inclinó hace dos años la balanza de Opción Sampedreña en favor de la candidatura del socialista José Bernal. El viernes, tras la firma en presencia de la flamante consejera de Salud, Marina Álvarez, del protocolo por el que la Junta se compromete a construirlo, el teniente de alcalde de San Pedro y vicepresidente de OSP, Rafael Piña, mostró su satisfacción por el grado de cumplimiento del acuerdo. El partido sampedreño tiene previsto revisar formalmente el pacto antes de fin de mes, aunque la posición ya expresada por Piña deja poco margen para la incertidumbre.
La situación no era la misma días atrás, cuando se conoció que un informe de la intervención general de la Junta ponía freno a la intención municipal de adelantar la financiación de las obras con sus propios fondos.
Este informe cayó como un cubo de agua fría en el tripartito, ya que coincidió en el tiempo con el periodo en que Opción Sampedreña abrió el debate ya anunciado en su día sobre su revisión del pacto de gobierno a mitad del mandato. Se temió que la no concreción de las inversiones de la Junta pusiera en peligro la continuidad del tripartito y ello obligó a una intensa labor de mediación entre el gobierno municipal de Marbella y la Junta de Andalucía para buscar una solución. Esta tarea la asumió el secretario de Política Institucional del PSOE andaluz, Francisco Conejo, quien durante la semana del 29 de mayo al 2 de junio acudió a Marbella en al menos tres ocasiones para informar de la marcha de las negociaciones y calmar los ánimos entre los miembros de OSP.
Cuando el viernes 2 de junio  tomaron estado público las reuniones que OSP había mantenido con dirigentes del PP y las opciones de posible cambios en el Ayuntamiento que allí se habían barajado, el asunto ya estaba solucionado. Ese mismo día, la Plataforma de Contratación de la Junta publicaba la licitación para la adaptación del proyecto, la prueba que OSP necesitaba como garantía de que el compromiso de la Junta iba en serio.

Ver Post >
Nostalgia de la decadencia
img
Héctor Barbotta | 14-06-2017 | 8:34| 0

Ha muerto Adnan Khashoggi y hay quienes han recordado con indisimulada nostalgia aquella época en la que sus fiestas llenaban de glamur los veranos de Marbella. Su finca de 900 hectáreas La Baraka, en Benahavís, y el yate Nabila, fondeado en Puerto Banús, eran el escenario habitual de aquellos saraos que situaban a la ciudad en el epicentro del lujo en el Mediterráneo.
Las fiestas de Khashoggi, por supuesto, tenían muchos más aspirantes que invitados y por eso quienes pasaron en algún momento por ahí, o incluso quienes estuvieron cerca, las han recordado como aquellos privilegiados a quienes el destino los premia como testigos de un acontecimiento histórico.
El magnate, que en su día fue considerado como quien había cogido el testigo de Aristóteles Onassis como la persona más rica del mundo, tenía toda la estética de los villanos de las películas de James Bond de aquella época, que además de tramas de espías ofrecían al espectador todo un manual de estilo.
Pero Khashoggi no sólo se parecía a los malos de las películas de 007 en su aspecto físico, en la vestimenta, en el yate (que de hecho se utilizó en una de las entregas de la saga) y en las fiestas que organizaba. Porque Khashoggi era un malo de los de verdad. De los muy malos.
Por cuna y por educación –su familia estaba muy bien relacionada con la casa real saudí y la fortuna de su padre le permitió acceder a una educación de privilegio en una de las mejores universidades de Estados Unidos– tuvo la oportunidad de elegir a qué dedicar su vida. Y su decisión fue convertirse en traficante de armas. El mayor traficante de armas de unos años en los que la Guerra Fría convirtió a buena parte del planeta en escenario de conflictos de baja intensidad que dejaron un reguero insoportable de muertos. Un marco perfecto para quien vio en su facilidad para poner en contacto a los países fabricantes de armas con los dictadorzuelos de variado pelaje que las necesitaban –bien para imponerse en disputas regionales, bien para someter a sus pueblos– una inmejorable oportunidad de negocio.
Aquella facilidad para construir relaciones y utilizarlas en su beneficio convirtió a Khashoggi en el hombre más rico del mundo. A diferencia de lo que se suele creer, Marbella no era solamente el lugar donde venía a gastarse el dinero que ganaba sembrando muerte por todo el mundo, sino una pieza más del engranaje de sus negocios, el escenario perfecto para tejer su red de influencias.
Las crónicas de la época muestran cómo además de estrellas del espectáculo como Liz Taylor, Brooke Shields o Farrah Fawcett Majors, a quienes Khashoggi traía vaya uno a saber con qué incentivos, también acudían sanguinarios dictadores como el congoleño Mobutu Sese Seko, posiblemente atraídos con la posibilidad de departir con las celebridades de la época. No hay que ser muy perspicaz para concluir que aquellos saraos servían también para cerrar negocios.
La nostalgia con la que muchos vecinos de Marbella han recordado en estos días aquellos años, algunos porque ya no se cobran propinas como las de entonces, otros por lo que suponían de aparente brillo para la ciudad, permiten concluir que en aquel momento no se cuestionaba ni a la figura de Khashoggi ni a los medios que había utilizado para satisfacer su codicia. Tampoco se tenía en cuenta la estela de sufrimiento y dolor que sus negocios habían dejado por todo el mundo. Su cicerone en Marbella, Jaime de Mora y Aragón, tampoco es en absoluto cuestionado, sino que a falta de una, la ciudad alberga dos estatuas que lo recuerdan. Afortunadamente, de aquella época no quedó ningún bulevar Khashoggi que hoy nos avergonzaría.
Khashoggi bien podría funcionar como metafóra de un concepto que comenzó a arraigar por entonces y que llevaba a concluir algo asi como que da igual de dónde obtienen el dinero los millonarios que nos visitan siempre y cuando se lo gasten aquí y no den problemas.
Aquella idea, que Jesús Gil se atrevió a reconocer en voz alta como una confesión más de cuáles eran sus valores morales, sólo se empezó a cuestionar a partir de diciembre de 2004, cuando un ajuste de cuentas entre narcotraficantes se llevó por delante la vida de un niño de siete años, acribillado a balazos en la peluquería de un hotel en Puerto Banús.
Es verdad que Khashoghi no fue el único personaje de esta calaña que pasó por Marbella. Ahí tuvimos hasta no hace mucho a Monzer Al-Kassar, un emprendedor que se movía en la misma rama comercial y con la misma poca discreción que el saudí. Aunque la ciudad carece de barreras para impedir que estos personajes vengan y campen a sus anchas, porque sólo el Gobierno y sus ministerios de Exteriores, de Interior o de Hacienda cuentan con los instrumentos para hacerlo, sí corresponde a sus vecinos decidir a quién toman como referencia, a quién eligen admirar y, pasado el tiempo, a quién recuerdan con nostalgia.
Es posible que aquella Marbella del glamur de los setenta y los ochenta tenga algo del estilo que se ha ido perdiendo con los años a medida que la actividad turística fue mutando en un fenómeno de masas. Pero no sobra preguntarse si aquel relativismo moral que permitió que Khashoggi se sintiera cómodo y admirado y que puso como referencia esa idea de que el dinero siempre es bienvenido cualquiera sea su origen no fue el que acabó abriendo las puertas del poder político municipal a Jesús Gil, con los resultados conocidos.
Consuela pensar que hoy día sería imposible que un traficante de armas reconocido se convirtiera en la referencia de los saraos y las celebraciones veraniegas por más estrellas rutilantes de Hollywood que fuese capaz de traer.
El tiempo suele tender a endulzar los recuerdos, pero posiblemente aquella época no sea merecedora de la nostalgia que ha salido a la luz estos días.

 

Ver Post >
Ricos indeseables
img
Héctor Barbotta | 14-06-2017 | 8:31| 0

 

En los días que antecedieron al suceso del pasado domingo que tuvo como protagonistas a dos peligrosos energúmenos a bordo de un todoterreno, las redes sociales y las páginas críticas con el equipo de gobierno municipal se habían llenado de fotos y vídeos de jóvenes de ambos sexos exhibiendo su mala educación borrachos y semidesnudos en el entorno de Puerto Banús. Las imágenes suponían en sí mismas una crítica al incremento del turismo de bajo coste en la ciudad, que algunos llaman &lsquoturismo de alpargata&rsquo, lo que se atribuía en algunos casos a la política turística del equipo de gobierno y en otros, al fracaso de esa política, como si ambas críticas fuesen compatibles entre sí. También el presidente de la Diputación y del Patronato de Turismo, Elías Bendodo, reclamó al Ayuntamiento que coja las riendas en materia de seguridad ciudadana, como si esa competencia fuese de la institución municipal y no responsabilidad exclusiva del gobierno central, con el que comparte partido.

Pero más allá del habitual oportunismo que campa a sus anchas a un lado y otro del espectro político ante la sana indiferencia ciudadana, resulta evidente que algo está fallando y que permanecer pasivo o argumentar que no se puede hacer más supone un grave acto de irresponsabilidad.

En la semana que precedió al incidente del domingo la presencia de jóvenes británicos en la ciudad experimentó un incremento, posiblemente por la coincidencia en el Reino Unido de la semana festiva académica conocida como &lsquoHalf Term&rsquo (la última semana del trimestre) y con el &lsquoSpring Bank Holiday&rsquo, el festivo de origen religioso que se celebra el último lunes de mayo. Ello explica en parte la invasión de turismo juvenil y barato de esos días. Las imágenes que se vieron fueron ciertamente preocupantes, sobre todo porque en nada coinciden ni con lo que la ciudad necesita ni con la estrategia que se ha propuesto desde el Ayuntamiento para consolidar a Marbella como destino de gran categoría en el Mediterráneo.

Es verdad que poco se puede hacer ante empresarios, de aquí o del Reino Unido, que crean unos productos turísticos de bajo coste, y mucho menos ante lo que entiende una buena parte de la juventud británica por diversión o ante la bajísima carga fiscal que tiene en España la venta de alcohol. Pero el Ayuntamiento sí puede hacer mucho más de lo que hace por obligar a que se cumplan las ordenanzas -y si no existen hay que dictarlas- referidas al consumo de alcohol en la calle, a qué lugares de la ciudad son los apropiados para circular a pecho descubierto o a cuánto ascienden las sanciones por evacuar las necesidades en la vía pública. Considerar que cuanto menos se moleste al turista es mejor, cualquiera sea su comportamiento, constituye el camino más corto para espantar a los turistas buenos y quedarnos con los indeseables.

Sin embargo, relacionar el fenómeno del turismo juvenil de botellón y de despedidas de solteros con el suceso del domingo pasado supone errar de lleno el análisis, porque ni los protagonistas de ese suceso ni otros personajes como ellos que infectan la ciudad tienen nada que ver con el bajo coste, aunque algunas semejanzas estéticas nos pudieran inducir a engaño. Hay empresarios que consideran que todo se soluciona subiendo los precios y que gentuza es quien no tiene cartera suficiente para dormir en un cinco estrellas. Es la confusión a la que se puede llegar cuando se utiliza el dinero como medida de todas las cosas.

Los dos matones que el domingo protagonizaron una pelea en la puerta del Ocean Club, que se subieron a un todoterreno y atropellaron a sus contendientes y que después huyeron a toda velocidad embistiendo cuanto se encontraron por delante no llegaron a Marbella en un vuelo de bajo coste ni aprovechando la oferta de Renfe de 25 euros el billete. Viajaban en un vehículo de más de 100.000 euros y acababan de pasar la tarde en un local de precios astronómicos donde el personal compra champán no para beberlo, sino para bañar a señoritas en bikini. Tal es el nivel. Cuando el juez los mandó a la cárcel, uno de ellos reunió en menos de 24 horas los 25.000 euros que necesitaba para pagar la fianza. No es una cuestión de turismo barato, estamos ante un problema diferente.

Marbella tiene el privilegio de ser una ciudad deseada por gente de grandes posibilidades económicas en todo el mundo y la desgracia de no poder escoger quiénes vienen. No se trata de un problema nuevo. Ya tuvo expresiones mucho más dramáticas que la del pasado domingo en aquellos años en los que se sucedían ajustes de cuentas entre mafiosos, algunos con el terrible resultado de inocentes muertos, que contribuyeron a que se criminalizara durante algún tiempo la imagen de Marbella y de la Costa del Sol.

Entre quienes viven y descansan aquí hay un perfil significativo, aunque minoritario, que se ajusta al de los dos energúmenos que provocaron el suceso del domingo. Van en coches de alta gama, hacen ostentación en discotecas y clubes de playa, se comportan como matones, se les encuentran drogas cada vez que se los registra y no se les conoce oficio ni actividad alguna. La tesis de que es mejor hacer la vista gorda porque gastan dinero y no crean problemas se ha revelado fallida. ¿Se puede hacer algo contra estos personajes? Pruebe el lector a comprarse un vehículo como el que causó el accidente múltiple sin tener ingresos que lo justifiquen y verá cuánto tarda Hacienda en interesarse por su habilidad en los negocios. Hay impunidades que sorprenden.

Existen cuestiones relacionadas con el turismo indeseable que llevan años dando problemas sin que las administraciones se hayan puesto las pilas. Casi todas están concentradas en Puerto Banús, pero no solamente ahí. La más evidente es la conocida como &lsquocalle del infierno&rsquo, la trasera en el interior del recinto, en la que campan a sus anchas la prostitución callejera y la venta de sustancias prohibidas. Todo ello a menos de 50 metros de los locales comerciales que pagan los alquileres más caros de España. Meses atrás, este periódico reveló un informe de la Policía Local que radiografiaba la actividad de los clanes que utilizan prostitutas para robar a turistas borrachos. Que se sepa, ese informe no se tradujo en iniciativa concreta alguna. Resulta difícil de entender por qué las administraciones -el Ayuntamiento y su obligación de hacer cumplir las ordenanzas; la Junta, que cobra el canon a la concesionaria, y el Gobierno central, que tiene la competencia exclusiva en seguridad- han dejado enquistar este problema en lugar de concertar una acción coordinada para erradicarlo. Del mismo modo, tampoco se entiende por qué se permite que haya chiringuitos que se convierten impunemente en discotecas a pie de playa o que no se monten controles permanentes a quienes salen de establecimientos como en el que se produjo la pelea del domingo y que pudo acabar en tragedia.

Es verdad que no se puede seleccionar quién viene a Marbella. Pero si estos personajes, por más dinero que gasten, no se empiezan a sentir incómodos en la ciudad, acabarán echando al verdadero turismo de calidad. No basta con indignarse. Tampoco con estremecerse con la imagen de un padre sacando de uno de los coches embestidos a su bebé de diez días. Hay que actuar.

Ver Post >
Chusma sin fronteras
img
Héctor Barbotta | 02-06-2017 | 10:15| 0

Sería un error suponer que el suceso del pasado domingo en Marbella, en el que dos energúmenos a bordo de un todoterreno de 100.000 euros estuvieron a punto de causar una tragedia de proporciones, supone una categoría y no un hecho aislado. Algo que sucede todos los días raramente es noticia.
Sin embargo, también sería un error ignorar que Marbella, y en concreto algunas zonas de Marbella, funcionan como un auténtico imán para un cierto tipo de personajes que se ajustan al perfil de los dos sujetos que protagonizaron los sucesos del domingo y que anoche durmieron en prisión.
No son, desde luego, todos los turistas de Marbella, ni tampoco la mayoría de los turistas de Marbella, ni siquiera una parte significativa. Pero hay un modelo de visitante que no es extraño en la ciudad. El perfil es el de jóvenes con poca educación y mucho dinero que no se sabe de dónde viene aunque es fácil imaginarlo sólo con ver cómo se lo gastan; que circulan a bordo de vehículos gigantes y que consideran que las normas no van con ellos porque creen que la impunidad puede comprarse igual que compran coches, champán y compañía.
Recientemente pasaron fugazmente por la cárcel dos individuos con características semejantes –sin ocupación reconocida, clientes habituales de discotecas de moda, conductores de coches de alta gama–, que habían causado la muerte a una mujer al atropellarla tras una noche de juerga. Esos mismos personajes estaban siendo investigados por la desaparición de una muchacha, también a la salida de una discoteca.
Marbella tiene en el atractivo que ejerce sobre personas de todo el mundo su principal fortaleza, pero también reside allí una de sus debilidades porque es imposible elegir quién viene y quién no.
Muchas veces cuando se menciona el turismo de calidad se suele considerar al precio como única referencia, pero eso es un error grosero. Hay productos turísticos caros que sin embargo son incompatibles con la imagen a la que debe aspirar Marbella. El club de playa en el que los autores del suceso pasaron la tarde del domingo es uno de ellos. El precio no es la única medida ni de la calidad ni de lo que le conviene a la ciudad.
No se trata de ir más allá de lo que la ley permite, ni siquiera de decirle a los empresarios por qué modelo de negocio deben apostar. Pero las administraciones, todas ellas, tienen instrumentos que se pueden utilizar para que personajes de esta calaña no se sientan cómodos en la ciudad, aunque ello afecte a ciertas cuentas de resultados. El interés general no siempre coincide con el de algunos empresarios.

Ver Post >
El secreto que todos sabían
img
Héctor Barbotta | 31-05-2017 | 1:41| 0

 

El redactor del Plan General de 2010, Manuel González Fustegueras, ha pasado por los juzgados para declarar, en calidad de testigo, en la causa que investiga la supuesta falsedad de las actas del pleno donde se aprobó aquel documento. Era la primera vez, que se sepa, que el arquitecto volvía a Marbella después de que el Supremo anulara su Plan, en noviembre de 2015, y de que una denuncia del fiscal a raíz de la iniciativa de una plataforma ciudadana convirtiera la tramitación final del documento en un asunto judicial.
Fustegueras recordó ante el juez una cuestión que aunque fue quedando en el olvido en todo este tiempo suponía un secreto a voces durante el largo proceso de elaboración del Plan: que él recibía órdenes de la Junta y que trabajaba para la Administración autonómica, que era la que lo había contratado pese a que, una vez recuperadas las competencias urbanísticas por parte del Ayuntamiento, era esta institución la que se hacía cargo de sus honorarios, formalmente con autonomía. En aquel momento las dos administraciones –la autonómica y la municipal– tenían serias discrepancias en relación al Plan, pero no en cuanto al tema de las lindes (un aspecto ciertamente secundario en medio de lo que suponía crear un instrumento para superar la pesada loza del gilismo), sino en qué hacer con las miles de viviendas ilegales que aquel gobierno delincuencial había dejado en herencia. Simplificando, las posiciones en aquel debate podría resumirse en que la Junta estaba más cerca de la mano dura y el Ayuntamiento, de la manga ancha. Se impuso finalmente el criterio del Gobierno andaluz y su sistema de compensaciones, con los resultados conocidos.
Durante todo aquel proceso, el Ayuntamiento se sabía con las manos atadas, porque la aprobación definitiva del Plan dependía de la Administración autonómica y Ángeles Muñoz opinaba que era mejor tener un PGOU malo que no tener ninguno. Aquella postura la expuso a duras críticas de lo que podría considerarse su público natural, especialmente los promotores, que clamaba por una amnistía general.
Por eso sorprende que haya sorprendido que González Fustegueras, que al día de hoy sigue haciendo trabajos para el Gobierno andaluz –ha asumido la actualización del POTA de la Costa del Sol– haya reconocido que en el asunto de las lindes hizo lo mismo que con todo lo demás: seguir las instrucciones de la Junta, aunque su testimonio puede leerse ahora como la confirmación de lo que ha declarado desde el principio Ángeles Muñoz. El arquitecto aseguró que él había aplicado el criterio de tomar en cuenta las lindes históricas, que sitúan en Marbella los terrenos en litigio en los que se encuentra la vivienda de la entonces alcaldesa, pero que dos semanas antes del pleno la Junta de Andalucía le comunicó que debía atenerse a un dictamen del Consejo Consultivo. Este organismo indicaba que hasta que se resolviera el expediente de alteración de lindes, el nuevo Plan debía reflejar los mismos límites territoriales del anterior, de 1986, que fijan en Benahavís el suelo en disputa.
Este testimonio –y el que brindó al día siguiente el responsable jurídico del estudio, que declaró haber entregado en el Ayuntamiento la relación de 22 documentos modificados, entre ellos el plano de las lindes– desmonta la fábula de que el PGOU fue modificado por el equipo de gobierno municipal, con nocturnidad y para dar un pelotazo urbanístico. El pelotazo, de haber existido, se habría dado al aprobarse el PGOU de 1986, no la noche anterior de votarse el de 2010.
Así, el asunto parece reducirse ahora a determinar si los concejales que votaron el PGOU conocían estos cambios. El martes, en presencia del vicesecretario municipal (uno de los investigados en la causa) se visionó el vídeo del pleno y según aseguró su abogado a la salida, quedó claro que los concejales conocían los cambios.
Esta semana se ha sabido también que algunas defensas han aportado recortes periodísticos que demostrarían que los ediles de la oposición conocían dónde fijaba las lindes el PGOU que se iba a votar. De hecho, el día antes de la sesión, la entonces portavoz socialista en el Ayuntamiento, Susana Radío, y el ya secretario general del PSOE de Marbella, José Bernal, comparecieron para adelantar que aunque los ediles socialistas votarían a favor, el PGOU no les gustaba. Entre los motivos de discrepancia citaban «la cuestión de las lindes con los municipios limítrofes», según recoge la edición de SUR del 29 de julio de 2009, día en el que se aprobó el Plan.
La discusión de aquel momento, sin embargo, no se centraba en este asunto, sino, lógicamente, en qué hacer con los 18.000 inmuebles fuera de ordenación. La fórmula adoptada sería años después rechazada por el Supremo, causando la anulación del Plan. El problema principal, de entonces y de ahora, persiste. Por eso sorprende que el foco de interés haya mutado tanto.

Ver Post >
Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella